Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Ecuador: impactos de la empresa Eucapacific sobre la gente y su ambiente

En Ecuador conviven tres modelos de monocultivos de árboles: el de los mal llamados “sumideros de carbono” de la fundación holandesa FACE, el de las plantaciones de pinos en comunidades andinas promovidas por organizaciones vinculadas a la iglesia y el modelo de plantaciones para celulosa. En el presente artículo nos concentramos en este último y más reciente modelo.

En la provincia de Esmeraldas, la empresa Eucapacific (Eucalyptus Pacífico S.A.) está activamente plantando eucaliptos. Esta es una nueva empresa que se constituyó a finales del 2000 para realizar un gran proyecto de plantaciones de eucalipto. El proyecto reúne a cuatro compañías japonesas (Mitsubishi Paper Mills, Sumitomo Corporation, Electric Power Development, Environmental Engineering Service) y Waltz internacional y se plantea plantar miles de hectáreas de eucaliptos.

El objetivo es producir pulpa y papel a partir de los eucaliptos. La madera será transformada en astillas en el puerto de Esmeraldas para después ser exportada a Japón donde se la convertirá en celulosa y papel.

El 80% de la inversión fue aportada por el gobierno japonés en calidad de préstamo. El consorcio logró del gobierno japonés dicho préstamo argumentando que se trataba de un proyecto “ecológicamente sustentable”. Según esto, la plantación de eucalipto cumpliría la función de absorber los gases de efecto invernadero generados por la empresa Electric Power Development.

Eucapacific se instala mediante un proceso agresivo de compra de tierras, inicialmente a propietarios de extensiones medianas de entre 500 a 2000 has. y posteriormente, a pequeños propietarios. A éstos se les ofreció pagar buenos precios por la tierra y se les hizo promesas de empleo. Para expandir su control sobre toda la zona. Eucapacific presionó a los campesinos para que vendieran las fincas que quedaban aisladas en medio de las propiedades de la empresa. Esto lo hizo cercando los terrenos y poniendo guardias de seguridad para impedir el libre tránsito de los campesinos por los caminos vecinales que la transnacional había ya obstaculizado con plantaciones.

Frecuentemente se han dado casos en que los campesinos son obligados a aceptar precios irrisorios por sus tierras con el simple recurso de impedirles el acceso a sus propiedades comprando los terrenos adyacentes. Así, a la vez, la empresa torna en ilegal el paso por sus dominios. Existe otro tipo de presiones por parte de Eucapacific. Éstas incluyen el abierto boicot a la producción campesina, el robo a sus propiedades, la muerte de sus animales y el incumplimiento de acuerdos específicos. A esto se añade, el amedrentamiento mediante amenazas de muerte y el acoso a los niños de la comunidad, situación denunciada en la comunidad de Matambal.

El trabajo prometido a la población local brilla por su ausencia. En la siembra del 2003 “entraron 300 personas de afuera”. Plantaron y la gente se fue “porque ya no hubo más trabajo”. De esas 300 personas hoy solo quedan 10. La ayuda prometida al momento de la compra de tierras, en particular referida a la creación de fuentes de trabajo se reduce a “cero ayuda hasta ahorita”.

Por otra parte, la empresa encontró en la modalidad del trabajo tercerizado el mecanismo por el cual, a través de los contratistas, se libera de responsabilidades laborales con los trabajadores.

En cuanto a condiciones reales de trabajo, las mismas son lamentables. En una hacienda de 400 has entran a laborar aproximadamente 400 trabajadores que viven en un solo campamento si la hacienda tiene acceso a caminos. En caso contrario son distribuidos en 3 o más campamentos en las áreas de plantación. Los campamentos con camino suelen ser grandes, separados en barracas para treinta a cuarenta hombres en literas de tres pisos. Hechos en madera de mala calidad con techos de zinc, no se dispone de baterías sanitarias y los que las tienen incluyen de seis a diez con pozos sépticos que a la semana ya están llenos, provocándose un grave problema de insalubridad: las aguas fecales rebosan convirtiéndose en los criaderos de mosquitos transmisores de fiebre tifoidea y malaria.

Los insumos químicos (herbicidas, insecticidas, fertilizantes) son colocados junto a los comedores y bajo los campamentos exponiendo a los trabajadores a contaminación. Los campamentos dispersos en la selva son de techo y paredes de plástico de no más de cinco por cinco metros en los que habitan seis personas. No tienen ningún servicio básico. Se utilizan las casas de los antiguos dueños de las fincas, y en los centros poblados las casas comunales.

No existe en los lugares de trabajo agua potable, ningún tipo de asistencia médica, no tienen acceso a medicinas ni a medios de transporte para en caso de emergencia acudir al centro de salud más cercano. Son frecuentes las enfermedades por intoxicación causada por los productos químicos usados. Las faenas forestales producen accidentes frecuentes de trabajo que no son atendidos por el patrono bajo el lema “cúrese como pueda”. En cada predio salen entre dos y tres trabajadores enfermos por día. En Eucapacific se han dado casos de muerte, como en el campamento del contratista Tito Zambrano en el predio Quitito. Se dio también el caso de la muerte de un contratista llamado Ramón Zambrano.

No existe continuidad en el trabajo. Mucha gente es contratada en las fases iniciales de la plantación. Ello supone un período medio de tres a cuatro meses, tras el cual se produce un despido masivo de trabajadores. La remuneración por 22 días de trabajo continuo de 8 horas diarias es de entre cinco y seis dólares dando un promedio de 133 dólares, que es inferior al sueldo básico. Los días de descanso no son remunerados. Los días de enfermedad no son pagados. El costo de la comida es descontado del salario y es de pésima calidad.

A lo anterior se suman otros impactos de las plantaciones. A poco de implantados los eucaliptos, ya se empiezan a notar sus impactos sobre el agua. La gente dice que “van quedando ríos enteramente secos. Ya no hay pescaditos ni nada”. A eso se agrega la contaminación y ahora el agua está sucia y contaminada con productos químicos. Ello ha traído aparejadas enfermedades entre la población local. En determinadas ocasiones ha ocurrido que “el río apesta”, porque “envenenaron el río y los camarones y pescados muertos apestan”.

Por otra parte cabe señalar que Eucapacific, a pesar de haber señalado zonas de protección de la biodiversidad y de las cuencas hidrográficas dentro de sus propiedades, realizó en éstas plantaciones destruyendo así los objetivos de protección establecidos.

Varios cursos de agua donde están las plantaciones de Eucapacific desembocan en los manglares, y se afecta la reproducción y supervivencia de especies endémicas del ecosistema manglar.

Fumigan con herbicida, que al llover, por lixiviación, se va hacia los ríos y esteros, matando a los camarones y todo lo que encuentra a su paso. Se sabe también que las bombas de fumigación son lavadas en los ríos. Se han dado casos de envenenamiento, como por ejemplo lo ocurrido en Las Delicias (Quinindé), en donde la empresa compró 40 hectáreas que plantó con eucaliptos. Para evitar que las hormigas arrieras se comieran las plantas, regaron bananos con veneno NUBAN y los pusieron alrededor de los árboles. Muchos animales domésticos los comieron y se murieron.

Debido al uso de agroquímicos, se han registrado, casos de intoxicaciones producidas por el hecho de bañarse en los ríos Península y Tortuga. Un dato importante es que la población de Tortuga, consume el agua del río que lleva el mismo nombre, dónde siempre hay peces muertos por envenenamiento. Además, los cultivos como los bananos, se apestan por falta de agua, puesto que los eucaliptos secan el agua de las fuentes y ríos.

Al disminuir los caudales de agua, ya casi no se ven especies tales como los jaibos, cangrejos, guariches. La gente del pueblo de Tortuga, dice: “Hemos tenido dos plagas, dos enemigos: las camaroneras en ese tiempo, y ahora, los eucaliptos.¨

El resultado de este modelo está a la vista: en las zonas plantadas la gente describe la situación diciendo que “es pésima la vida ahí. Es triste”. Quienes no vendieron sus tierras viven una situación de amenazas, de temor, de la pérdida de medios de supervivencia (en particular animales de caza), la migración a las ciudades, el cierre de caminos de uso ancestral (y el consiguiente “encierro” dentro de las plantaciones) y la falta de oportunidades de empleo.

Por: Ivonne Ramos, Acción Ecológica, correo electrónico: cbosques@accionecologica.org