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Honduras: no es oro todo lo que reluce

El sol se posa sobre el Valle de Siria; la temperatura está arriba de los 38 grados centígrados. Siempre fue caliente, es un valle, pero jamás antes el calor había alcanzado los niveles que hoy presenta; de los ríos y quebradas ya sólo queda el recuerdo, ahora parecen carreteras desérticas y polvorientas como resultado de la deforestación y la extracción de miles de metros de arena.

Son apenas los efectos iniciales de la explotación minera que realiza la Mina San Martín en el municipio de San Ignacio, situado a unos 70 kilómetros al norte de la capital. Aquí, en este municipio y propiamente en la aldea Palos Ralos, se comprobó que existe un enorme yacimiento de oro que oscila entre las 600 mil y el millón de onzas del precioso metal.

Sólo en el año 2001 la empresa Entre Mares extrajo más de cien mil onzas de oro, para lo cual utilizaron unas 6 mil toneladas de cianuro de sodio, que representan 16,5 toneladas al día para procesar 18 mil toneladas de broza diariamente. Con esos datos, se estima que la transnacional tuvo ingresos brutos superiores a los 25 millones de dólares en ese período.

Se escucha el ruido ensordecedor de las máquinas que trituran las piedras, de donde se levanta una espesa nube de polvo de varios metros de altura. Un cerco de alambre de más de un kilómetro de largo, con serpentinas de seguridad, encierra la Mina San Martín.

La seguridad en el interior de la empresa es extrema. Guardias armados por todos los sectores del plantel, garantizan la normalidad requerida por los ejecutivos de Entre Mares, una empresa subsidiaria de la transnacional Glamis Gold LId. De Reno, Nevada, Estados Unidos, que cuenta con una concesión para explotar la Mina San Martín.

Grandes y poderosas máquinas circulan dentro del plantel; allí se observa a la intemperie la broza regada con cianuro. Predomina el color rojizo de la tierra. Antes hubo una montaña en la aldea de Palo Ralo, hoy ya no existe. Ya no hay árboles, ya no hay vida, sólo queda el recuerdo de la montaña que una vez fue.

El Valle de Siria ha cambiado, jamás volverá a ser el mismo; unos 7 mil árboles fueron talados y muchos miles más están por correr la misma suerte. Las fuentes de agua se agotan y más temprano que tarde, ningún ser podrá sobrevivir al ambiente desértico de la zona, gracias a una compañía minera y a las autoridades estatales, como la Secretaria de Recursos Naturales y el Ambiente, que avalan el desastre ecológico que existe.

Cuando llegó a Honduras, la empresa Entre Mares trajo consigo un saco de ilusiones para los moradores del valle; llenaron de esperanzas a muchos diciéndoles que el pueblo iba a prosperar y que ganarían bastante dinero para resolver sus problemas económicos.

Pero no fue así. A dos años del inicio de las operaciones, aún no se ve por ninguna parte el desarrollo prometido; los beneficios son ínfimos comparados a la devastación masiva de los bosques y de las fuentes de agua para extraer oro.

Adin Escoto, originario de San Ignacio y conductor de transporte pesado dijo que hace dos años llenó la solicitud de empleo, pero aún no le dan la oportunidad de trabajar en la empresa minera: “cuando ellos vinieron, prometieron que habría empleo para muchos de nosotros; yo prefiero trabajar aquí porque aquí nací y aquí vive mi familia, pero trabajo en Olancho para una compañía maderera y sólo vengo de pasada al pueblo”, enfatizó.

Recalcó además que la empresa minera no ha cumplido las promesas que le hizo al pueblo de San Ignacio. “Dijeron que iban a pavimentar las calles y continúan igual; prometieron empleo y sólo para unos pocos hay, en su mayoría de otros lugares y además, han dañado el ambiente”, expresó Escoto.

“Cielos Abiertos” es una técnica minera que consiste en afectar la superficie de la tierra, incluyendo los bosques y removiendo diariamente miles de toneladas de tierra y piedra para extraer el oro, el cual se encuentra en partículas microscópicas, según lo explica Juan Almendares Bonilla, médico, ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, catedrático universitario y un eminente ambientalista.

“La técnica de Cielos Abiertos ocasionará la liberación de metales pesados altamente tóxicos al ambiente y ello aumentará el deterioro ecológico y las enfermedades”, asegura preocupado.

Este método -sostiene el ambientalista- lo utiliza la minera porque el oro se encuentra en partículas microscópicas, no en vetas ni concentrado en un sólo lugar, por lo tanto, no puede ser sacado por métodos subterráneos (túneles). De esta manera, la compañía remueve diariamente unas 18 mil toneladas de tierra para extraerles el mineral, bañando la broza con cianuro y con miles de litros de agua.

“La empresa taló miles de árboles durante las operaciones de construcción; contaminó de polvo los pulmones de la población y ahora los deja sin agua”, lamenta Almendares, criticando a la vez, que las autoridades no hacen nada para detener esa destrucción.

Para Almendares, este método es el más dañino para el medio ambiente y para los humanos; primero, por la destrucción de la flora, por el desequilibrio ecológico que ocasiona a la fauna y por las grandes cantidades de agua que se necesitan para la extracción del mineral y finalmente, por el uso en grandes cantidades de cianuro, uno de los venenos más mortales que existen.

Para el psicólogo Daniel Matamoros, el excesivo ruido producido por las máquinas causa varios efectos, tanto para el personal laborante como para los pobladores que viven cerca de la mina. “A nivel fisiológico, el ruido causa estrés, haciendo que la persona no pueda descansar normalmente por la constante tensión.

Asegura además, que el polvo produce enfermedades respiratorias, pulmonares, y bronquiales, así como sordera y enfermedades alérgicas, que pueden volverse crónicas por falta de atención médica.

“Cuando las personas tienen expectativas favorables, pero al poco tiempo descubren que son falsas, se sienten resentidos, afectados e impotentes porque no pueden hacer nada para volver a su estadio anterior”, dijo el experto al referirse al traslado que ocurrió con toda la comunidad de Palo Ralo a otro sector del municipio. “Se sienten afectados porque les han cambiado su forma de vida y roto sus tradiciones”, aseveró el psicólogo.

Sin embargo, nada de eso parece preocupar ni a la empresa minera ni a los organismos del gobierno y la situación es resumida irónicamente por Almenares quien dice: “La operación con cianuro a Cielos Abiertos la usan porque le resulta más económica a la empresa; es un proyecto que vela por los intereses de la minera y no por los del país; y es lógico que así sea, cuando lo más importante es acumular riquezas y no las condiciones ambientales y humanas”.

Extractos del artículo “Destrucción Ambiental en el Valle de Siria”, Diario La Tribuna,
http://www.latribunahon.com