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Indonesia: las fábricas de celulosa y papel de Indah Kiat y sus consecuencias sobre la salud de los vecinos

En 1999, el equipo de investigación del Banco Mundial sobre Economía del Control de la Contaminación Industrial, publicó un informe titulado “Armonización de la actividad industrial con el medio ambiente”. El informe, resultado de “seis años de investigaciones, aplicación de políticas experimentales y observaciones directas”, califica a PT Indah Kiat Pulp and Paper, propiedad de Asia Pulp and Paper, de “afortunada historia”.

Las actividades de Indah Kiat en Perawang, Sumatra, dicen otra cosa, por lo menos para los residentes locales. Indah Kiat inauguró su primera fábrica de celulosa en Perawang en 1984 con una instalación obsoleta importada de Taiwán. Esta fábrica producía 100.000 toneladas de celulosa por año, usaba cloro elemental y descargaba sus efluentes en el río Siak.

Según el Banco Mundial, las protestas de los pobladores locales por la contaminación de la fábrica de Indah Kiat en Perawang llevaron a “la primera etapa de saneamiento de la fábrica”. En 1992 el organismo indonesio encargado de reducir la contaminación, BAPEDAL, actuó como mediador en un acuerdo por el cual, nos dice el Banco Mundial, Indah Kiat aceptó satisfacer las demandas de los pobladores.

Hoy la fábrica de Indah Kiat en Perawang abarca 400 hectáreas y tiene una capacidad anual de dos millones de toneladas de celulosa y 700.000 toneladas de papel. Las nuevas fábricas de celulosa de Indah Kiat usan una tecnología que según el Banco Mundial “requiere muy poco cloro”. El Banco quiere hacernos creer que Indah Kiat es “un modelo de conciencia ecológica”.

Desgraciadamente, como ocurre a menudo, el entusiasmo del Banco Mundial por los beneficios ambientales de un enorme proyecto industrial tiene poca relación con la realidad. Mats Valentin y Kristina Bjurling, investigadores de la ONG sueca SwedWatch, informaron en 2004 que Indah Kiat combina las técnicas de blanqueo “con cloro elemental” y “libre de cloro elemental (ECF)”. La gerencia de Indah Kiat explicó a SwedWatch que la empresa pensaba pasarse totalmente a la tecnología ECF en el futuro pero añadió que “no sería posible soportar una inversión de esa magnitud en este momento”.

John Aglionby, del periódico británico The Guardian, visitó en 2001 la fábrica de Indah Kiat en Perawang y describió lo que vio como “una mancha monstruosa en el paisaje”. Aglionby escribió que el historial de la empresa “ha sido un repertorio de devastación ambiental, descarada falta de respeto por la comunidad local e incumplimiento de las leyes de Indonesia mediante una mezcla de intimidación y sobornos a funcionarios”. El periodista dio a conocer una lista de los pagos que hizo Indah Kiat a funcionarios del gobierno, policías y militares.

Según parece, seis años de investigación no ayudaron al mejor equipo de investigadores del Banco Mundial a descubrir ni un solo soborno a funcionarios del gobierno. La “Armonización de la actividad industrial con el medio ambiente” del Banco declara simplemente que la fábrica de Indah Kiat en Perawang “cumple cabalmente con las normas nacionales sobre contaminación”.

Un año después de que se publicara el informe sobre “Armonización de la actividad industrial con el medio ambiente”, la cineasta alemana Inge Altemeier visitó Sumatra para investigar el impacto de la contaminación de las fábricas de celulosa sobre los pobladores locales y su medio ambiente.

Altemeier encontró y filmó un canal de desagüe ilegal de la fábrica de Indah Kiat que la empresa utilizaba por la noche. Durante el día esta instalación no estaba en uso, pero el aire apestaba y en el río flotaban peces muertos.

Los habitantes de un poblado cercano a la fábrica de Indah Kiat se quejaron del mal olor y contaron a la cineasta que sufrían de picazón, dolores de cabeza y vómitos. Un poblador llamado Tasjudin le mostró su jardín. Desde que llegó Indah Kiat sus cocoteros ya no dan cocos. La fruta de sus árboles se cubre de manchas negras y se pudre antes de madurar. “Indah Kiat nos está arruinando la vida, pero ¿qué puedo hacer? Este es mi hogar, tengo que vivir aquí”, dijo Tasjudin.

Antes de que Indah Kiat construyera su fábrica de celulosa se podía pescar en el río Siak. La gente se bañaba en el río y bebía su agua. Puesto que ya no pueden beber más el agua del río, los pobladores exigieron que Indah Kiat les proporcionara agua limpia. La empresa les dio una bomba. Pero el agua subterránea también estaba contaminada y tenía mal olor. Los pobladores se ven obligados a comprar agua embotellada para beber. Muchos continúan lavando en el río, pues el agua de la bomba no es suficiente, sobre todo durante la estación seca.

Trabani Rab es un profesor de medicina que desde hace muchos años estudia los impactos de la fábrica de Indah Kiat sobre la salud de los pobladores. Altemeier lo acompañó a visitar los poblados a lo largo del río Siak. En solamente dos días Rab diagnosticó más de 500 casos de enfermedades graves de la piel.

Este mismo año dos investigadores de ONG indonesias, Rully Syumanda, de la campaña por los bosques de WALHI, y Rivani Noor, de Community Alliance for Pulp Paper Advocacy, entrevistaron a personas de los poblados cercanos a la fábrica de Indah Kiat en Perawang. También conversaron con personas que viven en Perawang. Los pobladores les contaron que sus verduras, chiles (ajíes) y flores no crecían normalmente, sobre todo en la estación seca. Durante la estación lluviosa se morían muchos de sus patos y gallinas; los pobladores estaban seguros de que la causa era el humo de la fábrica de Indah Kiat, que contiene productos químicos nocivos.

Entre 1987 y 1996 el aire tenía muy mal olor, dijeron los pobladores. La situación mejoró desde que Indah Kiat instaló un sistema de filtros en las chimeneas de la fábrica. Pero el aire sigue contaminado y sigue causando problemas respiratorios, sobre todo a los visitantes.

Los pobladores explicaron a Syumanda y Noor que antes de que la fábrica empezara a funcionar los pescadores sacaban entre 40 y 50 kilos de pescado por día en el río Siak. Hoy sacan, con suerte, cuatro o cinco kilos. A veces, dijeron, el río huele muy pero muy mal y no pueden pescar nada. Cada mes el río emite mal olor durante una semana.

Mientras los consultores y financistas de Indah Kiat defienden a la empresa en función de los aparentemente buenos niveles de emisión de sus fábricas, el olor, la contaminación, el río envenenado y los peces muertos continúan. Los pobladores locales siguen sufriendo dolores de cabeza, picazón y enfermedades de la piel incurables. Lejos de ser “un modelo de conciencia ambiental”, Indah Kiat está destruyendo vidas y formas de sustento.

Por Chris Lang, correo-e: http://chrislang.org