Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

¿La expansión de las plantaciones pueden ser una solución para el Calentamiento Global?

Los proyectos de plantaciones en gran escala a ser implementados en el extranjero por la industria papelera japonesa no pueden ser aceptados bajo la Implementación Conjunta o los Mecanismos de Desarrollo Limpio (CDM, por su sigla en inglés) previstos en el Protocolo de Kyoto para combatir el calentamiento global.

Lo que las plantaciones forestales están en verdad provocando es la degradación de los bosques, con las consecuentes emisiones de carbono. Asimismo, en el caso de las plantaciones para pulpa, el carbono contenido en la madera extraída de las mismas es casi inmediatamente liberado a la atmósfera, dado que la madera se transforma en papel, la mayor parte del cual es de corta vida. Antes de realizar la evaluación de todo proyecto en el marco de los CDM, se hace necesario entonces cubrir una serie de lagunas que presenta la contabilidad de los flujos de carbono en el área forestal:

1. La expansión de las plantaciones fue, en la década de 1980, un componente de la “degradación de los bosques”, ya que provocó la pérdida de bosques cerrados y la liberación de carbono.

Con el fin de obtener estimaciones de alta precisión de la deforestación y la degradación de los bosques en los países en vías de desarrollo, la FAO realizó una investigación basada en imágenes satelitales (“Forest Resource Assessment 1990”, FAO 1995). Esta medida de cambios en el uso de la tierra puede ser utilizada en el contexto del calentamiento global. Las estimaciones se basan en el método de contabilización de cambios en las existencias de carbono, propuesto como una de las alternativas por parte de la UNFCCC y el Protocolo de Kyoto.

De acuerdo con dicho análisis de imágenes satelitales, correspondiente a los años 1980, el 75% de las nuevas plantaciones forestales en países en vías de desarrollo en los trópicos fueron instaladas mediante el reemplazo de bosques naturales cerrados, existentes en el lugar diez años antes. Las plantaciones son, por lo tanto, agentes destructores de los bosques autóctonos. La mayor parte de estas nuevas plantaciones tendrían como destino la producción de palma aceitera y de pulpa.

Los bosques tropicales almacenan en promedio unas 220 toneladas de biomasa por hectárea. Una plantación típica almacena biomasa a una tasa de 120 toneladas por hectárea. Este descenso de 100 toneladas equivale aproximadamente a 50 toneladas de carbono o 183 toneladas de emisión de CO2. Por lo tanto, los 3,95 millones de hectáreas de selva convertidos en plantaciones durante los ’80 significaron 725 millones de toneladas de emisiones de CO2.

El resultado de la corta del bosque nativo, seguida de la instalación de una plantación, es por lo tanto un aumento en las emisiones netas de carbono, lo cual contribuye al calentamiento global, además de figurar como una “degradación de los bosques”. Si bien las plantaciones remanentes pueden secuestrar dióxido de carbono, parte de ese carbono es extraído como madera u otros productos, en tanto que las existencias de carbono neto permanecen constantes en dichas plantaciones.

Se espera que en el futuro se dará una rápida expansión de las plantaciones, tal como sucedió en la década pasada, durante la cual el área de las mismas aumentó en un 25%. De modo que la contabilidad de flujos del carbono en relación con las plantaciones resultará en “emisiones” de dióxido de carbono.

2. Los patrones de consumos son esenciales para las estimaciones de las existencias de carbono

La mayor parte de los proyectos de forestación, tales como los emprendidos por las compañías papeleras del Japón, son de gran escala e implican la utilización de especies introducidas. La extensión en el extranjero de tal paradigma de “forestación expandida” está provocando problemas de carácter social, ambiental y vinculados a los derechos humanos en muchas de las áreas donde se ha implementado.

Durante el proceso de fabricación de pulpa y papel, más de la mitad del carbono almacenado en la madera es consumido como recurso energético y emitido al aire como CO2. Posteriormente, los diferentes tipos de papel producido tienen una utilidad promedio de solamente un año. La mitad de dichos productos son reciclados, pero la otra mitad son quemados como desechos, generando nuevas emisiones de CO2.

La madera utilizada para la producción de pulpa y papel es por lo tanto diferente en lo fundamental de aquella usada para fabricar productos durables durante un plazo mayor, tal como sostiene la industria maderera. Aquella debería más bien ser considerada como de uso similar al de la leña.

3. Las directrices del IPCC para los inventarios de los sumideros de carbono son contradictorias y contienen lagunas.

Las actividades de corta son contabilizadas para los países en cuyo territorio el proyecto se lleva a cabo, en tanto una parte del crédito por las plantaciones va al país que ejecuta el proyecto. Este constituye un problema de “escape” de carbono, por el cual los países desarrollados pueden abandonar su meta de reducción de las emisiones. Para llenar esta laguna debería adoptarse un esquema de comercialización basado en la internalización de los costos, como por ejemplo madera comercializada vs. Unidad de Asignación Anual o bien un sencillo esquema de trueque.

Referencia: Forest Resources Assessment 1990 (Global Synthesis, 1995, FAO Forestry paper No. 124)

Fuente: Tadashi Ogura, Japan Tropical Forest Action Network (JATAN).