Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Tailandia: comunidades étnicas envenenadas por minas de plomo letales

En el este de Tailandia, las minas de plomo están matando comunidades étnicas y contaminando las fuentes de agua en el complejo del santuario de fauna y flora Thung Yai Naresuan, declarado Patrimonio de la Humanidad.

Varios pobladores de la comunidad étnica Karen, particularmente en el poblado de Lower Klity, ya han muerto a causa de la contaminación con plomo mientras varias docenas de personas, principalmente mujeres y niños, sufren envenenamiento agudo por plomo originado por beber, pescar y lavarse en el río Klity, cerca del poblado. Casi 100 vacas murieron y los pobladores no pueden beber el agua del río porque se enferman. Algunos guardabosques de Thung Yai creen que la fauna también está sufriendo porque han visto morir ciervos y ciervos ratones de la misma forma que el ganado.

Las minas de plomo que han funcionado durante los últimos cuarenta años, constituyen una gran amenaza para los ecosistemas de bosque del oeste de Tailandia, ubicados justo en medio del enorme territorio ocupado por un complejo de bosque tropical prístino que incluye el santuario de fauna Thung Yai Naresuan, cuya ecología y biodiversidad únicas le valieron un lugar entre los sitios declarados Patrimonio de la Humanidad.

Si bien las minas de plomo están ubicadas fuera del santuario Thung Yai Naresuan, los efectos de la contaminación por descarga de tóxicos se están extendiendo mucho más allá de las zonas de concesión de las minas. La descarga de desechos sin tratar, que contienen plomo, está contaminando los recursos hídricos y los hábitats del santuario. Los camiones transportadores de minerales perturban la fauna yendo y viniendo regularmente a través del santuario.

Como mínimo seis minas funcionan a lo largo de los límites del santuario: al norte en la provincia de Kanchanaburi están las minas de Phu Jue, Phu Mong y Kao Lee, en el lado sur están Klity, Bo Ngam, Kanchanaburi Exploration and Mining Co., Ltd. (KEMCO o Song Thor) y una serie de otras minas de plomo de pequeña o gran escala, además de plantas de separación de plomo. Bhol and Son Co. Ltd o sus subsidiarias, KEMCO y Lead Concentrate Co., Ltd, son las propietarias de la mayoría de las minas. Bhol and Son Co, operador de la mina de Klity, tiene vínculos con un poderoso líder local y con un político del Partido Demócrata de Tailandia.

En abril de 1998, los pobladores de Lower Klity, aguas abajo de la mina Klity y de la planta de separación de plomo, presentaron una demanda ante el Departamento de Control de Contaminación de Tailandia. Los pobladores denunciaron que el agua residual de la mina había contaminado su único recurso de agua, el río Klity. Su ganado y sus pollos enfermaron o murieron después de tomar el agua del río.

Una investigación posterior realizada por el departamento reveló que la mina no trató las aguas residuales y las vertió ilegalmente en el río. Un estudio anterior de 1995 realizado por el Departamento de Recursos Minerales determinó que la mina excavaba el sedimento de su estanque de aguas residuales y lo vertía fuera del área de la concesión. El departamento advirtió que los desechos con contenido de plomo podrían ser arrastrados por la lluvia y contaminar el acuífero y las vías fluviales de la zona.

Como consecuencia de las protestas de los pobladores, la oficina de recursos minerales de Kanchanaburi ordenó el cierre temporal de la mina de Klity hasta que la misma mejorara sus instalaciones de tratamiento de aguas residuales. El Departamento de Control de Contaminación envió un equipo para verificar el estado del agua y los sedimentos en el área de Huai Klity.

Los 221 habitantes de Klity Lang sufren de envenenamiento por plomo por beber el agua del río Klity. “El poblado entero está muriendo”, afirmó el jefe interino del poblado, que sufre de dolores musculares y fatiga crónicos.

Yasoer dijo que los pobladores comenzaron a sospechar que algo no estaba bien hace una década cuando todos comenzaron a mostrar los mismos síntomas: dolor en músculos y articulaciones, fatiga, pérdida de apetito, dolor de cabeza crónico, hinchazón y ceguera.

Las comunidades étnicas Karen han visto cómo sus recursos de subsistencia se han ido perdiendo lentamente. Los peces ahora flotan muertos en la superficie. Los mariscos y camarones, que antes abundaban, casi han desaparecido. “Antes había tantos peces que se podía comenzar a hervir el arroz antes de salir a pescar. Antes de que el arroz estuviera hecho, podíamos pescar lo suficiente para una comida. Ahora podemos estar todo el día sentados y no pescamos nada”, comentó el Sr. Yasoer. Los pobladores también han perdido su ganado debido al envenenamiento por plomo. Más de 50 vacas que bebieron agua del río o comieron el pasto de la ribera del río enfermaron y murieron. Hace unos pocos años, murió una bandada entera de patos después de entrar en el río.

Según el estudio del Departamento de Recursos Naturales de 1995, la contaminación por plomo dentro y en los alrededores de las zonas de la mina es muy alta, y son decenas de miles las toneladas de plomo que todavía están depositadas en el fondo del río Klity.

Por ejemplo, la cantidad de plomo sedimentado en el río Klity, aguas abajo de la mina, es de entre 165.720 y 552.380 ppm (partes por millón). La norma de seguridad de Tailandia establece 200 ppm. El Departamento de Control de Contaminación afirmó que se determinó que el nivel de plomo en el flujo sanguíneo de 39 niños del poblado de Klity casi duplicaba la cantidad suficiente como para causar daño cerebral permanente. Exámenes médicos realizados en 1999 revelaron que la sangre de los pobladores contenía 110 veces la cantidad de plomo promedio en sangre. Dado que el 70 por ciento del agua contaminada con plomo puede entrar en la cadena alimenticia, el agua del río Klity no solo no es potable sino que ni siquiera se puede usar para regar las plantas. La acumulación de plomo en el organismo humano, incluso en cantidades cercanas a cero, puede a largo plazo dañar las neuronas y el sistema nervioso.

En 1998, el gobierno ordenó el cierre de la mina de Klity y su planta de limpieza de mineral e impuso a la compañía una multa de apenas US$ 47. En abril de 1998, la compañía entregó a los pobladores cerca de US$ 23.000 en compensación, monto que los activistas y víctimas se negaron a aceptar por considerarlo inadecuado y una fórmula para evadir su responsabilidad.

Los ambientalistas de Tailandia han protestado afirmando que la suspensión temporal de una sola mina no asegura en absoluto la salud a largo plazo de la zona de bosque de Thung Yai Naresuan. Narong Jangkamol, un investigador del grupo ambientalista Fundación Seub Nakhasathien, con sede en Bangkok, destacó que las depresiones (“sink holes”), un rasgo típico de la topografía de piedra caliza de la región, son abundantes en las zonas de las minas de forma que el agua residual de los estanques de sedimentación se filtra con facilidad a los recursos de agua superficiales y subterráneos, ampliando el área de contaminación por plomo.

El grupo voluntario Karen Studies and Development Center (Centro Karen de Estudios y Desarrollo) anunció que ha comenzado a reunir evidencia contra la compañía para un próximo juicio. Afirma que cerrar la mina no es suficiente y que la compañía debe extraer el sedimento contaminado que dragó del lecho del curso de agua y enterró directamente en la ribera.

“Los días de Klity están contados a menos que se tomen medidas de inmediato. Los años de envenenamiento están comenzando a mostrar sus efectos en la genética de los pobladores”, afirmó Surapong Kongchantuk, director del Karen Studies and Development Center.

Todos los niños nacidos en los últimos seis años sufren de discapacidad mental. Presentan atrofia de crecimiento y problemas de coordinación muscular. Dos niñas nacieron sin vagina, mientras que otros niños presentan cabezas anormalmente grandes.

“Nunca antes vi tales deformidades”, dijo Surapong, que ha trabajado con las comunidades Karen durante más de 20 años.

Manumia Thongpaphumcharerd, de treinta años, afirma que comenzó a cojear en 1993 y que a menudo se encuentra a sí misma cayendo en un mundo de sueños. “Fue como si casi todo se volviera borroso y me perdiera todo el tiempo”, afirmó esta mujer, madre de cinco hijos, cuatro de los cuales presentan discapacidades motrices. Su padre y su hermano menor están entre las 23 personas que murieron en los últimos ocho años. Trece de los muertos eran niños. Los médicos afirmaron que las muertes fueron causadas por disfunción renal, resultado del envenenamiento por plomo.

Pero el gobierno no ha ofrecido ninguna medida de reparación ni otro tipo de asistencia a los pobladores afectados. Los pobladores recibieron medicamentos una sola vez, donados por un filántropo. El grupo de Surapong y otros denuncian las conexiones políticas del dueño de la mina, que durante mucho tiempo evitaron que la compañía fuera investigada.

Los Karens tailandeses de Western Thailand Group (Grupo Tailandia Occidental), una red de comunidades étnicas Karen que mayoritariamente viven en los bosques del oeste de Tailandia, han declarado que la mina de plomo de Klity debe ser clausurada definitivamente. El grupo se está movilizando para lograr el cierre de la mina de Klity y para eso cuenta con el apoyo de organizaciones ambientalistas y Karens de otras partes del país.

“Cada vez que los pobladores se quejan, el gerente de la mina promete comenzar de nuevo desde cero, pero nunca cumplen lo que prometen. La única forma de resolver el problema de una vez y para siempre es cerrar la mina”, afirmó el secretario de la red Wuth Boonlert.

La red de Karens tailandeses también exhorta a las autoridades sanitarias a que examinen la salud de los pobladores de Lower Klity. El uso prolongado de agua contaminada con plomo provoca daños en el sistema nervioso central de los pobladores. El río Klity desemboca en el río Kwae Yai en la región este de Tailandia. Esto significa que los pobladores aguas abajo, en las provincias de Kanchanaburi y Ratchaburi, también están expuestos a sufrir daños en su salud.

Los pobladores también han rechazado ser reasentados. “Nuestros ancestros exploraron todas las demás regiones del bosques antes de decidir instalarse en este lugar. No nos podemos mover”, afirmó Yasoer.

Por: Noel Rajesh, correo electrónico: noelrajesh@yahoo.com