Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Un camino sin pausa aunque vacilante hacia la devolución

Se han observado tendencias clave entre la plétora de primeros avances del manejo participativo de bosques (MPB). Entre ellas se incluye un creciente empoderamiento de las comunidades locales y el surgimiento de estas poblaciones como semillero de manejadores de bosques por derecho propio. Se ha destacado que esto es resultado en parte de una reivindicación local, cristalizada a través de la participación. También surge por el reconocimiento por parte de las autoridades forestales de las elevadas y a veces innecesarias cantidades de dinero y tiempo que cuestan las funciones que desempeñan tanto cuando actúan directamente como cuando supervisan a las comunidades.

Si bien algunos programas comenzaron con la idea de compartir el poder, la mayoría ha llegado a esta posición a través del aprendizaje práctico y, cada vez más, gracias a cierto grado de observación en cuanto a qué funciona y qué no funciona en los Estados vecinos. Esta forma de transición ha sido bastante evidente en el carácter cambiante de los proyectos de Nigeria, Etiopía, Malawi, Burkina Faso y Mozambique. Es probable que continúe en la medida en que las prácticas de MPB se sigan refinando. Esto bien puede incluir programas de Zambia, Ghana, y Costa de Marfil, donde las comisiones establecidas hasta el momento tienen funciones más de consulta que de compartir la toma de decisiones, aunque, no obstante, se denomina a esos esfuerzos como “manejo conjunto de bosques”.

Indiscutiblemente el emblema de esta transición (y del MPB en general) son los Bosques Comunitarios. Como ya se observó, este concepto está más desarrollado en Camerún, Gambia y Tanzania pero está difundido y tiene una definición legal cada vez mayor. Si bien la noción general de “bosques comunitarios” es bastante coherente en todo el continente, su desarrollo todavía está limitado por diversos factores.

Primero, por ejemplo, si bien la mayoría de las comunidades definen ellas mismas el área de bosque comunitario, en algunos Estados existen limitaciones en cuanto al tamaño (Camerún).

Segundo, la declaración de Bosque Comunitario está acompañada en casi todas partes de avances socioinstitucionales importantes a nivel de la comunidad, bajo la forma de organismos constituidos de diversas maneras, cuyo mandato es instrumentar el plan de manejo de bosques acordado o diseñado por los miembros de la comunidad.

Tercero, si bien la tenencia de la comunidad, habitualmente de naturaleza tradicional y no registrada, está implícita, su reconocimiento formal es todavía poco frecuente y/o se expresa en términos ambivalentes. Una excepción importante es Gambia donde una transferencia formal de la tenencia de la tierra forma parte del concepto de Bosque Comunitario.

Cuarto, tanto en términos legales como de funcionamiento, rara vez la comunidad obtiene una jurisdicción totalmente autónoma.

La mayoría de los Bosques Comunitarios comienzan a existir sólo con y a través de la aprobación formal del Estado, y en los términos fijados mayoritariamente por el propio Estado; este es el caso incluso en Gambia. A la inversa, en países como Nigeria, Burkina Faso, Togo, Malawi, Ghana, Benin y Mozambique, el reconocimiento de la tenencia local está sometido a un control riguroso del Estado sobre la forma en que realmente se utilizan los bosques. No obstante, los Bosques Comunitarios representan un alejamiento importante de las prácticas de manejo de bosques del siglo veinte y la clasificación de bosques que las acompañó. Entre otra cosas, abren la puerta a una vasta gama de bosques no gubernamentales afectados como reservas.

Extractado de: “Participatory Forest Management in Africa. An overview of Progress and Issues”, por Liz Alden Wily, 25 de febrero de 2002, publicado en la página web de CBNRM Net: http://www.cbnrm.net/pdf/aldenwily_l_002_cfm.pdf