Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

¿ Ustedes creen en bosques plantados?

¿Han visto la película “Los Cazafantasmas”? Gracias a la magia del cine, esta historia tonta, quizás hija del cerebro de un joven supersticioso, llego a la pantalla grande. Muchos niños y algunos adultos quizás hasta creyeron por un momento que los fantasmas existen. Esto es muy parecido a lo que sucedió en Nueva Zelanda en la “Reunión de Expertos sobre Bosques Plantados”.

Para muchos de nosotros, esto es simplemente absurdo: los bosques plantados no existen. Pero, ¿ es esto motivo para no estar asustados?

– Bueno, no sé lo que vi, ¡pero estaba asustado!

Esa es una afirmación muy común entre los mortales cuando se enfrentan a un fantasma en medio de un lugar desolado, como un antiguo cementerio indio invadido por la “civilización”, o algo por el estilo.

– “Por supuesto que estoy asustado; ¡en nuestra cultura eso no existe!” Esto es muy parecido a lo que sintió un colega aborigen al escuchar algunas de las intervenciones en la Reunión de Expertos. “No sé qué son los “bosques plantados”, pero ¡parecen ser algo espantoso!”, añadió.

A mí también me parecieron algo espeluznante, a pesar de que mi bagaje cultural, educación y formación occidentales me debían haber preparado para comprender el concepto. Con la mayor objetividad posible hice un esfuerzo para ubicarlos en este mundo como bosques. Pero cuanto más lo intentaba, más me parecían plantaciones, en el sentido más estricto de la palabra, comparables a las prácticas agrícolas más convencionales y con todo el potencial destructivo devengado de su naturaleza especulativa.

– “Vamos, Miguel, ¡hay que abrir la cabeza!, dijo la voz conciliatoria de un amigo que trabaja para una organización internacional; si les llamas plantaciones, sus dueños no mejorarán sus prácticas y no intentarán certificarlas!”, se lamentó.

De todas formas, no tomé sus palabras demasiado en serio, ya que he escuchado a ejecutivos de empresas plantadoras decir que no han tenido que cambiar sus prácticas normales para obtener el certificado del FSC.

Pero la realidad es que los fantasmas no son tan terribles como los monocultivos de árboles en gran escala. Es posible enfrentar a los fantasmas a nivel imaginario. Pero las plantaciones son reales y se propagan como plagas, reemplazando bosques, sabanas, praderas, humedales, desiertos y muchos otros ambientes valiosos. En muchos casos también se expanden a expensas de los medios de vida de la gente. ¡Esto sí es espeluznante!

– “Entonces mi amigo –preguntó un participante de Medio Oriente– ¿tú crees que las plantaciones son tan malas como un puñado de soldados occidentales de gatillo rápido prontos para disparar alegremente contra todo aquello que se mueva?”

No, por supuesto que no. Las plantaciones no nos disparan, son menos sanguinarias ¡pero ahora también las están plantando para poder seguir quemando petróleo!

Afortunadamente, la reunión al menos reconoció que las plantaciones tienen aspectos negativos. Sin embargo, insistieron en demostrar lo inverosímil: que las plantaciones, en general, son parte de una gama de tipos de bosque. ¡Pero!… ¡esto es lo que nosotros llamamos fragmentación, perturbación y cambios en el uso de la tierra!

– “Bueno, todo se reduce a una cuestión de definiciones”, me dijo un experto. “Mire, si aplicamos la definición de la FAO, como debería hacerlo todo el mundo, ¡expandiríamos muchísimo la cobertura forestal!”

– “Ese es precisamente el problema; estamos hablando de cosas distintas”, le contesté. “Los fantasmas que la gente ve son sólo productos de la imaginación, y en la suya una plantación es un bosque. Usted no debería permitir que su fantasía le impida ver la realidad”.

A pesar de todo, algunos expertos hicieron algunas concesiones y reconocieron que los monocultivos de árboles a gran escala son bastante diferentes de las pequeñas plantaciones de especies mixtas manejadas por comunidades, e incluso aún más diferentes a los bosques. Pero la creencia absolutamente predominante entre los expertos es que, como los árboles son los seres dominantes, tanto en los bosques como en las plantaciones, entonces ambos son bosques y la definición es apenas una cuestión semántica.

Bueno, pero cuando están en juego subsidios y financiación pública la cuestión no parece ser sólo semántica. En ese momento, las empresas evalúan las oportunidades para plantar grandes extensiones de monocultivos contra las oportunidades para establecer sistemas comparables a los tipos de bosques locales originales. Los resultados casi siempre serán favorables a los monocultivos, grandes y fáciles de plantar, ya que la única razón de ser de las empresas es el lucro.

Otro concepto fantasmagórico que surgió en algunas de las presentaciones y que se mantuvo flotando en el ambiente durante toda la reunión, fue que sustentabilidad significa consumo creciente y eterno. Verdaderamente hay que creer en fantasmas para creerse esto, en particular cuando se sabe que por lo menos la mitad del consumo de todo el papel se destina a propaganda enviada por correo y a embalaje, y que más de las tres cuartas partes de la deforestación mundial se debe a la conversión de bosques a plantaciones de todo tipo.

Y finalmente, después del último susto: ¿A quién vamos a llamar? ¿A los Cazaplantaciones, como en la película? Pero resulta que esto no es una película, es la vida real, y no es posible traer una aspiradora gigante para librarnos de las plantaciones de monocultivos en gran escala.

Nadie niega el déficit actual de árboles y el proceso de deforestación casi criminal destinado a alimentar el consumo descabellado. Pero, como lo demuestra toda la historia de la deforestación, niego que simplemente mediante la plantación de enormes y siempre crecientes áreas de monocultivos se vaya a detener la deforestación ni a hacer justicia a los pueblos de los bosques.

Las soluciones para combatir la deforestación deberían comenzar por reconocer el verdadero papel que los bosques juegan en dar vida al Planeta, y por respetar los derechos de los pueblos que habitan los bosques. Pero sé que para algunas personas esto es mucho más escalofriante que cualquier fantasma.

Por Miguel Lovera, Coalición Mundial por los Bosques, correo electrónico: lovera2@conexion.com.py