Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Brasil: Aracruz Celulose guarda silencio en torno al tema del agua

Aracruz Celulose, el enorme complejo de papel y celulosa de última generación, ubicado en Barra do Riacho, en la zona sudeste de Brasil, ha ocasionado conflictos importantes desde que invadió las tierras pertenecientes a los pueblos indígenas Tupinikim y Guaraní. Sin embargo, tanto la planta de celulosa de la empresa como sus monocultivos de árboles a gran escala, que abarcan más de 175.000 hectáreas en el norte del Estado de Espírito Santo y la zona sur del Estado de Bahía, se están apoderando no solo de la tierra sino también del agua.

Aracruz calla cuando se trata de asuntos referentes al agua, se sostiene en el informe “H20 para Celulose x água para todas as línguas”, realizado por FASE Espírito Santo y publicado recientemente en 2006. Sus autores revelan que de los informes anuales de la empresa, su página web, revistas y publicaciones, solo se puede obtener información incompleta o fragmentada, sin ninguna evidencia de una política clara en materia de agua para todo el complejo, incluyendo la fábrica, los viveros, las plantaciones de árboles, el puerto y la infraestructura.

¿Cuál es el papel del agua en todo el proceso industrial de Aracruz Celulose? ¿A quién pertenece el agua? ¿De quién es tomada y en qué condiciones es devuelta al medio ambiente? ¿De qué forma la empresa toma y usa el agua? ¿En qué cantidad? ¿Cuánto paga por ella? Estas son preguntas sin respuesta por parte de Aracruz Celulose.

El agua es uno de los elementos primordiales utilizados en el proceso de producción de celulosa. Es consumida en varios sectores y etapas de dicho proceso, como la digestión, el blanqueo y, sobre todo, la alimentación de las calderas. Luego de ser usada en el proceso industrial, el agua regresa como efluente, llevando consigo desperdicios y elementos contaminantes.

La larga lista de testimonios de los pueblos vecinos Guaraní, Tupinikim y Quilombola, y de comunidades campesinas, evidencia la desaparición de varios arroyos y estanques, así como también la diferencia en el nivel de los ríos y arroyos desde la llegada de las plantaciones de eucaliptos. Esto se debe a que los eucaliptos requieren altos niveles de agua en el momento de plantarlos y durante su crecimiento, y también a que se ha acortado el ciclo de corte. La maquinaria pesada utilizada para cortar y apilar la madera tiene una incidencia adicional sobre el problema del agua ya que, por su gran peso, apisona el suelo dificultando así la absorción de agua de lluvia y contribuyendo a que ésta se escurra. Los habitantes de la región atestiguan que lo poco que quedaba de las reservas de agua ha sido tomado por las empresas contratadas por Aracruz Celulose para el riego de los eucaliptos.

El derecho al agua ha sido absolutamente violado por Aracruz. Las aguas del río Doce fueron desviadas luego de un sospechoso proceso de autorización, y la mayor parte de los 14 arroyos que atravesaban la zona entre el pueblo de los Itaúnas y las oficinas de la empresa en el pueblo de Conceição da Barra, están secos, lo cual ha afectado seriamente la calidad de vida de la población local. Muchos hogares ahora toman el agua de pozos improvisados que han sido cavados recientemente. Dada la mala calidad del agua obtenida, la venta de agua se ha transformado en un gran negocio para los establecimientos comerciales de la zona.

El problema del agua y las plantaciones homogéneas de árboles no es solo cuantitativo sino también cualitativo. El uso intensivo de las sustancias agrotóxicas y los fertilizantes químicos utilizados en los monocultivos contamina los recursos hídricos de las comunidades vecinas. El agua de los ríos que atraviesan sus territorios ya no es apta para consumo, ni siquiera para bañarse, y muy poca gente aún pesca en ella.

Diez mil familias vivían en la zona antes de la llegada de Aracruz. Hoy en día solo quedan unas 1500 personas que luchan por su supervivencia y resisten la nueva forma de esclavitud impuesta por la empresa de variadas maneras: separando a las familias y presionándolas para que abandonen la tierra, aislándolas, privándolas de su soberanía alimentaria y de su cultura –directamente ligada al bosque–, sacrificando la agricultura familiar, reprimiendo a los recolectores y pescadores con su policía armada privada. El agua que alguna vez abundó hoy es escasa, y las comunidades compiten por cada gota con el ejército de eucaliptos de Aracruz Celulose.

El consumo diario de agua de la empresa para satisfacer las necesidades de su capacidad de producción de 2.000.000 de toneladas anuales de celulosa es suficiente para abastecer a una ciudad con una población de dos millones y medio de personas, y la empresa no paga nada por ella. Portocel, el puerto privado de Aracruz, es el punto de partida para la mayor parte de su producción que sale con destino a Europa, América del Norte y Asia. La pulpa será utilizada en la producción de toallas sanitarias, papel para uso en procedimientos quirúrgicos, sábanas de papel y papeles especializados para escritura e impresión, atendiendo a la alta – e insostenible – demanda de los modelos de consumo del Primer Mundo. En el Norte quedan los mejores empleos, el mayor valor agregado y los menores riesgos ambientales. En el Sur quedan los “desiertos verdes” de las plantaciones de eucaliptos, unos pocos empleos selectos y algunos otros más, precarios, escasos impuestos y varios conflictos ambientales.

El estudio concluye que la apropiación indebida y el uso de las cuencas de los ríos para la producción de celulosa y el monocultivo de eucaliptos son rasgos distintivos de racismo ambiental. A su vez, la distribución del agua en el Estado de Espírito Santo revela una clara injusticia ambiental: abundante y gratuita para Aracruz Celulose; escasa, paga y contaminada para los pueblos indígenas, los quilombolas, los sin tierra, los campesinos y los pescadores.

El problema silenciado ha sido puesto de manifiesto, así como el reclamo por la adopción de varias medidas, entre las cuales se encuentra, en primer lugar, la inmediata suspensión de la expansión de las plantaciones industriales de eucaliptos.

Artículo basado en: “H20 para Celulose x água para todas as línguas”, Daniella Meirelles y Marcello Calazans, FASE 2006, correo electrónico: fases@terra.com.br, http://www.fase.org.br/noar/anexos/acervo/12_h2o.pdf; “Economic, Social, Cultural and Environmental Rights Violations in Eucalyptus Monoculture: Aracruz Celulose and the State of Espírito Santo”, FASE, http://www2.fase.org.br/downloads/2004/09/553_relat_desc_es_ing.pdf