Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Malasia: cada camarón producido representa una lágrima

La industria camaronera se desarrollo rápidamente en Malasia a partir de los años 80, después de los supuestos éxitos logrados por los países vecinos Tailandia, Indonesia y Filipinas. Malasia, sin embargo, no es uno de los principales productores del mundo de camarón marino cultivado, dado que el área dedicada a esa actividad es de aproximadamente 5.100 hectáreas (2.627 hectáreas en 1995). A pesar de eso, el Gobierno de Malasia se enorgullece en declarar que la producción promedio del país es la tercera más grande del mundo después de Taiwan y Tailandia. Y ya están en marcha planes para la intensificación y expansión.

En base al Plan de Acción para la Producción de Alimentos (sector pesquero) formulado por el Departamento de Pesca, la producción prevista de camarón marino (camarón blanco, Penaeus penicillatus y camarón tigre, Penaeus monodon) para el año 2010 será de 129.100 toneladas métricas. Esto significa un aumento de la producción de 13 veces en relación al nivel de 1998 de 9.835 toneladas métricas.

A principios de los años 90, el gobierno identifico 110.000 hectáreas de bosques de manglares adecuados para la cría del camarón tigre y destino 15,38 millones de ringgit (3,8 ringgit equivalen a un dólar) al desarrollo de la acuicultura en el Sexto Plan de Malasia. Los gobiernos estatales y las agencias relacionadas se apresuraron a enajenar bosques de manglares y de pantanos muy valiosos para esta actividad ecológicamente destructiva, e incluso llegaron a adquirir tierras arroceras muy productivas para ese objetivo. Se pensó muy poco en el impacto que esa destrucción implicaría para el medio ambiente y las comunidades que dependen de los manglares para su sustento.

Los impactos ambientales principales producidos por la producción industrial de camarón han sido la pérdida de manglares, contaminación del agua y disminución de la pesca en las aguas costeras.

Los manglares constituyen sólo el 3% (aproximadamente 650.000 hectáreas) del área total de Malasia. La mayoría de los estanques abiertos durante la década de los 80 y principios de los 90 implico la tala de manglares. Los pescadores locales están muy preocupados por la pérdida cada vez mayor de manglares, ya que esta conduce a la disminución de especies silvestres y a la extinción de varias especies comerciales de peces en algunos lugares. Una investigación realizada por la Asociación para el Bienestar de los Pescadores Costeros de Penang revelo que 34 especies de peces se extinguieron y otras 50 o más se están tornando escasas en las aguas cercanas a Penang.

La destrucción de los manglares costeros también ha producido la erosión de la costa. Los poblados costeros son muy sensibles a la erosión, castigados por fuertes olas y tormentas. Sus vidas y propiedades están en peligro, mientras que el mar voraz se esta tragando lentamente la costa. Algunos estanques fueron abandonados debido a la erosión, a la existencia de sulfato ácido en el suelo y a la ocasional mortalidad masiva de camarones debido a epidemias. Los criadores no invierten ningún esfuerzo en rehabilitar los manglares degradados y nuevamente las comunidades costeras son víctimas de esos hechos.

Si bien la cría del camarón es todavía una industria pequeña en Malasia, los impactos sociales ya son evidentes. Entre los más preocupantes están la pérdida de fuentes de sustento e ingreso para los pequeños pescadores costeros debido a la pérdida de manglares y a la disminución de los peces, cambios negativos en las practicas agrícolas, y violaciones de derechos humanos.

El proyecto de producción de camarón mas controvertido en Malasia esta ubicado en Kerpan (Kedah). Samak Aquaculture fue aprobada como “joint venture” en 1993, y el 60% es propiedad de una compañía saudita llamada Saudi Ben Ladin, 10% es propiedad del Gobierno estatal de Kedah y 30% de una compañía fundada para representar los intereses de los propietarios de tierras y productores. El apoyo del gobierno a la acuicultura comercial ha ayudado inmensamente a compañías como Samak Pero el aspecto más criticable de todo este proyecto consiste en que el estado expropió tierras que ya eran de propiedad de los campesinos locales para ponerlas al servicio de los intereses corporativos.

Inicialmente, el gobierno estatal y Samak intentaron ganarse la confianza de los productores y propietarios de tierras en Kerpan para lograr que vendieran o arrendaran sus tierras o que participaran en el proyecto comercial. Algunos propietarios aceptaron participar, pero la mayoría de los productores y propietarios de tierras más grandes, un total de 800, se negó a integrarse. De esa forma, el estado invocó la Ley de Adquisición de Tierras para expropiar mas de 1.000 acres de arrozales. Esta ley permite al estado adquirir tierras de propiedad privada si considera que los proyectos de desarrollo que implantará en ellas representaran un beneficio económico para el país.

El estado ofreció una compensación que rondó en los 18.000 y 24.000 ringgit (3,8 ringgit = US$1) por acre, pero los propietarios de tierras se negaron a aceptar esa compensación ínfima. En enero de 1995, cerca de 100 productores se reunieron en la entrada del lugar del proyecto para evitar que ingresaran las máquinas excavadoras. Los productores montaron vigilias en tiendas improvisadas. Durante los días siguientes, batallones de la policía se presentaron en el sitio del proyecto. Una semana después la maquinaria pesada ingreso al sitio. Los productores de arroz contemplaron con impotencia como las excavadoras y la maquinaria pesada comenzó a arrasar sus cultivos de arroz durante la estación de cosecha.

Los campesinos, hombres y mujeres, no pudieron soportar la situación y se tendieron en la ruta para impedir el ingreso de los vehículos. La policía arrestóa 33 manifestantes, 10 mujeres y 23 hombres. Las mujeres fueron liberadas después de tres días y los hombres debieron pasar una semana en la cárcel. Uno de los detenidos se lamentaba diciendo que “Lo más trágico de este ida es que nosotros somos las víctimas y nos arrestan por defender nuestros derechos”.

Después de siete años, el poblado todavía sigue atascado en disputas sobre la tierra. Los estanques ya fueron cavados, pero las epidemias de enfermedades, discusiones legales, problemas de manejo y conflictos sobre la tierra han determinado que en siete años de existencia, el proyecto haya perdido millones de dólares y todavía no haya comenzado a exportar camarones. Mientras tanto, los productores de Kerpan han estado viviendo en la incertidumbre económica durante los últimos siete años, y la amenaza inminente de perder las tierras que los abastecen dificulta mucho la supervivencia. Como afirmó un productor de Kerpan: “Cada camarón producido aquí representa una lágrima de alguno de nosotros. Así se mide lo que hemos sufrido”.

Por: Meenakshi Raman, Consumers Association of Penang.