Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

México: oposición creciente a la cría industrial del camarón

El camarón, considerado el “oro rosado” del país, se convirtió en el centro de la actividad pesquera de exportación de México debido a su importancia y al valor económico en el mercado internacional, en especial en EE.UU. Cinco estados mejicanos a lo largo de la costa del Pacifico (Sonora, Sinaloa, Nayarit, Oaxaca, y Chiapas) y dos en la costa este (Tamaulipas y Campeche) se han dedicado a la acuicultura del camarón.

Sinaloa es actualmente el estado con más cantidad de granjas camaroneras y los niveles de producción mas altos de camarón industrial, y donde resultan más evidentes los problemas ambientales asociados con el desarrollo de esa industria. La proliferación rápida del número de granjas camaroneras está afectando los ecosistemas costeros y a las comunidades rurales que dependen de los recursos que proporcionan.

A pesar de las reglamentaciones existentes, existe un consenso de que la industria de la acuicultura está transformando los ecosistemas costeros de Sinaloa en formas que afectan el sustento y la calidad de vida de los habitantes de muchas comunidades costeras rurales.

Los estuarios y lagunas costeras característicos de Sinaloa contienen una diversidad de hábitats que incluyen bosques de manglares, marismas, estanques intermareales, pantanos, lagunas de agua dulce y sistemas de agua salobre y marina. Una preocupación ambiental clave es el impacto de la producción de camarón sobre los ecosistemas. El problema es más importante en la región sur del estado, donde un solo sistema de laguna puede contener varias granjas camaroneras. Durante la estación de lluvias, las lagunas de la región son hábitat y viveros de post-larvas y una variedad de recursos pesqueros que forman la base de la actividad pesquera comercial y que también son explotados por las comunidades costeras rurales como propiedad común. Cuando estas lagunas se secan al terminar las lluvias, tradicionalmente se realiza la extracción de sal, tanto para consumo familiar como por parte de algunas cooperativas.

Actualmente, para garantizar el suministro de agua permanente a las granjas camaroneras, se han construido canales para conectar las lagunas con estuarios o con el océano, lo que produce inundación permanente. El gobierno otorgo concesiones, en su mayoría a inversores privados, para construir granjas camaroneras en estas lagunas costeras. Además, las concesiones han convertido un ecosistema costero de importante diversidad en un sistema de monocultivo. Esto llevo al aumento de la marginación y el desplazamiento de sectores sociales, y genero una desconfianza creciente hacia las agencias gubernamentales a cargo del desarrollo de la acuicultura industrial. Al transformar lagunas de propiedad común en un recurso de propiedad privada, las concesiones exacerbaron los conflictos sociales en Sinaloa.

La descarga de los estanques de camarón es considerada una de las fuentes de contaminación mas recientes y graves de las aguas costeras de Sinaloa. Las aguas residuales de las granjas camaroneras contienen grandes cantidades de material orgánico, fertilizantes, sustancias químicas y antibióticos, que producen la eutrofización de las lagunas y sistemas de los estuarios. En Sinaloa, las aguas residuales de las actividades de acuicultura del camarón han estado ligadas además a la formación de afloramientos de fitoplancton, y la aparición de mareas rojas en las aguas costeras marinas.

Otra preocupación ambiental es el impacto de la industria sobre los ecosistemas de los manglares. En México hay aproximadamente 123 lagunas costeras, la mayoría bordeada por pantanos de manglares. México es el hogar de cuatro especies de mangle: rojo (Rhizophora mangle), blanco (Laguncunaria racemosa), negro (Avicennia germinans), y el mangle botón (Conocarpus. erecta L.). Los bosques de manglares de México cubren aproximadamente 660.000 hectáreas. Los bosques de manglares de Sinaloa sirven como zona para anidar y de alimentación de un gran numero de pájaros residentes y migratorios y como viveros de camarón, base de la industria pesquera costera. Los árboles también son utilizados por las poblaciones rurales como leña y madera. Con el tiempo, los ecosistemas de manglares de Sinaloa han sido transformados por la minería, la agricultura y la ganadería. Actualmente la industria de acuicultura del camarón también contribuye a la transformación ecológica de esos ecosistemas. Se ha estimado que hasta fines de 1994 se destruyeron 10.000 hectáreas de bosques de manglares para construir estanques de producción de camarón. Los efluentes de aguas no tratadas de los estanques de camarón también contribuyen al daño.

La preocupación mundial por el impacto negativo de la producción comercial de camarón sobre el medio ambiente y los seres humanos contribuyó al surgimiento de varios movimientos sociales de base que resisten la expansión de la industria. Entre las causas que originaron esa resistencia esta la preocupación de los pobladores locales por la contaminación cada vez mayor y la perdida de recursos de los estanques comunitarios. En México, la resistencia a la expansión de la industria está comenzando a aparecer lentamente, y la mayoría de las actividades opositoras son desarrolladas por varias cooperativas pesqueras en el sur de Sinaloa y en el norte de Nayarit. Entre las actividades de las cooperativas pesqueras en estos estados se incluyen confrontaciones con personal de las granjas camaroneras y negociaciones con agencias gubernamentales para limitar la expansión de la industria.

Entre las organizaciones de base más importantes que se oponen a la acuicultura a gran escala del camarón cerca de zonas pesqueras esta la Federación de Cooperativas Pesqueras del Sur de Sinaloa (los “Guerreros del Sur”), integrada por 21 cooperativas pesqueras que agrupan un total de 2.000 pescadores. En 1998, los Guerreros del Sur se opusieron abiertamente a la construcción de una granja camaronera en el área que se les otorgo para la pesca, afirmando que siete cooperativas no podrían pescar en la zona porque la granja camaronera invadiría su espacio. La Federación previamente había evitado la construcción de una granja camaronera en otra comunidad cercana. En ese caso, la mayoría de los miembros de esa comunidad apoyaron el esfuerzo, y la granja camaronera no se construyó. Los miembros de esta Federación también se oponen activamente a la recolección de larvas de camarón silvestre en áreas costeras cercanas a las zonas pesqueras. En ciertas oportunidades, se presentaron con porras para enfrentar a los biólogos marinos y otros empleados de las granjas camaroneras para exigir que cesaran la recolección de larvas de camarón. Varias cooperativas pesqueras en el norte de Nayarit también se opusieron a la construcción de una granja camaronera cerca de sus áreas de pesca. En ese caso los pescadores acusaron a una compañía privada de destruir grandes parcelas de manglares con sus operaciones de estanques de camarones. A la lucha de las cooperativas pesqueras se integró una organización ambientalista, el Grupo Manglar.

A medida que una mayor cantidad de personas tome conciencia de los efectos potenciales de la producción industrial del camarón, las cooperativas pesqueras y los grupos comunitarios que se oponen a la expansión de la industria recibirán mas apoyo. No hay dudas de que la cría industrial del camarón ha producido impactos ecológicos y sociales importantes, que a largo plazo llevaran a una mayor erosión de la ecología costera y marina y debilitaran la capacidad de sustento de los hogares rurales.

Artículo basado en información obtenida de: María L. Cruz-Torres.- “Pink Gold Rush:” Shrimp Aquaculture, Sustainable Development, and the Environment in Northwestern México, Journal of Political Ecology Vol. 7, 2000.