Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Un llamado de alerta para la acción por los bosques, sus pobladores y la vida sobre la tierra. A diez años de la Declaración de Penang

Diez años atrás, el Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales se reunió en Malasia y emitió la Declaración de Penang. Mucho de lo que allí se decía era en ese entonces pensamiento original, que cuestionaba “el saber oficial” de la mayoría de los expertos nacionales e internacionales. Resulta importante entonces hacer un balance de los cambios que han ocurrido desde entonces, con el objetivo de identificar las medidas que aún requieren ser puestas en práctica para asegurar la supervivencia de los amenazados bosques del mundo y para asegurar los medios de vida de la gente que de ellos depende.

La Declaración de Penang comienza afirmando que “Los bosques, tanto templados como tropicales, son parte integral de los sistemas de soporte de vida del Planeta. Ellos cumplen numerosas funciones ecológicas y sociales, que son esenciales para la continuación de la vida bajo la forma en que la conocemos sobre la Tierra. Entre dichas funciones se incluyen: la regulación del clima a nivel regional y global; el suministro de un hábitat para la mayoría de las especies de la Tierra; la provisión de un hogar y una base espiritual para millones de personas que los habitan; la regulación de los ciclos hidrológicos y el aseguramiento de las fuentes de agua”.

Los conceptos explicitados en dicha cita son actualmente aceptados por la mayoría de la gente. En la práctica, sin embargo, muchos tomadores de decisiones continúan visualizando a los bosques exclusivamente como proveedores de madera o como ocupando un espacio que podría destinarse a otras actividades productivas.

Tal actitud ya era señalada en la Declaración de Penang, al afirmar que: “Las actuales políticas sociales y económicas han llevado a la deforestación del Planeta en el nombre del “desarrollo”. Las mismas son directamente responsables por la aniquilación de los bosques en el mundo, trayendo consigo pobreza y miseria para millones de seres humanos y la amenaza de colapso para los ecosistemas del mundo. Tales políticas y prácticas comprenden: Las plantaciones, tanto forestales industriales como de cultivos para exportación; los planes de expansión ganadera; los proyectos de represas hidroeléctricas; la explotación maderera a nivel comercial; los proyectos de colonización; la minería y la industria; el despojo a los campesinos y a los pueblos indígenas; la construcción de carreteras; la contaminación; el turismo.

Todas las prácticas antedichas continúan siendo causas fundamentales de deforestación. Sin embargo, se ha producido un importante cambio a nivel de la opinión pública. Hace diez años, tales prácticas era aceptadas por la mayoría de la gente como necesarias para el logro del desarrollo. En la actualidad, existe una fuerte y creciente oposición a tales actividades “desarrollistas”, que en muchos casos ha logrado impedir su puesta en práctica. Al mismo tiempo, muchas organizaciones y procesos internacionales han aceptado su responsabilidad en materia de destrucción de bosques y han dado algunos (aún insuficientes) pasos para modificar algunas de sus actividades destructivas. El Banco Mundial, por ejemplo, ha reconocido los impactos negativos de algunas de sus políticas y proyectos sobre los bosques y ha incorporado lineamientos ambientales y sociales a sus préstamos para algunos sectores vinculados a los bosques. La FAO ha modificado en cierta medida el tipo de pensamiento forestal que impulsaba entonces –que estaba resultando en procesos de deforestación– y que de hecho fue lo que dio lugar a la propia creación del Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales para contrarrestarlo. El Panel Intergubernamental sobre Bosques ha elaborado un conjunto de propuestas de acción para salvaguardar los bosques del mundo y el Foro Intergubernamental sobre Bosques está ahora trabajando para su puesta en práctica. Aunque aún se requiere hacer mucho más, todo lo anterior puede ser visto como señales de que los tiempos han cambiado.

Con respecto a las consecuencias de la deforestación, lo que la Declaración de Penang dijo hace 10 años es hoy ampliamente reconocido prácticamente como algo de sentido común por la mayoría de la gente. Esto constituye otro cambio trascendente, que abre caminos para el logro de soluciones. La Declaración sostuvo que ” Las consecuencias inmediatas y a largo plazo de la deforestación mundial amenazan en sus cimientos la permanencia de la vida como la conocemos sobre la Tierra. En efecto, la escala de la deforestación y su impacto constituyen actualmente una de las emergencias más graves que haya enfrentado históricamente la especie humana. Entre tales consecuencias señalamos: la alteración del equilibrio climático y la acelaración del calentamiento global; la pérdida de diversidad biológica a un ritmo sin precedentes; la destrucción de las sociedades que viven de los recursos del bosque; el incremento de las sequías, las inundaciones, la erosión del suelo y la desertificación; el despojo y el desplazamiento forzoso de los campesinos y los pueblos de los bosques como consecuencia de las inundaciones y de otros impactos ambientales de la deforestación”.

En lo referente a soluciones, también se han producido importantes cambios en comparación con la situación de entonces, donde se denunciaba que: “Las soluciones planteadas a nivel oficial al problema de la deforestación han ignorado o bien no otorgado la importancia suficiente a las causas fundamentales de la deforestación. En cambio se han adoptado políticas que culpan a las propias víctimas de la deforestación por su situación, mientras que simultáneamente se insiste en soluciones que sólo pueden derivar en una ulterior degradación de los bosques y las tierras de cultivo a través de la promoción de la forestación industrial”.

Aunque todavía hay quienes continúan culpando a las víctimas, están quedando crecientemente aislados y en la actualidad hay un consenso amplio sobre lo que ahora se denominan las causas subyacentes de la deforestación y la degradación de los bosques que incluyen, entre otras, causas como la deuda externa, las reglas del comercio internacional, el consumo excesivo, los programas de ajuste estructural, las políticas agrícolas, que están siendo vislumbradas como las causas fundamentales de los procesos de deforestación.

Lo que permanece casi idéntico en los 10 años transcurridos es el hecho de que: “En todo el mundo las víctimas de estas políticas se están organizando para frenar la deforestación y revertir este proceso destructivo. En Sarawak, la Amazonia, el Himalaya, Tailandia, Filipinas y otros lugares, los pueblos se están poniendo de pie para proteger los bosques y sus respectivas sociedades. Estos pueblos han demostrado que son capaces de utilizar los bosques de la única forma compatible con su conservación. No es a las grandes empresas, las agencias de ayuda y los bancos a quienes debe confiarse el diseño y la implementación de la protección y regeneración de la salud de los bosques del Planeta”.

También idéntico es el despojo (y frecuentemente la represión) llevados a cabo contra la gente local por muchos gobiernos para entregar los bosques y las tierras forestales a las empresas, con apoyo de agencias de asistencia y de la banca multilateral de desarrollo. La diferencia radica en el hecho de que tales acciones están siendo conocidas mundialmente y que el trabajo en redes está vinculando estas luchas y facilitando apoyo a la difícil situación de las comunidades locales.

En lo referente a soluciones, la Declaración de Penang apeló a “las Naciones Unidas y a los gobiernos nacionales para que se adopten medidas urgentes en el sentido de:

– Restaurar la justicia ecológica y la integridad de la Humanidad devolviendo a los millones de personas que viven en los bosques y de ellos dependen, su derecho a un modo de vida sustentable.

– Restaurar la justicia ecológica y la integridad de la vida sobre la Tierra a través del cese de la destrucción de los bosques y de la regeneración de aquellos dañados. Que los pueblos indígenas, los campesinos y las comunidades locales elijan las especies a ser implantadas con el fin de restaurar la diversidad ecológica y asegurar la sobrevivencia de las sociedades indígenas afectadas.

– Restringir el consumo excesivo y el despilfarro de recursos por los grupos privilegiados de la sociedad mundial, procesando para ello los cambios necesarios en el estilo de vida y en los padrones de consumo dominantes hacia modos de vida sustentables en todo el mundo, que satisfagan las necesidades ecológicas, espirituales, sociales y estéticas de todos los pueblos del mundo”.

Específicamente, la Declaración de Penang hizo “un llamado a las Naciones Unidas y a los gobiernos nacionales para que:

– Se empodere a los pueblos que habitan los bosques y dependen de ellos para su supervivencia con la responsabilidad de salvaguardar su hábitat y asegurar así la regeneración de los mismos mediante:

a) asegurar el acceso a la tierra a las poblaciones rurales, para lo que deberá revisarse la legislación sobre tenencia, así como realizarse reformas agrarias, tal como lo recomienda el Informe Brundtland.

b) Empoderar a las comunidades locales con el derecho a tener la última palabra en la formulación de políticas respecto de esta temática;

c) Rechazar las políticas sociales y económicas basadas en la supuesta superioridad cultural de los pueblos que no habitan en los bosques.

– Se detengan todas aquellas prácticas y proyectos que podrían promover directa o indirectamente una ulterior destrucción de los bosques. Entre otros: el modelo de plantaciones, las represas, la ganadería moderna, los proyectos mineros e industriales, la explotación comercial de la madera, el Plan de Acción para los Bosques Tropicales de la FAO, etc.

– Realizar una revisión radical de las políticas de actores como las agencias y los bancos multilaterales de desarrollo (tales el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Asiático de Desarrollo, la FAO, el PNUD, las agencias de ayuda de ultramar de los países desarrollados y las más importantes coporaciones internacionales) que generalmente financian proyectos y apoyan prácticas que provocan la deforestación. Deberían destinarse esos fondos hacia proyectos que promuevan la protección y la regeneración de los bosques.

– Implementar, mediante la acción de los pueblos de los bosques y bajo su dirección, un programa de regeneración de las tierras forestales degradadas y de revalorización y fortalecimiento de las culturas locales.

– Tomar medidas inmediatas para frenar el despilfarro, el mal uso y el consumo excesivo de productos madereros.

– Prohibir completamente las importaciones de madera tropical proveniente de bosques naturales y la de productos del bosque tropical.

– Tomar medidas inmediatas para disminuir el consumo de carne importada proveniente de regiones donde se encuentra el bosque tropical.

– Restructurar el actual sistema económico mundial injusto, dominado por instituciones y prácticas que favorecen a los países desarrollados a expensas de los pobres del Tercer Mundo. El presente sistema global permite a los países desarrollados controlar y utilizar una desproporcionadamente alta porción de los recursos naturales del mundo. Un sistema económico más justo y equitativo es entonces fundamental en toda estrategia para salvar y regenerar los bosques del mundo.

– Iniciar un cambio de orientación a nivel mundial hacia el desarrollo de formas de vida sostenibles. La meta basica de un cambio de este tipo sería la existencia de sistemas productivos ecológica y socialmente sustentables.

Ello ha de requerir:

a) la reducción del ritmo de la producción y la adopción de prácticas que minimicen el impacto de la producción sobre el ambiente;

b) la maximización de la autosuficiencia a nivel local;

c) el asegurar que las actividades económicas estén subordinadas a fines sociales y ecológicos”.

En resumen, concluimos que todo lo anterior prueba que la Declaración emitida hace 10 años en Penang contiene un análisis certero sobre la crisis de los bosques, a la vez que marca un camino en lo atinente a soluciones. Pese a que la crisis de los bosques está lejos de ser resuelta, existe un creciente acuerdo a casi todo nivel con dichos análisis y soluciones y esto constituye un importante paso adelante en la dirección adecuada. Mucho resta por hacer, pero dado que las principales causas y agentes de la destrucción de los bosques han sido claramente identificados y dada la preocupación, la toma de conciencia y el involucramiento del público en esta temática, el que los gobiernos, las agencias internacionales y las empresas continúen haciendo sus negocios a la manera usual ha pasado a ser crecientemente visto como algo negativo e intolerable. Hacer negocios a la manera usual significa muerte a la manera usual: muerte a sistemas ecológicos enteros, a preciosas especies vegetales y animales y a la diversidad cultural. Tales cambios impulsarán a quienes están preocupados por la destrucción de los bosques a incrementar su presión sobre los organismos nacionales e internacionales relevantes para hacerles poner en práctica soluciones para abordar el problema de manera equitativa. Por consiguiente, hacemos un llamamiento a todas las organizaciones y personas involucradas a trabajar juntos para asegurar que dichas soluciones sean puestas en práctica a todos los niveles para salvar los amenazados bosques del mundo. De no hacerlo, la historia nos juzgará.

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