Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Carne industrial: abriéndose paso en los mercados

El consumo de carne está aumentando en muchas partes del mundo. De continuar las tendencias actuales, el consumo mundial de carne crecerá un 76 por ciento más para 2050, anuncian los últimos estudios. Médicos y científicos han estado advirtiendo que comer demasiada carne es malo para la salud y está vinculado a varios tipos de cáncer, enfermedades del corazón y otros trastornos. Este aumento del consumo de carne también repercute negativamente en el medio ambiente, ya que la ganadería comercial es responsable de gran parte de la deforestación en todo el mundo. A esto se agrega el daño que provoca al clima. La FAO calculó que, hoy en día, tan solo la producción de carne – especialmente la de tipo industrial – genera más emisiones de gases de efecto invernadero que el total del transporte mundial. Por otro lado, si los grandes consumidores de carne industrial mantuvieran su nivel de consumo en las cantidades recomendadas por la Organización Mundial de la Salud, el mundo podría reducir el 40 por ciento de todas las emisiones actuales de gases de efecto invernadero.

Entonces, ¿por qué aumenta el consumo de carne más allá de los niveles sostenibles y saludables? La explicación más común y lineal dice que esto se debe a que la creciente clase media de varios países de reciente industrialización ahora puede darse el lujo de comer más carne, y aprovecha la oportunidad. De hecho, el crecimiento proyectado del consumo de carne es especialmente grave en países como China, Brasil, India y otros países de esas regiones. Pero eso es sólo una parte de la historia.

En cuanto a la producción, no toda la carne se produce de la misma manera. La carne industrial producida en empresas agropecuarias es el segmento de producción de carne y lácteos que ha crecido más rápidamente: representando el 80 por ciento del crecimiento mundial de los últimos años. Éste es precisamente el caso de la producción de cerdos y aves de corral, que de manera vertiginosa ha pasado a manos de empresas, quienes son ahora las que la controlan. La producción industrial de carne es lo que está detrás del aumento del consumo, ya que se basa en la producción altamente concentrada de excedentes de carne barata que se comercializan mundialmente como productos básicos y así fuerzan su entrada a los mercados de todo el mundo.

Consolidando el mercado de la carne industrial

Entonces, ¿por qué la producción de carne industrial resulta tan barata y puede expandirse tan rápidamente por todo el mundo? El confinamiento de ganado en altas densidades para engorde forma parte de un esfuerzo sistemático por lograr la mayor producción al menor costo. Sin embargo, aquí hay en juego al menos tres factores estructurales clave: la lucha de las empresas cárnicas para evitar que regulen su sector, la alta subvención de la carne industrial y la firma de acuerdos comerciales para conseguir la expansión masiva de la carne industrial en los mercados de todo el mundo.

Cuando Alemania redactó directrices para reducir el consumo de carne, demostrando que una reducción del 50 por ciento para 2030 sería “crucial para la protección del clima”, la industria presionó. Fue difícil. Cuando en noviembre de 2016 llegó la fecha de lanzamiento del plan nacional sobre el cambio climático, éste había sido desmantelado, quedando despojado de cualquier posible referencia a los gases de efecto invernadero provocados por el sector agrícola. Se pueden contar historias similares sobre el grupo de presión de la industria cárnica en Estados Unidos, Brasil y otros países donde ese sector es poderoso.

Aunque se opone a ciertos tipos de regulación, la industria no tiene reparo en sacar feliz provecho de las subvenciones del gobierno. En 2013, los países de la OCDE destinaron 53.000 millones de dólares a los productores de ganado, y la Unión Europea pagó 731 millones de dólares a su industria ganadera. El mismo año, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos pagó más de 300 millones de dólares a sólo seis enormes compañías cárnicas (empezando por Tyson Foods) para incluir carne y productos lácteos en las bandejas escolares, en comparación con apenas una fracción de eso para los proveedores de frutas y verduras. De hecho, casi dos tercios de todas las subvenciones agrícolas de Estados Unidos se destinan a carne y productos lácteos, en gran parte a través de la producción subvencionada de alimento animal. De no contar con las subvenciones y con la posibilidad de descartar los costos ambientales y sociales así como los impactos causados ​​por las empresas, sin duda que el costo de la carne industrial sería muy alto.

Pero las grandes armas en el arsenal de la industria cárnica son los acuerdos de “libre comercio”. Estos acuerdos de comercio que benefician a las empresas, impulsan artificialmente la producción y el consumo promoviendo el dumping (es decir, el deshacerse) de carne y productos lácteos baratos en países de bajos ingresos. Incluyen cláusulas que eliminan la protección de los agricultores locales frente a la competencia extranjera, que hacen que sea ilegal dar preferencia tanto a los proveedores como a los productos locales, y que someten las reglamentaciones gubernamentales a un mecanismo de solución de controversias entre inversionista y Estado por el cual una empresa extranjera puede demandar al gobierno que adopte leyes sociales o ambientales, con el argumento de que esas medidas le restan posibilidades de obtener ganancias.

Cómo los acuerdos de libre comercio impulsan la expansión de la industria de la carne y los productos lácteos

– Forzando a disminuir los aranceles en los últimos mercados “protegidos”. Esto constituye una amenaza en los países donde todavía existen aranceles para proteger a los agricultores locales frente a la competencia extranjera, o donde los agricultores se benefician de subvenciones y otros mecanismos de regulación de los precios. En este caso estarían países de bajos ingresos como India, que ahora se enfrenta al acuerdo comercial conocido como RCEP, sigla en inglés de Regional Comprehensive Economic Partnership (Asociación Económica Regional Integral). El RCEP tendrá un gran impacto en el sector de carnes y lácteos de la India, forzándola a abrirlo a las importaciones provenientes de Australia y Nueva Zelanda. 70 millones de productores de leche de la India se ven amenazados a corto plazo por la importación de estas poderosas empresas cárnicas. Pero los aranceles también son un problema en los países de altos ingresos que negocian el acuerdo de la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTP o TTIP, sigla en inglés de Transatlantic Trade and Investment Partnership), que tiene como objetivo abrir la Unión Europea a mayores importaciones de carne vacuna procedente de Estados Unidos, así como de los países que participan en el TTP, en el cual el acceso de las empresas estadounidenses a los consumidores de carne y lácteos de Japón, Canadá y México, en particular, fue primordial para los negociadores de Estados Unidos.

– Declarando ilegales las preferencias locales. Dar preferencia a proveedores o productos locales se torna decididamente ilegal en los tratados pendientes de aprobación, como el TPP. “Consumir lo local” está en el corazón mismo de las estrategias de sentido común para apoyar a los pequeños agricultores y revertir el cambio climático, reflexionando sobre las maneras en las cuales producimos, distribuimos y accedemos a los alimentos. Pero esto se vuelve imposible en el marco de los actuales tratados comerciales, y está sujeto a sanciones muy duras. Aún cuando ahora algunas de estas negociaciones y acuerdos están empantanados por la conmoción del Brexit (el Reino Unido que abandona la Unión Europea), por el presidente de la derecha estadounidense Trump, y otras tendencias nacionalistas, está claro que los intereses comerciales detrás de estos acuerdos seguirán avanzando.

– Imponiendo una armonización normativa entre los signatarios de los acuerdos comerciales con el fin de abrir aún más los mercados y someter esa apertura a cláusulas de “statu quo” y de “trinquete”. Cuando un país la firma, la cláusula de statu quo congela el grado de regulación que tiene ese país en determinados sectores. Eso significa que sólo puede “des”-regular desde ese nivel en adelante, es decir, no puede adoptar las normativas nuevas o adicionales que considere necesarias. La cláusula de “trinquete” significa que una vez que un país adopta medidas para liberalizar y abrir su mercado, nunca podrá dar marcha atrás. Por lo tanto, una medida tomada por un gobierno en el poder – por ejemplo para abrirse a las importaciones de carne producida en agrofactorías – no puede revertirla otra administración que llegue después al poder, desarticulando así el proceso democrático que pueda dar lugar a actuar en favor del clima.

– Estableciendo que las reglamentaciones ambientales estén sujetas al sistema de solución de controversias entre inversionista y Estado (ISDS, por su sigla en inglés). Esto significa que si un país firma un acuerdo típico de inversión – que incluye al ISDS -, una empresa extranjera puede demandar al gobierno si éste adopta medidas de política de interés público que puedan afectar las utilidades anticipadas de esa empresa. Por ejemplo, si un gobierno aumenta los impuestos sobre el consumo de carne, esta medida podría ser impugnada en el marco del ISDS por la industria cárnica. La simple amenaza de este tipo de demandas, en las cuales los pagos compensatorios habitualmente llegan a cientos de millones de dólares, ha llegado a amedrentar a algunos responsables de políticas, que por temor dejan de implementar políticas ambientales o sociales.

Todo esto impulsa la producción y el consumo industrial, promoviendo el dumping de carne y productos lácteos baratos en los países de bajos ingresos. Esto no sólo está matando los medios de subsistencia locales, sino que también está matando nuestra salud – especialmente de quienes no pueden darse el lujo de acceder a carne de otro origen, o porque ni siquiera está disponible – y a nuestro clima.

Es imperioso que revirtamos la expansión de las “cadenas de valor” de la industria de la carne y los productos lácteos a escala mundial, consagradas en los grandes acuerdos comerciales entre los principales bloques comerciales; se eliminen las subvenciones a la carne industrial; y se obligue a la industria a asumir la responsabilidad por los daños ambientales y sociales que causa. Es necesario que reconozcamos esto y que tanto la inversión como las políticas de apoyo se reorienten a los mercados locales, nacionales y regionales para obtener ganado producido de forma sostenible por pequeños productores.

GRAIN, www.grain.org

Este artículo se basa en:

– Tomar el toro por los cuernos: reducir la producción industrial de carne y lácteos puede frenar su impacto negativo en el clima

https://www.grain.org/article/entries/5648-tomar-el-toro-por-los-cuernos-reducir-la-produccion-industrial-de-carne-y-lacteos-puede-frenar-su-impacto-negativo-en-el-clima GRAIN

The Global Dangers of Industrial Meat – GRAIN & Raj Patel, en Civil Eats.

(En estos artículos se pueden encontrar las referencias de las cifras citadas)

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