El Banco Mundial y los bosques: mentiras y engaños

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En octubre de 2002, el Banco Mundial adoptó una nueva política en materia de bosques. Revirtiendo la política anterior que había prohibido que el Banco financiara proyectos que destruirían los bosques tropicales húmedos primarios, la nueva política, adoptada con el aval del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por su sigla en inglés) apuntó a alentar una mayor participación de la institución en las actividades de explotación forestal. El objetivo era ayudar al Banco Mundial a alcanzar los objetivos establecidos por la Alianza entre el Banco Mundial y el WWF para asegurar que 200 millones de hectáreas de bosques quedaran bajo un régimen de madereo responsable (“manejo forestal sustentable certificado de manera independiente”). La política y estrategia asociada también apuntaba a la promoción de mercados en servicios ambientales, a crear mejores oportunidades para la inversión del sector privado en el manejo forestal, a la vez que reclamaba, poco convincentemente, que también mejoraría las formas de vida de los sectores rurales pobres.

La política fue condenada rotundamente por numerosas ONGs y organizaciones de Pueblos Indígenas que habían participado en las prolongadas consultas que precedieron su aprobación. Las principales razones por las que cuestionamos la política fueron que:

no se aplica a las divisiones del Banco Mundial que apoyan al sector privado --la Corporación Financiera Internacional (CFI) y el Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones (MIGA)
no se aplica a los préstamos de ajuste estructural y programáticos
levanta la proscripción anterior al financiamiento por parte del Banco Mundial del madereo en bosques tropicales húmedos primarios
ofrece solamente una protección ambigua a los bosques “críticos” que serían afectados por los proyectos financiados por el Banco Mundial
no ofrece protección adicional a los pueblos dependientes de los bosques que serían perjudicados por préstamos no relacionados con bosques pero que afectarán a los mismos
permite que el Banco financie la tala de bosques para hacer lugar a plantaciones (si bien “prefiere” que las plantaciones se establezcan en otro lado)
se basa en normas de certificación inciertas para proteger a los bosques y los pueblos de los bosques en los proyectos del Banco Mundial que promueven el madereo.
Lo que preferíamos era una simple proscripción que el personal no técnico del Banco Mundial pudiera entender fácilmente: que todo el Grupo Banco Mundial no debía apoyar proyectos que pudieran destruir los bosques primarios. Lamentablemente, los tecnócratas querían algo más tecnocrático –y lo lograron.

Varios gobiernos compartieron algunas de nuestras preocupaciones sobre esta política, que fue eventualmente aprobada por la Junta de Directores Ejecutivos aunque sujeta a una serie de condiciones. Para asegurar el acuerdo de la Junta, el Banco Mundial prometió que:

evaluaría los avances en la aplicación de la política después de tres años,
se crearía un “Grupo Asesor Externo” a efectos de lograr transparencia y asegurar que el Banco obtuviera asesoramiento independiente sobre cómo aplicar la política,
se establecerían “mecanismos transparentes” en la política sobre préstamos de ajuste (PO/MP 8.60), que se revisaría próximamente,que abordaría “sistemáticamente” los aspectos ambientales, incluyendo “en especial los impactos de la explotación forestal”,
mientras tanto, los Vicepresidentes regionales supervisarían los futuros préstamos de ajuste por sus posibles impactos y la gerencia del Banco establecería “acuerdos transparentes para identificar sistemáticamente” los impactos importantes,
se elaboraría un “Manual de consulta” sobre bosques para guiar al personal del Banco Mundial en la aplicación de la nueva política con respecto a identificar los “bosques críticos”, estableciendo normas para la certificación y salvaguardando a los habitantes de los bosques,
que la CFI pronto adoptaría una versión revisada de la política adaptada a su tarea de financiar al sector privado.
Ahora, pasados tres años, es hora de ver los resultados. Como demuestran los artículos de este número especial, el Banco no ha mantenido ninguna de esas promesas y, tristemente, los temores que teníamos sobre la nueva Política Forestal del Banco Mundial resultaron estar demasiado bien fundados.

La CFI no adoptó la nueva política --mucho menos la MIGA-- y sin embargo invierte en una serie de dudosos proyectos que amenazan a los bosques y los pueblos de los bosques, en especial de la Amazonía.
El prometido “Manual de consulta” nunca apareció.
Los mecanismos prometidos para asegurar que la situación de los bosques se estudiaría sistemáticamente en los préstamos programáticos demostró ser tan “transparente” que resultó totalmente invisible.
El “Grupo asesor externo”, que debía incluir representantes de la sociedad civil y pueblos indígenas, no los incluye y ha sigo engullido por el Banco Mundial. Sus acciones no son informadas al mundo exterior.
Los proyectos de “manejo comunitario del bosque” en India, que estaban destinados a aliviar la pobreza, han ignorado las políticas de salvaguardia del Banco Mundial y pisotearon los derechos de los pueblos indígenas.
Los mecanismos para extender el madereo en la cuenca del Congo han sido impuestos sin asegurar los derechos de las comunidades, lo que promete una aceleración de la deforestación.
Las muy publicitadas iniciativas en Camboya para eliminar la corrupción en el sector forestal quedaron en la nada por falta de compromiso del Banco.
Los proyectos para promover nuevos mercados de carbono han destruido ambientes y arruinado formas de sustento.
Incluso los proyectos de conservación financiados a través del Fondo para el Medio Ambiente Mundial han fracasado.
Mientras tanto, la Alianza entre el Banco Mundial y el WWF, por la cual se reformuló la nueva política forestal, no puede mostrar un solo proyecto de “mejor práctica” de madereo certificado financiado por el Banco que justifique el nuevo enfoque.
El (ahora a punto de retirarse) Presidente del Banco Mundial ha estado durmiendo --o fingiendo que dormía-- en su puesto, mientras el Grupo Banco Mundial ha vuelto a las viejas malas prácticas de la década de 1980, cuando la destrucción de los bosques y el pisoteo de las comunidades locales se consideraba que era el precio a pagar por el desarrollo.
Si el Banco Mundial pretende ser serio en cuanto a la protección de los bosques, entonces los Directores Ejecutivos de la Junta del Banco deben despertar y ver lo que está aconteciendo. Se necesita una evaluación exhaustiva independiente de lo que está ocurriendo actualmente. Es urgente evaluar la política sobre Hábitats Naturales. Mientras tanto, los proyectos malos deben ser congelados y se deben suspender nuevas inversiones de la CFI relacionadas con los bosques.

Por Ricardo Carrere, Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales, correo-e: rcarrere@wrm.org.uy, http://www.wrm.org.uy, y Marcus Colchester, Forest Peoples Programme, correo-e: marcus@forestpeoples.org, http://www.forestpeoples.org