Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

¡Necesitamos su apoyo! ¡Ayude a detener el avance de los monocultivos de árboles en el Sur global!

¡Ayude a detener el avance de las plantaciones industriales de árboles en el Sur global, especialmente en África!

Firme la carta para alertar a los pueblos de los países del Norte global. ¡Evitemos que las agencias de cooperación financien monocultivos que destruyen territorios y son una falsa solución al caos climático! Hay tiempo para firmar hasta el 19 de septiembre, en el formulario que se encuentra a continuación. 

Existe el peligro real de una expansión gigantesca de monocultivos de árboles en el mundo. Estas plantaciones a gran escala se presentan como una supuesta “solución” al caos climático y a la dependencia del mundo industrializado del petróleo, el gas y el carbón mineral.

Se prevé que gran parte de esta expansión suceda en países de África, el continente que, según un estudio del Banco Africano de Desarrollo (BAD) y del World Wildlife Fund (WWF)-Kenia, tendría “el mayor potencial económico para la plantación de árboles”.

Frente a esta amenaza, un grupo de organizaciones de países africanos, en conjunto con el WRM, lanza una carta abierta buscando alertar a las personas de los países del Norte sobre el rol que cumplen sus agencias de cooperación.

Con dinero público, estas agencias financian a empresas, consultores e inversores para que continúen obteniendo ganancias, sin preocuparse por las innumerables violaciones de derechos y destrucción de territorios que esos proyectos han causado. Las principales afectadas son las comunidades rurales, que sufren la devastación de las tierras, praderas y bosques de los que dependen.

Apelamos a la solidaridad hacia las comunidad que resisten a las plantaciones industriales de árboles y a la unión para que juntos podamos exigir el abandono inmediato de cualquier programa de reforestación que se base en el monocultivo de árboles a gran escala.

La Carta será publicada el día 21 de septiembre, Día Internacional de Lucha contra los Monocultivos de Árboles.

Por favor, firme hasta el día 19 de setiembre.

En solidaridad,
El equipo del WRM

(Lea la carta completa debajo del formulario)

* Los campos “Nombre” y “Apellido” son obligatorios. Si usted firma en nombre de una organización, por favor repita el nombre de la organización en esos campos. 

¡Ayude a detener el avance de las plantaciones de árboles en el Sur global!

21 de Septiembre
Día internacional de Lucha contra los Monocultivos de Árboles

Carta abierta sobre inversiones en plantaciones industriales de árboles en el Sur global, y en especial en África

Y en solidaridad con los Pueblos que resisten la ocupación de sus territorios.

El 21 de septiembre se conmemora el Día internacional de Lucha contra los Monocultivos de Árboles. A diferencia de otros, este Día no fue creado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ni por los gobiernos. El Día fue declarado en 2004 por comunidades rurales, reunidas en el interior de Brasil, para denunciar y visibilizar los impactos de las plantaciones industriales de árboles en sus territorios, y afirmar su determinación de resistir contra las plantaciones y recuperar sus territorios de manos de las empresas.

16 años después, el 21 de septiembre se mantiene más vigente que nunca: existe un peligro real de que suceda una expansión gigantesca de plantaciones industriales de árboles en el mundo, promovidas como una solución al caos climático y a la dependencia del mundo industrializado del petróleo, el gas y el carbón mineral. Un grupo de gobiernos, empresas, consultores, inversores y grandes ONG conservacionistas se unieron para que sus mega-planes de expansión de las plantaciones se vuelvan realidad (1).

Aunque en extremo cuestionada, la definición de bosque de la FAO (Organización para la Alimentación y la Agricultura de la ONU) y de muchos gobiernos nacionales incluye erróneamente a las plantaciones industriales de árboles. Ellos las llaman “bosques plantados”. Esta definición sólo favorece a las empresas de plantaciones que así garantizan su objetivo principal: la generación de ganancias.

África es el continente con “el mayor potencial económico para la plantación de árboles en el mundo”, según el informe producido en 2019 por un equipo de consultores para el Banco Africano de Desarrollo (BAD) y la ONG conservacionista World Wildlife Fund (WWF)-Kenia. “El estudio identificó 500.000 hectáreas de tierras viables para las plantaciones en diez países: Angola, República Democrática del Congo, Gana, Mozambique, Malaui, Sudán del Sur, Tanzania, Uganda, Zambia y Zimbabue”. El estudio propone la creación de un Fondo a corto plazo, con sede en un paraíso fiscal (Isla Mauricio), para financiar el plantío de las primeras 100.000 hectáreas de árboles.

Para que estas plantaciones generen ganancias para los inversores privados, el estudio alega que será necesaria la ayuda de las agencias públicas europeas para la cooperación internacional: dinero de los contribuyentes de los países nórdicos de Europa (es decir Finlandia, Suecia, Noruega, Dinamarca e Islandia), del Reino Unido y de los Países Bajos, además del Banco Mundial a través de la Corporación Financiera Internacional (CFI) que presta dinero a empresas privadas.

El estudio y sus recomendaciones nos dejan perplejos e indignados, dados los falsos supuestos y las inconsistencias en que se basa (ver el Anexo I a esta carta para una descripción más detallada). A continuación, resumimos nuestras principales críticas.
El informe repite las mismas promesas traicioneras y falsas que siempre hacen las empresas y los defensores de estas plantaciones. Afirma que las plantaciones mejoran las condiciones de vida de las comunidades, generan empleos, mejoran el suelo, la cantidad y calidad del agua; además, los proyectos “sociales” de las empresas serían atractivos para las comunidades. Sin embargo, las plantaciones provocan un sinnúmero de violaciones, generan poquísimos empleos, riesgosos y mal pagos; destruyen bosques y praderas; degradan los suelos y contaminan y agotan las fuentes de agua; destruyen los medios de vida de las comunidades. Con las plantaciones llegan también los guardias, que restringen el derecho de ir y venir de las comunidades; aumentan los casos de abuso y violencia sexual contra las mujeres, y los casos de VIH/SIDA. Las promesas de proyectos “sociales” muchas veces no se cumplen, pero son la principal moneda de cambio para que las empresas consigan acceso a las tierras de las comunidades.
El estudio se refiere a los conflictos por la tierra simplemente como “desafíos” y la solución propuesta es “seguir las normas del Consejo de Manejo Forestal (FSC por sus siglas en inglés) y otras buenas prácticas”. Primeramente, las 500.000 hectáreas donde el informe sugiere que las empresas establecen sus plantaciones no son tierras abandonadas ni degradadas, porque las empresas siempre quieren tierras fértiles, generalmente planas y con disponibilidad de agua, es decir, tierras que suelen utilizar las comunidades. Al recomendar al FSC, el estudio ignora una extensa documentación que comprueba que el FSC no resuelve los problemas estructurales de las plantaciones, y mucho menos la cuestión de la tenencia de tierras. El FSC se equivoca profundamente y engaña a los consumidores al considerar “sostenible” el modelo de plantaciones a gran escala, porque este modelo siempre lleva a la usurpación de grandes extensiones de tierra y al uso intensivo de agrotóxicos y fertilizantes químicos. Hasta hoy, las compensaciones a las poblaciones que perdieron sus tierras y medios de subsistencia siempre fueron irrisorias, o bien inexistentes. En cuanto a los daños sociales, ambientales, económicos y culturales, causados por el monocultivo de árboles en la zona rural de los países de África, aun si hubiese una forma de calcularlos, muchos serían irreparables.
El informe hace referencia a un proyecto del Banco Mundial/CFI en Mozambique, destacando que “un elemento importante del enfoque de la CFI será definir y registrar los derechos a la tierra”. De hecho, el Banco Mundial, además de financiar plantaciones, tiene una política en los países del Sur para incentivar a los gobiernos a acelerar la titulación individual y, por lo tanto, la privatización de las tierras. Con esto busca evitar su reconocimiento colectivo, como tierras comunitarias. El Banco Mundial está promoviendo en todo el mundo la entrega de tierras comunitarias al capital privado. Cabe señalar que, en los últimos años, en Mozambique, se han llevado a cabo varias reformas en el sector forestal, incluida la revisión de la Política forestal y su Estrategia de implementación; y muy recientemente se inició el proceso de consulta pública en el marco del proceso de revisión de la Política Nacional de Tierras. En todos estos procesos, el Banco Mundial es el denominador común en la promoción y el “apoyo” financiero. Esta revisión se lleva a cabo con el pretexto de mejorar la transparencia y eficiencia en la administración y políticas de tierras, y forzará inevitablemente la reforma de la Ley de Tierras y el Reglamento respectivo, legitimando así la usurpación de tierras y de los medios de vida de las comunidades y pueblos.
El estudio afirma que las plantaciones de árboles serían “un depósito de carbono estable y de largo plazo”, y que generarían “beneficios sustanciales para el proceso de adaptación” al cambio climático a nivel local. Con esta afirmación, el informe ignora la cantidad creciente de estudios científicos que demuestran que las plantaciones de árboles son una falsa solución para el clima. Las experiencias de las comunidades del mundo entero con estas plantaciones muestran que solo ayudan a generar un ambiente local mucho menos capaz de enfrentar los impactos cada vez más perceptibles del cambio climático.
El estudio afirma que “Empresas mundiales petroleras e industriales […] quieren volverse parte de la solución en lugar de ser un problema mayor. Están comenzando a ver el potencial de invertir en las plantaciones de árboles”. Pero las empresas de gas y petróleo son una parte esencial del problema de la crisis climática. No han mostrado interés alguno en resolverlo; por el contrario, solo pretenden invertir en falsas soluciones. A fin de cuentas, el lucro está por encima de todo.
Otras afirmaciones falsas sostienen que “el mundo necesita el tipo de plantación de árboles […], que la industria brasilera está por realizar”, y que el país vecino de Brasil, Uruguay, es el más recientemente desarrollado con plantaciones forestales. La verdad es que la experiencia brasilera con las plantaciones durante las últimas décadas ha provocado innumerables conflictos por la tierra y la degradación ambiental. Los municipios con mayor concentración de plantaciones se encuentran entre los más pobres, a la inversa de aquellos con una agricultura diversificada en base a pequeños agricultores. En Uruguay se dan los mismos impactos negativos que en otros países. Además de tener una población rural reducida a la mitad, el pueblo uruguayo asumió una enorme deuda a partir de un contrato recientemente firmado entre su gobierno y la multinacional finlandesa UPM, por el cual el gobierno de Uruguay aceptó construir una infraestructura millonaria al servicio de UPM y los planes de exportación de su segunda fábrica de celulosa.
En otro pasaje del informe se afirma que “Históricamente, el principal obstáculo para las inversiones exitosas en nuevas plantaciones de árboles en África ha sido su baja rentabilidad. En los últimos años, las empresas privadas prácticamente cesaron de realizar nuevos plantíos”. Esto no solo revela que son las ganancias lo que realmente importa a las empresas, sino también que los autores del estudio ignoran premeditadamente el principal motivo por el cual se ha frenado la expansión de las plantaciones industriales de árboles en varios países del continente africano: la resistencia de las comunidades a las plantaciones.
El estudio busca incluso atraer inversores sugiriendo “la posibilidad de plantar [árboles] a costos significativamente menores (…), aproximadamente la mitad que hace 10 años (…).” Prometer a las empresas que tendrán menos gastos significa que el peso de los nuevos proyectos de plantación de monocultivos de árboles del Fondo propuesto recaerá aún más sobre los países africanos ya endeudados y, por lo tanto, sobre sus poblaciones. En especial sobre las comunidades rurales africanas que corren el riesgo de perder sus tierras más fértiles.
Es importante destacar que una ONG “conservacionista” es coproductora de este estudio sobre inversiones que pretende beneficiar solamente a las empresas privadas. El propio documento revela cómo diversas ONG como el WWF, hoy en día no pueden ser consideradas como ONG, pues funcionan y actúan como ‘brazo directo de la industria de plantaciones’.
El estudio revela que existe otra versión del documento, inaccesible para el público, e informa que “[…] hay una alianza de agencias públicas interesadas en discutir mejor el asunto de la creación del Fondo, entre ellas: CDC [Reino Unido], Finnfund [Finlandia], IFC [Banco Mundial], NDF [de los países nórdicos: Finlandia, Noruega, Suecia, Dinamarca, Islandia] y FMO [Países Bajos]”. Esto demuestra que las decisiones sobre inversiones están siendo tomadas sin la participación de las comunidades y demás organizaciones y movimientos de la sociedad civil de las regiones que serán más afectadas. ¿Es aceptable, en pleno siglo 21, que las agencias públicas de cooperación internacional puedan utilizar dinero de los contribuyentes de esta forma, escondiendo sus decisiones de sus propios ciudadanos y de los países y poblaciones que serán afectados? Que estas empresas e inversores, después de estar todo decidido, se refugien en la aplicación del principio del “consentimiento libre, previo e informado” de las comunidades parece una broma de mal gusto.
Exigimos que la versión no pública de este estudio sea publicada inmediatamente por el BAD y WWF Kenia para que su contenido pueda ser conocido por las comunidades y por la sociedad civil organizada de los países donde se pretende implementar sus planes.

Reiteramos nuestra indignación ante la canalización, a través de paraísos fiscales, de fondos públicos hacia inversiones privadas, los cuales serán posteriormente invertidos en actividades altamente nocivas, como el establecimiento de plantaciones industriales de árboles en gran escala.

Exigimos también una revisión integral del proceso de asignación de tierras a las empresas de plantaciones, que garantice la devolución de tierras a las comunidades que dependen de ellas, hoy y en el futuro. En Mozambique, por ejemplo, la agricultura campesina es la principal garantía de subsistencia para más del 80% de la población, y la tierra, es el único bien del que disponen las comunidades para garantizar su seguridad y soberanía alimentaria.

Este 21 de septiembre reiteramos nuestra solidaridad con las luchas legítimas y justas de todas las comunidades del mundo que resisten el avance de las plantaciones industriales de árboles que luchan para recuperar sus tierras perdidas. Necesitan ser recordadas y visibilizadas, todos los días. Y ciertamente se resistirán a este nuevo plan de expansión demente que propone el estudio comentado en esta carta abierta.

Apelamos a la solidaridad y la unión para que juntos podamos exigir el abandono inmediato de todo y cualquier programa de reforestación que se base en las plantaciones industriales de árboles a gran escala.

¡La lucha continúa!
Las plantaciones no son bosques

Firmantes:
ADECRU (Mozambique)
Justiça Ambiental (Mozambique)
Missão Tabita (Mozambique)
Suhode Foundation (Tanzania)
WRM (Internacional)

(1) Por ejemplo, el “Desafío de Bonn” con la ambiciosa meta de establecer plantaciones en 350 millones de hectáreas en el mundo para el año 2030, la iniciativa AFR100 cuya meta son 100 millones de hectáreas en África, también para 2030, o la campaña para plantar 1 billón de árboles en el mundo lanzada en el último Foro Económico Mundial de Davos.

**su firma**

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21 de Septiembre
Día internacional de Lucha contra los Monocultivos de Árboles

Carta abierta sobre inversiones en plantaciones industriales de árboles en el Sur global, y en especial en África

Y en solidaridad con los Pueblos que resisten la ocupación de sus territorios

El 21 de septiembre se conmemora el Día internacional de Lucha contra los Monocultivos de Árboles. A diferencia de otros, este Día no fue creado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ni por los gobiernos. El Día fue declarado en 2004 por comunidades rurales, reunidas en el interior de Brasil, para denunciar y visibilizar los impactos de las plantaciones industriales de árboles en sus territorios, y afirmar su determinación de resistir contra las plantaciones y recuperar sus territorios de manos de las empresas.

16 años después, el 21 de septiembre se mantiene más vigente que nunca: existe un peligro real de que suceda una expansión gigantesca de plantaciones industriales de árboles en el mundo, promovidas como una solución al caos climático y a la dependencia del mundo industrializado del petróleo, el gas y el carbón mineral. Un grupo de gobiernos, empresas, consultores, inversores y grandes ONG conservacionistas se unieron para que sus mega-planes de expansión de las plantaciones se vuelvan realidad (1).

Aunque en extremo cuestionada, la definición de bosque de la FAO (Organización para la Alimentación y la Agricultura de la ONU) y de muchos gobiernos nacionales incluye erróneamente a las plantaciones industriales de árboles. Ellos las llaman “bosques plantados”. Esta definición sólo favorece a las empresas de plantaciones que así garantizan su objetivo principal: la generación de ganancias.

África es el continente con “el mayor potencial económico para la plantación de árboles en el mundo”, según el informe producido en 2019 por un equipo de consultores para el Banco Africano de Desarrollo (BAD) y la ONG conservacionista World Wildlife Fund (WWF)-Kenia. “El estudio identificó 500.000 hectáreas de tierras viables para las plantaciones en diez países: Angola, República Democrática del Congo, Gana, Mozambique, Malaui, Sudán del Sur, Tanzania, Uganda, Zambia y Zimbabue”. El estudio propone la creación de un Fondo a corto plazo, con sede en un paraíso fiscal (Isla Mauricio), para financiar el plantío de las primeras 100.000 hectáreas de árboles.

Para que estas plantaciones generen ganancias para los inversores privados, el estudio alega que será necesaria la ayuda de las agencias públicas europeas para la cooperación internacional: dinero de los contribuyentes de los países nórdicos de Europa (es decir Finlandia, Suecia, Noruega, Dinamarca e Islandia), del Reino Unido y de los Países Bajos, además del Banco Mundial a través de la Corporación Financiera Internacional (CFI) que presta dinero a empresas privadas.

El estudio y sus recomendaciones nos dejan perplejos e indignados, dados los falsos supuestos y las inconsistencias en que se basa (ver el Anexo I a esta carta para una descripción más detallada). A continuación, resumimos nuestras principales críticas.

El informe repite las mismas promesas traicioneras y falsas que siempre hacen las empresas y los defensores de estas plantaciones. Afirma que las plantaciones mejoran las condiciones de vida de las comunidades, generan empleos, mejoran el suelo, la cantidad y calidad del agua; además, los proyectos “sociales” de las empresas serían atractivos para las comunidades. Sin embargo, las plantaciones provocan un sinnúmero de violaciones, generan poquísimos empleos, riesgosos y mal pagos; destruyen bosques y praderas; degradan los suelos y contaminan y agotan las fuentes de agua; destruyen los medios de vida de las comunidades. Con las plantaciones llegan también los guardias, que restringen el derecho de ir y venir de las comunidades; aumentan los casos de abuso y violencia sexual contra las mujeres, y los casos de VIH/SIDA. Las promesas de proyectos “sociales” muchas veces no se cumplen, pero son la principal moneda de cambio para que las empresas consigan acceso a las tierras de las comunidades.

– El estudio se refiere a los conflictos por la tierra simplemente como “desafíos” y la solución propuesta es “seguir las normas del Consejo de Manejo Forestal (FSC por sus siglas en inglés) y otras buenas prácticas”. Primeramente, las 500.000 hectáreas donde el informe sugiere que las empresas establecen sus plantaciones no son tierras abandonadas ni degradadas, porque las empresas siempre quieren tierras fértiles, generalmente planas y con disponibilidad de agua, es decir, tierras que suelen utilizar las comunidades. Al recomendar al FSC, el estudio ignora una extensa documentación que comprueba que el FSC no resuelve los problemas estructurales de las plantaciones, y mucho menos la cuestión de la tenencia de tierras. El FSC se equivoca profundamente y engaña a los consumidores al considerar “sostenible” el modelo de plantaciones a gran escala, porque este modelo siempre lleva a la usurpación de grandes extensiones de tierra y al uso intensivo de agrotóxicos y fertilizantes químicos. Hasta hoy, las compensaciones a las poblaciones que perdieron sus tierras y medios de subsistencia siempre fueron irrisorias, o bien inexistentes. En cuanto a los daños sociales, ambientales, económicos y culturales, causados por el monocultivo de árboles en la zona rural de los países de África, aun si hubiese una forma de calcularlos, muchos serían irreparables.

– El informe hace referencia a un proyecto del Banco Mundial/CFI en Mozambique, destacando que “un elemento importante del enfoque de la CFI será definir y registrar los derechos a la tierra”. De hecho, el Banco Mundial, además de financiar plantaciones, tiene una política en los países del Sur para incentivar a los gobiernos a acelerar la titulación individual y, por lo tanto, la privatización de las tierras. Con esto busca evitar su reconocimiento colectivo, como tierras comunitarias. El Banco Mundial está promoviendo en todo el mundo la entrega de tierras comunitarias al capital privado. Cabe señalar que, en los últimos años, en Mozambique, se han llevado a cabo varias reformas en el sector forestal, incluida la revisión de la Política forestal y su Estrategia de implementación; y muy recientemente se inició el proceso de consulta pública en el marco del proceso de revisión de la Política Nacional de Tierras. En todos estos procesos, el Banco Mundial es el denominador común en la promoción y el “apoyo” financiero. Esta revisión se lleva a cabo con el pretexto de mejorar la transparencia y eficiencia en la administración y políticas de tierras, y forzará inevitablemente la reforma de la Ley de Tierras y el Reglamento respectivo, legitimando así la usurpación de tierras y de los medios de vida de las comunidades y pueblos.

– El estudio afirma que las plantaciones de árboles serían “un depósito de carbono estable y de largo plazo”, y que generarían “beneficios sustanciales para el proceso de adaptación” al cambio climático a nivel local. Con esta afirmación, el informe ignora la cantidad creciente de estudios científicos que demuestran que las plantaciones de árboles son una falsa solución para el clima. Las experiencias de las comunidades del mundo entero con estas plantaciones muestran que solo ayudan a generar un ambiente local mucho menos capaz de enfrentar los impactos cada vez más perceptibles del cambio climático.

– El estudio afirma que “Empresas mundiales petroleras e industriales […] quieren volverse parte de la solución en lugar de ser un problema mayor. Están comenzando a ver el potencial de invertir en las plantaciones de árboles”. Pero las empresas de gas y petróleo son una parte esencial del problema de la crisis climática. No han mostrado interés alguno en resolverlo; por el contrario, solo pretenden invertir en falsas soluciones. A fin de cuentas, el lucro está por encima de todo.

– Otras afirmaciones falsas sostienen que “el mundo necesita el tipo de plantación de árboles […], que la industria brasilera está por realizar”, y que el país vecino de Brasil, Uruguay, es el más recientemente desarrollado con plantaciones forestales. La verdad es que la experiencia brasilera con las plantaciones durante las últimas décadas ha provocado innumerables conflictos por la tierra y la degradación ambiental. Los municipios con mayor concentración de plantaciones se encuentran entre los más pobres, a la inversa de aquellos con una agricultura diversificada en base a pequeños agricultores. En Uruguay se dan los mismos impactos negativos que en otros países. Además de tener una población rural reducida a la mitad, el pueblo uruguayo asumió una enorme deuda a partir de un contrato recientemente firmado entre su gobierno y la multinacional finlandesa UPM, por el cual el gobierno de Uruguay aceptó construir una infraestructura millonaria al servicio de UPM y los planes de exportación de su segunda fábrica de celulosa.

– En otro pasaje del informe se afirma que “Históricamente, el principal obstáculo para las inversiones exitosas en nuevas plantaciones de árboles en África ha sido su baja rentabilidad. En los últimos años, las empresas privadas prácticamente cesaron de realizar nuevos plantíos”. Esto no solo revela que son las ganancias lo que realmente importa a las empresas, sino también que los autores del estudio ignoran premeditadamente el principal motivo por el cual se ha frenado la expansión de las plantaciones industriales de árboles en varios países del continente africano: la resistencia de las comunidades a las plantaciones.

– El estudio busca incluso atraer inversores sugiriendo “la posibilidad de plantar [árboles] a costos significativamente menores (…), aproximadamente la mitad que hace 10 años (…).” Prometer a las empresas que tendrán menos gastos significa que el peso de los nuevos proyectos de plantación de monocultivos de árboles del Fondo propuesto recaerá aún más sobre los países africanos ya endeudados y, por lo tanto, sobre sus poblaciones. En especial sobre las comunidades rurales africanas que corren el riesgo de perder sus tierras más fértiles.

– Es importante destacar que una ONG “conservacionista” es coproductora de este estudio sobre inversiones que pretende beneficiar solamente a las empresas privadas. El propio documento revela cómo diversas ONG como el WWF, hoy en día no pueden ser consideradas como ONG, pues funcionan y actúan como ‘brazo directo de la industria de plantaciones’.

– El estudio revela que existe otra versión del documento, inaccesible para el público, e informa que “[…] hay una alianza de agencias públicas interesadas en discutir mejor el asunto de la creación del Fondo, entre ellas: CDC [Reino Unido], Finnfund [Finlandia], IFC [Banco Mundial], NDF [de los países nórdicos: Finlandia, Noruega, Suecia, Dinamarca, Islandia] y FMO [Países Bajos]”. Esto demuestra que las decisiones sobre inversiones están siendo tomadas sin la participación de las comunidades y demás organizaciones y movimientos de la sociedad civil de las regiones que serán más afectadas. ¿Es aceptable, en pleno siglo 21, que las agencias públicas de cooperación internacional puedan utilizar dinero de los contribuyentes de esta forma, escondiendo sus decisiones de sus propios ciudadanos y de los países y poblaciones que serán afectados? Que estas empresas e inversores, después de estar todo decidido, se refugien en la aplicación del principio del “consentimiento libre, previo e informado” de las comunidades parece una broma de mal gusto.

Exigimos que la versión no pública de este estudio sea publicada inmediatamente por el BAD y WWF Kenia para que su contenido pueda ser conocido por las comunidades y por la sociedad civil organizada de los países donde se pretende implementar sus planes.

Reiteramos nuestra indignación ante la canalización, a través de paraísos fiscales, de fondos públicos hacia inversiones privadas, los cuales serán posteriormente invertidos en actividades altamente nocivas, como el establecimiento de plantaciones industriales de árboles en gran escala.

Exigimos también una revisión integral del proceso de asignación de tierras a las empresas de plantaciones, que garantice la devolución de tierras a las comunidades que dependen de ellas, hoy y en el futuro. En Mozambique, por ejemplo, la agricultura campesina es la principal garantía de subsistencia para más del 80% de la población, y la tierra, es el único bien del que disponen las comunidades para garantizar su seguridad y soberanía alimentaria.

Este 21 de septiembre reiteramos nuestra solidaridad con las luchas legítimas y justas de todas las comunidades del mundo que resisten el avance de las plantaciones industriales de árboles que luchan para recuperar sus tierras perdidas. Necesitan ser recordadas y visibilizadas, todos los días. Y ciertamente se resistirán a este nuevo plan de expansión demente que propone el estudio comentado en esta carta abierta.

Apelamos a la solidaridad y la unión para que juntos podamos exigir el abandono inmediato de todo y cualquier programa de reforestación que se base en las plantaciones industriales de árboles a gran escala.

¡La lucha continúa!
Las plantaciones no son bosques

Firmantes:
ADECRU (Mozambique)
Justiça Ambiental (Mozambique)
Missão Tabita (Mozambique)
Suhode Foundation (Tanzania)
WRM (Internacional)

(1) Por ejemplo, el “Desafío de Bonn” con la ambiciosa meta de establecer plantaciones en 350 millones de hectáreas en el mundo para el año 2030, la iniciativa AFR100 cuya meta son 100 millones de hectáreas en África, también para 2030, o la campaña para plantar 1 billón de árboles en el mundo lanzada en el último Foro Económico Mundial de Davos.

>>> Anexo I