Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

La certificación incentiva la concentración de tierras, la violencia y la destrucción

Lo que los esquemas de certificación para plantaciones de árboles tienen en común es que inicialmente generaron muchas expectativas, prometiendo una verdadera transformación. Sin embargo, lo que la RSPO y el FSC también tienen en común es que no van a cumplir esas expectativas.

Represión en una plantación de OLAM, en Gabón. Foto: Muyissi Environnement

La RSPO fue creada hace 14 años, y el FSC hace 25. Lo que estos dos esquemas de certificación para plantaciones de árboles tienen en común es que inicialmente generaron muchas expectativas, prometiendo una verdadera transformación: mitigarían los impactos negativos de las plantaciones de monocultivos a gran escala, de tal forma que éstas pudiesen generar un saldo positivo para las comunidades locales, la economía local y el medio ambiente. Sin embargo, después de todos estos años definitivamente podemos concluir que lo que la RSPO y el FSC también tienen en común es que no van a cumplir esas expectativas.

En una carta abierta (que todavía puede firmarse aquí) a la RSPO (sigla en inglés para Mesa Redonda sobre Aceite de Palma Sostenible) en ocasión de su 16ª asamblea en noviembre de 2018, un grupo de organizaciones alerta que la prometida transformación no ocurrió, sino todo lo contrario. La carta afirma que “La promesa de la RSPO de “transformación” se ha convertido en una poderosa herramienta de maquillaje verde para las empresas de la industria del aceite de palma. La RSPO le da a esta industria – que sigue siendo responsable del acaparamiento violento de tierras, la destrucción del medio ambiente, la contaminación por el uso excesivo de agrotóxicos y la destrucción de los medios de vida de campesinos e indígenas – una imagen “sostenible”.

Casi todos los artículos de esta edición del boletín del WRM hablan sobre plantaciones de árboles, que incluyen a la palma aceitera, y algunos inclusive se enfocan en los sellos de certificación antes mencionados y el modo en que de hecho benefician a las empresas en detrimento de las comunidades.

El artículo sobre Brasil, por ejemplo, muestra cómo grandes empresas en la Amazonía usan y abusan de los sellos de la RSPO y el FSC (sigla en inglés del Consejo de Manejo Forestal) para legitimar sus prácticas ilegales. En Brasil es recurrente la práctica de los latifundistas de producir títulos de tierras falsos, conocida como grilagem (“grillaje”) de tierras. La RSPO y el FSC elaboraron principios que exigen, para certificar un manejo forestal como responsable, que éste se haga en tierras cuyos títulos hayan sido obtenidos legalmente. Sin embargo, en el caso de la empresa certificada Agropalma, que planta palma aceitera, la RSPO le dio credibilidad a una documentación de tierras que desde hace años es objeto de investigaciones y acciones judiciales interpuestas contra la empresa por las autoridades brasileñas competentes.

También en Brasil, en el caso de la maderera Jari Florestal, certificada por el FSC, el sello dio también credibilidad a una documentación ilegal y ha ignorado acciones judiciales en curso desde 2005. A pesar de que la certificadora propuso, desde el momento en que otorgó el sello a la empresa, un proceso para solucionar los graves conflictos de tierras con las comunidades locales, estos conflictos continúan sin solución hasta el momento. Lo más grave es que todos los años en que disfrutó del sello, de 2004 a 2017, la empresa consiguió ventajas en los mercados internacionales en comparación con la madera no certificada, con lo que se enriqueció aún más. Éste es, en los hechos, el beneficio resultante del FSC.

En otro artículo mostramos cómo en Gabón la empresa palmicultora OLAM, certificada por la RSPO, privó a una comunidad entera de un derecho que se encuentra entre los más esenciales: el acceso al agua potable. Cabe citar también que la empresa recientemente intentó, sin éxito, controlar e interferir en un encuentro de comunidades que querían reunirse sólo con colaboradores para discutir los problemas que enfrentan debido a las plantaciones de OLAM. Las comunidades quieren discutir e intercambiar libremente sobre esos problemas, y de hecho tienen todo el derecho de hacerlo. En el encuentro analizaron que OLAM, al crear comités para discutir supuestos beneficios que implementaría en cada comunidad, en realidad intenta impedir un diálogo colectivo entre todas las comunidades sobre aquello que más las preocupa: la expansión desenfrenada de las plantaciones de palma aceitera en los bosques y tierras de los que las comunidades dependen. Este proceso de expansión está generando un conjunto de impactos negativos que pone en riesgo la supervivencia física y cultural de estas comunidades.

Lo que ocurre en Gabón ocurre también en otros países, como muestran otros artículos de este boletín. Sin embargo tanto la FSC como la RSPO no hacen nada para impedir la expansión de las plantaciones, promovidas a diario por sus miembros. Por el contrario, se muestran connivente con éstas.

¿Qué hacer más allá de la certificación? Las comunidades muestran caminos de esperanza y trazan estrategias de resistencia. En el artículo sobre Nigeria leemos que en el país hay una fuerte cultura de la palma aceitera nativa, que contribuye en forma significativa a la construcción de la identidad cultural y el bienestar económico de millares de comunidades rurales. Sin embargo, éstas también sufren con la expansión de los monocultivos industriales de palma aceitera, promovida por ejemplo por la empresa Okomu, propiedad del grupo Socfin, que es miembro de la RSPO. En una entrevista, una de las mujeres de las comunidades que se enfrentan a la empresa relata la gran violencia que sufren las comunidades, particularmente las mujeres. Pero no sólo eso. Ella insiste también en contar cómo comenzó la resistencia de parte de las comunidades cuando alguien dijo, hace 15 años, en una situación que parecía ser de total desesperación, “Vamos a dar esta batalla para las generaciones futuras”.

De hecho, lo que está en juego es el futuro. Con la expansión de las plantaciones supuestamente “sustentables” que la RSPO y el FSC promueven en varios países y continentes, la libertad de miles de comunidades de usar sus territorios, así como la capacidad de mantener y fortalecer sus medios de vida están gravemente amenazadas. Para revertir esto es crucial debilitar también los sellos de certificación como el FSC y la RSPO. Quienes tienen influencia sobre los sellos, por ejemplo las industrias que compran aceite de palma y los consumidores finales de los productos con ingredientes certificados, deberían negarse a seguir comprándolos.

Mientras tanto, la resistencia de las comunidades continuará y sin duda aumentará en la medida en que las plantaciones avanzan sobre más tierras y bosques. Nuestro papel es hacer todo lo posible para que el grito de estas comunidades sea cada vez más fuerte.