Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Los cambios necesarios para realmente celebrar el Año Internacional de los Bosques

La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró el año 2011 como el Año Internacional de los Bosques, lo que motivó al WRM a dedicarle su primer boletín del año a tal hecho relevante. Por medio de esa declaración la ONU afirmó que busca promover “el manejo sustentable, la conservación y el desarrollo sustentable de todos los tipos de bosques”.

El lema del Año es “celebrando los bosques para la gente”. Según la ONU, 300 millones de personas viven en los bosques, principalmente en los países del Sur,  mientras que la supervivencia de 1600 millones de personas en el mundo depende de ellos. Además, los bosques cubren el 30% del total de la superficie terrestre. Pero a pesar de la importancia que se concede al papel de los pueblos de los bosques en la conservación de los mismos, ¿ellos realmente tienen motivos para “celebrar”? ¿Cómo se encuentran los bosques actualmente?

De acuerdo a un informe de evaluación de la FAO de 2010 sobre los recursos forestales (http://foris.fao.org/static/data/fra2010/FRA2010_Report_1oct2010.pdf), el mundo perdió entre los años 2000 y 2010, aproximadamente 130 millones de hectáreas de bosques de los que más de 40 millones eran bosques primarios. Las pérdidas más importantes tuvieron lugar en América Latina y en África. La ONU también recordó que en la década anterior, de 1990 a 2000, se destruyó una superficie aún mayor, de aproximadamente 160 millones de hectáreas. A pesar de la reducción global, si comparamos las últimas dos décadas, la pérdida de áreas de bosques sigue siendo, según afirma la propia FAO, “altamente alarmante”. Cabe resaltar que la continua destrucción de los bosques ha causado graves impactos negativos en la vida de millones de personas que sobreviven y sobrevivían de ellos.

Según la FAO, la pérdida en el período 2000-2010 fue “menor” en función del aumento de la superficie de “bosques plantados” mundialmente en ese período, el equivalente a 50 millones de hectáreas. Las plantaciones de árboles conforman actualmente alrededor del 7% de todas las áreas forestales del mundo. Sin embargo, hay que considerar que las plantaciones no son bosques, lo que bien saben todos los pueblos a los cuales la ONU está dedicando este Año Internacional. Pero esa comprensión bastante obvia aún no es aceptada por la FAO, un organismo de la propia ONU. Además de camuflar sus datos, la FAO termina prestando, una vez más, un servicio a algunos cientos de corporaciones que promueven y lucran con las plantaciones de monocultivos de árboles, dando valor solamente a los árboles y no a los cientos de millones de personas en el mundo que viven de los múltiples beneficios de los bosques.

El “motor” detrás de la destrucción de las áreas boscosas en el mundo sigue siendo un modelo global de producción y consumo que está inserto en una economía capitalista, globalizada, que considera a los recursos naturales, incluso a los bosques, como fuentes de explotación y lucro. En el caso de los bosques, la explotación de madera, mayormente para uso industrial, sigue siendo el principal producto explotado, promoviendo la destrucción de los bosques y beneficiando a la industria maderera. Según la FAO, entre 2003 y 2007 fueron 3400 millones los metros cúbicos de madera extraída de los bosques, lo que equivale a más de US$ 100.000 millones por año.

Adicionalmente, el apoyo y fomento de los gobiernos nacionales, instituciones y bancos financieros nacionales e internacionales a proyectos de “desarrollo” viene reforzando el proceso de destrucción de los bosques, principalmente en los países del Sur, impactando gravemente sobre la vida de las comunidades locales, en particular de las mujeres. Los ejemplos más conocidos son las obras de infraestructura, como la construcción de carreteras, ferrovías e hidrovías; la expansión de los monocultivos agrícolas y pasturas; la cría industrial del camarón en los manglares de zonas costeras; las hidroeléctricas; la explotación de petróleo y la minería. El conjunto de estas intervenciones generalmente está dirigido a la exportación hacia los países de más consumo, en especial, del Norte.

Cabe destacar también el papel de las nuevas tendencias que están influyendo cada vez más en el proceso de destrucción en esta última década. El uso de madera como fuente de energía “renovable” en gran escala para “combatir” el cambio climático y el uso de madera para etanol celulósico tienden a reforzar aún más la explotación maderera y, como consecuencia, a perpetuar el proceso de destrucción de los bosques. Además, están las plantaciones de cultivos destinados a la producción de agrocombustibles, como el monocultivo de palma aceitera, y el propio cambio climático que afecta de forma negativa el estado presente y futuro de los bosques, provocando, por ejemplo, más incendios forestales.

Si los bosques se consideran cada vez más fundamentales para la supervivencia de la vida en el planeta en sus diversas dimensiones, ¿cuáles fueron las medidas tomadas para frenar dicho proceso continuo de destrucción? Constatamos que las políticas estatales de protección de los bosques en el mundo siguen siendo insuficientes, y recordamos que, según la FAO, alrededor del 80% de las zonas de bosques del mundo son públicas, o sea, de los estados nacionales. Aún así, el número de funcionarios de instituciones forestales públicas en el mundo se redujo en un 1,2% anual desde 2000. A pesar  de un aumento en las áreas bajo manejo forestal en el mundo, la organización admite que ello no es necesariamente un “indicador adecuado” para saber cuál es el área que está bajo un manejo forestal “sustentable”, o sea, un manejo que asegure la protección de los bosques. Dicha situación se vuelve preocupante cuando la FAO afirma también que hay un aumento en las áreas forestales bajo control de particulares, incluso de empresas privadas.

Al mismo tiempo, presenciamos nuevamente en estos últimos años un gran interés por la protección de los bosques por parte de los países del Norte. Ese interés, que parece inicialmente positivo, no existe en función de una mayor sensibilización de esos gobiernos y de sus grandes corporaciones por la importancia vital y diversa de los bosques ni en función de un reconocimiento de los derechos de los pueblos que lo habitan. El interés existe porque descubrieron que los bosques son grandes reservorios de carbono, lo que condujo al surgimiento de un mecanismo llamado REDD (Reducción de las Emisiones de Deforestación y Degradación de Bosques). A partir del hecho de que, globalmente, el 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero provienen de la destrucción de los bosques, los países del Norte, en vez de reducir la quema excesiva de combustibles fósiles que mantiene su modelo de desarrollo y los beneficios de las empresas petroleras, ven en la reducción de la deforestación una alternativa financieramente más atractiva para alcanzar la reducción de las emisiones de carbono.

No obstante, se trata de una falsa solución ya que, entre otros motivos, las emisiones de carbono de la deforestación “pueden ser químicamente idénticas a las provenientes de la quema de combustibles fósiles, pero las dos son climatológicamente diferentes. El carbono liberado por la deforestación no aumenta la cantidad total de carbono que es intercambiado entre la atmósfera, los suelos, los bosques, etc. Por el contrario, el carbono liberado por los combustibles fósiles incrementa la cantidad total de carbono presente en la biósfera” .

La negociación sobre REDD y sus modalidades fue una de las cuestiones o quizás la única cuestión que más avanzó desde el punto de vista de sus defensores en la última conferencia sobre el clima celebrada en Cancún (México), en diciembre de 2010. Se trata de un paso más en el camino equivocado de la mercantilización y control de los bosques por parte de países y corporaciones del Norte y en su propio beneficio, para que éstos puedan justificar la continuación de sus emisiones excesivas de carbono. Si bien la mercantilización de la naturaleza siempre aseguró lucros a las grandes empresas transnacionales, es sumamente dudoso que, por su propia lógica, pueda asegurar la protección de los bosques. Sin duda, se trata de una falsa solución a la crisis climática y sus graves consecuencias.

Para concluir, constatamos que aún hay pocos motivos para que los pueblos de los bosques puedan “celebrar” este Año Internacional de los Bosques. Sin embargo, el hecho no deja de ser una oportunidad para conseguir avances. Creemos que ello sólo es posible si por parte de los gobiernos y de la ONU existe un análisis claro sobre lo que de hecho causa de forma directa, indirecta o subyacente la continua destrucción de los bosques en el mundo, separando plantaciones de bosques. Posteriormente, es necesario que las políticas de los gobiernos y de la ONU estén basadas en ese análisis y no en otros intereses como los de las grandes corporaciones.

Desde su origen, el WRM ha constatado que los pueblos de los bosques son los que, históricamente, protegieron más a los bosques del mundo. Sin embargo, aún hoy muchos de esos pueblos, amenazados por diversos proyectos de desarrollo, todavía luchan arduamente por el reconocimiento de los derechos a sus territorios y a sus formas de manejo forestal. El proceso de reconocimiento de esos derechos avanzó muy poco en los últimos 10 años y, en los casos en que avanzó, los derechos conquistados siguen estando amenazados.

Los sistemas y propuestas de manejo forestal de los pueblos de los bosques deben ser reconocidos de forma concreta y efectiva por la ONU y los estados nacionales porque son la mejor forma de asegurar la supervivencia de los bosques en el futuro. Pero esos pueblos precisan de mucho más apoyo y atención para que puedan mejorar y adaptar sus sistemas y propuestas de manejo forestal, incluso en función de las condiciones actuales, diferentes en muchos aspectos de las pasadas – por ejemplo, debido a los impactos del propio cambio climático.

Mientras tanto, es necesario frenar cuanto antes los cuantiosos financiamientos para subvencionar las acciones destructivas por parte de corporaciones que afectan a los bosques y a sus pueblos. Muchas veces se trata de financiaciones públicas, incluso de los bancos internacionales de “desarrollo”. Al mismo tiempo, soluciones verdaderas como la reducción del modelo de consumo excesivo y practicado por una minoría de la humanidad deben ser adoptadas urgentemente. Si no es así, es imposible que los pueblos de los bosques hagan una verdadera celebración de este año, dedicado a un tema tan fundamental para la naturaleza y para la humanidad como un todo.