Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Resistiendo a la (mono)cultura de devastación

A pesar de las varias tácticas corporativas que buscan ocultar el daño y la violencia subyacentes a las plantaciones a gran escala de monocultivos de árboles, cada año, comunidades y movimientos se pronuncian el 21 de septiembre para dar visibilidad a sus luchas y denunciar sus nocivos impactos.

Plantación de palma aceitera de Poligrow en Colombia. Foto: Environmental Investigation Agency

Hace dieciséis años, organizadores comunitarios de comunidades campesinas, indígenas y tradicionales que luchan contra la expansión de los monocultivos de árboles en Brasil, decidieron que era necesario que existiera un día para conmemorar esta resistencia. Las simultáneas acciones y expresiones de solidaridad de todo el mundo en ese día han permitido desde entonces dar visibilidad a las numerosas y diversas luchas contra esta devastadora industria. Así fue como el 21 de septiembre, el Día del Árbol en Brasil, se convirtió en el Día Internacional de Lucha contra los Monocultivos de Árboles.

El modelo de plantaciones se basa en la idea de asegurar la mayor productividad posible y, por tanto, el mayor lucro posible. Esto también significa, en consecuencia, garantizar los costes más bajos posibles. Los impactos ecológicos y sociales de estas plantaciones de árboles – ya sea para producir madera, celulosa y papel, fibra, caucho, aceite de palma, astillas de madera para biocombustible, créditos de carbono o para “restaurar la cobertura verde”, – son profundamente destructivos. Quienes deben soportar las consecuencias son principalmente las comunidades cuyas tierras han sido invadidas, rodeadas y/o contaminadas por estas plantaciones.

Un claro ejemplo de ello es el artículo desde Uganda, que expone como muchas de las personas desalojadas que se quedaron sin nada más de 15 años atrás, cuando la empresa The New Forests Company instaló sus plantaciones, todavía siguen luchando por recuperar sus tierras, sus medios de sustento y, sobre todo, su dignidad. Otro artículo de este boletín ofrece una descripción histórica de los programas de plantaciones de árboles en China y revela cómo las empresas de plantaciones están en la búsqueda de nuevas oportunidades para obtener ganancias, como es el caso de la alianza creada con empresas digitales para apoyar el consumismo “verde”.

Las empresas de plantaciones plantan una sola especie de árbol para aumentar su productividad, por lo general en las tierras más fértiles y llanas que puedan encontrar (o acaparar, como suele suceder), con suficiente disponibilidad de agua para sus árboles. El uso de maquinaria pesada para la siembra y la cosecha es habitual, junto con una cantidad significativa de fertilizantes químicos y de agrotóxicos. Un artículo en este boletín desde Sudáfrica alerta sobre el grave impacto que tienen las plantaciones de árboles en las fuentes de agua locales y cómo, a pesar de la sólida evidencia al respecto, las empresas siguen intensificando la producción – con la demanda de biomasa como un reciente impulso para la expansión.

El modelo de plantaciones depende además de que los títulos y registros de tierras de las comunidades sean en su mayoría inseguros, vulnerables y no reconocidos por los Estados. Como resultado, la apropiación e invasión masiva de bosques y tierras comunitarias en el Sur global es una práctica frecuente. Los Estados, por su parte, generalmente facilitan la implementación y expansión de este modelo al otorgar incentivos financieros y fiscales, así como al poner a disposición sus fuerzas de seguridad para asegurar los desplazamientos, los desalojos y la criminalización de la resistencia. Por lo general, esta violencia se realiza en conjunto con agentes de seguridad de las empresas. Un artículo de este boletín desde Colombia destaca el papel que ha jugado una empresa de plantaciones de palma aceitera en el acaparamiento de territorios marcados por la violencia, el desplazamiento y el conflicto.

Las empresas de plantaciones, por su parte, afirman traer “desarrollo” y contribuir a la conservación de los bosques, e incluso definen a sus vastas plantaciones de monocultivos como “bosques” plantados. Pero como explica Marlon Santi del pueblo Kiwicha de Sarayaku, Ecuador, en otro artículo de este boletín: “Para nosotros, ‘conservación’ es ver el bosque como un ser vivo, o como un bosque vivo. Solo así entendemos qué tipo de ‘conservación’ debemos hacer (…) Para vivir bien y que los bosques se conserven es fundamental que no se utilice la palabra ‘desarrollo’ (…) Porque esto cambia nuestro mundo, y digo mundo refiriéndome a este espacio vital”.

Pero a pesar de la gran cantidad de voces comunitarias e investigaciones que denuncian los impactos negativos, los monocultivos de árboles siguen siendo promovidos y, en ocasiones, financiados por gobiernos, el Banco Mundial, la ONU, ONGs, organismos de desarrollo y otras instituciones. Afirman que estos monocultivos son la solución a los problemas más apremiantes del mundo: el cambio climático, la degradación forestal y la energía.

Estos mismos actores también presionan y facilitan la expansión de otras falsas y también dañinas soluciones. Un artículo desde Brasil reflexiona sobre cómo a pesar del alarmante aumento de la destrucción de los bosques, varios Estados amazónicos brasileños continúan recibiendo fondos REDD+ del gobierno alemán. Además, una entrevista con un activista indonesio alerta sobre las contradicciones detrás de las denominadas Concesiones para la Restauración de Ecosistemas y la amenaza de construir una carretera para el transporte de carbón a través de la primera de esas Concesiones en el país.

Cada año, a pesar de los sistemas de certificación, los programas de compensación, las campañas de plantaciones “verdes” y otras tácticas empresariales que buscan ocultar el daño y la violencia subyacentes detrás del modelo de plantaciones, varias comunidades y movimientos se levantan durante este mes para dar visibilidad a sus luchas y para denunciar los nocivos impactos que tienen las plantaciones de árboles en sus vidas y territorios.

El WRM se une una vez más al Día Internacional de Lucha contra los Monocultivos de Árboles en solidaridad con las numerosas comunidades y grupos que siguen incansablemente defendiendo la vida.

¡Únete a la lucha!
¡Las plantaciones no son bosques!
¡NO a los monocultivos industriales de árboles!