Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Camerún: activistas urbanas y rurales contra los abusos de los monocultivos industriales hacia las mujeres

Desde violaciones sexuales, registros forzados corporales y de los espacios privados hasta el riesgo de perder la vida, son algunas de los abusos que sufren las mujeres que viven alrededor de plantaciones industriales de árboles en Camerún. Este artículo hace un llamado para que no seamos cómplices de esta violencia.

“Mi tierra, mi vida”. Mujeres organizadas en Camerún. Ph.: Radd.

Para fines del 2000, la fiebre por las tierras agrícolas en África para grandes explotaciones de monocultivos se aceleró. Hoy esta fiebre aumenta con políticas emergentes que consideran estas iniciativas como grandes proyectos de desarrollo que crean empleos y valor agregado. Por lo general, estas son bien recibidas donde se implementan por quienes toman las decisiones, tanto nacionales como locales. Es absolutamente necesario ponerse el gorro de activista para lograr demostrar e imponer la necesidad de proteger a los excluidos de este sistema.

«Ahora es el momento: las activistas rurales y urbanas transforman la vida de las mujeres» es el tema elegido este año por ONU Mujeres África en ocasión del 33vo día internacional de la mujer. A nosotras, las activistas, comprometidas con el mejoramiento de las condiciones de vida de las mujeres, este tema nos brinda la ocasión de interpelar a la opinión pública sobre el caso particular de las mujeres rurales, víctimas del acaparamiento de tierras. También es una buena oportunidad para hablar de los abusos de los que estas mujeres son víctimas, compartiendo las posibilidades de acciones para fortalecer las luchas contra estas discriminaciones y violaciones.

Los abusos de las mujeres que coexisten con las plantaciones

Enfrentémoslo. Los proyectos agrícolas a gran escala mantienen un sistema de empobrecimiento de las poblaciones que los rodean, en lugar del desarrollo defendido por las empresas que los promueven y sus aliados. Las mujeres, pieza central del núcleo familiar, son las más afectadas.

A lo largo de toda África, las mujeres que viven dentro o alrededor de las grandes plantaciones de monocultivos de árboles son víctimas de abusos similares:

El riesgo de violación sexual dentro o alrededor de los campos aumenta para las mujeres que viven colindantes a las plantaciones. Los violadores suelen quedar impunes. Las plantaciones tienden a ocupar la tierra que rodea a las comunidades y, por lo tanto, para poder llegar a pequeñas parcelas donde cultivar alimentos en los bordes de las plantaciones, las mujeres tienen que caminar mucho a través de los monocultivos. Estos caminos suelen ser de propiedad de las empresas de plantaciones y por ende poco transitados, a excepción de los guardias de seguridad;

– En las zonas de explotación industrial, las mujeres que viven alrededor de las plantaciones son registradas violando su intimidad. Se las violenta, tortura y arrastra a los tribunales de justicia porque tienen alguna nuez o un poco de aceite de palma, incluso si este proviene de sus propias palmas aceiteras. Se les prohíbe consumir subproductos de palma aceitera, a pesar de que éstos constituyen la base de su alimentación. Los guardias de seguridad han llegado incluso a irrumpir en las casas para inspeccionar lo que las mujeres cocinaban y revolver las cosas de la casa buscando aceite de palma. Todo el aceite que los guardias encuentran es destruido, incluso si las mujeres declaran que proviene de sus propias palmas. Los guardias también destruyen el aceite tradicional que las mujeres venden en los mercados locales cercanos a las plantaciones;

– Para poder obtener un medio de subsistencia, las mujeres se ven obligadas a trabajar como trabajadoras en las plantaciones, donde están sujetas a horarios que jamás les permitirán garantizar la educación de sus hijos;

El futuro de los niños está comprometido. A menudo sub-escolarizados, son también trabajadores precarios y sobreexplotados, incluso siendo menores de edad. El porcentaje de niños que viven alrededor de las plantaciones que se entregan a la droga, a la delincuencia o al alcohol y que son regularmente encarcelados va en aumento;

– Aquellas que quieren resistir a la avanzada de las plantaciones sobre las tierras comunitarias se ven amenazadas por el sistema instalado por las empresas que explotan sus tierras, y sus vidas están en peligro;

– Las tierras donde estas mujeres siempre habían producido los alimentos para alimentar a sus familias les son arrebatadas. A menudo son desalojadas sin ninguna compensación racional ni duradera. Están obligadas a recorrer largas distancias, llegando a las decenas de kilómetros, para encontrar tierras cultivables. Ellas suelen alquilar esas tierras cada temporada para plantar sus cultivos hasta que el suelo se agote. En consecuencia, o les falta alimento para sus familias o se ven obligadas a consumir alimentos de mala calidad. Todas las comunidades colindantes con estas explotaciones de monocultivos de árboles se caracterizan por la hambruna, la desnutrición y la dependencia alimentaria;

– Los bosques y la biodiversidad, fuente de los valores tradicionales de estas mujeres, de donde obtenían lo esencial de sus recursos económicos y culturales, son literalmente destruidos, agravando los cambios climáticos. Esto hace que las mujeres sean más vulnerables, disminuyendo drásticamente sus ingresos;

– A lo largo de toda África, las bellas promesas hechas a las comunidades por las empresas que acaparan sus tierras, tales como la instalación de infraestructura social (suministro de agua, construcción y equipamiento de escuelas y hospitales), no se cumplen jamás;

No tienen agua potable, las napas freáticas están contaminadas por los productos químicos usados en las plantaciones;

– En las comunidades aledañas a las plantaciones se drenan las aguas usadas por las fábricas, lo que pone permanentemente en riesgo la salud de las mujeres y su descendientes;

– Para estas mujeres, todas las desgracias que les ocurren tienen su origen en el establecimiento de la empresa que explota sus tierras.

¡Es momento que las y los activistas actúen!

Abogamos por acciones urgentes a corto y mediano plazo. Es el momento de expresar más que nunca la legendaria solidaridad femenina. Tan solo con la unión de fuerzas, energías, recursos y estrategias se podrá avanzar la causa contra los abusos hacia las mujeres que viven alrededor de los monocultivos de árboles. Esta transmisión de solidaridad debe expresarse en alianzas formales e informales que comiencen en las comunidades, se intensifiquen en el país, las subregiones, para así llegar al nivel del continente africano y mundial.

Ha llegado la hora de oír las voces y las luchas de esas millones de mujeres que viven alrededor de las plantaciones y de alzarse radicalmente en solidaridad con ellas para ayudarlas a transformar sus vidas. Si no hacemos nada nos arriesgamos a ser cómplices del sistema imperialista. Un sistema que promete un desarrollo excluyente, crea nuevas generaciones de poblaciones vulnerables, amplifica la discriminación contra las mujeres y genera bases de retaguardia para la migración ilegal. Lo que impulsa a las y los jóvenes a atreverse a realizar hazañas con riesgo de perder sus vidas, es el fastidio con el lugar donde vive.

¡La acción es ahora!

Hace casi tres meses que la asociación camerunesa Red de actores del desarrollo durable (RADD, por su sigla en francés) y sus aliados lanzaron una petición africana para que cesen estas coerciones sobre las mujeres. Te invitamos a vincularte firmándola y haciéndola firmar aquí: https://wrm.org.uy/es/acciones-y-campanas/peticion-que-cese-la-violencia-hacia-las-mujeres-en-plantaciones-industriales-de-palma-aceitera/

Fue después de haber visitado comunidades impactadas en Camerún, Gabón y Sierra Leona que sentimos la necesidad de trasladar las quejas de estas mujeres hasta los responsables de las decisiones. En esta petición, las mujeres que sufren estos impactos, en su enorme mayoría, exigen que se les devuelvan sus tierras. Ellas quieren implicarse en las esferas que deciden lo concerniente a la gestión de sus tierras. Al hacer firmar esta petición, contribuirás a obligar a quienes se encuentran en la posición estratégica de tomar decisiones a revisar sus políticas y repensar las formas en las que se ceden las tierras en los países africanos.

Intensifiquemos las luchas en defensa de los derechos de estas mujeres

Desde ya, frente a la precariedad de su situación, las mujeres afectadas solicitan acompañamiento en:

– Asistencia y asesoría jurídica para las mujeres afectadas, las dirigentes y activistas femeninas que sufren amenazas y son arrastradas a los tribunales porque han resistido estos múltiples abusos. Esta demanda se vuelve muy importante porque hacer una denuncia ante la policía es inútil y a menudo expone a las mujeres a más violencia;

– Fortalecer el conocimiento sobre la defensa de los derechos de las mujeres afectadas. Muchas veces, en particular en las zonas rurales remotas, las mujeres están abandonadas sin acceso a la información, lo que resulta vital para organizarse para poder exigir que se respeten sus derechos;

– Seguridad para las activistas cuyas vidas son amenazadas con frecuencia;

– Creación y desarrollo de alternativas económicas. Estas mujeres necesitan desarrollar actividades generadoras de ingresos para poder lograr autonomía;

– Acceso a infraestructura social (agua potable, energía, educación, salud…);

– Respeto y aplicación de los acuerdos firmados. Una vez instaladas, las empresas que explotan sus tierras dejan de respetar los compromisos sociales hechos con las poblaciones vecinas a las plantaciones;

– Revisión de los procesos de cesión de tierras que no toman en cuenta el parecer de las comunidades vecinas, que son excluidas de las esferas de decisiones, discriminándolas y desfavoreciéndolas.

Estos son algunos posibles ejes de acción, entre muchos otros, donde se necesita una participación urgente para mejorar las condiciones de vida de estas mujeres rurales.

¡Unámonos a las y los activistas del mundo entero para que pare la discriminación y los abusos hacia estas mujeres!

Marie Crescence NGOBO. Secretaria ejecutiva, Red de actores del desarrollo durable (RADD), Camerún.

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