Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Continuar con nuestras luchas

Quien estuvo en Río de Janeiro entre el 15 y el 23 de junio pudo observar tres procesos paralelos y diferentes pero conectados entre sí.

El primer proceso, de carácter cerrado, fue el de la conferencia sobre el desarrollo sostenible llamado Río +20, que tuvo lugar en Riocentro, un centro de conferencias distante del centro de la ciudad y muy protegido por miles de policías y militares. Este proceso fue incentivado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y congregó a representantes de 188 países que se concentraron para elaborar, en conjunto, un documento final sobre el futuro de la tierra y de la humanidad. La propuesta incluida en este documento, que estaba debatiéndose mucho antes de la conferencia, generó tanta polémica que el gobierno brasileño la reemplazó, algunos días antes del comienzo de la conferencia oficial, con una nueva redacción. El documento que los países finalmente aprobaron puede ser leído enhttp://www.uncsd2012.org/thefuturewewant.html

El documento, llamado “El futuro que queremos”, fue clasificado por la presidente de Brasil, Dilma Roussef, como el “consenso posible”. Sin embargo, poco se agregó en este ‘nuevo’ documento a lo que ya fue escrito en declaraciones y acuerdos multilaterales anteriores sobre medio ambiente y temas relacionados. Y lo que es más grave: el documento, aún reconociendo la gravedad de la crisis ambiental y de otras crisis que la humanidad vive actualmente no obliga a los países a tomar medidas urgentes y estructurales para enfrentarlas.

Por otro lado y específicamente en relación al párrafo sobre el tema bosques, cabe considerar como un resultado positivo que el documento hace pocas referencias explícitas a mecanismos de mercado como REDD+ y a comercialización de servicios ambientales como forma de combatir la deforestación. En cuanto al tema biodiversidad, el texto afirma inclusive que, “reafirmamos el valor intrínseco de la diversidad biológica…”, oponiéndose, de cierta forma, a la propuesta de la “economía verde” que implica la necesidad de poner precio a la biodiversidad y a otros “servicios ambientales”. Ese resultado positivo se debe a la postura de los países del Sur, más precisamente a los países que componen el G-77 y que presentaron un documento en esos términos antes de la Río +20.

Sin embargo, ello no quiere decir que en Río de Janeiro no se discutieron propuestas de mercantilización de la naturaleza a través de la comercialización de ‘servicios ambientales’, introduciendo así un segundo proceso que ocurrió en la ciudad en aquellos días.

Este segundo proceso se concentró en lujosos hoteles y otros confortables espacios fuera de la conferencia de la ONU. Consistía en un conjunto de seminarios, eventos y reuniones en los que países y estados, bancos nacionales y multilaterales inclusive el Banco Mundial, ONG conservacionistas y corporaciones discutieron iniciativas que ellos tildaron de ‘verdes’ y ‘sostenibles’.

Un ejemplo fue el Día de Acre, un estado brasileño en la región de la selva amazónica. Se trató de un evento organizado en el bello Jardín Botánico de Río de Janeiro para celebrar el ‘éxito’ de Acre, con la distribución de cuadernos llamados “Acre+20: una tierra de sueños, un mundo de oportunidades”. O, en las palabras del senador Jorge Viana, hermano del actual gobernador, un “enorme depósito de créditos de carbono”. Con una legislación estadual aprobada, que es una de las más sofisticadas al instalar el “Sistema Estadual de Incentivo a Servicios Ambientales”, el estado está pronto para vender y comercializar esos “servicios” para los que quieran compensar por sus actividades contaminadoras, independientemente del resultado de la conferencia oficial de Río +20, como varios oradores reafirmaron. Por ejemplo, el gobierno de Italia, presente en el evento, mostró públicamente su interés en firmar un acuerdo con el gobierno de Acre.

Sin embargo, durante el evento, algunos activistas de Acre denunciaron la falsa imagen de un estado perfecto de la “economía verde”, y entregaron un dossier llamado “El Acre que los mercaderes de la naturaleza esconden”, con denuncias de destrucción ambiental y de represión social (veahttp://www.cimi.org.br/pub/Rio20/Dossie-ACRE.pdf ). Esa crítica introduce el tercer proceso que tuvo lugar en esos días en Río de Janeiro.

El tercer proceso fue el espacio del pueblo, la llamada Cumbre de los Pueblos, en la región Aterro do Flamengo, próxima al centro de la ciudad. La preparación de este espacio comenzó mucho antes de la Río +20 en una articulación entre las diversas redes nacionales, internacionales y también movimientos sociales. La Cumbre atrajo a cerca de 50 mil personas, muchos de Brasil y de Latinoamérica, pero también contó con representantes de otros continentes. Todas y todos participaron en los cientos de actividades autogestionadas que fueron organizadas para llamar la atención sobre cuestiones específicas y generales, pero, principalmente, para renovar la esperanza de lucha.

No obstante, dentro de la Cumbre, hubo un proceso crucial y central que se destacó y contó con la participación de muchos: la realización de plenarias de convergencia en torno a cinco grandes temas previamente definidos , que culminaron en tres asambleas sobre las causas estructurales y falsas soluciones para las diversas crisis que afectan a la humanidad, nuestras propuestas para enfrentar esas crisis y nuestra agenda común de luchas. Los participantes de la Cumbre también promovieron una gran manifestación con más de 50 mil personas por las calles del centro de Río de Janeiro, además de otras movilizaciones durante los días del evento, en su mayoría, para protestar contra el poder corporativo y solidarizarse con comunidades locales en Río, afectadas por el proceso brutal de concentración de riqueza y privatización por el cual pasa la ciudad. Ejemplo de ello es la situación de la comunidad de la Vila Autódromo amenazada de expulsión a causa de las obras para las Olimpíadas en 2016 en Río de Janeiro.

La declaración final de este proceso (vea cupuladospovos.org.br) pretende motivarnos para continuar la lucha, de forma más articulada y con una noción y análisis más nítidos de cómo las diferentes cuestiones a las cuales diferentes movimientos y organizaciones se dedican están interligadas. Mientras la apropiación y la privatización de lo que es público, como ocurre en las regiones de bosques con proyectos REDD, con concesiones para madereras, para monocultivos de árboles, etc. genera expulsión y división del pueblo, procesos como este que ocurrió en la Cumbre de los Pueblos generan lazos de solidaridad entre diferentes organizaciones, comunidades, movimientos sociales y activistas de todos los rincones del mundo. Estos eventos deben ser repetidos y fortalecidos, y la agenda común de luchas, puesta en práctica en un apoyo directo a las luchas por la defensa de los derechos de las poblaciones y de la naturaleza, contra la destrucción y la mercantilización; y en la construcción de las soluciones del pueblo, que no sea una ‘economía verde’, impuesta de arriba hacia abajo, para atender intereses de grandes corporaciones y mantener un sistema de producción y consumo excesivo y desigual, sino, al contrario, una economía de abajo hacia arriba, basada en derechos y valores colectivos.

Los dos primeros procesos descritos, que involucran gobiernos y corporaciones y que tuvieron lugar durante Río +20, mostraron que las corporaciones y sus aliados, como el Banco Mundial y otros bancos de desarrollo, van cumpliendo sus agendas de mercantilización y financerización de la naturaleza, de economía verde, aún si los gobiernos en el espacio de la ONU no las suscriben en los términos que las corporaciones pretenden. Pero el tercer proceso, que involucra a los pueblos, mostró que somos capaces de, en conjunto, analizar, proponer soluciones y elaborar una agenda común, y así avanzar en la globalización de la lucha por un mundo social y ambientalmente justo.

Reafirmamos, finalmente, la conclusión de la declaración final de la Cumbre de los Pueblos (http://cupuladospovos.org.br/): “La transformación social exige convergencias de acciones, articulaciones y agendas comunes a partir de las resistencias y proposiciones necesarias que estamos disputando en todos los rincones del planeta. La Cumbre de los Pueblos en la Río +20 nos incentiva para continuar nuestras luchas.”