Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Cuando las formas de opresión se juntan en los mismos sujetos

Haciendo uso de la “interseccionalidad” para su reflexión, la autora resalta lo imprescindible de entender cómo varias situaciones de opresión recaen muchas veces sobre un mismo sujeto. Especialmente cuando se trata de mujeres en territorios de explotación capitalista. Y pregunta, ¿por qué no además incluir al sujeto naturaleza en este proceso?

Foto de portada de la publicación titulada “La naturaleza contrata: cómo las soluciones basadas en la naturaleza pueden impulsar la recuperación de empleos verdes”, WWF e OIT.

No se puede hablar de las llamadas “Soluciones Basadas en la Naturaleza” (SBN) aisladas de la economía verde, ni hablar de esta sin abordar el capitalismo y sus nuevas -y viejas- formas de acumulación, asociadas al colonialismo, el racismo y el patriarcado, pilares sin los cuales no podría funcionar.

Entonces hay que preguntarse, ¿que tienen de racistas, de coloniales y de patriarcales, propuestas como las SBN? Y para responder a esto, podemos hacer uso de una herramienta de análisis poderosa como es la interseccionalidad.

La interseccionalidad, como concepto, fue definida por primera vez en 1989 por Kimberlé Crenshaw, mujer afrodescendiente de Estados Unidos, y surge como una herramienta para entender cómo se juntan –o intersectan- diferentes formas de segregación o múltiples formas de opresión en un mismo sujeto.

Esta visión nos permite entender situaciones, como por ejemplo las de las mujeres afrodescendientes o mujeres indígenas, doblemente oprimidas, puesto que sobre ellas intersectan cuestiones raciales o étnicas y de género y, en muchas ocasiones, también cuestiones de clase, de nacionalidad, estructura corpórea, edad. Es una conjunción de situaciones de opresión complejas que recaen en unos mismos sujetos.

Este enfoque de interseccionalidad nos permite entender así por ejemplo ¿por qué mueren más mujeres en los desastres climáticos? ¿por qué hay más mujeres que hombres con cáncer en las zonas petroleras? ¿por qué mueren más personas empobrecidas por COVID-19? ¿por qué las Soluciones Basadas en la Naturaleza se implementan sobre todo en países del Sur?

Las respuestas no recaen en el ámbito de la genética, ni en el de tipo ecosistémico. Recaen en asuntos de raza, género y clase.

Por ejemplo, las personas que están a cargo de los enfermos, de los mayores, de los y las niñas, son las mujeres. Si hay una inundación o un huracán, las mujeres no podrán escapar pues estarán ejerciendo las tareas de cuidado. En muchos lugares son pocas las mujeres que saben leer y muchas veces los anuncios de posibles desastres se hacen en lugares públicos –donde ellas no llegan- o no logran conocer la información escrita. También sabemos que uno de los problemas del calentamiento global es el aumento de las enfermedades, por lo que está recayendo en las mujeres más trabajo de cuidado. Asimismo, con la creciente escasez y acaparamiento de las fuentes agua, las mujeres deben esforzarse más para traerla a los hogares, o conseguir cada vez de más lejos la leña para cocinar.

En zonas de conflictos petroleros o mineros ocurre lo mismo. Con la masculinización de los territorios y el crecimiento de la violencia en las comunidades, llegan fuerzas policiales o militares, trabajadores de las empresas, cuerpos de seguridad privada, negocios ilícitos de drogas, bares, aumentando el consumo de alcohol, los abusos sexuales, o la propia violencia intrafamiliar. En este contexto, son las mujeres las que sufren más tanto por esta espiral de violencia como por las enfermedades asociadas a la contaminación. En el norte de la Amazonía ecuatoriana, por ejemplo las mujeres son las principales afectadas de cáncer. De los casos registrados, 71% son en mujeres y 29% en hombres. Es decir, se juntan su condición de mujer indígena y campesina, con la de sus cuerpos más expuestos a los ríos contaminados donde lavan la ropa, o a los mecheros junto a los hogares, entre otros males.

Se puede decir, desde la interseccionalidad, que en estos territorios sacrificados, se juntan en los cuerpos de las mujeres varias opresiones socioecológicas. O, dicho de otro modo, se junta la política de los cuerpos desde el feminismo, con la ecología política en los territorios.

Hoy, en un nuevo contexto de COVID-19, podemos decir a su vez que, así como ocurre con las mujeres indígenas, campesinas y empobrecidas con los desastres climáticos y el extractivismo, son las personas empobrecidas, afrodescendientes, indígenas, migrantes o latinas, las más expuestas, y por ende en mayor riesgo de contraer la enfermedad y morir, pero a la vez, por las propias condiciones de marginalidad económicas y sociales, quienes más padecen las consecuencias económicas de la pandemia.

Soluciones para crear más despojo

El capitalismo a lo largo de la historia ha requerido de la distinción de razas -donde ya existía, la ha exacerbado o la ha tenido que implantar-, de la misma manera la distinción entre géneros, y la condición de pobreza. De esta manera tiene el justificativo para explotar a los pueblos del Sur, a los migrantes, a las mujeres y a millones de personas trabajadoras.

La nueva fase del capitalismo globalizado, financiero y digital se ha visto abatido por crisis recurrentes -ambientales, financieras, sociales- que a su vez provocan crisis de acumulación. Para intentar solventar estas crisis, los capitalistas inventan más mercados y nuevas mercancías basadas en los ciclos y funciones de la naturaleza, y nuevas fronteras para implementar sus nuevos negocios.

Para esto se concibió también el Acuerdo de París sobre cambio climático, y todas las aristas y entramados que se van desarrollando a partir de este. Una de ellas son las “Soluciones Basadas en la Naturaleza” para sacar más provecho aún de las crisis ambientales y climáticas; una colusión entre las transnacionales de la conservación, el sector financiero y corporativo. Pero también lo fueron los mecanismos de compensación de carbono, de biodiversidad, de agua, y otros. El MDL y REDD, por ejemplo, ya eran “soluciones basadas en la naturaleza”.

Las SBN, como producto mercantil y financiero, son un paso más en el avance de la economía verde, y también algo más sofisticadas. Ponen a la naturaleza de forma utilitaria en su discurso, emplean ampliamente medios informáticos para el control de territorios y para sus transacciones ultra veloces, y crean mercancías aún más revueltas. Pero siguen, de forma indignante, usando el supuesto lenguaje engañosamente inclusivo con las mujeres, los pueblos indígenas y ahora los trabajadores.

Se puede ver que ahora apelan a que con “la mujer aliada con la naturaleza” se puede enfrentar mejor el cambio climático, o que la naturaleza es quien ahora contrata, como se titula el documento de la OIT (1) junto a la WWF, de octubre de 2020, en cuya portada se ve a una mujer, negra y trabajadora, en una naturaleza manejada en Sudáfrica.

No porque sonríe ampliamente mientras hace su green job (“trabajo verde”) deja de ser una mujer trabajadora más -seguramente explotada con un trabajo a destajo y mal pagado. El capitalismo requiere de mujeres, sin paga o mal pagadas, mujeres del Sur, que hagan ahora un trabajo para el capital enverdecido.

Las Soluciones Basadas en la Naturaleza crean trabajos como el de cuidar el carbono en los árboles de selvas tropicales, o cocinar para escuadrones de hombres taladores de madera balsa en Ecuador, la que será usada en China en el green job de construir aspas para aerogeneradores que se fabrican también con metales, que vienen de zonas en donde las mujeres son violentadas y deben ir cada vez más lejos a buscar agua limpia y leña para tener energía en sus hogares, recursos extraídos por empresas que dicen compensar sus daños con las mismas Soluciones Basadas en la Naturaleza.

La naturaleza como sujeto en sí misma

Si bien la interseccionalidad es una herramienta muy útil para mirar la conjunción de diversas opresiones, se queda corta cuando se mira la complejidad de las nuevas formas de capitalismo verde. Se debe entonces ampliar los sujetos, ¿por qué no incluir a la naturaleza como sujeto de derechos? Así, podremos, no solo mirar las opresiones sobre seres humanos, sino también sobre los seres no humanos.

La naturaleza también es explotada, es cosificada, feminizada, racializada y convertida en trabajadora explotada que produce recursos, bienes y servicios ambientales. Está claro que hay una simultaneidad de opresiones a las mujeres, a los pueblos indígenas, campesinos, trabajadores, y a la naturaleza también. De hecho, no podemos –no debemos- hablar de la historia del patriarcado, de la sociología del trabajo, o de la esencia del racismo, sin tomar en cuenta al sujeto naturaleza en este proceso.

Con el capitalismo verde, y sus soluciones basadas de la naturaleza de siempre, vemos que el concepto de interseccionalidad toma un nuevo sentido. Cualquier análisis desde un solo eje de la discriminación (sea étnica, por género, o situación social) oculta a la naturaleza del contexto, reduciendo el análisis a las experiencias de identidad aisladas del territorio en el que se producen estas discriminaciones.

De esta manera, desde una interseccionalidad diversa y ante las discriminaciones de los sujetos cuerpos-territorios, podremos comprender de mejor manera la relación entre opresores y explotados en el capitalismo. Y así avanzar en la defensa de los derechos humanos, derechos de las mujeres y derechos de la naturaleza.

Ivonne Yánez
Acción Ecológica, Ecuador

(1) ILO. WWF. NATURE HIRES: How Nature-based Solutions can power a green jobs recovery. Octubre 2020.