Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Cuenca del Congo: La tormenta que se viene

De cómo el secretismo y la conspiración en la industria de la palma aceitera son una catástrofe para los bosques de la cuenca del Congo.

Ph: Earthsight

Este artículo se basa en la reciente publicación de Earthsight, “The Coming Storm” (La tormenta que se viene), de marzo de 2018. Dicha publicación, con todas las referencias, está disponible en inglés y en francés

La cuenca del Congo alberga una de las tres últimas grandes extensiones de bosque tropical del mundo, que brinda sustento a más de 75 millones de personas. Aunque se ha degradado mucho a causa de la tala, la mayor parte de los bosques de África Central permanece en pie. Pero se avecina una tormenta.

A lo largo de 2017, la ONG Earthsight hizo un seguimiento del desarrollo de las plantaciones de caucho y palma aceitera en la cuenca del Congo, prestando particular atención a la República del Congo y la República Democrática del Congo. Los datos demuestran que aunque las condiciones económicas globales desfavorables han llevado a que muchos proyectos se demoren o cancelen, las plantaciones industriales siguen siendo una gran amenaza para los bosques y los pueblos de la región. Poco puede hacerse para impedir la aceleración de la destrucción del bosque una vez que aumenten los precios de los bienes de consumo.

Para finales de la década de 2000, los precios del aceite de palma y el caucho aumentaron notablemente, lo cual llevó a una estampida de inversiones en la cuenca del Congo;  casi todas las semanas se anunciaban vastas nuevas plantaciones. Para 2013 se habían firmado contratos que cubrían medio millón de hectáreas solamente para palma aceitera, y se estaban negociando proyectos para otro millón más de hectáreas. Se anunciaba que los proyectos más avanzados de Camerún, de República del Congo y de Gabón aumentarían las tasas de deforestación de dichos países en un 14, 48 y 140 por ciento respectivamente. Por fortuna para los bosques de la región, los precios del aceite de palma y el caucho se  desplomaron a fines de 2011 y permanecen bien por debajo de su pico. Muchos proyectos han avanzado poco debido a la falta de financiación. Otros se cancelaron silenciosamente. Las plantaciones que más progresaron han sido aquéllas que cuentan con los mayores respaldos económicos, incluyendo de gobiernos extranjeros.

El desarrollo más rápido ocurrió en Gabón, con las extensas plantaciones de palma aceitera y caucho del gigante singapurense de los productos agrícolas, Olam (1). Imágenes satelitales han revelado que la empresa taló unas 35.000 hectáreas de bosque durante los últimos seis años. En febrero de 2017, tras una exposición con alta repercusión mediática sobre su continua destrucción, Olam acordó suspender nuevas talas durante un año. Ahora, el compromiso se ha extendido hasta enero de 2019.

El segundo mayor destructor también está apoyado por un gobierno. Sudcam, subsidiaria del gigante conglomerado estatal chino de aceite y productos químicos Sinochem, ha talado casi  10.000 hectáreas en Camerún. Este proyecto es directamente adyacente a la Reserva de Fauna de Dja, que es Patrimonio de la Humanidad. Un informe de UNESCO de 2012 mencionó la amenaza que las plantaciones de caucho suponen para la reserva. Los lugareños declaran que la plantación los ha despojado de sus tierras y que las autoridades del gobierno han reaccionado a sus protestas con amenazas e intimidación. Las imágenes satelitales más recientes muestran que la tasa de tala en esta zona se aceleró durante 2017.

Las empresas madereras se zambullen en la industria de las plantaciones, y viceversa

Las empresas madereras más grandes y notorias en la República del Congo, la República Democrática del Congo y la República Centroafricana están conectadas de algún modo con proyectos de plantaciones que talan bosques. Con un largo historial de infringir la ley y salirse con la suya, las empresas madereras están llevando ahora esa experiencia al sector de la plantaciones de árboles.

Por su parte, las empresas de plantaciones que se encuentran en aprietos para financiar sus operaciones están, en muchos casos, volcándose a la madera como fuente de dinero. Esto es especialmente cierto en la República del Congo, que alberga por lejos la mayor superficie de bosque en riesgo inminente de desarrollo de plantaciones industriales.

República del Congo: concesiones de plantaciones para madereo

Sobre el papel, el gobierno de la República del Congo está haciendo mucho para proteger los bosques. Ha ratificado más de una docena de tratados y convenciones ambientales internacionales. En 2010 firmó un acuerdo con la Unión Europea que aspira a garantizar que toda la madera importada a Europa desde el Congo provenga de fuentes legales (AVA-FLEGT). También firmó en 2016 el Acuerdo de Marrakech, una promesa de promover el sector de la palma aceitera “garantizando la supervivencia a largo plazo de (…) los bosques tropicales”. En la realidad, sin embargo, el gobierno está, a través de sus acciones y deliberadas inacciones, socavando y contradiciendo directamente estos tratados y acuerdos.

Entre 2008 y 2012 se otorgaron más de medio millón de hectáreas de nuevas concesiones de palma aceitera y caucho. Casi toda la tierra en cuestión era bosque. El gobierno jamás publicó los contratos, mapas o permisos en ninguno de los casos. En todos ellos se está talando el bosque ilegalmente, según concluyó el  Observador Independiente en Apoyo de la Aplicación de la Ley Forestal. Ninguna de las empresas involucradas ha llevado a cabo la evaluación de impacto social y ambiental que exige la ley, ni obtenido el consentimiento libre, previo e informado  (CLPI) de los dueños consuetudinarios de las tierras.

El proyecto gestionado por Atama Plantation SRL es la mayor concesión para plantaciones otorgada en la región. En 2010 la empresa pasó a controlar 470.000 hectáreas de bosques. Los propietarios de la firma se escondieron cuidadosamente detrás de múltiples capas de empresas fantasmas en paraísos fiscales. Más tarde se descubrió que entre los principales actores estaban el magnate inmobiliario malayo Robert Tan y el jefe de una de las empresas madereras malayas más grandes y notorias del Congo, Reuban Ratnasingam.

Ya para fines de 2011 las autoridades habían descubierto pruebas de múltiples ilegalidades graves. Se habían cortado cientos de árboles sin hacer un reporte oficial, se habían alterado registros en forma ilegal, y la empresa había talado más de dos kilómetros de bosque fuera de los límites del permiso que tenía. La empresa también estaba operando sin la evaluación del impacto ambiental, que es un requisito legal.

El desmonte de tierras para la concesión de palma aceitera progresó con extrema lentitud en 2014 y 2015, antes de detenerse por completo a fines de ese último año. Atama entonces comenzó una nueva estrategia para hacer dinero: se convirtió en una empresa maderera. Aunque Atama había estado cortando, vendiendo y procesando madera desde el comienzo de su operaciones, la empresa podía afirmar que se trataba de un efecto secundario del desmonte de bosque para establecer la palma aceitera. Ahora se ha abandonado toda apariencia de hacer otra cosa. A partir de mayo de 2016, las imágenes satelitales muestran la rápida propagación de la tala selectiva de árboles, intensiva y destructiva, a lo largo de una amplia zona dentro de la concesión de la empresa, donde antes había un denso bosque.

En febrero de 2017 el gobierno finalmente exigió que se detuviera el madereo ilegal. Para ese momento 5.000 hectáreas ya habían sufrido un fuerte impacto. Poco después, una investigación realizada por una ONG local encontró que la empresa seguía procesando grandes volúmenes de maderas de gran valor (2). Según esta investigación, Atama también había sofocado protestas mediante la intimidación. En setiembre de 2017, el Departamento Forestal anunció que había descubierto que unos 14.000 metros cúbicos de troncos cortados dentro de la concesión de Atama habían sido sacados del país por contrabando. En el puerto de Pointe Noire se confiscaron grandes volúmenes de otros troncos pertenecientes a Atama, y se suspendió la licencia de exportación de la empresa. Pero su licencia de palma aceitera permaneció intacta.

En diciembre de 2017, la empresa malaya perteneciente a Robert Tan que cotiza en la bolsa de valores, Wah Seong, que había comprado formalmente a Atama en 2012, vendió silenciosamente sus acciones en 6 millones de dólares estadounidenses: 19 millones menos de lo que había pagado. Este anuncio se apresuró justo antes de Navidad y solo se mencionó a una empresa fantasma intermediaria, descrita como una empresa de inversiones. No se mencionó que su principal activo es un contrato para desarrollar una extensa plantación de palma aceitera en la República del Congo. Esta misteriosa empresa, cuya dirección declarada es una sociedad interpuesta que opera desde una pequeña oficina en las afueras de Kuala Lumpur (y que funciona como fachada de más de 250 empresas), es ahora la principal accionista del proyecto Atama.

A mediados de 2016, más o menos al mismo tiempo que aumentaban las actividades de madereo en la concesión de Atama, comenzaban también el madereo y el desmonte en una concesión de caucho y palma aceitera otorgada a una empresa relacionada, Lexus Agric, en el sur del Congo. Según se informa, Lexus es una subsidiaria o filial de Atama, de propiedad malaya a la que se otorgó una licencia por una concesión de 50.000 hectáreas en 2013, en la mitad de las cuales se plantaría palma aceitera, y caucho en la otra.

No se han publicado contratos ni permisos de la concesión, pero un mapa obtenido de las autoridades revela que la mayor parte del área de la licencia también eran bosques. Las últimas averiguaciones del Monitor Independiente oficial muestran que Lexus Agric también está operando ilegalmente, en tanto las imágenes satelitales revelan más madereo que se extiende mucho más allá de los límites legales de su permiso de deforestación. Para enero de 2018 la empresa había talado más de 20 kilómetros de carreteras para el madereo en el bosque circundante.

El director general de Lexus es Jérémie Issamou, que hasta 2015 también fue el vicedirector general de Atama. En junio de 2016 ambas empresas, Atama y Lexus, estaban ocupadas cortando madera ilegalmente cuando Issamou publicó en su página de Facebook una foto de un tronco gigante en un camión. Hay un comentario (en francés): “Ten cuidado. No presumas demasiado sobre tu actividad secundaria. Si no, habrán sanciones…”. El que escribió ese comentario es Simon Dieudonné Savou, director general de Agricultura en la República del Congo.

RD del Congo: talando bosques sin permiso

La tala ilegal de bosques está ocurriendo en la República Democrática del Congo bajo la apariencia de proyectos para desarrollar plantaciones abandonadas. La falta de transparencia es especialmente preocupante, en vista de lo que se encontró detrás de un velo de secretismo.

Desde 2002 se exigen autorizaciones para talar cualquier superficie boscosa mayor de dos hectáreas. Sin embargo, hasta la fecha, el Departamento Forestal no ha emitido ni un solo permiso a una empresa agrícola. Un ex alto funcionario del Ministerio de Medio Ambiente afirmó que se estaba permitiendo a las empresas talar el bosque sin permisos ni evaluaciones de impacto, y sin pagar impuestos.

Una empresa parece confirmar la situación: The Groupe Blattner Elwyn (GBE), un poderoso conglomerado controlado por un expatriado estadounidense.  Elwyn Blattner construyó mucho de su negocio familiar congoleño durante el reinado del cleptócrata Mobutu Sese Seko. Las posesiones de GBE incluyen un banco, una línea aérea y la mayor empresa maderera de la RD del Congo: SIFORCO, que produce la cuarta parte de toda la madera extraída en el país. El Observador Independiente en Apoyo de la Aplicación de la Ley Forestal, que tiene mandato oficial, descubrió que en 2013 una de las concesiones de SIFORCO había cortado 50 por ciento más árboles de lo que se le había autorizado, lo que equivalía a millones de dólares.

GBE es también una de las mayores firmas de agronegocios de la RD del Congo. Controla más de 42.000 hectáreas para la producción de palma aceitera, caucho y cacao. Entre sus posesiones están la Compagnie de Commerce et Plantation (CCP) y las plantaciones de Lisafa y Ndeke, que cubren alrededor de 6.900 hectáreas. Earthsight, en colaboración con la ONG local Group for Action to Save Man and the Environment (GASHE), reveló pruebas de que la CCP ha convertido ilegalmente unas estimadas 1.860 hectáreas de bosque en plantaciones de palma aceitera. La empresa también está operando sin los requeridos plan de manejo ni evaluación del impacto social y ambiental.

Las ONGs descubrieron también el conflicto de la empresa con las comunidades locales en las seis zonas de plantaciones. Los hallazgos también ponen en tela de juicio los derechos de la empresa sobre gran parte de la tierra que ocupa.

Las historias de promesas incumplidas y la destrucción de medios de sustento  se repiten en una comunidad tras otra. El jefe de la aldea de Nkoy-Moke, por ejemplo, declaró que la CCP había convertido en plantaciones 1.200 hectáreas de bosque que son parte de su tierra consuetudinaria entre 2009 y 2011. Un habitante de otra aldea, Nkoy-monene, se quejó de que “la escasez de productos no madereros del bosque está causando desnutrición en nuestras aldeas”. En su sitio web, GBE declara que  apoya a las comunidades locales construyendo y equipando escuelas, pero muchas de las escuelas prometidas nunca fueron terminadas ni equipadas. Esto no debería sorprender mucho, puesto que GBE tiene una larga historia de no cumplir con sus obligaciones para con las comunidades en sus concesiones madereras.

Los poderosos ministerios de agricultura y otras autoridades pertinentes en estos países siguen siendo una caja negra, y los donantes internacionales que con ellos trabajan no han hecho muchos esfuerzos observables para abrirla. Por el contrario, el dinero de donaciones sigue fluyendo.

Earthsight, info [at] earthsight.org.uk
www.earthsight.org.uk

(1) Para más información sobre Olam en Gabón, véase “La semilla de la desesperación: las comunidades pierden tierras y fuentes de agua debido a la agroindustria de OLAM en Gabón“, boletín del WRM N°231, junio de 2017 o “La estafa de las plantaciones de palma “verdes”: el caso de OLAM“, boletín del WRM N° 230, abril-mayo de 2017
(2) Para más información sobre Atama, véase “República del Congo: “Las plantaciones de Atama son actualmente una fuente de descontento para las comunidades locales y la nación entera“, boletín del WRM N° 233, setiembre de 2017