Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Desplazamiento y despojo en Tanzania: cómo la “conservación” está destruyendo a los Maasai

Bajo el disfraz de la “conservación”, los Maasai han sido desplazados y despojados de sus tierras y medios de vida a lo largo de ochenta años, sobretodo en el norte de Tanzania. Este artículo rastrea los orígenes de ese despojo hasta las luchas actuales, que reclaman solidaridad internacional para los Maasai.

Maasai con sus ganados en el Área de Conservación de Ngorongoro. Foto: El Instituto Oakland

 “Se estima que el 50 por ciento de las zonas protegidas del mundo se ha establecido en tierras ocupadas y utilizadas tradicionalmente por los pueblos indígenas”. – Victoria Tauli-Corpuz, Relatora Especial del Consejo de Derechos Humanos sobre los derechos de los pueblos indígenas (1)

Si bien hoy en día el Parque Nacional del Serengueti resulta bastante familiar en todo el mundo – evocando imágenes de la gran migración de ñus (antílope africano), paisajes de sabana y árboles de acacia icónicos -, durante siglos la región ha sido el hogar de pastores, entre ellos los indígenas Maasai. A pesar de una larga historia de convivencia y cuidado de la tierra, en los últimos 80 años los Maasai del norte de Tanzania han sido forzados a reasentarse y han sufrido desalojos forzosos, marginación, violencia y opresión – todo en nombre de la conservación. (2)

Los orígenes del Parque Nacional Serengueti se remontan a 1940, cuando el gobierno colonial británico aprobó una Ordenanza de Caza en apoyo a la protección de la vida silvestre de la zona. (3) Si bien la ley contenía restricciones respecto a la creación de asentamientos humanos en la región y al uso de la misma, eximía de estas reglas a las personas nacidas o que residían en el parque y, por lo tanto, inicialmente no afectó a los Maasai. (4)

Pero en los años posteriores a su creación, la presión para restringir aún más las actividades humanas aumentó por parte de grupos internacionales conservacionistas, entre ellos la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y la Sociedad Zoológica de Frankfurt. (5) En 1957, un “Comité de Investigación” dirigido por británicos presentó la sugerencia de dividir el Parque Nacional del Serengueti de ese entonces en dos regiones. Una región se convertiría en el actual Parque Nacional del Serengueti, donde se prohibiría todo tipo de asentamiento humano, incluso de los Maasai. (6) La segunda región se conocería como el Área de Conservación de Ngorongoro (NCA, por su sigla en inglés) y se propuso como una zona donde podría haber un uso múltiple de la tierra con tres objetivos: conservación de los recursos naturales, protección de los intereses de los grupos indígenas y promoción del turismo. (7)

Para hacer cumplir estos planes, el gobierno colonial necesitaba persuadir a los Maasai, que habían residido en el Serengueti durante siglos, a que abandonaran el lugar. A cambio de abandonar las llanuras se les dijo que podían habitar la recién formada Área de Conservación de Ngorongoro, y se les prometió, entre otras cosas, el mejoramiento de los recursos hídricos. (8) Finalmente aceptaron y sus promesas de desocupar el Serengueti se consagraron en dos leyes aprobadas en 1959. Pero las promesas de los británicos colonialistas nunca se registraron legalmente, tan solo se hicieron verbalmente. (9)

En los años subsiguientes, las organizaciones internacionales conservacionistas redoblaron sus esfuerzos para aumentar su control e influencia en la región del Serengueti. En 1961, en medio de los temores de que la independencia africana pudiera poner fin a los proyectos conservacionistas colonialistas, la UICN, con fondos de la UNESCO y la FAO, patrocinó una conferencia internacional sobre conservación en Arusha, Tanzania. (10) Un informe de la UICN sobre la conferencia expuso ​​estos temores: “Una evaluación imparcial de los problemas mundiales en materia de la conservación de la vida silvestre llevó a la UICN a la conclusión de que la acelerada tasa de destrucción de la fauna, la flora y el hábitat en África (…) era el problema de conservación más urgente de la actualidad (…) Estos grandes y únicos recursos de flora y fauna podrían agotarse simplemente porque no se les habían demostrado adecuadamente a los pueblos indígenas los métodos por los cuales obtendrían de ellos los máximos beneficios económicos y culturales”. (11) El resultado de la conferencia fue el Manifiesto de Arusha, que, entre otras cosas, creó un papel específico para las organizaciones internacionales conservacionistas de modo que brindaran experiencia técnica en la planificación y gestión de áreas de conservación en toda África. (12) Estos grupos presionaron para aumentar las restricciones al cultivo, al pastoreo y al movimiento dentro del Área de Conservación de Ngorongoro (NCA). A lo largo de la década de 1960, la imposición de estas reglas aumentó hasta incluir encarcelamiento, multas y confiscación de bienes de los Maasai. (13)

La década de 1970 conoció nuevas “victorias” para los conservacionistas. La Ley de Conservación de la Vida Silvestre de 1974 prohibió el pastoreo de ganado sin permiso en los cotos de caza [grandes zonas donde se pueden cazar animales salvajes por deporte]; restricciones que eventualmente marginarían aún más a los Maasai. (14) La Enmienda de la Ordenanza de la NCA de 1975 prohibió todas las formas de cultivo dentro del Área de Conservación de Ngorongoro, (15) con lo cual se dio un duro golpe a los Maasai, quienes por siglos han dependido de la agricultura de subsistencia combinada con el pastoreo de ganado para garantizar su supervivencia y seguridad alimentaria. (16) Y en 1979, sin consulta ni consentimiento de los Maasai, la NCA fue clasificada como Sitio de Patrimonio Mundial de la UNESCO, lo que incrementó las presiones de conservación. (17)

Estas acciones, junto con la continua marginación y el silenciamiento de los Maasai en los procesos de gobernanza de la NCA, (18) tuvieron un impacto masivo que provocaron muerte e inanición entre los Maasai en los años subsiguientes. (19) Estas acciones también sentaron las bases de la represión que actualmente continúa asolando a los Maasai, todo en nombre de la conservación.

La designación adicional de Patrimonio de la UNESCO que se otorgó a la región de Ngorongoro en 2010, impulsada por organizaciones internacionales y grupos conservacionistas, se realizó una vez más sin la consulta ni el consentimiento libre, previo e informado de los Maasai. Como se detalla en un artículo de William Olenasha de 2014, el legado y las acciones de la UNESCO, la UICN y otras organizaciones, han seguido siendo desastrosas para los Maasai. (20)

El gobierno de Tanzania también ha continuado con el legado colonial de marginación de los Maasai, negándose a identificarlos como indígenas, (21) aprobando leyes continuamente que los perjudican y llevando a cabo numerosos casos de desalojo violento de aldeas Maasai en la última década. (22) Uno de los desalojos más recientes se llevó a cabo en agosto de 2017 y, según informes, dañaron 5.800 viviendas y 20.000 Maasai quedaron sin hogar. (23) Estos desalojos provocaron valientes reacciones por parte de cuatro aldeas Maasai que, en septiembre de 2017, llevaron al gobierno de Tanzania a la Corte de Justicia de África Oriental (EACJ, por su sigla en inglés) para tratar de garantizar de una vez por todas su derecho a sus tierras. Si bien una reciente medida judicial otorgada por la EACJ a los Maasai constituye una noticia positiva, (24) aquellos que están en el lugar informan que el gobierno ha violado reiteradamente la medida cautelar, ocasionando constantes daños a los Maasai. (25)

En las últimas décadas ha aparecido otro agente de destrucción en la difícil situación de los Maasai: las empresas de turismo de safari. El turismo representó el 17,5 por ciento del PIB del país y el 25 por ciento de sus ganancias en moneda extranjera en 2016/17, (26) por lo que este sector tiene un poder importante en el país. Como se detalla ampliamente en un informe reciente del Instituto Oakland, dos empresas de safari causaron impactos particularmente negativos en los Maasai: Tanzania Conservation Limited, una compañía de la misma pareja propietaria del galardonado Thomson Safaris, con sede en Boston, y Ortello Business Corporation (OBC), con sede en los Emiratos Árabes Unidos. (27) Algunas de las acusaciones que se les hacen a las dos compañías se refieren a que les han negado a los Maasai acceso a zonas vitales de pastoreo y a pozos de agua. Además, los Maasai enfrentan intimidación y violencia de parte de la policía que en ocasiones es llamada por las compañías y, en el caso de la OBC, se acusa la colaboración entre las fuerzas del gobierno de Tanzania y los guardias de seguridad de la empresa para desalojar violentamente a comunidades Maasai. (28)

El impacto actual de la llamada “conservación” sobre los Maasai ha sido desastroso. Las continuas restricciones sobre el pastoreo y el cultivo hacen que, para muchos, la desnutrición aceche a la vuelta de la esquina. (29) Los desalojos han continuado, con actos de intimidación, hostigamiento y violencia de parte del gobierno de Tanzania contra quienes se resisten y protestan. (30) Mientras tanto, más de un millón de turistas de todo el mundo acuden a Tanzania cada año para visitar su exquisita flora, fauna y paisajes que durante siglos han sido protegidos por los Maasai y que son parte integral de su vida. (31)

Quizás la mayor tragedia de esta historia devastadora de los Maasai es que ésta resulta muy familiar para grupos indígenas de todo el mundo. Como señaló la Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, Victoria Tauli-Corpuz: “Durante más de un siglo, en nombre de la conservación, se llevaron a cabo iniciativas en las que se eliminó toda presencia humana en las zonas protegidas, lo que conllevó a la destrucción de valores culturales y al desplazamiento a gran escala de los pueblos indígenas de sus tierras ancestrales.” (32) Esto ha ocurrido con la complicidad de organizaciones conservacionistas, gobiernos, organizaciones multilaterales como la UNESCO y, en la actualidad, también de empresas turísticas.

Pero la historia no ha terminado. Mientras el gobierno de Tanzania sigue priorizando su apoyo a grupos como Ortello Business Corporation, que utiliza la región de Ngorongoro como su parque personal de cacería, (33) los Maasai continúan no solo cuidando de la tierra sino también llevando adelante su valiente campaña por el derecho a sus tierras, vidas, medios de vida y cultura. Es hora de que el resto del mundo – en particular los gobiernos ex colonialistas ahora convertidos en donantes, organizaciones conservacionistas y compañías de safaris -, apoye esto y honre a los verdaderos guardianes de la amplia región del Serengueti: los Maasai.

Elizabeth Fraser, efraser@oaklandinstitute.org
Analista principal de Políticas, The Oakland Institute

Este artículo se basa en el informe del Instituto Oakland “Losing the Serengeti: The Maasai Land that Was to Run Forever”. Para obtener información completa, citas y documentación adjunta, consultar: Mittal, A. y E. Fraser, Losing the Serengeti: The Maasai Land that Was to Run Forever. The Oakland Institute, 2018. (consultado el 22 de enero de 2019).

(1) Tauli-Corpuz, V. Derechos de los pueblos indígenas: Informe de la Relatora Especial del Consejo de Derechos Humanos sobre los derechos de los pueblos indígenas. Asamblea General de las Naciones Unidas, A/71/229, 29 de julio de 2016. (acceso 22 de enero de 2019)
(2) Por información adicional ver: Mittal, A. and E. Fraser. Losing the Serengeti: The Maasai Land that Was to Run Forever. The Oakland Institute, 2018. (acceso 22 de enero de 2019).
(3) Shivji, I. G. & W.B. Kapinga. 1998. Maasai Rights in Ngorongoro, Tanzania. London: IIED/HAKIARDHI, p. 7.

(4) Ibid.

 (5) Olenasha, W. “A World Heritage Site in the Ngorongoro Conservation Area: Whose World? Whose Heritage?” In World Heritage Sites and Indigenous Peoples’ Rights, eds. Disko, S. and H. Tugendhat. IWGIA – Documento 129, 2014. (acceso 22 de enero de 2019), p. 193.

(6) Rogers, P. J. “International Conservation Governance and the Early History of the Ngorongoro Conservation Area, Tanzania.” Global Environment, 4 (2009): p. 88.
(7) Ngorongoro Conservation Area Authority. Welcome to the Ngorongoro Conservation Area Authority.” (acceso 22 de enero de 2019)
(8) Shivji, I. G. & W.B. Kapinga. 1998. Maasai Rights in Ngorongoro, Tanzania. London: IIED/HAKIARDHI, p. 9.

(9) Rogers, P. J. “International Conservation Governance and the Early History of the Ngorongoro Conservation Area, Tanzania.” Global Environment, 4 (2009): p. 89.

(10) Rogers, P. J. “International Conservation Governance and the Early History of the Ngorongoro Conservation Area, Tanzania.” Global Environment, 4 (2009): p. 97; IUCN. Conservation of Nature and Natural Resources in modern African States: Report of a Symposium organized by CCTA and IUCN and held under the auspices of FAO and UNESCO at Arusha, Tanganyika, September 1961. Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), 1963. (acceso 22 de enero de 2019).

(12) Rogers, P. J. “International Conservation Governance and the Early History of the Ngorongoro Conservation Area, Tanzania.” Global Environment, 4 (2009): 98-99.

(13) Shivji, I. G. & W.B. Kapinga. 1998. Maasai Rights in Ngorongoro, Tanzania. London: IIED/HAKIARDHI, p. 13.
(14) United Republic of Tanzania. Wildlife Conservation Act, No. 12, 1974. 30 de julio de 1974. (acceso 22 de enero de 2019).
(15) United Republic of Tanzania. An Act to amend the National Parks Ordinance and the Ngorongoro Conservation Ordinance, No. 14, 1975. 12 de agosto de 1975. (acceso 28 de febrero de 2018), Sec 9a.

(16) Shivji, I. G. & W.B. Kapinga. 1998. Maasai Rights in Ngorongoro, Tanzania. London: IIED/HAKIARDHI, p. 5.

(17) Olenasha, W. “A World Heritage Site in the Ngorongoro Conservation Area: Whose World? Whose Heritage?” En World Heritage Sites and Indigenous Peoples’ Rights, eds. Disko, S. y H. Tugendhat. IWGIA – Documento 129, 2014. (acceso 22 de enero de 2019), pp. 189 – 220.
(18) Por más detalles de la expulsión de los Maasai de las funciones de gobernanza de la NCA, ir a: Mittal, A. and E. Fraser. Losing the Serengeti: The Maasai Land that Was to Run Forever. The Oakland Institute, 2018. (acceso 22 de enero de 2019), pp. 22-24.

(19) Ibid., p. 24.

(20) Olenasha, W. “A World Heritage Site in the Ngorongoro Conservation Area: Whose World? Whose Heritage?” En World Heritage Sites and Indigenous Peoples’ Rights, eds. Disko, S. y H. Tugendhat. IWGIA – Document 129, 2014. (acceso 22 de enero de 2019), pp. 189 – 220.
(21) Ver, por ejemplo: African Commission on Human and Peoples’ Rights. The Research and Information Visit to the United Republic of Tanzania, 21st January to 6th February, 2013. (acceso 22 de enero de 2019).
(22) Ver: Mittal, A. y E. Fraser. Losing the Serengeti: The Maasai Land that Was to Run Forever. The Oakland Institute, 2018. (acceso 22 enero 2019).
(23) Kolumbia, L. “Ngorongoro eviction victims now pondering court option.The Citizen, Septiembre 1, 2017. (acceso 22 de enero de 2019).

(24) “Maasai Villagers Win a Major Victory in the East African Court of Justice in Case Against Tanzanian Government.” The Oakland Institute, 27 de septiembre de 2018. (acceso 22 enero de 2019).
(25) Comunicación con miembros de comunidades de la región.
(26) “Tanzania Tourist Arrivals Increase by 12.9% in 2016 to Reach 1.28M.Tanzania Invest, 26 de mayo de 2017. (acceso 22 enero de 2019).

(27) Mittal, A. y E. Fraser. Losing the Serengeti: The Maasai Land that Was to Run Forever. The Oakland Institute, 2018. (acceso 22 enero de 2019).

(28) Por mayores citas y documentación con relación a estas denuncias, pueden ver: Mittal, A. y E. Fraser. Losing the Serengeti: The Maasai Land that Was to Run Forever. The Oakland Institute, 2018. (acceso del 22 de enero de 2019).
(29) Ibid.

(31) “Tanzania Tourist Arrivals Increase by 12.9% in 2016 to Reach 1.28M.Tanzania Invest, 26 de mayo de 2017. (acceso 22 enero de 2019).

(32) Tauli-Corpuz, V. Derechos de los pueblos indígenas: Informe de la Relatora Especial del Consejo de Derechos Humanos sobre los derechos de los pueblos indígenas. Asamblea General de las Naciones Unidas, A/71/229, 29 de julio de 2016. (acceso 22 enero de 2019)

(33) Por más detalles de la historia de OBC en Tanzania, ver: Mittal, A. y E. Fraser. Losing the Serengeti: The Maasai Land that Was to Run Forever. The Oakland Institute, 2018. (acceso 22 enero de 2019), pp 17-21.