Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Ecuador: relatos del despojo y deforestación provocadas por la extracción de palma y madera

La expansión de la palma en Wimbí ya es un hecho. Así también la extracción de madera, cuyo protagonista es el mismo traficante de tierras que permitió la entrada de la palmicultora Energy&Palma. Este nuevo ciclo de despojo, aún más violento, amenaza la cultura y sobrevivencia de los comuneros.

Foto: Colectivo de Geografía Crítica del Ecuador

La comunidad de Wimbí en Esmeraldas, al norte del litoral ecuatoriano, lucha por la defensa de su territorio contra el avance de la palma africana, de la mano de la empresa Energy&Palma. Esta es una historia de pillaje, en donde el incremento de la deforestación en la selva del Chocó ha ido en paralelo a la expansión del cultivo. Un saqueo perpetrado por poderosos actores de la agroindustria ecuatoriana, de la mano de empresas madereras, y con la complicidad del Estado, incapaz de garantizar los derechos ancestrales de las comunidades que por más de 300 años habitan en este espacio.

La producción de palma africana para la exportación de sus derivados comenzó en Ecuador en la década de los 1980s. No obstante, los últimos 20 años han visto un fuerte crecimiento de este cultivo en el país. En 1995, la superficie ocupada por el cultivo se situaba en las 105 855 hectáreas mientras que para 2017, esta cifra subió hasta las 319 000 hectáreas (1). Por su parte, la provincia de Esmeraldas concentra casi la mitad de la producción nacional (2). En esta misma provincia se calcula que las plantaciones de palma ha supuesto la deforestación de al menos 100 000 hectáreas de zonas de manglar y bosque nublado del Chocó (3).

Desde Marzo de 2017, el Colectivo de Geografía Crítica del Ecuador (CGCE) (4) ha venido trabajando con la comunidad de Wimbí. Ante la creciente presión de las empresas palmicultoras y los traficantes de tierra, los comuneros decidieron solicitarles apoyo en el levantamiento y sistematización de información geográfica vinculada al conflicto. Todo esto con el objetivo de apoyar en los procesos judiciales que la comunidad tiene en marcha para defender su espacio de vida.

Una larga historia de conflictos extractivos

El bosque del Chocó está habitado por diversas comunidades tradicionales e indígenas, y es ahí donde la empresa Energy&Palma está avanzando. El interés de las industrias en el lugar sin embargo no es nuevo, y su historia ha de comprenderse en gran parte a partir de las sucesivas olas de inversión, la ampliación de la frontera agrícola y los despojos generados por fases sucesivas de intentar integrar a Esmeraldas en la economía nacional y en el mercado mundial.

El territorio de la comunidad Wimbí vivió el “boom” del banano en la década de los 1960s. La actividad minera artesanal fue también una constante. Sin embargo, las nuevas formas de minería ilegal introducidas progresivamente en las últimas décadas, llevadas muy a menudo a cabo por personas ajenas a la comunidad, involucran el uso de una gran cantidad de químicos que contaminan las aguas y tienen graves efectos en la salud de los habitantes. Además, en los últimos 30 años, las madereras han avanzado sobre territorio comunitario, negociando y pactando en ocasiones o simplemente por la vía de los hechos en muchas otras. Todo esto se suma a los conflictos más recientes con las empresas palmicultoras.

La entrada de la empresa Energy&Palma

La empresa Energy&Palma es parte del grupo La Fabril, creado en 2006. Antiguamente denominada Palmeras del Pacífico, Energy&Palma representa la tercera empresa más grande del sector, concentrando el 10% de la producción nacional. Cuenta tanto con plantaciones propias como con plantas de procesamiento en Esmeraldas y Santo Domingo y recientemente ha obtenido certificados de “responsabilidad social” dentro de su estrategia de ventas de aparentar que produce un “aceite de palma sostenible” (5). La realidad en las comunidades afectadas sin embrago evidencia lo que se esconde detrás de dichas certificaciones.

Los conflictos de Energy&Palma con los habitantes de Wimbí comenzaron a escalar con un proceso de compra-venta de tierra que esta empresa efectúo con el señor Miguel Egas, quien a su vez está vinculado a unos juicios para la venta de tierras y la rezonificación de las áreas comunales en esta área (6). Esos lotes, en donde en ese entonces varias familias tenían cultivos de alimentos para el autoconsumo, fueron reclamados por la empresa. Mientras la comunidad luchaba por recuperar sus terrenos, el juez determinó que la compra-venta había sido legal y que los terrenos estaban a disposición de la empresa.

Sin embargo, la empresa ya había tratado de seducir a los comuneros antes del juicio para que vendieran sus tierras a cambio de puestos de trabajo en las plantaciones. La contundente negativa de éstos, alertados por las experiencias de otras muchas comunidades y pueblos aledaños, llevó a la empresa a buscar otros medios de expandirse en la zona. Wimbí se sitúa justamente en la frontera de avance de las empresas palmeras, en los límites hasta donde llegan los cultivos.

Wimbí lleva reclamando el reconocimiento de la ancestralidad de su territorio al estado Ecuatoriano desde hace décadas. Esta solicitud ha sido avalada por estudios antropológicos que atestiguan la existencia de una cultura y vínculos de estas personas con la tierra que habitan desde hace 300 años. Dicho reconocimiento oficial es de vital importancia para la comunidad dado que la Constitución Ecuatoriana protege a este tipo de áreas y sus pueblos garantizando la regulación de su territorio bajo demarcaciones específicas.

A pesar de esto, según el gerente de la empresa Energy&Palma, las comunidades de la zona resultan ser las invasoras de los terrenos, aprovechándose de las empresas a las que extorsionan para sacar algún tipo de rédito.

Así pues, la expulsión de los comuneros de esta parte de sus tierras se consumó en los primeros meses del 2017 con el aval judicial, destruyendo las zonas de cultivos comunitarios. Pero los comuneros de Wimbí no han cesado de luchar por lo que consideran es suyo. En agosto de 2017, parte de estos terrenos fueron retomados por personas de la comunidad, quienes volvieron a sembrar café y cítricos, en un acto de reivindicación de su territorio.

El territorio de Wimbí en la actualidad

Los comuneros reportan que su territorio abarca un aproximado de 22 mil hectáreas. Podemos dividir esta extensión en tres tipos en función de la tenencia de la tierra. La zona I es la mayor (16 286 ha) y se distingue por ser el territorio perteneciente a Wimbí que formalmente está integrado a la comunidad Río Santiago Cayapas. La zona II (5 050 ha) se caracteriza por encontrarse en situación de inseguridad jurídica dado que la mayor parte no tiene escrituras formales. Y la zona III (664 ha) es la única titularizada a nombre de la comunidad. El trabajo realizado por el CGCE se ha centrado fundamentalmente en la zona II debido a que es el área con más conflictos y peligro de despojo en estos momentos.

En la zona II, un total de 100 hectáreas ya han sido despojadas por la empresa. Sus intereses de expansión, enfocados en las tierras más bajas donde la implantación de los monocultivos sería más viable económicamente, abarca aproximadamente 1 430 hectáreas.

También identificamos que al noreste de la comunidad, Wimbí hace frontera con la empresa maderera conocida como Plywood, perteneciente al grupo Peña Durini, con la que hace tiempo pactaron su presencia en el territorio. Actualmente la comunidad mantiene relaciones relativamente tranquilas con esta empresa y el conflicto parece haberse concentrado hacia la actividad palmera. Esto puede deberse a que los monocultivos de palma hacen imposible cualquier otro tipo de actividad en el territorio que ocupan y tiene un fuerte impacto en las relaciones sociales y económicas del lugar. La pérdida de los cultivos de los comuneros hace que estos se vean más presionados para buscar fuentes de trabajo asalariado en otra parte, incluyendo la propia empresa palmera que los desalojó. Sin embargo, las relaciones con los madereros no son siempre tranquilas.

Según nos relatan los comuneros -varios de ellos frecuentan el área para ir a cazar- los madereros buscan los árboles maderables en un perímetro a lo largo de todo el camino, bajando hasta los ríos. Evitan sin embargo bajar con los troncos para no ser vistos por la gente de la comunidad. En cambio, los extraen por la trocha en camionetas hacia el noreste, en donde ésta se junta con otros caminos secundarios.

Una vez más, el traficante de tierras Miguel Egas aparece involucrado. Los propios líderes comunitarios han podido averiguar que los trabajadores le arriendan el permiso de extracción de madera. No obstante, la extracción de madera está siguiendo el camino abierto, y afecta a terrenos de la comunidad. Es más, pudimos constatar cómo los puntos de acumulación de madera se sitúan junto a la zona III de la comunidad, es decir, la zona en la que sí cuentan con títulos formales.

El territorio de Wimbí a lo largo del tiempo

A partir de diálogos con las personas mayores de la comunidad, entendimos que tan sólo dos generaciones atrás, era común que algunos habitantes de Wimbí estuvieran dispersos para poder cultivar en los linderos de los ríos, lavar oro y cazar en la selva. Sin embargo, conforme fue pasando el tiempo estas personas fueron siendo menos. La bajada drástica del precio del banano, el aumento de la migración al exterior y las duras condiciones de vida aguas arriba propiciaron el abandono de las casas ubicadas en los trechos de los ríos.

Otro elemento es la antigua vía del tren, en la parte noreste. En la época en la que el ferrocarril estuvo activo, había varias familias de comuneros con cultivos próximos a la ferrovía, dado que era relativamente fácil llevarlos al puerto cargándolos en los vagones. La suspensión del ferrocarril en la década de los 90 significó que cultivar en distancias tan alejadas dejara de tener sentido y estas personas abandonaron sus tierras.

Una de estas últimas tensiones comprende precisamente a la maderera Plywood. Actualmente esta empresa está en terrenos que antiguamente pertenecían a la comunidad. En conversaciones con los comuneros, pudimos sacar en claro que la presencia de la maderera hoy es producto de una negociación de mutuo acuerdo. Antes de la llegada de la empresa, el río era el único camino posible para llegar a Wimbí. Sus habitantes accedieron a que ésta se instalara en estos terrenos con la condición de que abriese el único y actual camino carrozable -un camino en condiciones precarias- que mejoró considerablemente la conexión de la comunidad con el resto de la provincia -ahora se tarda “tan sólo dos horas en llegar a la vía asfaltada”.

“Este carretero no es hecho por el estado, sacrificamos la montaña en cambio para que nos dieran [la empresa maderera] el camino. Este es un camino maderero, sacaban la producción por aquí” (Entrevista morador Wimbí 1, 2018).

Así, en un contexto de abandono por parte del Estado y de necesidades apremiantes del territorio en materia de dotación de infraestructura y servicios, las empresas pudieron acordar su entrada y asentamiento en la comunidad. “Sacrificar la montaña” fue la única opción que les restó a los comuneros.

Vemos así que a lo largo de su historia, el territorio de Wimbí ha ido cambiando, haciéndose más pequeño. La misma redefinición de las fronteras comunitarias a lo largo del tiempo es también producto de estos procesos de negociación, intervención, conflicto y abandono.

La penetración de la palma ya es un hecho y amenaza con expandirse. Por otro lado, la comunidad está afectada por la extracción ilegal de madera cuyo principal protagonista es el mismo traficante de tierras que permitió la entrada de la palmicultora. La entrada de Energy&Palma y las actividades del traficante de tierras forman parte de un nuevo ciclo de despojo, más violento que en el pasado y con más complicidad por parte de algunas autoridades. Si finalmente éstas no ejercen justicia y garantizan los derechos de los habitantes de Wimbí, los comuneros tienen muchas posibilidades de salir una vez más perdiendo.

Este artículo está basado en el estudio “Peritaje cartográfico y social en relación a los conflictos de tierras de la comunidad Wimbí, San Lorenzo”, donde se muestran los mapas realizados y las referencias completas.

Colectivo de Geografía Crítica del Ecuador,
www.geografiacriticaecuador.org, .
@GeoCriticaEc
Quito, junio del 2018

(1) Ver, Potter, L., La industria del aceite de palma en Ecuador: ¿un buen negocio para los pequeños agricultores? M.Eutopía, Num. 2, 2011 y Lasso, 2018
(2) Encuesta de Superficie y Producción Agropecuaria Continua, ESPAC, 2016.
(3) PLAN V., 2017
(4) El Colectivo de Geografía Crítica del Ecuador (CGCE) ha acompañado por varios años diversos conflictos territoriales que afectan los derechos fundamentales de comunidades, barrios y pueblos indígenas en a lo largo del país. La contribución del CGCE se centra fundamentalmente en poder ofrecer una mirada geográfica sobre las disputas que se dan en el espacio de vida de estos actores.
(5) El Telégrafo, 2018
(6) La historia de este juicio y de Miguel Egas es larga. Este señor fue uno de los demandantes contra la mancomunidad Río Santiago Cayapas (CRSC), a la cual la comunidad de Wimbí pertenece. Tras un proceso prolongado, en el cual al final los demandantes ganaron el pleito interpuesto a los muertos (fundadores originarios de la CRSC), el MAGAP efectúo una rezonificación de los linderos comunales que afectó a Wimbí. A partir de entonces, Miguel Egas ha ido fragmentando partes de este territorio para vender o extraer rentas sin el permiso de la comunidad. Adicionalmente, Miguel Egas está vinculado al grupo Peña Durini, asociado a la extracción de madera del territorio de la CRSC desde hace décadas.