Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

La agricultura ‘climáticamente inteligente’ – La mercantilización de los suelos en el Sur Global

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En marzo de este año, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), un organismo científico internacional encargado de evaluar el cambio climático, dio a conocer su quinto informe de evaluación, centrándose principalmente en ‘impactos, adaptación y vulnerabilidad “, con un capítulo entero dedicado a los sistemas mundiales de seguridad alimentaria y producción (1).

El mensaje es claro y la evidencia irrefutable: los factores detrás del cambio climático no sólo están alterando el clima a una velocidad peligrosa. También están causando una pérdida neta global de los rendimientos de los cultivos, afectando principalmente al maíz y el trigo – cultivos básicos de los que dependen la mayoría de los países del Sur. El informe trata de consolidar la gran cantidad de información que ha circulado públicamente sobre el estado mundial de los sistemas de producción de alimentos. En cuanto a África, las conclusiones del informe son sombrías. Entre 75 y 250 millones de africanas y africanos corren el grave riesgo de sufrir grave escasez de agua (2), un tema muy preocupante al considerar que muchos de los pequeños agricultores en el continente todavía dependen en gran medida de las lluvias para la producción de sus alimentos. Algunos países podrían experimentar una caída en el rendimiento de la agricultura alimentada por lluvias de hasta un 50% para el año 2020. A eso se agrega que el esperado aumento de las temperaturas del agua comprometerá aún más la soberanía alimentaria local de las africanas y africanos, ya que un resultado obvio será la disminución de los recursos pesqueros.

Hoy, más que nunca, es urgente priorizar el fortalecimiento de los sistemas agrícolas de producción de alimentos que pueden garantizar la soberanía alimentaria de las y los africanos. Y eso también sería deseable desde el punto de vista del clima. Los sistemas industriales de agricultura y forestación y el cambio en el uso del suelo (contribuciones indirectas) emiten casi la mitad del total de gases de efecto invernadero a nivel mundial, mientras que los sistemas de agricultura ecológica, practicadosprincipalmente por agricultores en el Sur, producen muchas menos emisiones de gases de efecto invernadero y también mitigan los efectos del cambio climático.

Las capacidades de la agricultura para adaptarse y mitigar al cambio climático no han pasado desapercibidas. Durante las negociaciones sobre el clima realizadas en 2012, en Durban, Sudáfrica y en el contexto de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), los gobiernos acordaron hacer de la ‘agricultura’ un punto en la agenda del programa del comité técnico de las negociaciones climáticas de la ONU, el Órgano Subsidiario de Asesoramiento Científico y Tecnológico (OSACT),  que presta asesoramiento científico y oportuno en asuntos relacionados con la convención sobre el clima. Esta medida tenía por objetivo crear un entorno políticamente más ‘neutral’ y permitir que los temas agrícolas fueran estudiados desde un punto de vista más ‘científico y técnico’. Muchos creen que esta medida también permitiría que el carbono del suelo entrara en los mercados ‘oficiales’ de carbono al crear los métodos de Medición, Reporte y Verificación (MRV) necesarios para contabilizar el carbono. (3)

El cambio climático representa una amenaza a la soberanía alimentaria y los medios de vida y sustento de miles de millones de personas, principalmente en el Sur global. Frente a eso, el Fondo Verde para el Clima (GCF, por su sigla en inglés), fundado en el marco de la CMNUCC como un mecanismo para transferir dinero de los países del Norte hacia el Sur Global, se encuentra casi vacío, prácticamente sin dinero disponible para ayudar a las naciones del Sur a adaptarse y mitigar los efectos del cambio climático. Pero en lugar de que los países industrializados reparen esta situación y asuman sus responsabilidades históricas, instituciones como el Banco Mundial están imponiendo agresivamente los mercados de carbono como fuentes de financiamiento para iniciativas de adaptación al cambio climático, que ahora incluyen al sector agrícola.

El Proyecto de Carbono Agrícola de Kenia – ¿En beneficio de quién?

El Proyecto de Carbono Agrícola de Kenia, financiado por el Fondo de Biocarbono del Banco Mundial e implementado por la ONG sueca VI Agro-Forestal, es un proyecto dirigido a unos 60.000 agricultores de la zona occidental de Kenia. El proyecto, que comenzó en noviembre de 2010 y se espera que esté terminado en diciembre de 2017, apuesta a la llamada ‘triple ganancia’ para los agricultores en el Sur Global: un aumento en el rendimiento de los cultivos, la adaptación a los cambios climáticos, y la ayuda a los agricultores a mitigar el cambio climático mediante el secuestro de carbono a través de la ‘agricultura sostenible’. Esto es lo que el Banco Mundial y la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO) llaman la agricultura ‘climáticamente inteligente’.

El costo total del proyecto se estima en un millón de dólares y, además del socio principal para implementar el proyecto, otros asociados son la Agencia Francesa de Desarrollo y la Fundación Syngenta para la Agricultura Sostenible.

En enero, el Banco Mundial publicó un comunicado de prensa declarando que según la metodología de contabilización del carbono vinculada al Manejo Sostenible de la Tierra Agrícola (SALM, por su sigla en inglés), 60.000 agricultores habían finalmente ganado créditos de carbono (5). El comunicado de prensa afirmaque fue gracias a esas prácticas modificadas de manejo de la tierra agrícola, que permiten secuestrar el carbono en el suelo. “Los créditos representan una reducción de 24 788 toneladas métricas de dióxido de carbono, lo que equivale a las emisiones anuales de 5164 vehículos”.

Además de aducir que las prácticas agrícolas ‘sostenibles’ secuestran el carbono en el suelo, el Banco Mundial informa que SALM puede ayudar a aumentar los rendimientos de los agricultores en un 15-20% (6). Muchos de nosotros querríamos conseguir evidencia sólida de esta afirmación, sobre todo teniendo en cuenta los impactos a largo plazo del proyecto.

La agricultura ‘climáticamente inteligente’, con ese nombre tan brillante, nos invita a imaginar un mundo en el que los pequeños agricultores del Sur estarían a la vanguardia de la lucha contra el cambio climático y, lo más importante, construirían su capacidad de resiliencia, preservarían sus medios de vida y sustento y fortalecerían su soberanía alimentaria.

La realidad, sin embargo, es totalmente diferente. No hay prueba alguna de que los mercados de carbono hayan contribuido a disminuir las emisiones derivadas de los combustibles fósiles en todo el mundo. Lo único que han hecho es desplazar la responsabilidad de hacerlo a los países del Sur Global (7). En virtud de la Convención de la ONU sobre el Cambio Climático, los países industrializados están obligados a reducir sus emisiones y, al mismo tiempo, brindar asistencia técnica y financiera a los países pobres con el fin de ayudar a sus medidas de adaptación y mitigación. Los mercados de carbono han permitido a los países ricos no solamente seguir contaminando sino también beneficiarse económicamente de la contaminación que han provocado.

Enfocarse en la gran capacidad de los pequeños agricultores en el Sur Global de capturar carbono, es en muchos sentidos suicida. El Proyecto de Carbono Agrícola de Kenia no aborda las causas estructurales y sistémicas del cambio climático. Aun cuando esos agricultores puedan adaptarse y mitigar los efectos del cambio climático lo mejor que puedan, los países industrializados todavía mantienen altos niveles de emisiones a escala nacional. Y debido a que el cambio climático se atribuye directamente a las emisiones de combustibles fósiles, enfocarse en contabilizar las emisiones del suelo – lo cual es impreciso, costoso e ineficaz – en lugar de centrar los esfuerzos de las políticas y la praxis en la transición hacia un mundo libre de combustibles fósiles, sería el tiro de gracia final para esos agricultores y para los miles de millones de personas cuyo trabajo sustenta.

Además, la importancia puesta por el proyecto en las semillas híbridas – especialmente del maíz, un alimento básico en la región y el país – y en los agroquímicos, suministrados por una de las multinacionales del agronegocio, Syngenta, es muy cuestionable. Se fomenta que los agricultores cambien sus variedades autóctonas por variedades híbridas de maíz, lo que implica un aumento de insumos. Presumiblemente, Syngenta busca sacar ganancias (junto con otros vendedores de semillas híbridas), mientras que ata a los pequeños agricultores a ser dependientes durante largos períodos y que cosechen de acuerdo a un enfoque centrado en el carbono y controlado por las empresas. ShefaliSharma, del Instituto de Política Agrícola y Comercial, cuando revisó el proyecto hace dos años declaró que, “la ‘alta’ tecnología, los altos insumos, las semillas y herbicidas de alto costo ansían ser los decisores en el diseño de este tipo de proyectos. Mejorar la seguridad alimentaria en el marco del cambio climático significa mucho más que aumentar los rendimientos del maíz y enriquecer los suelos. También significa que los agricultores sean capaces de diversificar sus cosechas para manejar el riesgo derivado del cambio climático de perder sus cosechas, que tengan mayor capacidad de predecir los impactos sobre sus cosechas y de tomar decisiones en materia de siembra para cubrir eficazmente sus necesidades (de ellos y su país) en materia de adaptación al cambio climático y seguridad alimentaria, en el corto y en el largo plazo. Insistir en que los agricultores dediquen sus escasos recursos a la contabilidad del carbono en lugar de en los esfuerzos por hacer frente a estas urgentes necesidades de adaptación y seguridad alimentaria, es una mala política y una mala utilización de fondos muy escasos”.(8)

La importancia debe ponerse, más bien, en métodos de cultivo ecológicos basados en el respeto de los conocimientos agrícolas indígenas y locales, la protección de los ecosistemas y la conservación de la biodiversidad. Mantener el control de los alimentos en manos locales ha demostrado aumentar los rendimientos y, lo más importante, es una forma segura de que los agricultores efectivamente puedan adaptarse con eficacia al cambio climático y mitigarlo.

El enfoque de la agricultura ‘climáticamente inteligente’ se posiciona en la mitigación debido a los beneficios económicos que se espera obtener a partir de los ingresos por el carbono. Pero lo que los agricultores africanos realmente necesitan con urgencia es adaptarse a los apremiantes efectos del cambio climático. Finalmente, la agricultura ‘climáticamente inteligente’ eliminará cualquier posibilidad de flexibilidad e innovación de los agricultores para hacerle frente a los cambios del clima, porque el proyecto les exigiría no apartarse de determinadas prácticas para poder obtener los créditos de carbono.

Actualmente no existe un mercado formal de cuotas para el carbono almacenado en el suelo. Sin embargo, según las estimaciones dadas, en este proyecto los agricultores keniatas ganarían entre dos y cinco dólares por hectárea por año, y si bien la cifra exacta aún no está clara, es obvio que no se ganará prácticamente nada en este proyecto. Los créditos del carbono en el suelo se venden actualmente en los mercados voluntarios, que son impopulares y también muy pequeños en comparación con los mercados formales, y por lo tanto, no tendrán ninguna oportunidad de proporcionar los miles de millones de dólares necesarios para que los agricultores en el Sur Global puedan adaptarse eficazmente al cambio climático. Lo que podemos ver aquí es que las afirmaciones sobre el enorme potencial de las compensaciones de carbono como fuente de financiamiento para la agricultura Africana, comienzan a desmoronarse.

Pero quizás lo más destacable es el hecho innegable de que el carbono secuestrado en los suelos es temporal y no permanente (9). Un informe publicado por la ONG FERN también cuestiona el supuesto de larga data de que las emisiones de carbono de origen fósil pueden ser ‘compensadas’ por aumentar o simplemente proteger el potencial de almacenamiento del ecosistema terrestre (10) – que es exactamente lo que el Proyecto de Carbono Agrícola de Kenia tiene como premisa.

Se espera que en septiembre de 2014, en Nueva York, Estados Unidos, el Secretario General de la ONU ponga en marcha la “Alianza Global para la Agricultura Climáticamente Inteligente”, en el marco de la cumbre sobre el clima llamada por el Secretario General y en la que participarán los jefes de Estado de todo el mundo. Se estima que esta nueva Alianza servirá “para aprovechar el impulso e interés en la agricultura climáticamente inteligente y transformarlos en un mecanismo coordinado” (11). La alianza incluirá actores tales como productores, procesadores y comercializadores de alimentos. El futuro de los pequeños agricultores quedará sepultado en una cadena de valor que tiene poca consideración por su bienestar o la crisis climática que enfrentan, pero que tiene mucho interés en hacer crecer el agronegocio y el conglomerado comercial del carbono.

Esto, sin duda, servirá para legitimar la continua extracción de combustibles fósiles y emisiones de gases de efecto invernadero de los países industrializados, a la vez que destinará los recursos que tanto se necesitan a ampliar la farsa del mercado de carbono. Se trata de una amenaza real para millones de pequeños agricultores y ciudadanos en el Sur Global, que corren el riesgo de perder sus medios de vida y sustento, pasar hambre y afrontar los efectos del cambio climático.

Ruth Nyambura, ruth@africanbiodiversity.org

Coordinadora de Comunicaciones y Advocacy,AfricanBiodiversity Network

 

Notas:

 

(1) http://ipcc-wg2.gov/AR5/images/uploads/WGIIAR5-Chap7_FGDall.pdf

(2) http://www.foe.co.uk/sites/default/files/downloads/advance-briefing-ipcc-report-climate-impacts-45439.pdf

(3) http://cdkn.org/2013/04/the-current-climate-of-agriculture-in-the-unfccc/

(4) http://www.worldbank.org/en/topic/climatechange/publication/turn-down-the-heat-climate-extremes-regional-impacts-resilience

(5) http://www.worldbank.org/en/news/press-release/2014/01/21/kenyans-earn-first-ever-carbon-credits-from-sustainable-farming

(6) http://www.v-c-s.org/news-events/news/kenya-first-earn-carbon-credits-sustainable-farming

(7) http://www.foe.co.uk/sites/default/files/downloads/climate_justice_brief_8.pdf

(8)http://www.iatp.org/documents/an-update-on-the-world-bank%E2%80%99s-experimentation-with-soil-carbon

(9) http://www.dhf.uu.se/wordpress/wp-content/uploads/2012/10/Climate-Development-and-Equity_single_pages.pdf

(10) http://www.fern.org/misleading-numbers

(11) http://www.fao.org/climate-smart-agriculture/85725/en/