Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Mujeres y petróleo: la lucha por el sumak kawsay

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En octubre de 2013 se realizó una marcha de mujeres amazónicas hasta Quito, capital del Ecuador, para protestar frente a la XI Ronda de Licitaciones petroleras que significaba la concesión de millones de hectáreas sobre territorios indígenas en el centro-sur oriente del Ecuador. Mientras esto sucedía, varios dirigentes indígenas, hombres, participaban en el evento de apertura de la mencionada licitación, y otros, por fuera del evento, se mostraban reticentes a mostrar un apoyo abierto y decidido a las mujeres indígenas.

En otra ocasión, en ese mismo mes, Alicia Cauiya, de la nacionalidad Waorani, en el podio ante el pleno de la Asamblea Nacional del Ecuador, rechazó el libreto que le habían preparado para dar paso a su valiente intervención en la que señalaba que en el territorio Waorani operan siete empresas petroleras, las cuales no han dejado beneficios para su pueblo sino mayor pobreza y contaminación, y agregó que el tema Yasuní debe ser consultado. Luego de sus palabras, Alicia fue reprendida por los hombres dirigentes Wuaorani. La intervención de Alicia, se daba en un momento crucial cuando el gobierno del Ecuador daba pie atrás a la Iniciativa Yasuní-ITT, que consistía en dejar en el subsuelo 900 millones de barriles de crudo en el subsuelo de una parte del Parque Nacional Yasuní, territorio ancestral de los Waorani y una de las áreas más biodiversas del planeta.

La lucha de las mujeres en Ecuador tiene su paralelo en otros continentes. Así por ejemplo, en julio de 2002, cerca de 600 mujeres Itsekiri ocuparon la terminal petrolera de Chevron-Texaco en Escravos, Nigeria. Entre sus demandas estaba que sean tomadas en cuenta en la toma de decisiones con respecto a las actividades petroleras en esa región del Delta del Níger. Esta acción fue seguida de muchas otras en ese país, varias de ellas lideradas por jóvenes y por mujeres.

Estos ejemplos recientes en el Ecuador y aquellos de Nigeria son solo una muestra de cómo las mujeres, sobre todo indígenas y campesinas, enfrentan el poder patriarcal, tanto en la esfera pública como en sus comunidades. En el tema petrolero es común ver en América Latina que las mujeres son las primeras en defender el territorio ante las amenazas de proyectos extractivos.

Esto es fácil de explicar cuando vemos que, de acuerdo a la experiencia en el monitoreo de los impactos de las actividades hidrocarburíferas realizado por la red Oilwatch, son las mujeres las más afectadas. Por eso es que las mujeres indígenas y campesinas luchan para evitar que se siga extrayendo petróleo o gas de sus territorios. Estas mujeres, al igual que Alicia Cauiya, en lugar de sufrir escarnio debieran ser reconocidas por el mundo porque su resistencia es un aporte no solo a la defensa de los derechos de la naturaleza sino también de la humanidad entera.

Las mujeres indígenas y campesinas no necesitan títulos de PhD para saber cómo el petróleo viola sus derechos y afecta la vida de forma irreparable. Las mujeres padecen más la contaminación petrolera pues están en permanente contacto con el agua cuando lavan la ropa, acompañan al río a sus niños para que se bañen, o preparan los alimentos. También son ellas las que deben cuidar a los enfermos en los hogares. En el Ecuador, de acuerdo a estudios de Acción Ecológica, por ejemplo la incidencia de cáncer en zonas petroleras es 3 veces mayor que el promedio nacional, afectando sobre todo a mujeres.

Las mujeres de las zonas petroleras no solo están empobrecidas sino que están agobiadas por más trabajo, pues en muchos casos los hombres abandonan el hogar hacia las áreas de operación. En el Ecuador, por ejemplo, en las provincias petroleras, el 65% de las madres son solteras o cabeza de hogar. En las zonas petroleras hay un auge del alcoholismo, la violencia y la prostitución

Por estas razones y otras, son las mujeres quienes resisten la entrada de las petroleras, siguiendo la historia de la humanidad pues desde hace miles de años han sido ellas quienes se han preocupado por el bienestar y buen vivir de las familias y las comunidades. Las mujeres son quienes ahorran recursos como la energía o el agua, se encargan de mantener el ambiente sano; son educadoras de los niños y niñas y ciudadoras de la familia y la naturaleza.

Las mujeres son portadoras de un bagaje de saberes que deben ser conocidos, escuchados y aprendidos para construir soberanía local o inclusive para detener el cambio climático.

Esto está acorde con lo que sostienen varias pensadoras feministas, como la alemana Friederike Habermann que dice que, en un debate sobre extractivismo, es crucial un análisis de la relación que tienen las mujeres con sus territorios y el papel que asumen en la defensa de los mismos.

Sabemos que para la reproducción del capitalismo, y para que éste funcione, es necesario profundizar el extractivismo, la apropiación de territorios y el despojo de derechos. Las formas sociales de cuidado de la tierra y los territorios, están principalmente en manos de las mujeres y ellas lucharán para defenderlas, por lo que se convierten en un estorbo para la acumulación del capital. Se vuelve entonces un imperativo de los agentes del capitalismo que las mujeres pierdan poder como dirigentas y activas defensoras de derechos y, para que esto pueda pasar, se enfatiza que la mujer debe quedarse adentro en la comunidad y ser los hombres los que hagan la parte política-pública.

Por eso es que las mujeres indígenas en el Ecuador se han vuelto incómodas para el avance de la frontera petrolera, porque son ellas precisamente las que están tratando de detener al extractivismo, más allá de las fronteras de sus territorios, o dentro de ellos. Y no solo es la protección de las tierras y territorios, es en esencia la construcción del sumak kawsay.

El sumak kawsay

“El sumak kawsay o Buen Vivir es el modo de vida de los pueblos andinos y al mismo tiempo es una propuesta para el mundo que surge desde la visión de los marginados de los últimos 500 años. Se plantea como una oportunidad para construir otro “sistema-mundo”, a partir del reconocimiento de los diversos valores culturales existentes en el mundo y del respeto a la Naturaleza. Esta concepción desnuda los errores y las limitaciones de las diversas teorías del llamado progreso y desarrollo. Desde diversos ángulos, no sólo desde el mundo andino, aparecen respuestas a las demandas no satisfechas por las visiones tradicionales de la modernidad El Buen Vivir, en definitiva, es la búsqueda de la vida en armonía del ser humano consigo mismo, con sus congéneres y con la Naturaleza, y a la final entendiendo que todos somos Naturaleza y que somos interdependientes uno del otro, que existimos a partir del otro. Buscar esas armonías no implica desconocer los conflictos sociales, las diferencias sociales y económicas, tampoco negar que estamos en un sistema que es ante todo depredador, como el capitalista. Por lo tanto, a diferencia del mundo del consumismo y de la competencia extrema, lo que se pretende es construir sociedades en donde lo individual y lo colectivo coexistan en complementariedad entre sí y en armonía con la Naturaleza, donde la racionalidad económica se reconcilie con la ética y el sentido común. La economía tiene que reencontrase con la Naturaleza, para mantenerla y no para destruirla, para guardar valor de uso y no valor de cambio”, Alberto Acosta (30 de enero de 2014.http://www.rebelion.org/noticias/2014/1/180034.pdf).

 

El sumak kawsay, si bien es un concepto muy complejo pues denota una filosofía indígena andina ancestral, al convertirse en un nuevo paradigma involucra una forma distinta de relación entre los seres humanos y con la naturaleza. El sumak kawsay solamente puede ser viable a nivel nacional o global cuando los derechos de la naturaleza entre en vigencia y respeto plenos y en medio de un camino pospetrolero escapando del capitalismo. Las mujeres amazónicas están dando luces de cómo avanzar hacia esta realidad.

Pero también otros y diversos espacios de articulación de mujeres frente al extractivismo a nivel latinoamericano están sucediéndose. En ellos se mira la urgencia de avanzar en la comprensión del impacto de los megaproyectos minero-energéticos en la vida de las niñas y mujeres; la necesidad de visibilizar la resistencia y defensa de las mujeres de los territorios; así como la necesidad de investigar, documentar, hacer seguimiento y divulgar con más detalle los impactos diferenciados de las actividades extractivas sobre las mujeres, como concluye la declaración del Encuentro Latinoamericano Mujer y Minería , realizado en Bogotá, Colombia en octubre de 2011.

Por este mismo camino, a pesara de no conocerse, caminan miles de mujeres en el mundo luchando frente a la expansión minera y petrolera.

Ivonne Yañez, Oilwatch Sudamérica, e-mail: sudamerica@oilwatch.org