Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

República Democrática del Congo: Convirtiendo una vez más las tierras campesinas en monocultivos de palma aceitera

La RDC está siguiendo la tendencia de promover programas para “integrar” a las y los campesinos con los agronegocios, poniendo en riesgo el control de las personas sobre sus tierras.

Instalaciones de Unilever abandonadas en Lusanga, RDC. Ph: WRM.

El proyecto PAPAKIN promete mejorar las condiciones de vida de familias campesinas en la República Democrática del Congo (RDC). Pero en la provincia de  Kwilu, las campesinas y campesinos están enojados: el proyecto les hizo pagar por plantines de palma aceitera industrial sin recibir más apoyo después.

A lo largo de los últimos diez o quince años se ha dado una renovada ola de expansión de las plantaciones industriales de palma aceitera en los países de África central y occidental. Esto se debe, principalmente, al interés de las empresas transnacionales de obtener ganancias de la creciente demanda de aceite de palma en el mercado global. Las plantaciones a gran escala invaden tierras comunitarias, lo que afecta la soberanía alimentaria y los espacios culturales o sagrados y aumenta la violencia, en particular hacia las mujeres (1). Esto ha llevado a muchas protestas por parte de las comunidades.

Una nueva tendencia de esta expansión es el lanzamiento de programas que  declaran que sobre todo mejorarán la producción de cultivos alimentarios. A pesar de que la promoción de plantaciones de palma aceitera es parte de estos programas, sus promotores, entre los que se cuentan los sectores público y privado (inter) nacionales, aseguran que éstas no son su principal objetivo. Además, declaran que no son las empresas quienes plantarán las palmas aceiteras, sino los campesinos.

Un ejemplo de lo anterior es el programa GRAINE en Gabón. Promovido por la empresa multinacional de agronegocios Olam y el gobierno de Gabón, dicho programa declara que aumentará la producción interna de alimentos para mejorar la seguridad alimentaria de los campesinos y del país. Pero en la práctica, el proyecto promueve principalmente las plantaciones industriales de palma aceitera en tierras campesinas mediante las llamadas ‘cooperativas’ campesinas. (2)

Preocupados con esta nueva tendencia, una delegación de la mayor confederación campesina de la República Democrática del Congo, la COPACO-PRP (Confédération paysanne du Congo-Principal Regroupent Paysan), y el WRM decidieron visitar en febrero de 2018 un programa similar en la provincia de Kwilu, unos 500 kilómetros al este de la capital, Kinshasa. La COPACO y el WRM querían saber sobre la situación de los campesinos afectados por un programa llamado PAPAKIN, que significa (en francés) “Programa de apoyo a los centros de aprovisionamiento de productos alimenticios y hortícolas de Kinshasa”. El objetivo general del programa es “contribuir de forma sustentable a mejorar la seguridad alimentaria y los ingresos de los campesinos productores” (3).  El proyecto, que comenzó en 2014, es llevado adelante por el gobierno de la RDC y financiado por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola de la ONU (FIDA) por un período de diez años, con una inversión total estimada de 115 millones de dólares estadounidenses (4).

Las familias campesinas que nos recibieron (5) nos contaron que en febrero de 2017 habían recibido de PAPAKIN los llamados plantines “mejorados” de palma aceitera de la variedad Tenera, junto con fertilizantes químicos. Tenían que establecer un monocultivo con los plantines en unas cuatro o cinco hectáreas que hasta ese momento estaban destinadas al cultivo de alimentos – una superficie considerable para la agricultura campesina en la RDC. Los técnicos del proyecto les dijeron que había que aplicar una dosis específica de fertilizante con cada árbol plantado. Para poder participar del programa, los campesinos tuvieron que pagar una cuota de inscripción de 15 mil francos congoleños, equivalentes a unos 9 dólares estadounidenses, una cantidad considerable para la RDC. Algunos mencionaron también que habían firmado un acuerdo (un “protocole d’accord”), pero no pudimos tener acceso a éste.

Los campesinos enfatizaron que se les había prometido apoyo financiero para mantener las plantaciones de palma aceitera durante los cinco o seis años previos a que las palmas comenzaran a producir. Pero hasta ahora no han recibido absolutamente ningún apoyo. Están muy enojados por eso y sienten que el proyecto los ha traicionado. Además, mantener entre cuatro y cinco hectáreas de palma aceitera, con 280 plantas por hectárea, requiere de mucho trabajo.

Un campesino enfrentó esta situación plantando mandioca en medio del monocultivo de palma aceitera, en un intento de obtener algún ingreso y alimentos de la parcela que antes estaba cubierta de cultivos alimenticios. Otra familia campesina, sin embargo, preocupada por los fertilizantes químicos que se vieron obligados a aplicar, decidió no plantar ningún otro cultivo entre las palmas aceiteras. Según la experiencia de los miembros de la COPACO, los insumos químicos afectan negativamente el suelo y sus cultivos alimentarios. Por lo tanto producen sus principales cultivos alimentarios, como mandioca y maíz tradicional, así como otras verduras, sin ningún insumo químico. Un campesino declaró que “los fertilizantes químicos no dejan que los otros cultivos crezcan como es debido”.

Una región marcada históricamente por la palma aceitera

Desde tiempos inmemoriales, la provincia de Kwilu está cubierta de plantaciones de palmas aceiteras “silvestres”, extremadamente importantes y con múltiples usos para las comunidades locales. Kwilu ha sido históricamente el mayor productor de aceite de palma del país (6).

Alrededor de 1910, la fábrica británica de jabón de los hermanos Lever (Lever Brothers), buscando aceite vegetal barato, descubrió este tesoro natural. Obtuvo una concesión del gobierno colonial y estableció una empresa llamada Huileries du Congo Belge (HCB), que luego de la independencia pasó a llamarse Plantations Lever au Congo (PLC) y, durante el período del ex presidente Mobuto, Plantations Lever du Zaire (PLZ). Un campesino de mayor edad nos relató cómo HCB, luego de haber obtenido su concesión, empezó a “comprar” el acceso a las plantaciones de palma aceitera natural en el distrito de Lusanga, pagando a los líderes de tierra locales una bolsa de sal para asegurarse el acceso a 100 hectáreas. La empresa empezó a producir plantines a partir de las palmeras naturales y los plantó en líneas con el fin de aumentar la producción, creando plantaciones semi-intensivas. Muchos otros empresarios belgas y portugueses siguieron el ejemplo de Lever Brothers y se asentaron para lucrar con esta palma aceitera natural.

Se reclutaron a la fuerza trabajadores de otras regiones que fueron explotados para llevar a cabo la riesgosa tarea de cosechar los frutos de la palma. Fueron instalados en un campamento de trabajadores en Lusanga, que en aquel tiempo se llamaba Leverville, donde la empresa estableció su planta extractora de aceite de palma. Tras la crisis económica de 1929, con la reducción de los salarios de los trabajadores, el mayor levantamiento contra el régimen colonial belga de 1931 tuvo lugar en la aldea de Kikwit (7), que resultó en una violenta represión cuyo saldo fue centenares de muertos. Un campesino mayor nos contó que su familia sólo había logrado sobrevivir por haberse escondido en el bosque.

Cuando Mobutu llegó al poder en 1965 comenzaron las décadas de crisis económica y guerras civiles. La empresa abandonó Lusanga, incluyendo a sus instalaciones extractoras de aceite y las plantaciones. Sin embargo, la empresa mantuvo plantaciones en otras regiones y vendió parte de éstas en 2009 a la empresa canadiense FERONIA, donde las comunidades han estado luchando durante años para recuperar sus tierras robadas desde el período colonial  (8).

¿Recordar el pasado para construir el futuro?

¿Qué ocurrió con Lever Brothers? En 1930, con su muy lucrativo negocio en el Congo colonial, se fusionó con la empresa holandesa Dutch Margarine Unie, y se formó UNILEVER. Esta compañía británico-holandesa, productora de bienes de consumo, creció hasta convertirse en una de las multinacionales más grandes a nivel global, cuyas ganancias anuales ascienden a miles de millones de dólares. La descripción histórica sobre la ‘exitosa’ actuación de la empresa que figura en su sitio en internet parece haber excluido cuidadosamente la historia de violencia y abusos hacia el pueblo congoleño.

Hoy día, a pesar de su discurso público, parece que el proyecto PAPAKIN pretende revivir el pasado en la misma provincia de Kwilu, convirtiendo una vez más las tierras campesinas en monocultivos de palma aceitera.  Su apoyo financiero tiende a empujar en la misma dirección: ONU-FIDA ha estado promoviendo la nueva ola de expansión de la palma aceitera industrial en África, en estrecha colaboración con los gobiernos africanos, el Banco Mundial y el sector privado.

¿Y qué ha ocurrido con Lusanga y las campesinas y campesinos desde que UNILEVER se fue durante el período de Mobutu? Las instalaciones de la empresa se han convertido en ruinas. El pueblo, que hoy tiene unos 15 mil habitantes, no cuenta con servicios básicos como agua y suministro de energía eléctrica. Los campesinos se hicieron cargo de las antiguas plantaciones de UNILEVER. Son principalmente hombres especializados en la producción a pequeña escala y con equipos artesanales quienes están cosechando aceite de palma para el mercado interno. Están buscando formas de organizar y mejorar su producción, puesto que el aceite de palma es clave en su cultura y puede facilitarles algún ingreso.

Campesinos que se organizan para construir un futuro diferente

Las organizaciones campesinas como la COPACO alertan sobre la amenaza de expandir los monocultivos de palma aceitera y otros cultivos debido a sus impactos sociales, culturales y ambientales. Hacen énfasis en que las campesinas y campesinos deben mantener el control sobre las tierras de las que dependen.  Sin embargo, la sugerida “integración” del campesinado con el sector de los agronegocios, como el programa PAPAKIN, pone en riesgo este control sobre sus tierras. La  COPACO defiende un sistema de producción diversificada basado en el control sobre las tierras para garantizar la soberanía alimentaria para las generaciones presentes y futuras. Los principios de la agroecología, radicalmente opuestos a la implementación de monocultivos dependientes de insumos químicos, son fundamentales.

Hoy en Kikwit todavía puede encontrarse a la venta en el mercado el buen aceite de palma rojo, producido por mujeres y el que ellas prefieren para cocinar los alimentos. En su experiencia, es imposible producir este aceite de buena calidad a partir de los plantines mejorados que distribuye el proyecto PAPAKIN. El empuje del proyecto PAPAKIN no tiene otro fin que atraer empresas privadas para invertir en y controlar la producción de la palma aceitera. Esto puede volverse una seria amenaza para el aceite de palma tradicional, que aún se encuentra bajo el control campesino y tiene múltiples usos muy relacionados con su vida cotidiana y sus necesidades.

Un comentario interesante de los campesinos con los que conversamos es que la palma aceitera natural se propaga fácilmente por sí misma.

Comentarios finales

Si el proyecto PAPAKIN consigue atraer inversiones del sector privado para ‘rehabilitar’ las instalaciones de extracción de aceite de palma en Lusanga, ‘rehabilitará’ también la misma lógica anterior: usurpar tierras y explotar a los trabajadores y a la gente en aras del lucro privado, con el poder concentrado en las manos de empresas privadas apoyadas por el Estado.  Una vez más, las comunidades campesinas cumplen la función esencial de producir la materia prima para el negocio del aceite de palma al menor costo posible. Pero con esta lógica, aquellos campesinos que producen la palma aceitera pero no pueden cumplir el contrato que tienen con la empresa privada, corren el riesgo de perder sus tierras.

Winnie Overbeek, winnie [at] wrm.org.uy
Integrante del Secretariado internacional del WRM

(1) Boletín del WRM N° 236, marzo de 2018, Mujeres, plantaciones y violencia: construyendo resistencias
(2)  La semilla de la desesperación: las comunidades pierden tierras y fuentes de agua debido a la agroindustria de OLAM en Gabón. Boletín del WRM N°231, junio de 2017
(3) FIDA, Programme PAPAKIN, document de conception de programme, 2013.
(4) PAPAKIN: Une solution pour contribuer a la sécurité alimentaire, Forum Des As
(5) Cuando llegamos a Kikwit nos encontramos con que nuestra visita había sido anunciada por una emisora radial local el día anterior. Al mismo tiempo, la cooperativa establecida como parte de las actividades del proyecto PAPAKIN en Kikwit se negó a recibirnos. Averiguamos que ese mismo día los campesinos que forman parte del proyecto habían recibido instrucciones de no hablar con nosotros. Sin embargo, pudimos visitar a varios campesinos que participan en el proyecto y compartieron con nosotros sus experiencias.
(6) Oil palm in Africa: Past, present and future scenarios – 2013 update, WRM, (solo disponible en inglés y francés)
(7) RDC: a Lusanga, les fantômes d’Unilever au Congo, 2017, JeuneAfrica
(8) Conflictos por la tierra y finanzas sombrías rodean a empresa palmícola de República Democrática del Congo respaldada por fondos de desarrollo, 2016