Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Sepultadas bajo la sombra de las empresas de palma en Camerún: un recuento de los abusos sufridos por las mujeres

Las plantaciones están rodeando y engullendo cada vez más a las comunidades. Las mujeres deben recorrer tierras acaparadas por las empresas para buscar sus medios de vida. Esto, entre otras cosas, les puede costar la vida.

Ph: Miriam Gahtigah/IPS

Las crisis alimentaria y financiera de 2008 ciertamente condujeron a muchos inversores a abalanzarse sobre África, que es uno de los focos de las transacciones de tierras a gran escala. Cada vez con más frecuencia, los inversores solicitan grandes superficies de tierras cultivables, que en su mayoría son utilizadas por comunidades. Las Inversiones Directas Extranjeras atañen también a la adquisición de activos agrícolas. (1) Muy frecuentemente esta demanda por tierras tiene por objetivo establecer vastos monocultivos agrícolas. La presencia de estas empresas en los países en vías de desarrollo en general y en Camerún en particular no deja de tener complicaciones para las comunidades.

En Camerún podemos citar de manera no exhaustiva a empresas como PAMOL (Camerún), HEVECAM (Singapur), SGSOC (Estados Unidos), SOSUCAM (Francia), SOCAPALM (Luxemburgo). Las mujeres, por su parte, consideradas las principales usuarias de las tierras, son a menudo las más afectadas. Ellas condenan la destrucción de sus medios de subsistencia en beneficio de la rentabilidad de estas empresas, lo que les genera inseguridad alimentaria. Condenan también la inestabilidad de su trabajo, así como la falta de libertad para ir y venir por sus antiguas zonas de cultivo por miedo a las represalias.

El objetivo de este artículo es explorar la situación de las mujeres dentro y alrededor de las plantaciones industriales en Camerún. Se trata de mostrar los perjuicios y abusos que sufren las mujeres en relación con la tierra y con la sociedad.

Conflictos por la tierra: vulneración del derecho de uso, violencia e intimidación

La expansión de las plantaciones industriales, como por ejemplo la palma aceitera en Camerún, necesita grandes superficies de tierra, lo que tiene como consecuencia la disminución de los espacios que anteriormente utilizaban las comunidades locales, en particular las mujeres.

“La demanda de tierra para los biocombustibles amenaza con desplazar productos como la mandioca, el maní, el sorgo y el maíz en beneficio del carburante. Los productos no comestibles (…) también se disputan directamente el uso de la tierra fértil con los productos agrícolas (…) representan una amenaza para las comunidades pobres y hacen que suban los precios de los alimentos…” (2) La principal afectada por esta situación es la mujer rural que utiliza la tierra y sus productos como fuente de ingresos y de subsistencia para el hogar. La escasez de tierras es una de las principales causas de la difícil situación de las mujeres dentro y alrededor de las plantaciones industriales. Asimismo, las plantaciones están rodeando y engullendo cada vez más a las comunidades. Esta situación genera un verdadero problema en el manejo de las relaciones entre estas empresas y las poblaciones vecinas, que denuncian los malos tratos y casos de violencia comprobados.

Desde hace algunos años, en efecto, las mujeres que viven dentro y alrededor de las plantaciones agroindustriales en Camerún sufren violencia física y psicológica, principalmente al buscar sus medios de subsistencia, que se han vuelto escasos a causa de la presencia de estas industrias. Sus huertas, que alguna vez se encontraban cerca de sus casas, ahora están a distancias considerables. Para la OMS, la violencia puede definirse como “el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones.”

Se han registrado casos de agresiones y violaciones que a veces han llevado incluso a la muerte de estas mujeres. Ellas, por su parte, no hicieron más que procurar la supervivencia de sus familias, recogiendo algunas nueces de palma en las plantaciones de la empresa. Acusadas de robo, sufren agresiones, casi siempre por parte de los empleados de seguridad contratados por las empresas. Además de soportar constantes agresiones verbales, también deben tolerar amenazas y agresiones físicas.

De hecho, ya se han registrado muchos casos de violencia en las plantaciones de la empresa SOCAPALM perpetrados por los empleados de seguridad contratados. (3) Si bien es cierto que estas agresiones y violaciones han disminuido un poco, es importante señalar que esto ya ha generado como consecuencia una cierta psicosis entre las mujeres que viven colindantes a las plantaciones. Una mujer que vive cerca de una plantación del lugar nos explica que antes podía ir sola al campo temprano en la mañana, pero que ahora se aconseja no hacerlo. Dice que las mujeres van en grupo, por miedo a que los vigilantes de la plantación las agredan. Estas mujeres rurales, en su mayoría no escolarizadas y con vergüenza de su situación, a menudo prefieren guardar silencio sobre los abusos que han sufrido por la presencia de estas empresas. Esta situación es evidente, sin embargo, seguirá siendo ignorada si la sociedad civil permanece en silencio. Además de los atropellos mencionados, hay otras formas de abuso que sufren las trabajadoras de estas agroindustrias.

Los abusos sociales: entre la injusticia y la separación de las familias

La combinación de ciertos factores de riesgo – como la escasez de tierras, la presión sobre las tierras, la crisis alimentaria y la disminución de los ingresos provenientes de las plantaciones rurales -, ha empujado a que las mujeres que buscan un mejor bienestar busquen trabajo en las agroindustrias vecinas. Las mujeres se ven entonces forzadas a trabajar como obreras en las plantaciones donde se enfrentan con muchas otras injusticias, y cuya consecuencia es la separación de las familias. Sus horarios les impiden ocuparse verdaderamente de sus hijas e hijos, ya que no tienen horarios fijos de trabajo.

Una mujer que fue entrevistada –cuyo nombre omitimos por razones de seguridad- considera que “el trabajo en estas empresas es muy angustiante e incluso, en el peor de los casos, casi cayendo en la esclavitud. La carga de trabajo a veces se duplica cuando terminamos antes de tiempo ya que el recuento se hace por tarea, es decir que en tanto no se termine la tarea, no se nos hace el recuento.” Estas mujeres a veces tienen tareas muy difíciles para sus condiciones físicas, pero por miedo a los despidos se sienten obligadas a cumplirlas, ya que corren el riesgo de que no se les haga el recuento al final de la jornada. En su opinión, ellas “no tienen derecho a la palabra, sus quejas no son tomadas en consideración; por el contrario, eso favorece a la pérdida de bonificaciones y ventajas”. Por encima de esto, sus salarios no les permiten prosperar ni hacerse cargo de sus familias.

Coacción e injusticias parecen ser el destino cotidiano de las mujeres que rodean a las plantaciones. No tienen derecho a la queja por miedo a tener represalias que puedan llegar a medidas disciplinarias. “No podemos quejarnos, [porque] la consecuencia inmediata es un traslado que no tiene en cuenta tu situación matrimonial. Yo vivía en Douala con mi familia, me destinaron a Kribi, por lo que tuve que dejar a mi marido y mis hijos”, y añade: “Es demasiado injusto y triste”.

Otra categoría de mujeres que trabajan en las agroindustrias son aquellas reclutadas por los intermediarios. Estas mujeres no tienen derecho a ningún beneficio (seguro, cobertura médica, licencia por maternidad, etc.)

En conclusión, es evidente que la conducta de los inversores extranjeros en las tierras fértiles de Camerún es un tema de actualidad candente que merece tomarse muy en serio, sobre todo porque los derechos de las mujeres muchas veces se ven pisoteados, a pesar de que sabemos que en África la madre de la sociedad es la mujer. Así, las que viven próximas a las plantaciones reclaman cada día que se tomen en cuenta sus derechos, mientras que las que trabajan en las empresas reclaman justicia y mejores condiciones laborales.

Michele ONGBASSOMBEN , michelebatende@yahoo.fr
Centre pour l’Environnement et le Développement (CED), www.cedcameroun.org

(1) Según cifras del gobierno, Camerún captó 348.200 millones de francos Cfa de inversiones directas extranjeras (IDE) durante 2013. Solamente 4.100 millones de francos Cfa correspondían al sector agrícola. Véase, http://www.investiraucameroun.com/gestion-publique/2309-5666-le-cameroun-a-capte-348-milliards-de-fcfa-d-investissements-directs-etrangers-en-2013

(2) MUNZARA, A.2011, Land grabbing, Undermines food security in West Africa, FECCIWA/ACCEAO

(3) http://www.cameroonvoice.com/news/article-news-2706.htm

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