Un proyecto piloto REDD de Conservación Internacional en la República Democrática del Congo (RDC) – una producción bien diferente de Walt Disney

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En la República Democrática del Congo (RDC), Conservación Internacional (CI) promueve un proyecto piloto REDD (Reducción de Emisiones Derivadas de la Deforestación y la Degradación de los Bosques), financiado por la empresa de entretenimientos Walt Disney. El proyecto se desarrolla en las reservas naturales de Tayna y Kisimba-Ikobo. Se trata de uno de los primeros proyectos en la región.

A pesar de las presentaciones positivas del proyecto, disponibles en Internet, poco se sabe sobre lo que ocurre de hecho en el lugar, principalmente con las comunidades directamente impactadas por el proyecto. En África en general y en la RDC en especial, las comunidades que viven y dependen de los bosques para su supervivencia llevan adelante una ardua lucha para que se les reconozcan sus derechos sobre sus tierras y el uso de los bosques.

Por ello el WRM decidió realizar un estudio de caso (1) para conocer los impactos del proyecto anteriormente citado de CI/Walt Disney, buscando oír y dar voz a representantes de las comunidades locales y de otras organizaciones involucradas, con el fin de contribuir al debate sobre REDD en el ámbito local y nacional en la RDC, así como internacionalmente.

La importancia de los bosques en el Congo y los derechos de las comunidades 

La RDC posee la mayor área de bosques de África, con diferentes tipos de bosques y una biodiversidad extremadamente rica. Entre 35 y 40 millones de personas dependen de ellos para su subsistencia en términos de alimentación, salud, vivienda y energía. Para muchas comunidades, los bosques poseen significados espirituales, culturales y sociales.

La lucha de las comunidades para garantizar sus derechos legales sobre las tierras donde viven y los bosques que usan es muy difícil. La Constitución del país garantiza un cierto reconocimiento de esos derechos, a pesar de que todas las tierras en principio pertenezcan al estado congoleño. El Artículo 22 del Código Forestal permite a las comunidades obtener un título de concesión, basado en su derecho consuetudinario sobre las tierras que ocupan y usan, pero las modalidades de cómo ejercer ese derecho todavía continúan en discusión. Mientras tanto, en la práctica, se está violando el derecho de las comunidades a ocupar sus tierras tradicionales y hacer un uso tradicional de los bosques e innumerables comunidades ven que sus tierras se transforman, por ejemplo, en parques nacionales. A pesar de que la ley obliga al Estado a consultar a las comunidades sobre la creación de esas áreas, eso no impide la creación de las mismas y generalmente ocurre mediante la expulsión de las comunidades. Actualmente hay más de 26 millones de hectáreas, llamadas ‘clasificadas’; por ejemplo, parques nacionales donde los derechos de uso de las comunidades son extremadamente limitados o están prohibidos.

Además de ello, durante más de una década, la RDC ha vivido un conflicto armado que involucra a países vecinos, alimentado por la competencia por el control sobre los recursos naturales, principalmente minerales, de gran interés para empresas transnacionales, lo que ha causado un enorme sufrimiento para la población, principalmente en la región Este del país. Grupos armados continúan activos en esa región, incluso en el área de la reserva Kisimba-Ikobo, manteniendo un clima de inseguridad en el lugar donde se desarrolla el proyecto REDD de CI/Walt Disney.

El proceso REDD en la RDC

La RDC ha sido el primer país de la Cuenca del Congo en beneficiarse de financiamientos para REDD a través del FCPF (2) (USD 200 mil) del Banco Mundial y la UN-REDD (3) (USD 3,4 millones) de las Naciones Unidas, con el objetivo de implantar el mecanismo REDD en el país después del año 2012. Otro financiamiento, todavía no operativo, para proyectos piloto, vendría de Noruega y del Reino Unido. En general, los diversos actores involucrados en la promoción de REDD dan mucha importancia a los proyectos piloto, incluido el de CI/Walt Disney.

Llama la atención cómo los pueblos del bosque en la RDC en este proceso oficial acaban siendo señalados varias veces como principales responsables de la deforestación debido a su práctica de agricultura itinerante. Eso ocurre, por ejemplo, en un informe de autoría de la empresa norteamericana de consultoría McKinsey, divulgado en el año 2009, sobre el potencial de REDD+ en la RDC. El mismo informe disimula la responsabilidad de las empresas madereras. Además de ello, el informe de McKinsey propone programas de forestación y reforestación con agricultura en gran escala, por ejemplo, plantaciones de palma aceitera, en 7 millones de hectáreas de tierras supuestamente ‘marginales’ y en otros 4 millones de hectáreas de bosques supuestamente degradados, a pesar de los grandes impactos que la expansión de la palma está causando en África sobre el medio ambiente y las comunidades locales (4) y de los impactos negativos también constatados en Asia y en América Latina.(5)

El proyecto piloto REDD de CI/Walt Disney

El proyecto piloto en cuestión es resultado de un acuerdo firmado entre Walt Disney y CI por un monto de USD 7 millones. Según la información de marketing divulgada en Internet, ese monto se destina a “proteger bosques en el Perú y en la RDC”. Con la protección y gestión sustentable de más de 500 mil hectáreas de bosques tropicales, se evitaría la emisión de 900 mil toneladas de CO2.

En el caso de la RDC, el proyecto apunta a proteger dos reservas llamadas ‘comunitarias’ en la provincia de Kivu del Norte, Tayna y Kisimba-Ikobo, y mejorar los servicios sociales en apoyo al desarrollo local y a la reducción de la pobreza de las comunidades. Walt Disney estaría poniendo a disposición USD 4 millones para el proyecto en la RDC, recordando que se trata de una empresa que tuvo un resultado financiero neto en 2010 de USD 7.590 millones. La empresa ha divulgado que el apoyo forma parte de su política ambiental de reducir a la mitad sus emisiones de gases de efecto invernadero.

En la RDC, el proyecto es administrado en asociación con el Fondo Internacional de Gorilas Diana Fossey (DFGFI), la UGADEC, una unión de asociaciones de conservación de gorilas y en apoyo al desarrollo comunitario en esa región, valorizando el concepto de ‘reserva comunitaria’. También USAID (6) es socia a través del programa CARPE (7).

¿Qué es una ‘reserva comunitaria’ en este contexto?

La concepción de “reserva comunitaria” consiste en una área ocupada y manejada por comunidades locales, dividida en tres zonas: una zona integral, donde cualquier actividad humana está prohibida; una zona de amortiguación, donde se permiten actividades humanas, pero están controladas; y una zona de desarrollo donde se prevén la producción permanente y mejoras en la infraestructura.

La llamada ‘reserva comunitaria’ Tayna, de 90 mil hectáreas, fue creada inicialmente en 1998 por algunos defensores de la idea de este tipo de ‘reserva’, y con la participación de dos jefes tradicionales. La Reserva es considerada la primera iniciativa de ese tipo en la RDC e incluso en el África Central. En 2006, la ‘reserva comunitaria’ fue reconocida por el Estado y transformada en una reserva natural, llamada Reserva Natural de Tayna (RNT) por acto del Ministerio de Medio Ambiente y Conservación de la Naturaleza. Ese acto definió el área como propiedad del Estado, aunque transfirió la gestión de la reserva del órgano estatal competente (ICCN) a una organización ‘comunitaria’ llamada RGT (Reserva de Gorilas de Tayna). Inmediatamente, las comunidades vecinas se beneficiaron con algunos proyectos tales como la implantación de energía en algunas comunidades a partir de una pequeña usina hidroeléctrica, la instalación de una universidad de conservación de la naturaleza, mejoras en la infraestructura de salud y educación, entre otros.

La segunda reserva comunitaria que forma parte del proyecto REDD es la Reserva de Primates de Kisimbo-Ikobo (RPKI), con 137 mil hectáreas. Fue creada en un intento de expandir el modelo aplicado en Tayna, ubicado más al norte en la misma provincia. La RPKI, de la misma forma que la reserva de Tayna, fue ratificada como reserva natural por un acto ministerial en 2006. Para la gestión de la reserva se creó la RECOPRIBA (9).

Las dos reservas forman parte de una estrategia nacional de conservación, que busca crear un corredor que uniría los parques nacionales de Kahusi Biega (PNKB) y Maiko.

En el caso de la RPKI, una parte significativa de los líderes tradicionales y miembros de comunidades, hombres y mujeres, se resisten, desde 2003, a su creación, lo que ya resultó en una vasta bibliografía de cartas de protesta a las autoridades y respuestas de las mismas. En determinado momento, el Ministerio de Justicia llegó incluso a suspender la RECOPRIBA, pero eso no impidió la creación de la reserva natural de Kisimba-Ikobo en el año 2006 por el Ministerio de Medio Ambiente y Conservación de la Naturaleza. Esta creación parece que solamente ha agravado los conflictos, porque restringió mucho el derecho de uso del bosque por la comunidad y es por eso impugnada por ella y vista como un verdadero ataque a su modo de vida.

La lucha de parte de las comunidades de Kisimba-Ikobo es ahora para revocar la creación de la reserva natural y defender el manejo forestal comunitario a partir del control de las comunidades sobre el territorio, en base a los derechos constitucionalmente garantizados. El acto de creación de la reserva natural debería ser anulado por el simple hecho de que solamente dos jefes locales lo firmaron, supuestamente representando a todas las comunidades. Sin embargo, no tenían autorización específica para ello.

Impactos del proyecto REDD sobre las comunidades

Aunque la firma del acuerdo a los fines del proyecto entre Walt Disney y CI haya ocurrido en 2009, todavía es difícil para la población pronunciarse sobre sus impactos, ya que, según UGADEC, el documento que describe ‘técnicamente’ al proyecto REDD (Project Design Document – PDD –documento de diseño del proyecto-), en términos de emisiones evitadas de carbono, recién está siendo elaborado y, con ello, los primeros pagos del proyecto se esperan recién en 2012. También se está haciendo un relevamiento socioeconómico para definir las acciones para beneficiar a las comunidades.

Se percibió que desde que el proyecto REDD comenzó a ser divulgado, sus promotores se dedicaron a diversas actividades pero dando prioridad a "sensibilizar" a la comunidad acerca de la importancia de preservar el bosque por el carbono en él contenido, como se hiciera antes con la importancia de preservar los gorilas. Según los promotores del proyecto, un acto firmado por líderes comunitarios sería la prueba concreta del consentimiento libre y previo por parte de las comunidades.

Pero pudimos constatar que el consentimiento con respecto a la implantación del proyecto REDD en la reserva de Kisimba-Ikobo es, en el mejor de los casos, parcial. Y asimismo, el proceso vino solamente a profundizar un conflicto en el cual está en juego el derecho territorial y el derecho de uso del bosque. Parte de la comunidad se opone al proyecto REDD, ya que solamente fortalece la creación de una reserva “comunitaria” que, en verdad, quitó a esas comunidades el derecho sobre sus tierras ancestrales y los bosques. En una carta reciente de las comunidades descontentas de esa Reserva, dirigida al gobernador de la provincia, éstas se oponen al proyecto REDD porque no respeta sus derechos a la tierra y no les ofreció la posibilidad de presentar sus reivindicaciones.

Siendo así, la parte significativa de la población de Kisimba e Ikobo que impugna la creación de la reserva y hoy el proyecto REDD, tiende a quedar todavía más marginada. Los responsables del proyecto REDD parecen ignorar el hecho de que esa parte de la población no prestó el consentimiento al proyecto REDD y no está tomando iniciativas para resolver el conflicto. Por lo contrario, los responsables de UGADEC informaron que iniciarían en breve la delimitación física y ‘participativa’ de la reserva de Kisimba e Ikobo.

Incluso entre aquellos que no impugnan el proyecto REDD, no existe mucha claridad con respecto al mismo, principalmente sobre los deberes de la población en el área del proyecto. Sin embargo, hay grandes expectativas, conforme uno de los testimonios locales oídos:

“Fuimos informados sobre el proyecto REDD y se nos dijo que vamos a tener abundantes beneficios. Se nos dijo que no atacáramos más el bosque sino que lo protegiéramos, de la misma forma en que protegemos a los gorilas....se nos dijo que los árboles producen carbono y que eso es importante para el aire. Todo el mundo va a quedar bien y la vida va a cambiar. Nos dijeron que el proyecto es de 20 años y ya hace tres años que comenzó y todavía no hemos visto nada. Entonces vemos que los beneficios demoran en llegar y que la población comienza a desanimarse. Continuamos esperando porque nos llenaron de esperanza”.

Por lo tanto, se percibe una falta muy grande de informaciones relevantes sobre el proyecto. La mayor fuente de información parece ser Internet, en una zona con poco o ningún acceso. Además de ello, los actores locales no tienen conocimiento del contrato firmado entre CI y Walt Disney, mucho menos del presupuesto del proyecto, ni siquiera los líderes locales involucrados en la creación de las reservas. Por lo tanto, no saben evaluar las implicancias del proyecto para la comunidad. Alguien afirmó que “CI y DFGFI han guardado mucho la información”.

Además de ello, no hay claridad, principalmente entre los líderes comunitarios entrevistados, sobre la división de tareas entre CI, DFGFI, UGADEC, RGT y RPKI. Lo que varias personas saben decir es que CI es responsable de las finanzas del proyecto, mientras corresponde a DFGFI la parte técnica y administrativa. Un líder local afirmó que: “Es nuestro bosque y son otras personas las que administran nuestro lugar”.

Se percibe también que para la mayoría de las personas oídas, directamente involucradas en la implantación del proyecto, un proyecto REDD es sinónimo de comercialización de créditos de carbono, por lo que afirman que es necesario calcular la cantidad de carbono disponible en el bosque y la cantidad que pueda ser comercializada. Pero lo que llama la atención es que nadie parece preocuparse acerca de quién tendría el derecho sobre el carbono calculado, que sería “comprado” por Walt Disney, lo cual tendría implicancias también para la partición de los recursos pagados por la empresa por esos créditos. Sin definición, ese punto queda sujeto a posibles nuevos conflictos en el futuro.

Finalmente se percibió que si los hombres ya tienen poca información sobre REDD, las mujeres tienen mucho menos. En una conversación con miembros de una asociación de mujeres en el entorno de la reserva de Tayna, una de ellas dijo que “nosotras nunca oímos hablar de REDD”. Eso llama la atención, considerando el papel fundamental de las mujeres en la conservación de los bosques.

Consideraciones finales

Este proyecto piloto REDD llegó a la región Este de la RDC creando muchas expectativas entre los diversos actores involucrados, principalmente entre las comunidades locales. Sin embargo, hasta el momento, el proyecto contribuyó más a fortalecer y beneficiar la presencia e imagen de CI y Walt Disney, como protectoras de bosques, llamados comunitarios.

Mientras tanto, ocurre un conflicto grave sobre el derecho a la tierra y al bosque, que involucra a una parte significativa de la comunidad de Kisimba e Ikobo. Ese conflicto merece una solución urgente por parte de las autoridades.

En verdad, la experiencia demuestra que en la lógica de REDD, las comunidades se transforman en un ‘obstáculo’, incluso identificadas como causantes de deforestación en los informes elaborados dentro del proceso oficial de REDD en la RDC. En este sentido, la lucha de la parte significativa de las comunidades de Kisimba e Ikobo por otra forma de manejo forestal, basado en el respeto por sus derechos territoriales y por su uso de los bosques, parece ser más difícil y distante. Lo que es urgente para ellos son avances legales y prácticas para poder implantar su propuesta de manejo forestal comunitaria, algo que tiene el apoyo y es parte esencial del trabajo de varias ONGs locales de la región, como por ejemplo, Reseau CREF, a partir de la convicción de que esta propuesta es importante para el futuro de las comunidades y de la conservación de los bosques en la RDC.

Finalmente, la supervivencia del bosque y de las comunidades que dependen de él en la RDC no puede volverse rehén de la comercialización del carbono dentro de la lógica de REDD. Es inaceptable que el sufrimiento de comunidades locales en un contexto de años de guerra y violencia aumente todavía más en función del interés de una empresa norteamericana de continuar contaminando, produciendo así, con relativamente pocos recursos, una imagen de protectora del bosque.

(1) Este artículo se basa en este estudio de caso, promovido por el WRM en mayo de 2011, sobre el proyecto piloto REDD de Walt Disney/CI en la RDC. El informe general de este estudio es de autoría de Belmond Tchoumba y será publicado por el WRM en setiembre de 2011.
(2) Forest Carbon Partnership Facility –Organismo para facilitar asociaciones de carbono
(3) Es el programa REDD de las Naciones Unidas que pretende contribuir con los países para preparar su estrategia REDD+
(4) Ver www.wrm.org.uy Oil Palm in Africa: past, present and future scenarios.
(5) Ver www.wrm.org.uy
(6) Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos
(7) Programa Regional de Medio Ambiente para África Central de USAID
(8) Instituto Congoleño de Conservación de la Naturaleza
(9) Reserva Comunitaria de Primates de Bakumbule