Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Brasil: mujeres afectadas por represas – cambios en el modo de vida

La construcción de centrales hidroeléctricas en Brasil está marcada por la falta de respeto al medio ambiente y a la sociedad, y principalmente, por la falta de respeto a las comunidades afectadas, que ven cómo sus modos de vida se modifican radicalmente y cómo se anulan en nombre del “desarrollo de la sociedad capitalista”. En Brasil ya se construyeron más de 2.000 represas que expulsaron a más de 1 millón de personas de sus tierras. Hay proyectos del gobierno federal que prevén la construcción de otras 1.443 represas en los próximos 20 años; son obras que traen aparejada  la falsa promesa de generación de empleos y desarrollo, de respeto a la naturaleza, de energía más barata para el pueblo y de garantizar el derecho de las familias a ser indemnizadas.  Sin embargo, lo que hemos vivido hasta ahora es el control de las represas en manos de las multinacionales, la generación de pocos empleos, la energía más cara para los trabajadores y la falta de pago de indemnizaciones.

Es decir, hay una dictadura instalada contra el pueblo que vive a orillas de los ríos. Y no son sólo impactos concretos y materiales, como la inundación de bosques, ciudades, escuelas, casas, sino también impactos no materiales y afectivos; porque con la pérdida del vínculo espacial también se pierden, entre otros,  los vínculos familiares, la vivencia con la comunidad y la referencia del entorno- pérdidas que atacan directamente al “sentimiento”, causando graves daños a la salud e al bienestar de las poblaciones afectadas.

Cambios de costumbres e inferencias económicas

No podemos atribuir a los proyectos hidroeléctricos toda la responsabilidad por la desigualdad en las relaciones de género, pero sí sabemos que modifican las condiciones preexistentes y que tienden a agravarlas. La sociedad capitalista y patriarcal se refuerza con el accionar de las empresas en iniciativas locales (donde la represa está siendo o fue construida) y estructurales del modelo capitalista.

Al anunciar la construcción de las centrales se desatan diferentes reacciones de conducta entre mujeres y hombres. En la mayor parte de los casos, se constata que las mujeres tienen fuerte resistencia a salir del territorio y no logran asimilar la posibilidad de cambios en su espacio. Por su parte, algunos hombres se convencen más fácilmente y ven la posibilidad de obtener una compensación financiera al salir del lugar. Uno de los factores que justifica esto es que, históricamente, los hombres se vinculan a las actividades que generan o mueven recursos financieros (dinero), mientras que las mujeres no.

Al residir en áreas rurales, la mayoría de las mujeres afectadas por las represas mantienen una estrecha relación con la tierra. Usan los recursos de la naturaleza principalmente para la alimentación, pero también usan otros bienes destinados al consumo de la familia, como infusiones, leña para cocinar y como fuente de calor, etc. En este sentido, las mujeres son las principales víctimas de la degradación ambiental, lo que resulta en pérdidas inconmensurables para las comunidades que dependen de la naturaleza para su sustento.

Esto se comprueba por el dato de que el 70% de las familias afectadas por represas en Brasil no recibió indemnización y en los pocos casos de reconocimiento de derechos, la nueva superficie es mucho menor que la anterior. De este modo, las mujeres pierden su espacio de producción campesina y de autonomía. Pierden su huerto o jardín, el área de producción variada de alimentos (árboles frutales, hierbas medicinales y animales domésticos), el área de experimentación y conservación de semillas, de complementación de sus ingresos y de enriquecimiento de la dieta nutricional de las familias- espacios donde las mujeres determinaban qué iban a plantar, como iban a hacerlo, qué semillas iban a cultivar, etc.

Tal cambio no implica solamente la pérdida del espacio de poder y decisión de la mujer, sino el aumento de su dependencia económica en relación al mercado y a la farmacia, por ejemplo. En las comunidades que antes de la represa mantenían la relación con la naturaleza como un factor fundamental para la continuidad de su modo de vida, en el nuevo contexto, las mujeres son las más perjudicadas y tienden a sufrir tales impactos negativos con mayor intensidad.

El proceso de vaciamiento de las comunidades que se quedaron y no fueron afectadas por la inundación del lago, tiene como consecuencia la pérdida de los lazos familiares, de las relaciones con el entorno y el vaciamiento de los espacios de encuentro comunitario, como la iglesia. A medida que las comunidades se vacían, escasea el servicio de transporte público, se cierran escuelas rurales y sistemas locales de salud. Es posible, entonces,  imaginar el impacto sobre la vida de las mujeres, ya que recae sobre ellas el cuidado de la familia, de los niños, personas mayores, portadores de necesidades especiales, etc. Con la escasez, y muchas veces la suspensión, de los servicios públicos de transporte la movilidad de las mujeres, y potencialmente el acceso a empleos, estudios y diversión, se hace más difícil.

Estas poblaciones fueron expropiadas no solo en el sentido jurídico. Estas personas que viven de los ríos, perdieron sus condiciones materiales de trabajo y fueron desarraigadas, transplantadas geográfica y culturalmente, expropiadas de un saber y de una sintonía con el medio físico, su entorno, con valores “abstractos” pero de gran importancia sentimental y principalmente referencial, que nunca serán reconstruidos ni pueden ser medidos en dinero.

Relaciones afectivas y la salud de la mujer

El empobrecimiento y el trauma con la ruptura social de las comunidades tienen un efecto más grave sobre las mujeres, principalmente en cuanto a sus relaciones afectivas y de salud. En algunos casos, el empobrecimiento, generado por el desplazamiento forzado de las personas y la violenta llegada de estas obras enormes, aumenta la falta de entendimiento, la desestructuración familiar, el abandono de las familias y la migración masculina para las áreas urbanas, elevando el número de casas lideradas por mujeres, que pasan a enfrentar solas toda la responsabilidad de la crianza de los hijos. El aumento de la violencia doméstica, como consecuencia del alcoholismo, es otro efecto agravado por la desestructuración de las familias y el empobrecimiento.

En relación con la salud, es común que la administración de la casa y el bienestar de la familia sea responsabilidad de la mujer. Ella es quien controla lo que hay y lo que falta, y visualiza la necesidad de “economizar” los recursos disponibles para asegurar su existencia por más tiempo. Eso se refleja en la situación nutricional, a pesar del hecho de que los modelos culturales, en las diferentes regiones del país, reproducen la desigualdad entre géneros cuando se trata de la distribución del alimento en el interior de las familias. En algunos estudios, se constató que era recurrente la distribución desigual de los alimentos entre hombres y mujeres en la familia, especialmente en situaciones de mayor escasez, como ocurre tras la llegada de las represas. “A las mujeres y niñas se les atribuye una porción menor o se les excluyen algunos alimentos considerados más “fuertes” (la carne, por ejemplo), ya que su trabajo se considera “liviano” y exige “menos reposición de energía”.

También en relación con la salud de las mujeres, la llegada de trabajadores de otras regiones y estados para la construcción de las represas y la consecuente urbanización de la región son otros factores que pueden aumentar el nivel de enfermedades de transmisión sexual, especialmente el SIDA. Además, se da el aumento de casos de embarazo de adolescentes, que inmediatamente son abandonadas porque tras la construcción de la represa, los jóvenes buscan trabajo en otro lugar.

Como si no fueran suficientes tales relaciones “ocasionales”, una de las estrategias usadas por las empresas es la contratación de jóvenes para que seduzcan a las chicas y así se acercan a las familias con la finalidad de convencerlos para que salgan pacíficamente de la comunidad y para que no participen de las actividades propuestas por la organización de los afectados por las represas. Se constata también la instalación de “negocios de prostitución”, popularmente conocidos como “zonas”, en las proximidades de las instalaciones de las represas o de los alojamientos de los trabajadores. Esta estrategia de las empresas tiene el objetivo de “entretener” a los obreros, que están lejos de sus familias hace bastante tiempo. En algunos casos, se da la mercantilización del cuerpo de las mujeres con la venta de adolescentes para la prostitución, lo que puede llegar a influir y a facilitar el tráfico internacional de mujeres.

Los hechos anteriormente señalados son apenas algunas de las pérdidas que sufren las mujeres como consecuencia de la construcción de represas. Son innumerables las consecuencias que afectan a las mujeres y nuestro objetivo es ponerlo en discusión enfatizando las problemáticas que afectan directamente a las mujeres que fueron dejadas en el olvido a lo largo del tiempo haciendo casi invisibles las cuestiones de género. Es posible que también haya muchas otras cuestiones abiertas a la discusión y tomadas para el análisis y la profundización, para el reconocimiento de las mujeres como sujetos políticos en el proceso de transformación social.

Por Movimento dos Atingidos por Barragens – Brasil, enviado por el Setor de Comunicação – MAB,  correo electrónico: imprensa@mabnacional.org.brwww.mabnacional.org.br