Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Palma aceitera en Nigeria: la producción en masa desplaza a pequeños productores y mujeres

África Occidental solía ser el centro de la industria del aceite de palma. La exportación de semillas de palma comenzó en 1832 y para 1911 el África Occidental “británica” exportaba 157.000 toneladas de las cuales el 75 por ciento provenía de Nigeria. En los años 1870, los administradores británicos mudaron la planta a Malasia y en 1934 dicho país sobrepasó a Nigeria como el mayor exportador de este producto. Para 1966, Malasia e Indonesia habían superado la producción total de aceite de palma de África.

En Nigeria, la palma aceitera es nativa de la planicie costera y migró tierra adentro como un cultivo básico. El 80% de la producción proviene de varios millones de pequeños agricultores desperdigados en una superficie que se estima abarca aproximadamente entre 1,65 millones de hectáreas y 3 millones de hectáreas como máximo. Para millones de nigerianos, el cultivo de la palma aceitera es parte de su forma de vida – de hecho, es parte de su cultura.

Como informó Chima Uzoma Darlington, un Ngwa del Estado de Abia de Nigeria, “en tierras Ngwa y en la mayor parte de Nigeria oriental, el árbol de palma tiene un gran valor. Contribuye tanto a la economía rural que lo llamamos ‘Osisi na ami ego’ en mi dialecto, lo cual significa literalmente ‘el árbol que produce dinero’. Aparte del aceite, prácticamente todas las partes del árbol contribuyen a la manutención rural. De las hojas de palma obtenemos materiales para hacer cestos y escobas. El árbol se sangra para obtener vino de palma, sobre todo en el Estado de Enugu; y muchos hombres jóvenes del área rural ganan su sustento como cosechadores de frutos de palma, mientras que numerosas mujeres (solteras o casadas) comercializan los frutos”.

“En mi lugar de origen, muchos de nuestros hijos que hoy ocupan una posición destacada fueron educados utilizando las ganancias provenientes de las palmas. Hasta el día de hoy, numerosos proyectos de desarrollo son financiados con lo recaudado por la venta de frutos de la palma aceitera. Frente a un proyecto de ese tipo, el Jefe de la Aldea o Jefe Comunal impone una prohibición a la cosecha individual de frutos de la palma aceitera por un período específico.

Cuando llega el momento de cosechar, los miembros de la aldea o la comunidad en su conjunto deben pagar una determinada cantidad de dinero para poder participar en la cosecha, la cual se lleva a cabo de manera colectiva, en una fecha acordada. Ésta es también una de las formas en que lograron educar a algunos de nuestros hijos más prominentes. E incluso hasta el presente, los habitantes indigentes de la zona rural siguen entregando sus palmeras a otras personas para obtener dinero con el cual cubrir algunas necesidades, como enviar a sus hijos a la escuela.”

Como se documentó en el caso del Estado de Akwa Ibom, un estado costero del sudeste de Nigeria y una de las zonas donde se produce aceite de palma en grandes cantidades, las mujeres tienen un papel importante en la producción, almacenamiento y comercialización del aceite de palma rojo, un ingrediente común en la preparación de casi todos los platos preparados en Nigeria.

La transformación de las frutas en aceite vegetal es en general realizada por las mujeres. El proceso comienza con la cosecha de las frutas maduras que crecen en racimos que pesan entre 20 y 30 kilos. Las mujeres trabajan colectivamente en grupos de 2 ó 3. Las frutas cosechadas son separadas en racimos más pequeños y rociadas con agua; luego se cubren con gruesas bolsas de yute o con hojas de banano para ayudar a la fermentación y simplificar la extracción de las semillas de su tallo espinoso.

Dos o tres días después se recogen las semillas, se lavan y se hierven en bidones de hierro. En general, la noche anterior se prepara una fogata con leña juntada en el lugar, la cual se mantiene encendida para que la preparación esté constantemente caliente. Temprano, a las 4 ó 5 de la mañana, las semillas hervidas, cuyo grueso pericarpio se ha vuelto suave y tierno, son retiradas con un pequeño cesto o un colador y se colocan en un mortero hecho con un bidón de hierro ubicado en un hueco del suelo. Luego se machacan las semillas hervidas con un mortero para separar el pericarpio del resto.

En la siguiente etapa se pasa la mezcla a un recipiente llano o se coloca en el suelo que ha sido previamente cubierto con hojas de banano. Las semillas se separan entonces de los restos fibrosos y se pasan a una prensa cilíndrica. Mientras se va girando la manivela lenta y gradualmente, el aceite que pasa por los agujeros de la prensa es guiado a través de un ducto ubicado en el fondo de la misma, hacia un cuenco, un abrevadero o un recipiente grande. Este proceso se realiza varias veces hasta drenar todo el aceite de la mezcla.

La siguiente etapa consiste en pasar cuidadosamente el aceite a otros recipientes; al hacer esto, las mujeres deben poner atención en que no caiga suciedad, ni fibras u otros elementos en el aceite. El producto terminado, si hay grandes cantidades, puede ser a su vez almacenado en bidones metálicos más grandes, hasta que vengan a comprar el producto a estas mujeres y lo transporten a otras ciudades. Si no hay tanta cantidad de aceite, entonces lo llevan al mercado local para venderlo; de cualquier forma, la mujer Akwa Ibom gana su dinero.

“Estas palmeras”, informa Chima, “crecen en su mayoría naturalmente en sus parcelas y no en monocultivos. La mayor parte de Nigeria oriental cuenta con bosques secundarios de rebrote donde las palmeras son la especie de árbol dominante.”

En el pasado, el gobierno nigeriano había intentado hacer grandes plantaciones de palma aceitera, pero la mayoría resultó un fracaso total. Así sucedió con el proyecto del Estado de Cross River en 1960, y con el “programa de desarrollo rural del cinturón de palma aceitera” financiado por la Unión Europea en la década de 1990. Este último consistía en plantar 6.750 hectáreas de palma en una zona considerada como uno de los mayores remanentes de bosque tropical de Nigeria, y fue ejecutado por una compañía llamada Risonpalm Ltd., que pertenecía en parte al gobierno. A pesar de la oposición local, el proyecto siguió adelante, y la financiación de la UE sólo se interrumpió en 1995, siete años después de su aprobación. La plantación fue abandonada en 1999 y reactivada en 2003. En 2010, el gobernador local anunció su intención de privatizarla.

El Banco Mundial tuvo un papel importante en la promoción del negocio de la palma aceitera en Nigeria. Según un reciente documento del Banco, Nigeria ha sido “el segundo beneficiario de los proyectos del Banco Mundial para el sector del aceite de palma, con seis proyectos financiados durante el período 1975 – 2009. Uno de ellos está aún en ejecución. Los resultados obtenidos fueron la plantación de 42.658 ha de palma aceitera, la mejora de las rutas y el aumento de la capacidad de producción de aceite”.

El Gobierno Federal parece estar dispuesto ahora a revitalizar la producción de palma aceitera. En abril de 2010, lanzó un Common Fund for Commodities “para aumentar el potencial de generación de ingresos de la palma aceitera en África Occidental y Central”. La iniciativa fue desarrollada por UNIDO y la financiación está repartida entre Nigeria, Camerún, UNIDO y el sector privado.

Coincidentemente, funcionarios del Instituto Nigeriano de Investigación sobre la Palma Aceitera (NIFOR según su nombre en inglés) acaban de decir que “la participación del sector privado en la plantación de palma aceitera es determinante para reactivar el negocio en el país”. El Dr. Dere Okiy, director del NIFOR, declaró que “el sistema de tenencia de tierras del país” es un “factor limitante que impide la producción masiva del aceite de palma de forma individual”, y “llamó a los gobiernos locales y estatales a ofrecer tierras a los cultivadores de palma para incentivar la producción masiva de aceite”.

Todo parece indicar que las plantaciones de palma aceitera pueden expandirse en Nigeria – ya sea revitalizando las antiguas o estableciendo nuevas – en ambos casos apuntando al mercado internacional. Sin embargo, como advierte Chima, “El establecimiento de monocultivos suele traer aparejada la destrucción de la vegetación existente, y esto supondrá talar las palmas aceiteras que crecen naturalmente, de las cuales depende la gente para su subsistencia”. Y concluye: “La apropiación de las tierras de la gente del campo para incentivar el monocultivo de palma a gran escala aumentará la pobreza en el medio rural y causará mucho sufrimiento”.

Fuente: “Oil palm in Nigeria”, redactado por el WRM,http://oilpalminafrica.wordpress.com/2010/08/06/oil-palm-in-nigeria/, y comentarios de Chima Uzoma Darlington