Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

De bañeras, comercio de carbono y cambio climático

En 2008 el valor del mercado de carbono aumentó 84 por ciento y el total de transacciones aumentó de 64.000 millones de dólares en 2007 a 118.000 millones en 2008. Con todo ese pasamanos de dinero, seguramente habrá alguna buena noticia que dar sobre la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera. ¿La habrá?

Lamentablemente no. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica del gobierno de los Estados Unidos informa que en 2008 las concentraciones mundiales de dióxido de carbono aumentaron en 2,28 partes por millón.

Los comerciantes de carbono dirigen ahora sus miradas al comercio del carbono almacenado en los bosques del mundo. Esperan que la reducción de las emisiones producto de la deforestación y la degradación de los bosques (REDD por su sigla en inglés) generará grandes cantidades de carbono a ser comercializado. Pero esto tiene tres grandes problemas.

En primer lugar, provocaría una caída de los precios del carbono, quizás incluso hasta provoque el derrumbe del mercado de carbono. Hace poco los precios del carbono experimentaron una brusca caída, lo que hizo que las inversiones en energía renovable fueran menos atractivas. Como señala el Financial Times: “El precio del dióxido de carbono en la Unión Europea cayó a niveles tan bajos que ya dejó de ser un incentivo para el desarrollo de tecnologías con bajas emisiones de dióxido de carbono, y parece poco probable que llegue a serlo en un corto plazo”.

El segundo problema con el comercio del carbono almacenado en los bosques es que le daría una enorme ventaja a los contaminadores que más contribuyeron al efecto invernadero en el mundo. Necesitamos reducir la cantidad de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Esto quiere decir que necesitamos reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero, no encontrar nuevas formas de permitir que continúen las emisiones.

En todo esto subyace una mala interpretación generalizada sobre el cambio climático. Para impedir que el cambio climático se descontrole es necesario que reduzcamos la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Esto significa cortar las emisiones radicalmente –no alcanza con estabilizar las emisiones.

Actualmente la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera es de 386 partes por millón. El Cuarto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) establece que para impedir que el calentamiento global supere los 2ºC es necesario reducir mundialmente las emisiones en un 85 por ciento (en comparación con el año 2000) para 2050. La meta del IPCC es de 450 ppm, pero según James Hansen, de la NASA, el objetivo debe ser 350 ppm. 

Quizás la mejor manera de entender la diferencia entre concentraciones y emisiones es la “analogía de la bañera”, presentada por John Sterman, del Instituto de Tecnología de Massachussets, y linda Booth Sweeney, de la Escuela de Graduados en Educación de Harvard. Ellos explican que la atmósfera es como una bañera: la canilla abierta representa las emisiones de gases de efecto invernadero; el desagüe representa la absorción que hacen las plantas y el océano; y el agua en la bañera representa la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Con la tasa actual de emisiones de gases de efecto invernadero, la cantidad de agua que sale de la canilla es más del doble de la que se va por el desagüe. Así que el nivel de agua de la bañera va en aumento. Para peor, continuamos abriendo un poco más la canilla, aumentando la cantidad de agua que sale. Para impedir que la bañera se desborde no alcanza con dejar igual la canilla (el equivalente a estabilizar las emisiones): tenemos que cerrarla, de manera que entre menos agua a la bañera de la que sale por el desagüe.

Reducir la deforestación equivale a desbloquear el desagüe. Pero comercializar el carbono almacenado en los bosques equivale a abrir más la canilla al mismo tiempo.

El tercer problema vinculado a la comercialización del carbono almacenado en los bosques es que en términos del clima el carbono almacenado en los bosques no es el mismo que el carbono almacenado en los combustibles fósiles. El carbono almacenado en los combustibles fósiles es estable y no ingresará a la atmósfera a menos que se lo desentierre y se lo queme. El carbono almacenado en los bosques es inestable y puede ser fácilmente liberado y devuelto a la atmósfera. Los recientes incendios en Australia ilustran bien este argumento. Esos incendios seguramente aumentarán con el cambio climático. Citando el Cuarto Informe de Evaluación del ICC: “Un aumento del riesgo de incendios en Australia es probable que esté asociado con una reducción del intervalo entre incendios, una mayor intensidad de los incendios, una disminución de la extinción de incendios y una propagación más acelerada de los incendios”. 

Los incendios en Australia fueron una tragedia en la que murieron más de 200 personas y 1.800 hogares resultaron destruidos. También provocaron la liberación de millones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera –más de un tercio de las emisiones anuales de dióxido de carbono de Australia. 

Pero, ¿qué hubiera pasado si el carbono almacenado en los bosques quemados de Australia se hubiera comercializado? Al permitir que se continuara emitiendo en otro lado, la cantidad de dióxido de carbono emitido a la atmósfera se hubiera duplicado. 

Sin duda alguna en necesario detener la deforestación. Pero comercializar el carbono almacenado en los bosques tan solo garantiza que las emisiones de gases de efecto invernadero continúen en otro lugar. La comercialización de carbono no reduce las emisiones. Comercializar el carbono almacenado en los bosques sólo empeorará las cosas. 

Por Chris Lang, chris@chrislang.org