Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Colombia: los indígenas U’wa se enfrentan a las petroleras

Como respuesta a la inmediata y creciente amenaza de la explotación petrolera en sus tierras, el pueblo U´wa ha formulado una declaración reclamando que el gobierno de Colombia y la Occidental Petroleum reconozcan su derecho a rehusarse a aceptar la actividad petrolera en sus tierras, como precondición para cualquier tipo de diálogo a establecerse acerca del desarrollo petrolero. En la declaración se exige asimismo la inmediata retirada de la presencia militar en el territorio U´wa, que ha aumentando drásticamente durante el último mes.

Los U´wa, una nación compuesta por unas 5.000 personas, en la región de bosques nubosos de los Andes, habían manifestado anteriormente que la extracción de petróleo de su tierra conllevaría el suicidio colectivo, una posiblidad todavía abierta (ver Boletín del WRM Nro. 1).

Las demandas planteadas por los U´wa constituyen el último capítulo del proceso legal que se viene desarrollando ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA). El caso fue presentando en mayo de 1997 por la Autoridad Tradicional U´wa y la Organización Nacional Indígena de Colombia, en un intento de lograr reconocimiento legal a la soberanía de los U´wa sobre su morada ancesral y sus recursos. “Ahora dicen que el gobierno quiere saber qué pensamos sobre el proyecto petrolero, pero si no les gusta lo que pensamos, ellos no más van a actuar según su voluntad” dijo Roberto Cobaria, presidente de la Autoridad Tradicional U´wa.

Los derechos de explotación petrolera en el territorio U´wa –conocido entre las compañías petroleras como “Samore block”- fueron otorgados a un consorcio liderado por la Occidental Petroleum, con base en Los Angeles y que incluye a Shell como socio en partes iguales. Las instalaciones petroleras en Colombia se han transformado en un blanco frecuente de la guerrilla popular rural y los líderes U´wa temen que esto se transforme en un factor adicional para el ya alto nivel de violencia que afecta sus tierras.

Fuente: Drillbits & Tailings, Marzo 7 de 1998; volúmen 3, Número 5