Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

La financierización de la naturaleza

financierizacaoPor Chris Lang

19 de agosto de 2015

“La financierización implica aumentar el papel de las motivaciones financieras, los mercados financieros, los agentes financieros y las instituciones financieras en el funcionamiento de las economías nacionales e internacionales”.

Así es como Gerald Epstein define la financierización en su libro Financialization and the World Economy.

Por supuesto, la financierización no es algo nuevo. La especulación es tan antigua como el capitalismo. Pero la financierización actual devora todo a su paso.

La financierización y el camino a la crisis económica de 2008

La financierización despegó en la década de 1970 con la liberalización de los mercados financieros. Recibió un impulso en la década de 1980 bajo Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en el Reino Unido. El surgimiento de las obligaciones de deuda garantizadas y las permutas de incumplimiento crediticio, que supuestamente eliminarían los riesgos como por arte de magia, habilitaron el colapso financiero que comenzó en 2008.

Pero la crisis económica mundial resultante no frenó la financierización. Muy por el contrario. Las operaciones monetarias, el riesgo, los derivados, los títulos y los productos financieros innovadores continúan siendo más rentables y mucho mayores que el comercio de bienes y servicios.

El periodista Matt Taibbi, de la revista Rolling Stone, describe el resultado de la financierización en Estados Unidos:

Lo que ha ocurrido en la última generación es una fusión altamente complicada de delincuencia y política, de robo y gobierno (…). Los líderes financieros de Estados Unidos y sus sirvientes políticos aparentemente llegaron a la cínica conclusión de que no vale la pena salvar a nuestra sociedad y emprendieron una nueva misión que no implica crear riqueza para todos sino simplemente darse a la fuga con toda la posible riqueza que aún quede en nuestra agujereada economía. No nos alimentan, nosotros les damos de comer.

Fibria Celulose: La financierización de la celulosa

La financierización no se limita a Estados Unidos. En Brasil, Fibria Celulose es un buen ejemplo de cómo la financierización se ha apropiado de una empresa cuyo principal medio de lucro parece ser, a primera vista, la producción y venta de papel y celulosa.

En diciembre de 2008, cuando la empresa se llamaba Aracruz Celulose, la compañía sorprendió a sus accionistas al hacer pública una pérdida de 2.130 millones de dólares.

La pérdida no tenía nada que ver con los mercados de celulosa y papel, ni con las grandes extensiones de monocultivos de árboles de las que depende Aracruz para la fabricación de celulosa. La pérdida fue el resultado que Aracruz había apostado a que el valor de la moneda de Brasil seguiría subiendo. Pero la apuesta le salió mal cuando, entre agosto y diciembre de 2008, el real se desplomó un 34% frente al dólar estadounidense.

En lugar de reinvertir las ganancias derivadas de la venta de celulosa para ampliar la producción y obtener más ganancias, Aracruz apostaba sus ganancias a los derivados de divisas.

En 2009, Aracruz se fusionó con Votorantim Celulose e Papel y cambió su nombre a Fibria Celulose.

En 2013, Fibria vendió 210.000 hectáreas de plantaciones de árboles por 695 millones de dólares a una empresa llamada Parkia Participações. Fibria usó el dinero para pagar sus deudas.

Pero esto estaba lejos de ser una transferencia directa de tierras a cambio de dinero, como documentó Winnie Overbeek, del Movimiento Mundial por los Bosques (WRM, por su sigla en inglés).

(Fibria se cotiza en la Bolsa de Valores de Nueva York, lo que significa que los complejos detalles del acuerdo están disponibles en la página web de la Comisión de la Bolsa de Valores.)

Fibria creó cuatro empresas nuevas de propósitos específicos para ser las propietarias de las tierras, y Parkia compró el 100% de las acciones de esas empresas. Parkia fue fundada en 2012; tiene dirección en Río de Janeiro pero no tiene página web. Según la legislación brasileña, las empresas extranjeras no pueden poseer grandes extensiones de tierra. Aunque Parkia es una empresa brasileña, su dinero proviene en parte de fondos de pensiones extranjeros.

En http://tijolaco.com.br/blog/compra-de-terras-e-florestas-envolve-capos-da-multi-que-corrompeu-fiscais-do-iss-paulistano/ es posible encontrar algunos antecedentes interesantes acerca de quiénes están detrás de Parkia.

En virtud de un contrato de 24 años firmado con Parkia, Fibria continuará manejando las plantaciones de la tierra en cuestión. Parkia obtendrá el 40% de la madera extraída y el 60% restante será de Fibria. Según el acuerdo, Fibria también tiene derecho a comprar la madera de Parkia a un precio predeterminado.

Fibria se beneficia de las bonificaciones fiscales del acuerdo. Los pagos de Fibria por concepto de impuestos a la tierra se convierten en “gastos deducibles”, sumándose a las considerables subvenciones fiscales que ya percibe. Parkia, por su parte, percibirá ingresos por la venta de madera a Fibria y es de suponer que especula con que el valor de la tierra aumentará.

¿Qué es la financierización de la naturaleza?

El Movimiento Mundial por los Bosques, Amigos de la Tierra y Alianza Biodiversidad produjeron un breve video que explica la financierización de la naturaleza:

 

 

Amigos de la Tierra Internacional explica que,

La financierización de la naturaleza implica separar los elementos naturales entre sí, incluidos el agua, el aire, la biodiversidad, los paisajes, y hasta su valor cultural y espiritual. Una vez separados, se emiten nuevos títulos de propiedad para cada uno de ellos, o sus partes – y ya no se asocian más con la propiedad de la tierra, ni con los derechos colectivos sobre los territorios ni con la función social de la tierra.

Los nuevos títulos de propiedad que se crean a través de este proceso son conocidos como “capital natural”.

Geoffrey Heal, profesor de la escuela de comercio Columbia Business School, es uno de los cerebros detrás de REDD. Fue fundador de Rainforest Coalition y desde 2012 ha sido el Presidente del Directorio. Heal fue supervisor de Kevin Conrad en su Master en Administración de Empresas, y de 2007 a 2009 fue director de Petromin Holdings PNG Ltd, una compañía de petróleo, gas y minería en Papúa Nueva Guinea.

He aquí cómo explica Heal la diferencia entre capital y capital natural, en una entrevista para el documental Banking Nature”:

De manera que el capital es esencialmente cualquier forma de activo, algo que tiene valor y es intrínsecamente valioso porque con el tiempo genera un flujo de servicios. Así que ésa es la definición económica convencional del capital.

El capital natural es el capital que creó la naturaleza, no nosotros. Así que el sistema climático es capital natural. Hay árboles por ahí que son capital natural, porque brindan servicios. Hacen la fotosíntesis, absorben el dióxido de carbono de la atmósfera y producen oxígeno. Eso es importante y valioso para nosotros. De manera que los árboles, las cuencas hidrográficas, todos son capital natural. La pesca es capital natural. Cosas más complicadas también son capital natural. Así que la biodiversidad es una forma de capital natural.

Esa definición, por si no se dieron cuenta, abarca casi todo lo que hay en el planeta. En palabras del periodista británico George Monbiot, esto es “ponerle precio a todo”. Y una vez que todo tiene un precio, los ricos pueden comprar cualquier cosa que quieran destruir. O preservar. Para las comunidades locales esto último puede ser tan devastador como lo primero, si son expulsadas ​​de sus tierras y privadas de sus medios de vida y sustento.

Ya en 2005, Geoffrey Heal y Kevin Conrad escribieron un artículo en el Financial Times, promoviendo la idea de REDD. Sugirieron un precio de 25 dólares para los créditos REDD:

Ese precio es lo suficientemente alto como para transformar los incentivos económicos y conservar los bosques, y es bastante competitivo con los precios de la madera que actualmente reciben las comunidades locales de las empresas madereras. Reconocer que los créditos de carbono evitan la deforestación convierte a los árboles en pie en un activo que genera ingresos y los hace dignos de conservación.

Heal y Conrad no podían predecir la crisis financiera. Tampoco podían predecir que el Fondo de Carbono del Banco Mundial llegaría a un precio máximo de 5 dólares para los créditos REDD. Tampoco podían predecir el auge de los productos básicos que ahora impulsa la deforestación para la extracción de petróleo, la minería y la expansión de las tierras de cultivo en América Latina.

Heal y Conrad tampoco podían predecir que los países, los inversores y los especuladores comenzarían a comprar vastas extensiones de tierra. El periodista Fred Pearce, autor de “The Landgrabbers”, argumenta que “El impacto del acaparamiento de tierras en las vidas de las personas pobres es mayor que el del cambio climático”.

Los impactos en las comunidades y en los Pueblos Indígenas

En 2011, en una presentación en ocasión de una conferencia celebrada en París sobre la financierización de los recursos naturales, Antonio Tricarico de Re:Common explicó los peligros de la financierización de la naturaleza:

Cuando se aplica a los recursos naturales y a los productos básicos a través de la financierización , este capitalismo extremo tiene consecuencias graves, ya que no se limita a promover la mercantilización de la naturaleza y de los bienes de uso común en general sino que pone el manejo de los bienes de uso común en manos de los mercados financieros de aquí en más.

Durante muchos años, las comunidades locales y los Pueblos Indígenas han estado luchando por recuperar sus tierras de compañías como Fibria Celulose.

Esa lucha se vuelve mucho más difícil cuando el dueño de la tierra no es una planta de celulosa con mal olor, en Espíritu Santo, sino una compañía a cientos de kilómetros, en Río de Janeiro.

Una vez que los bienes de uso común quedan cercados y bajo el control de mercados financieros anónimos que no rinden cuentas ante nadie, el espacio político para la protesta se reduce enormemente.

La financierización de la naturaleza no tiene que ver con la conservación de la biodiversidad. No trata del respeto de los derechos de los pueblos indígenas. Ni trata de los derechos a la tierra o los derechos humanos. Tampoco trata de la protección de los bosques, los ríos o los mares. Y menos aún trata de la prevención del cambio climático.

Por supuesto que todos esos argumentos se manejan a la hora de defender la financierización de la naturaleza, pero son una cortina de humo.

La financierización de la naturaleza tiene que ver con la necesidad de crear nuevos activos. Trata de la ampliación de la especulación financiera. Y tiene que ver con que algunas personas se hagan fantásticamente ricas, mientras por otro lado aumenta la pobreza, la falta de tierras y la desigualdad.