Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Noruega paga a Brasil mil millones de dólares. Pero ¿para qué, exactamente?

norwayPor Chris Lang

1 de octubre 2015

En 2008, Noruega acordó pagar mil millones de dólares al Fondo Amazonia de Brasil si este país reducía la deforestación en la Amazonia. Hasta la fecha, Noruega entregó 900 millones de dólares y pagará los últimos 100 millones antes de finales de este año.

En un reciente comunicado de prensa, el gobierno noruego explica que los pagos son por concepto de “reconocimiento de los notables resultados de Brasil en materia de reducción de la deforestación de la Amazonia en la última década”.

En el comunicado de prensa intervienen numerosas personas que nos dicen que los mil millones de dólares de Noruega ayudaron a reducir la deforestación en Brasil.

Ban Ki-moon, Secretario General de la ONU:

La asociación entre Brasil y Noruega a través del Fondo Amazonia muestra el redoblado apoyo a una de las acciones de mitigación del cambio climático más colosales de las últimas décadas. Se trata de un excelente ejemplo del tipo de colaboración internacional que necesitamos para garantizar la futura sostenibilidad de nuestro planeta”.

Izabella Teixeira, Ministra de Medio Ambiente de Brasil:

El Fondo Amazonia consolidó la reducción significativa de las emisiones causadas por la deforestación en la Amazonia – la mejor noticia de los últimos años en lo que respecta al cambio climático. Gracias a las contribuciones de Noruega, el Fondo Amazonia se convirtió en el ancla de los esfuerzos de Brasil por habilitar un nuevo paradigma de producción y protección del desarrollo sostenible.

Tine Sundtoft, Ministra de Clima y Medio Ambiente de Noruega:

Los logros de Brasil en la reducción de la deforestación en la Amazonia son realmente impresionantes. Los beneficios para el clima mundial, la biodiversidad y los servicios ecosistémicos vitales, así como para la gente que vive en y fuera de la Amazonia, son inconmensurables. A través del Fondo Amazonia, Brasil creó lo que se ha convertido en un modelo para otros fondos nacionales destinados a enfrentar el cambio climático. Estamos orgullosos de asociarnos con Brasil en este esfuerzo.

Carlos Rittl, Secretario Ejecutivo del Observatório do Clima, de Brasil:

El Fondo Amazonia ha sido un instrumento importante para promover políticas, medidas y acciones innovadoras tendientes a lograr un verdadero desarrollo sostenible, así como para cambiar la lógica económica que está detrás de la destrucción de los bosques, tanto en la Amazonia como en otras regiones.

Mark R. Tercek, Presidente y directivo de The Nature Conservancy:

El Fondo Amazonia brinda un capital vital para proyectos innovadores destinados a frenar la deforestación, mitigar el cambio climático y fortalecer el desarrollo sostenible. Estoy encantado de ver que Noruega aumentó su inversión en el Fondo Amazonia. Ofrece la oportunidad de profundizar tan importante trabajo y demuestra que la cooperación Norte-Sur es crucial para resolver los complejos desafíos en materia de conservación, como el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Este tipo de compromiso resulta esencial en momentos en que las naciones se disponen a negociar un nuevo acuerdo mundial sobre el clima, en diciembre, en París.

La deforestación se redujo drásticamente en Brasil. Pero ¿qué papel jugaron en eso los mil millones de dólares que aportó Noruega? ¿Y acaso la deforestación se mudó a otro lugar?

La deforestación comenzó a reducirse en 2004 y esa reducción se aceleró antes de que comenzaran los pagos de Noruega.

El primer problema es que la deforestación en Brasil comenzó a caer en 2004, como lo ilustra este gráfico de mongabay.com:

Deforestation_Amazon

La tasa de reducción de la deforestación se aceleró entre 2004 y 2007 en la Amazonia brasileña. A partir de 2008, cuando comenzaron los pagos de Noruega, la reducción de la deforestación fue menos sorprendente.

Per Frederik Pharo, Director de la Iniciativa Internacional sobre el Clima y los Bosques, de Noruega, sostiene que los mil millones de dólares de Noruega ayudaron a debilitar el lobby del agronegocio en Brasil:

[C]onsideren lo que podría haber ocurrido si Brasil no hubiera recibido ningún tipo de apoyo financiero internacional, después de lograr lo que probablemente sea la mayor reducción individual de emisiones de gases de efecto invernadero del mundo en los últimos años. Las fuerzas que quieren la conversión a gran escala de la Amazonia con fines agrícolas hubieran tenido más posibilidades; quienes quieren protegerla se hubieran debilitado.

Éste es uno de los  argumentos falaces más apreciados por los impulsores de REDD.

¿Qué fue lo que redujo la deforestación en Brasil?

En un informe de 2014, la organización Union of Concerned Scientists argumentó que el acuerdo entre Brasil y Noruega – “el mayor programa REDD+ del mundo” – contribuyó a reducir la deforestación en Brasil.

El informe describe entonces una serie de medidas que contribuyeron a reducir la deforestación en Brasil, pero en su mayoría tuvieron lugar antes del acuerdo entre Brasil y Noruega, y las demás no tienen nada que ver con REDD ni con Noruega:

El establecimiento de nuevas áreas protegidas durante el gobierno del presidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002).

El Plan para la Prevención y Lucha contra la deforestación en la Amazonia, lanzado después de la elección del presidente Luis Inácio Lula da Silva en 2002.

En 2006, a raíz de un informe de Greenpeace titulado “Devorando la Amazonia”, la industria de la soja acordó no comprar granos de soja de tierras que hubieran sido deforestadas después del 24 de junio de 2006.

Una campaña Deforestación Cero que comenzó en 2008.

En 2009, los cuatro mayores mataderos de la industria de carne vacuna de Brasil acordaron una moratoria a la deforestación en la Amazonia.

Además, desde 2005 Brasil hizo aplicar el Código Forestal. Los agricultores podían acceder al crédito solamente  si cumplían con el Código Forestal. Y se les exigía que georeferenciaran las zonas de bosque de sus tierras en un registro nacional.

En 2012, el Código Forestal de Brasil se debilitó, permitiendo que se concediera una amnistía a la destrucción anterior del bosque, y reduciendo la superficie de las tierras protegidas.

La deforestación va en aumento

La mala noticia es que la deforestación en Brasil va en aumento. A principios de este año, el gobierno brasileño confirmó que la tasa de deforestación en la Amazonia es significativamente más alta que un año atrás.

Una de las razones podría ser la caída de la moneda brasileña, el real, frente al dólar estadounidense. Las exportaciones de los productos agrícolas tienen precios en dólares y el debilitamiento del real aumenta el valor local de las exportaciones. El aumento de las ganancias es un incentivo a la tala de los bosques para cultivar productos agrícolas comerciales.

Otro problema es que las cifras de la deforestación se basan en datos satelitales que pueden no ubicar zonas de destrucción del bosque más pequeñas. Un estudio reciente publicado por la Iniciativa de Política Climática (CPI, por su sigla en inglés) señala que “En algún momento resultado de desmontes a gran escala, la deforestación amazónica ahora ocurre principalmente en pequeñas cantidades”. Cada vez es más común encontrar claros del bosque de menos de 25 hectáreas – posiblemente para evitar la detección por satélite.

Pérdida de bosques 

En una entrada de blog, Mikaela Weisse y Rachael Petersen, de Global Forest Watch, analizan datos recientes sobre la pérdida de la cobertura arbórea en Indonesia y Brasil, la que en 2014 aumentó en ambos países.

Escriben que en Brasil,

nuestros datos también indican que la pérdida de la cobertura arbórea fuera de la Amazonia brasileña da cuenta en forma creciente de la pérdida total del país (el bioma amazónico es uno de los varios biomas forestales de Brasil, y por lejos el más grande). Entre 2001 y 2007, la pérdida de la cobertura arbórea en los biomas Caatinga, Pantanal, Mata Atlántica, Pampa y Cerrado representó alrededor del 36 por ciento de la pérdida total de Brasil. Entre 2008 y 2014, estas zonas representaron el 46 por ciento de la pérdida nacional.

Wiesse y Petersen señalan que parte de esta pérdida de árboles podría ser el resultado de la cosecha de plantaciones industriales de árboles, que reemplazaron grandes extensiones de praderas y bosques en estos biomas. “Es necesario investigar más para determinar cuánto de la pérdida de cobertura arbórea de estas zonas ocurre en bosques naturales”, escriben.

El gráfico de Global Forest Watch muestra la pérdida de cobertura arbórea que corresponde a zonas fuera de la Amazonia (el verde oscuro muestra la pérdida de cobertura arbórea en la Amazonia, el verde claro fuera de la Amazonia, y la línea roja muestra el promedio de tres años de la pérdida total de cobertura arbórea en Brasil):

Pérdida anual de cobertura arbórea

Perda_Cobertura_arborea

(millones de hectáreas)

Se trata de una la reducción de la deforestación en una zona pero el aumento en otra. Paraguay tiene una de las tasas de deforestación más aceleradas del mundo. Se están talando los bosques del Chaco para dar paso a explotaciones ganaderas y plantaciones de soja.

Noruega pagó 1.000 millones de dólares a Brasil para reducir la deforestación en la Amazonia. Pero si esta reducción de la deforestación se produce a expensas de los bosques de otras zonas de Brasil y países vecinos, ¿acaso se pagó a Brasil para que trasladara la deforestación, en lugar de reducirla?

Global Forest Watch utiliza datos sobre cobertura arbórea (que no es lo mismo que cobertura forestal). Así es como Forest Watch Global explica la cobertura arbórea:

La “cobertura arbórea” se refiere a la presencia biofísica de árboles, los cuales pueden ser parte de bosques naturales o de plantaciones de árboles. Por lo tanto, la pérdida de cobertura arbórea puede deberse a múltiples razones, entre ellas la deforestación, los incendios y la tala en el curso de operaciones forestales sostenibles. Del mismo modo, el aumento de cobertura arbórea puede indicar el crecimiento del dosel arbóreo tanto de bosques naturales como de bosques intervenidos.