Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

“REDD no sólo es una falsa solución al cambio climático, REDD también representa una grave amenaza para las comunidades que dependen de los bosques”

wrmEntrevista a Winnie Overbeek, Movimiento Mundial por los Bosques (WRM).

Por Chris Lang, 26 de agosto de 2015.

Entrevista a Winnie Overbeek, Coordinador Internacional del Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (WRM, por su sigla en inglés). La entrevista fue realizada en agosto de 2015 por correo electrónico.

REDD-Monitor: ¿Podría describir al WRM y a su trabajo con los movimientos sociales en Brasil y en todo el mundo?

Winnie Overbeek: El Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (WRM, por su sigla en inglés) fue creado en 1986 por un grupo de activistas de diferentes países y continentes para facilitar, apoyar y fortalecer las luchas contra la deforestación y el acaparamiento de tierras en los países con bosques.

Es también objetivo del WRM denunciar cómo las iniciativas y políticas dirigidas por los gobiernos, la FAO, el Banco Mundial y otros, y que fueron presentadas como soluciones para detener o revertir la deforestación, no lograron conservar los bosques ni atender las demandas de los pueblos y comunidades que dependen de los bosques, porque no abordan las causas directas y subyacentes de la deforestación. En esas iniciativas internacionales suele ocurrir que las comunidades que dependen de los bosques – a las que no se les dio participación en la formulación de dichas iniciativas – son culpadas equívocamente de tener la mayor responsabilidad de la deforestación.

El WRM realiza sus actividades a través de un equipo que funciona como secretaría internacional e interactúa con cientos de organizaciones comunitarias, movimientos sociales, organizaciones no gubernamentales y organizaciones de pueblos indígenas de países de África, Asia y América Latina. En Brasil hemos interactuado – y seguimos haciéndolo – con varios movimientos sociales de mujeres, campesinos, pueblos indígenas y pueblos de los bosques.

REDD-Monitor: ¿Cuál es la posición del WRM sobre REDD? ¿Y cuál es el análisis del WRM con respecto a cómo el mecanismo REDD se aplica internacionalmente a través de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), y en Brasil a través de una serie de actores, incluido el gobierno (a escala tanto federal como estatal), ONGs conservacionistas y empresas?

Winnie Overbeek: REDD no sólo es una falsa solución al cambio climático, REDD también representa una grave amenaza para las comunidades que dependen de los bosques. Esto es lo que hemos aprendido de las comunidades afectadas por los proyectos REDD+ que pudimos visitar y/o con las que hemos hablado con los últimos años. A partir de estas experiencias de todo el mundo elaboramos un folleto llamado “10 alertas sobre REDD para comunidades”.

Una de nuestras actividades ha sido la de apoyar a varias de estas comunidades en sus luchas para defender sus territorios y el bosque contra los proyectos REDD y contra quienes impulsan esos proyectos.

A principios de este año el WRM también publicó un informe que resume algunas conclusiones de la documentación disponible en 24 iniciativas REDD en todo el mundo. Entre esos ejemplos no solamente hay proyectos individuales sino también iniciativas a nivel jurisdiccional, como el Programa ONU-REDD en Nigeria. El título del informe resume nuestros hallazgos: “REDD: una colección de conflictos, contradicciones y mentiras” .

A través de la CMNUCC, casi 10 años de discusiones sobre cómo hacer funcionar REDD no pudieron resolver los problemas estructurales básicos del mecanismo REDD. Por ejemplo, ¿cómo es posible calcular cuánto carbono almacena determinada superficie de bosque, ahora y en el futuro, con y sin un proyecto?

Además, y lamentablemente, los años de tiempo y energía dedicados a discutir REDD en la CMNUCC fueron a expensas de que los gobiernos centralizaran su tiempo y energía en debates vitales sobre cómo llegar a soluciones reales para enfrentar el cambio climático. En otras palabras, cómo enfrentar las raíces del problema: la extracción de petróleo, carbón y gas natural y un modelo económico que depende de la destrucción de las culturas, la biodiversidad y las formas de vida de los pueblos.

En Brasil, una amplia gama de actores ha promovido REDD. Se iniciaron proyectos individuales, apoyados por “vaqueros del carbono”, como en el caso del proyecto Mundukuru, y también por empresas transnacionales junto con ONGs conservacionistas internacionales, como es el caso del proyecto Guaraqueçaba en Paraná.

También hay iniciativas apoyadas o iniciadas por grupos conservacionistas internacionales y por gobiernos estatales de la región de la selva amazónica.

El gobierno de Acre ha sido particularmente activo y hace unos años adoptó probablemente una de las leyes más detalladas de todo el mundo con el objetivo de establecer un sistema para incentivar los llamados servicios ambientales, en especial el carbono forestal. El hecho de que la primera versión de esta ley fuera escrita en inglés y la tradujeran sólo para que los parlamentarios la aprobaran, muestra claramente que REDD en Brasil, como en otros lugares, es impuesto de manera verticalista.

Son grupos de presión internacionales los que promueven este tipo de iniciativas, que los gobiernos reciben con entusiasmo con la esperanza de poder conseguir un montón de dinero.

Sin embargo, a partir de nuestras visitas de campo y de las conversaciones con las comunidades locales, aprendimos que las políticas REDD no garantizan para nada la conservación de los bosques. La extracción de madera que ahora se llama “sostenible” tiene cifras de extracción que continúan en aumento, y en Acre hay planes incluso de comenzar a extraer petróleo en el bosque.

Por lo tanto, la llamada “economía verde” está lejos de ser “verde” y más bien está destinada a ser una cortina de humo para continuar con un modelo de desarrollo contaminante, destructivo y dominante. Por ejemplo, “el acuerdo de gobernadores” de Acre-California-Chiapas sobre REDD incluyó la idea de que la contaminante industria pesada de California podría compensar parte de sus emisiones de gases de efecto invernadero a través de la compra de créditos de carbono forestal en Acre (ver más sobre este acuerdo aquí).

REDD-Monitor: ¿Cuál es la posición del WRM sobre REDD como mecanismo de comercio de carbono? ¿El WRM considera que poner precio al carbono es una parte importante de la lucha contra el cambio climático?

Winnie Overbeek: El inmenso valor e importancia de los bosques ha sido reconocido desde hace largo tiempo, en particular por aquellos para quienes los bosques constituyen su medio de vida y sustento, y su hogar.

Queda totalmente claro que poner precio a los bosques o al carbono almacenado en los bosques se alinea con las relaciones de poder profundamente desiguales que determinan la suerte de los bosques – y que generalmente ignoran a quienes han protegido al bosque de quienes lo destruyen para su beneficio, vendiendo las partes del bosque visibles para el capital: la tierra, la madera y otros “recursos naturales”.

Haberles puesto un precio en las rondas anteriores donde se hizo la valoración económica de la naturaleza, no salvó al bosque de la destrucción ni logró que se respeten los derechos de los pueblos del bosque. Lo mismo volvería a ocurrir si se crea otro activo de las múltiples y diversas relaciones humanas y no humanas que crean y conforman un bosque.

Por otro lado, poner un precio al carbono es fundamental para la creación de los mercados de carbono. Poner un precio al carbono es la conclusión lógica si el cambio climático es visto sólo como un problema cuantitativo – demasiado dióxido de carbono en el lugar equivocado – y no como un problema estructural causado por la desigualdad de poder y por un modelo económico destructivo que se basa en esa desigualdad.

Las soluciones propuestas dependen, en primer lugar, de cómo se entiende – cómo se enmarca – el problema del cambio climático. Y reducirlo a un problema meramente cuantitativo que puede resolverse abordando la falla del mercado que según esta explicación ha causado el cambio climático – es decir, poniéndole un precio al carbono – ha conducido a falsas soluciones, como el comercio de carbono. Cambian las cosas rápidamente para que todo siga como está.

Pero para aquellos que entienden el cambio climático como el síntoma de un modelo de desarrollo que exige un constante crecimiento para sobrevivir y que reclaman “cambiar el sistema, no el clima”, poner un precio al carbono es una solución que, finalmente, será peor que el problema.

Hace tiempo que el WRM viene analizando y sumando esfuerzos con otros grupos para demostrar que los mercados de carbono, incluidos los mercados de carbono forestal, son una solución falsa a la crisis climática, y que no reducirán sino que aumentarán las emisiones totales. Los mercados de carbono han distraído de la necesidad de adoptar medidas verdaderas para abordar la principal causa estructural del cambio climático: la extracción de petróleo, carbón y gas natural.

Además, transformar un bosque en unidades de carbono negociable que puede ser comprado y vendido en los mercados de carbono para obtener bonos de carbono representa la introducción de un nuevo tipo de derechos de propiedad sobre los bosques. Los compradores de bonos de carbono quieren estar seguros de que el “producto” o el “servicio” que compran – carbono almacenado en un bosque en algún lugar – está allí y continuará estando durante el lapso de tiempo que el carbono que emitieron interfiera con el clima.

Por lo tanto, REDD como mecanismo del mercado de carbono aumenta el control de los agentes financieros y su lógica de maximización de la ganancia a partir de zonas de bosques tropicales. Esto menoscaba los derechos y el control de los pueblos de los bosques y los pueblos que dependen de los bosques sobre sus territorios y bosques: los contratos de carbono casi siempre garantizan al propietario del bono de carbono el libre acceso al territorio en el que se almacena el carbono, y estos contratos también determinan cómo puede utilizarse o no utilizarse la tierra que genera el crédito de carbono.

Esto a su vez restringe las prácticas tradicionales de uso del bosque por las comunidades cuyo sustento depende de dichas prácticas. De este modo, pierden el derecho a usar el bosque en las formas en las que les proporcionaba el sustento, mientras que las promesas de los impulsores del proyecto REDD sobre empleo y opciones alternativas de generación de ingresos en general, suelen convertirse en promesas vacías, que son olvidadas una vez firmado el contrato.

REDD-Monitor: Si REDD no estuviera financiado por el comercio de carbono ¿cree que podría tener éxito?

Winnie Overbeek: No, porque los gobiernos del Norte interesados ​​en financiar cualquier tipo de iniciativa REDD declararon que sólo lo harán en función de los resultados. Esto significa que los proyectos podrían tener características que demostraron ser perjudiciales para las comunidades que dependen de los bosques.

El principal interés de mantener el bosque en pie sigue siendo el carbono almacenado en los árboles; eso no ha cambiado. Significa que también persiste uno de los principales problemas para las comunidades que habitan las zonas de proyectos REDD: la desigualdad de las relaciones de poder, la falta de respeto a sus derechos territoriales y, en consecuencia, las restricciones a su acceso a zonas del bosque y la prohibición de ciertas actividades, como la agricultura en el bosque. Y esto a pesar de la experiencia y el conocimiento de las comunidades de una práctica agrícola ancestral, que beneficia al bosque en lugar de dañarlo.

Por ejemplo, el programa modelo del gobierno alemán a través del Banco de desarrollo alemán KfW, en Acre, no vende bonos de carbono pero los pagos son en función de los resultados. Al igual que los proyectos de compensación de carbono, esta iniciativa también apunta a los menos responsables del cambio climático y la deforestación. Y sigue sin ocuparse de los agentes a gran escala de la deforestación, porque se los sigue promoviendo dentro de la lógica de que ponerle un precio al carbono detendrá la deforestación.

Esta suposición se basa en el falso análisis de que el cambio climático es principalmente un problema cuantitativo. En ese sentido, la fijación de un precio elevado no implica cambios per se: la crisis del petróleo en los años 1970, por ejemplo, que implicó una disparada del precio del barril, no provocó necesariamente el final del consumo de petróleo.

Además, los programas REDD que existen, como el de Acre o el Fondo Cooperativo para el Carbono de los Bosques (FCPF – Forest Carbon Partnership Facilitys Carbon Fund), del Banco Mundial, que se basan ​​en el desempeño, proponen o pagan precios tan bajos por el carbono que no existe un factor disuasivo que ponga fin a la deforestación a gran escala, la cual resulta altamente rentable.

Un mecanismo “basado en los resultados” también cambiaría la naturaleza de futuras iniciativas que recibirán financiación. Aceptar proyectos en función de los resultados implica que quienes participan en el proyecto necesitarán acceder al financiamiento de las actividades previas que se espera conduzcan a los “resultados” requeridos. Para ese REDD basado en resultados se preferirán las actividades que arrojen “resultados” rápidos a bajo costo, pero eso es lo contrario de lo que se necesita para hacer frente a las causas estructurales de la deforestación.

¿Qué sucede si los resultados tardan más en revelarse o si el financiador no los encuentra adecuados?

Por lo tanto, sigue siendo mucho más un mecanismo basado en los principios del mercado (de carbono) que un paso hacia una nueva forma de financiación para el desarrollo y/o reconocimiento de la enorme deuda en materia del clima y el desarrollo que los países del Norte deben a los países del Sur.

REDD-Monitor: En la página web del WRM, REDD está archivado en la categoría “Mercantilización de la Naturaleza”. Por favor, ¿puede explicar qué quieren decir con este término y cómo REDD es parte de ese proceso?

Winnie Overbeek: Por mercantilización de la naturaleza nos referimos al creciente proceso de las fuerzas del mercado, de tratar como mercancía todos los aspectos de la vida, incluidos los bosques tropicales.

En el caso de REDD, sus principales impulsores lo han diseñado para funcionar como un mecanismo de mercado y de compensación. El principal problema, entonces, es que se crea no sólo un producto o un servicio más para vender algo que no tenía ese valor de cambio antes y que no estaba disponible para la venta, sino que el “carbono” que se vende también difiere mucho de otros bienes y servicios que se comercializan en los mercados.

Lo que tienes en concreto es sólo un documento en papel, que sugiere que tienes un “producto” o servicio, una cierta cantidad de carbono que se almacena en determinadas zonas de bosque, en algún país con bosques tropicales – y que este carbono sigue almacenado en un bosque sólo a causa del mecanismo REDD. Aunque este tipo de comercio de documentos en papel no es nuevo – ocurre con muchos productos agrícolas, por ejemplo -, lo que es nuevo es que se comercia algo inventado, la resultante de comparar una proyección de las futuras emisiones sin el proyecto REDD con las emisiones reales de cuando se implemente el proyecto REDD.

Por lo tanto, los bonos de carbono son un producto creado a partir de una historia muy hipotética de lo que hubiera pasado en comparación con lo que el proyecto piensa que pasará al implementar su proyecto REDD. Esa base tan hipotética para calcular el volumen del producto que se quiere comercializar es un incentivo para la especulación. Además, los créditos REDD permiten a los contaminadores que compran el crédito exceder los límites legales o morales en otros lugares.

El comercio de dichos créditos ha supuesto la creación de un nuevo derecho de propiedad: el derecho a emitir más de lo que una ley o una norma social permite, y controlar el uso de la tierra en el lugar donde se ha vendido el carbono para compensar las emisiones. Esta combinación de los derechos asociados a los créditos de carbono casi siempre supone una violación de los derechos comunitarios sobre esas zonas de bosque.

Otra cosa loca y muy perversa es que, en los hechos, REDD y el proceso de mercantilización de otros servicios ecosistémicos – tales como las compensaciones de biodiversidad – sólo pueden funcionar y crecer si hay destrucción y/o contaminación. Sin contaminación o destrucción continua no hay nada para compensar. Así, los créditos REDD por el almacenamiento de carbono en una zona de bosque en la Amazonia, sólo pueden ser objeto de comercio si hay emisiones de carbono más allá de ciertos límites que deben ser compensadas, por ejemplo en una refinería de petróleo en Estados Unidos.

A menudo se argumenta que esta contaminación en Estados Unidos ocurriría de todos modos, y que la compensación es mejor que nada, porque el carbono emitido por la refinería es el mismo CO2 que puede absorber un bosque en otra parte. Pero este argumento es erróneo, ya que desde el punto de vista climático hay una diferencia fundamental entre el carbono liberado por la combustión de combustibles fósiles y el carbono en el bosque.

El carbono emitido por la deforestación es parte del ciclo natural del carbono que se libera y es absorbido por las plantas, y ha estado circulando durante millones de años. Por otra parte, el carbono que se libera cuando se extrae y se quema petróleo, gas o carbón, estuvo almacenado bajo tierra durante millones de años, y cuando se libera, aumenta la cantidad total de carbono en la atmósfera.

Aunque las plantas puedan absorber parte de este carbono, lo hacen sólo de forma temporal, y cuando la planta muere o si hay un incendio forestal, el carbono volverá a la atmósfera. Esto no hará más que empeorar la crisis climática, en lugar de ayudar a resolverla.

Además, en Estados Unidos este mecanismo afectará especialmente a las comunidades locales que viven junto a las industrias contaminantes. Por supuesto, estas comunidades no son generalmente las mejor acomodadas de la sociedad.

Es por eso que grupos indígenas y otros grupos del Norte asocian a REDD con un nuevo tipo de racismo ambiental, y en el Sur con el CO(2)lonialismo.

Otro aspecto perverso de REDD es que las poblaciones afectadas por este mecanismo no son responsables de haber creado la crisis climática, pero terminan ocupando un lugar central en esta supuesta “solución”.

REDD-Monitor: Quienes impulsan REDD a menudo afirman que es una forma de garantizar el respeto de los derechos de los pueblos indígenas, en particular los derechos a la tierra. ¿Cuál es la experiencia del WRM acerca del impacto de REDD en los derechos de los pueblos indígenas en Brasil? ¿Acaso las salvaguardas de REDD, como el consentimiento libre, previo e informado, ayudan a hacer frente a los peligros de REDD?

Winnie Overbeek: Brasil es tal vez un caso particular en el sentido de que es uno de los pocos países en los que la Constitución declara que los pueblos indígenas tienen derechos sobre las tierras que han ocupado tradicionalmente, y tienen el derecho a usarlas según sus costumbres, prácticas, creencias, etc.

El hecho de que las iniciativas REDD de compensación requieran una nueva forma de derechos de propiedad, planteó en Brasil serias preocupaciones entre autoridades como el Ministerio Público Federal. La preocupación es que esos nuevos derechos de propiedad representan una violación de los derechos constitucionales de los pueblos indígenas a sus territorios cuando los proyectos REDD se llevan a cabo en dichos territorios.

Lo que aprendimos en la práctica, de las comunidades amazónicas afectadas por REDD, es que no se aplica el consentimiento libre, previo e informado (CLPI). Los líderes de las organizaciones involucradas con REDD nos dijeron que no tienen idea de qué es REDD realmente, ya que sólo les hablan de los potenciales beneficios del proyecto

Pero si el CLPI se hiciera con seriedad, en Brasil y en otros lugares, debería incluir la información a las comunidades acerca de todos los aspectos pertinentes que forman parte del mecanismo REDD, incluida la continuación o el aumento de las emisiones de carbono en otros lugares, la larga duración de los contratos asociados a este tipo de proyectos, el hecho de que las obligaciones del contrato durarán mucho más que los pagos de REDD, y el hecho de que el comprador adquiere el derecho a decidir sobre el uso de la tierra del bosque, aun cuando no compra ni renta el bosque

Además, si se tomara en serio el CLPI, también debería escucharse a las comunidades afectadas por el aumento de las emisiones de carbono en otro lugar a través de un proyecto REDD. Y, hasta donde sepamos, eso nunca sucede.

Incluso para las comunidades que reciben información y están directamente afectadas o incluso participan en el proyecto, la experiencia ha demostrado que, en la práctica, la información que reciben es muy selectiva y unilateral. Sólo se les informa de los supuestos beneficios que a menudo no se cumplen para el conjunto de la comunidad – ver el reciente caso de los Suruí. Al mismo tiempo, no tienen idea de qué es REDD, particularmente porque los impulsores del proyecto filtran esa información, de manera que REDD se convierte en una “bonita historia”.

Cuando cuestionamos a los impulsores del proyecto su presentación parcializada de lo que implica REDD, contestan que no es necesario darles el panorama completo de REDD o que es “demasiado complicado” para que las comunidades lo entiendan. Sin embargo, no parece nada complicado explicar en términos simples que el dinero – si llega a la comunidad – es un pago que obliga a la comunidad a restringir su uso de la tierra para que otros puedan contaminar más de lo que permite la ley o una norma social.

REDD-Monitor: El Congreso de Brasil está considerando la posibilidad de un cambio constitucional (PEC 215) que transferiría el poder de demarcar las tierras de los pueblos indígenas de la FUNAI (departamento de asuntos indígenas de Brasil) al Congreso. ¿Qué implicaciones ve en el PEC 215 para los derechos indígenas y para el futuro de REDD en Brasil?

Winnie Overbeek: La PEC 215 es probablemente la amenaza más grave para los derechos a la tierra de los pueblos indígenas, ya que estos derechos están garantizados en la legislación brasileña a través de dos artículos específicos de la Constitución Federal adoptados en 1988 y actualmente en vigor. El movimiento de pueblos indígenas de Brasil sigue considerando que estos dos artículos son una importante victoria de su movilización en ese momento. Estos dos artículos brindan una garantía jurídica fundamental a su lucha por la demarcación de tierras.

Ahora en Brasil nos enfrentamos al problema de que la mayoría del Congreso Nacional se opone a los pueblos indígenas y cuestiona sus derechos garantizados por la Constitución.

La intención de la PEC 215 es que sea el Congreso Nacional, y no el gobierno, quien tenga el poder de decidir sobre cualquier demarcación de tierras de pueblos indígenas. Y esto sería un desastre para los pueblos indígenas porque sería entregar las decisiones en materia de demarcación de tierras a una institución que no reconoce los derechos de los pueblos indígenas de Brasil garantizados por la Constitución.

Y lo que es peor, la PEC también propone que el Congreso Nacional tenga el derecho de revisar demarcaciones de tierras ya existentes. La mayoría de los parlamentarios que impulsan la PEC 215 considera que las demarcaciones existentes son “excesivas”. Así que la adopción de la PEC 215 permitiría que proyectos destructivos a escala mucho mayor invadan legalmente tierras indígenas que demostraron ser tierras donde los bosques están mucho menos amenazados que en zonas fuera de territorio indígena.

Como la destrucción va de la mano con REDD, es probable que la adopción de la PEC 215 también aumente el número de proyectos REDD y otros proyectos de compensación, así como la tasa de deforestación. Los mismos resultados caben esperarse de la aplicación del Código Forestal revisado de 2012.

REDD-Monitor: ¿Cuál es su opinión sobre la Bolsa Verde do Rio de Janeiro, BVRio? ¿El WRM la ve como un paso en la dirección correcta, o como una excusa para seguir destruyendo los bosques?

Winnie Overbeek: El creador y director de BVRio, Pedro Moura Costa, tiene muchos años de experiencia en el comercio de carbono, como fundador de Ecosecurities, una empresa involucrada en numerosos proyectos de compensación de carbono desde el inicio de los mercados de carbono. Su afirmación de que “El objetivo es transformar la legislación ambiental en instrumentos comercializables” muestra claramente la intención de BVRio.

En el caso de Brasil, el Código Forestal fue revisado en 2012. El nuevo código exige que los propietarios de tierras en la Amazonia que previamente cortaron más bosque de lo permitido por la ley, deben restaurar el bosque cortado ilegalmente o se arriesgan a perder el acceso a líneas de crédito agrícolas. Pero así como el Protocolo de Kyoto permitió a los países industrializados encontrar una salida a la reducción de las emisiones en el país, el nuevo código forestal permite a los propietarios de tierras brasileños comprar los llamados créditos de restauración forestal (en portugués Cotas de Reserva Ambiental – CRAs) si ésta es una opción más barata que restaurar el bosque cortado ilegalmente en su propia tierra. Estos créditos de restauración del bosque son ofrecidos por los propietarios de tierras que afirman haber destruido menos bosque que el que les correspondía por ley.

Este cambio de la ley tiene varios incentivos perversos. Por ejemplo, ofrece impunidad a la pasada deforestación ilegal. También implica que los propietarios de tierras que antes no destruyeron tanto bosque como lo autorizado por la ley porque no les resultaba rentable, ahora pueden ofrecer este “derecho legal” a alguien cuya propiedad está en una zona donde la deforestación resulta más lucrativa.

En este “arco de deforestación”, el bosque previamente destruido de manera ilegal no será restaurado porque el propietario de la tierra simplemente puede comprar un crédito de restauración a una persona de otra parte. Queda sólo un pequeño paso para que el mismo mecanismo también se aplique a una futura destrucción, lo que provocaría un rápido incremento de la deforestación en la “frontera de la deforestación”.

REDD-Monitor: La deforestación en Brasil ha caído desde el año 2004. Esto fue en parte resultado de los precios de las materias primas agrícolas, pero también fue el resultado de una serie de campañas de las ONG, de moratorias, de políticas del gobierno, supervisión del gobierno, y aplicación de la ley. Esto sucedió antes de que comenzara REDD. Ahora la tasa de deforestación de Brasil está aumentando. ¿REDD apoya estas medidas previas para reducir la deforestación, o las socava?

Winnie Overbeek: Verdaderamente, los resultados de Brasil en cuanto a la reducción de la deforestación no fueron causa de REDD sino básicamente consecuencia de los aspectos que mencionas, en particular las políticas gubernamentales y la aplicación de la ley.

Pero el aumento recientemente detectado de la deforestación en Brasil va de la mano de la introducción del referido nuevo código forestal con el mecanismo de “compensación” incluido, y también con los actuales debates en Brasil para aplicar el llamado “REDD a escala del paisaje”.

El diseño de estas dos iniciativas no fue formulado por los pueblos que dependen de los bosques sino por empresas del agronegocio – en otras palabras, por quienes son los principales responsables de la destrucción de los bosques del país, y por grandes ONG conservacionistas. El objetivo es encontrar formas de expandir el agronegocio de una manera llamada “sostenible” – un ejemplo de la llamada “economía verde” – a través de REDD y de mecanismos de compensación inspirados en REDD.

Una vez más: REDD no existiría si no hubiera actividades destructivas y/o contaminantes que compensar. Y Brasil tiene un gran número de proyectos destructivos en curso y previstos, no sólo por el sector agroindustrial sino también, por ejemplo, por los proyectos de mega represas, extracción de petróleo y gas y proyectos mineros, especialmente en la región amazónica.

REDD-Monitor: ¿Cuál considera es la mayor amenaza a los pueblos y bosques de Brasil? ¿Y cuál cree es la mejor manera de hacer frente a esas amenazas? ¿REDD juega algún papel en eso? ¿Podría reformarse REDD, o es una falsa solución al cambio climático y a la conservación de los bosques?

Winnie Overbeek: El actual modelo de desarrollo basado en sectores como la minería, el agronegocio, la extracción de petróleo y gas, etc. – controlado por empresas extranjeras y una elite brasileña -, para atender las necesidades de un mercado global, ha destruido no sólo los bosques sino también los medios de vida y sustento de millones ​​de personas y ha causado mucho sufrimiento.

REDD es parte de este modelo, como el WRM y muchas otras organizaciones y movimientos sociales han documentado en numerosas publicaciones. Una de estas publicaciones que expone esos vínculos es un Llamado a la Acción lanzado antes de la conferencia sobre el clima celebrada en Lima, en 2014. Todavía es posible adherir a esta declaración aquí .

Una de las formas importantes de hacer frente a este modelo destructivo y a las amenazas que representa es, por ejemplo, demarcar y reconocer las tierras de todos los pueblos indígenas y también los pueblos tradicionales de la Amazonía y otras regiones boscosas de Brasil. Esas demarcaciones ya demostraron ser una forma muy efectiva de detener la destrucción de los bosques.

Otra medida urgente es detener los subsidios a los grandes proyectos destructivos en la Amazonia.

Los miles de millones de dólares que se están invirtiendo en la represa hidroeléctrica de Belo Monte  podrían utilizarse, por ejemplo, para fortalecer la aplicación de la ley destinada a detener la deforestación. También podría ser de ayuda la implementación de las propuestas de los pueblos amazónicos, de fortalecer sus economías y medios de vida locales.

De esta manera, el bienestar de los pueblos estaría mucho más garantizado, al igual que la conservación de miles de hectáreas de selva amazónica que ahora son destruidas por la construcción de la represa de Belo Monte (ver este video sobre la tragedia que ha traído esta represa al bosque y las comunidades que fueron expulsadas ​de los lugares donde siempre vivieron. No es necesario saber  portugués para entender el mensaje…).