Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Alimentos, bosques y la crisis en Zambia

Rara vez Zambia ha sido noticia mundial en el pasado. Un país pacífico en el corazón del sur de África, famoso principalmente por su cobre. Algunos conocen a Zambia por su largo límite geográfico con el río Zambezi, sus Cataratas Victoria de Livingstone – o el “Mosi-oa-Tunya”, “El humo que truena” – o sus extensos y biodiversos parques nacionales que ocupan una superficie mayor que la del Reino Unido.

Los programas de ajuste estructural de la década de 1990 fueron testigos del comienzo de la liberalización económica y la apertura de los recursos de Zambia para la explotación comercial y privada. Las minas nacionales se privatizaron con importantes incentivos fiscales para los propietarios extranjeros; las juntas de comercio agrícola que anteriormente apoyaban el acceso de los campesinos a los mercados se disolvieron y las empresas estatales fueron vendidas de manera progresiva a titulares privados y cada vez más empresariales.

A la vez, la realidad de la vida de las personas y las consecuencias del despojo de tierras, la disminución y contaminación de las fuentes de agua, el aumento de la desnutrición y el aumento del costo de vida permanecen ocultos en los titulares sobre el desarrollo impulsado por el mercado. La alimentación, la educación, el transporte, la atención de la salud y la energía carecen de los recursos necesarios y están cada vez más privatizados e impregnados de criterios financieros. La implacable embestida de la explotación viene causando estragos en el suelo, el agua, los bosques, el aire, los minerales y las personas.

En los últimos 5 años, la deuda externa nacional aumentó exponencialmente. La minería continúa siendo el principal “motor económico”, a pesar de que persisten de manera obstinada las contribuciones simbólicas de impuestos provenientes de la época obsoleta del ajuste estructural. La búsqueda frenética de nuevas – y rápidas – fuentes alternativas de inversión extranjera directa se ha convertido en una prioridad nacional.

Al momento de escribir estas líneas se acaban de aprobar – o están en proceso de solicitud – 16 nuevas minas en parques nacionales y principales ríos. Se otorgó una licencia a la compañía británica Tullow Oil and Gas para la exploración de petróleo y gas a gran escala en una extensa zona que incluye sistemas de lagos, áreas de captación y parques nacionales asociados. El país también está explorando un acuerdo de energía nuclear con Rosatom, la misma compañía rusa que este año fue llevada ante los tribunales del gobierno sudafricano por falta de transparencia y supuesta corrupción.

El contexto pacífico y la estratégica ubicación geográfica de Zambia, combinados con una desesperada avidez por recibir inversión extranjera directa, posicionan al país en la primera línea de la embestida mundial por el acaparamiento de recursos, la crisis del capital mundial y la capitalización del cambio climático.

Alimentos, bosques y cambio climático

Los alimentos y los bosques son dos de los numerosos sistemas transversales y fundamentales afectados por el curso actual de los acontecimientos. Los dos sistemas son parte de una crisis en Zambia que en gran parte pasa desapercibida. Los bosques cubren más de la mitad del territorio del país. Las tasas de deforestación, hambre y desnutrición figuran entre las 10 peores de la región y el mundo. (1)

Los bosques son centrales en el debate sobre la compensación de carbono dentro de las negociaciones climáticas, ya que han sido etiquetados como “sumideros de carbono” que podrían, en teoría, compensar la contaminación realizada por otros en otras partes. El principal mecanismo que se persigue es REDD+ (Reducción de Emisiones derivadas de la Deforestación y la Degradación de los Bosques). La idea detrás de REDD+ es que los países, principalmente del Norte global, y organismos internacionales como el Banco Mundial, proporcionen fondos para la aplicación de medidas que supuestamente detendrían la pérdida de bosques en los países tropicales. A cambio, los países que proporcionan los fondos pueden reclamar créditos de carbono por las emisiones supuestamente salvadas a través de las actividades de REDD+, y así continuar con sus negocios de siempre. El sector privado y las ONG locales en Zambia están aprovechando este sistema de compensación de carbono.

Si bien el gobierno de Zambia parece ávido por abrir más tierras boscosas a la minería, extraer petróleo y expandir el agronegocio, al mismo tiempo promueve políticas y proyectos REDD+.

BioCarbon Partners, una ONG local de Zambia, en asociación con la agencia de Estados Unidos para el desarrollo (USAID), se ha convertido en un ejemplo modelo con su proyecto REDD+ Lower Zambezi. Según la página web del proyecto, se afirma proteger 39 mil hectáreas de bosques del Parque Nacional del Bajo Zambezi. BioCarbon no menciona a las industrias extractivas o al agronegocio como las principales causas de la deforestación a gran escala; por el contrario, argumenta que los culpables de la deforestación son los “pobres”, sin considerar las causas sistémicas de la pobreza, las carencias y la explotación ambiental.

BioCarbon se ha asociado recientemente con operadores turísticos privados para permitir que los turistas compensen sus safaris de lujo haciendo contribuciones financieras a los proyectos de conservación de bosques (REDD+) de la organización. Mientras los turistas internacionales pueden disfrutar de la vida silvestre, solo cierto número de residentes locales están autorizados a tener acceso restringido a la zona del proyecto con el objetivo de la cosecha sostenible de árboles para la producción de carbón vegetal, el cual, a su vez, BioCarbon Partners lo comercializa entre los consumidores urbanos de clase media y los operadores turísticos “verdes”.

Sin embargo, persiste el problema de que en Zambia casi no se priorizan los esfuerzos por lograr un acceso equitativo al agua, la tierra y los recursos naturales respetando los derechos consuetudinarios. En consecuencia, la economía industrial y extractiva sigue salpicando, la desigualdad aumenta y cada vez más se comercializan los medios de sustento y de vida de la gente hasta hacerlos inviables. Como respuesta, los hogares pobres adoptan múltiples estrategias para obtener ingresos con los que poder vivir. Por lo general, las dos opciones más accesibles para quienes dependen de los bosques son la combustión de carbón o la tala, principalmente para el comercio ilegal de madera noble; y para las comunidades campesinas, el monocultivo o la producción intensiva de mercancías básicas, que cuenta con el apoyo del gobierno. Estas actividades han demostrado tener ciclos múltiples de retroalimentación negativa.

Nutrición y agronegocio

Las negociaciones internacionales sobre el clima han causado en los países pobres una separación de la nutrición y la economía de la agricultura. A su vez, se exime a la agricultura intensiva industrial de su responsabilidad en la degradación del suelo así como en la pérdida de la (agro)biodiversidad y de la capacidad del país para generar resiliencia tanto humana como del ecosistema. Esto se debe a la enorme influencia de las empresas del agronegocio en las negociaciones de la ONU sobre el clima así como en las contribuciones nacionales para adoptar medidas de mitigación y adaptación.

Zambia se posiciona como el granero de la región, ofreciendo a licitadores extranjeros extensas superficies de tierra “desocupadas”, abundantes recursos hídricos y un modelo de inversión y desarrollo agrícola orientado a la exportación. Los lemas de la nueva política agrícola de Zambia son: “liderado por el sector privado” o “la agricultura como negocio”. Paralelamente, el país se encuentra entre los primeros siete países con mayor situación de hambre y desnutrición en el Índice Global del Hambre 2017.

El Estado asignó aproximadamente 1 millón de hectáreas de tierra formalmente consuetudinaria para crear diez “bloques agrícolas” en todo el país. Los bloques tienen un modelo de producción orientada a la exportación, con una sola operación corporativa grande, una serie de empresas comerciales más pequeñas y algunos campesinos que funcionan de manera tercerizada. Sin embargo, la captación e “inversión” de capitales extranjeros ha sido lenta. En una reciente declaración, el Ministerio de Agricultura de Zambia se comprometió a aumentar el gasto público para el desarrollo de infraestructura en los “bloques agrícolas”, a fin de incentivar el interés extranjero público y privado. En los hechos, la imagen está lejos de ser color de rosa. Las historias que se cuentan desde las zonas donde ya se ha transferido la propiedad de la tierra hablan de despojo de tierras, corrupción de los líderes locales y una compensación mínima o nula para las poblaciones afectadas.

La apertura de tierras boscosas para los “bloques agrícolas” designados representa potencialmente 1 millón de hectáreas de nuevos campos agroindustriales, lo que implica además una gran contaminación por gases de efecto invernadero. A pesar de esto, Zambia ha identificado a la agricultura como un sector prioritario para lograr su Contribución Determinada Nacional (NDC, por sus siglas en inglés) para detener el cambio climático en el marco del Acuerdo de París de la ONU sobre el clima.

La “agricultura de conservación”, definida por los tres principios de labranza mínima, rotación de cultivos y retención de residuos, ha sido seleccionada como el medio para lograr los NDC en el sector agrícola. En Zambia se promueve la “agricultura de conservación” junto con la agrosilvicultura y el uso de tecnologías de la “revolución verde”: semillas híbridas, fertilizantes basados en minerales y agroquímicos.

A pesar de los muchos años con una importante financiación para promover la “agricultura de conservación” en Zambia, es ampliamente sabido que los agricultores han adoptado mínimamente sus tres principios. Sin embargo, tanto los agricultores a gran escala como los de pequeña escala utilizan cada vez más una amplia gama de productos agroquímicos artificiales. La degradación del suelo, la contaminación del agua, la pérdida de insectos y la inhibición de la capacidad de las plantas para absorber los nutrientes esenciales en la dieta son consecuencias bien conocidas. Los agricultores también están cambiando sus pequeños sistemas agrícolas diversos (para producción de alimentos, forraje y fibra, tanto en sus huertos como en sus bosques comunales / manejo de pastizales) en la producción de mercancías básicas comerciales de monocultivo a gran escala, para maximizar la aplicación efectiva de agroquímicos específicos.

Una pequeña élite se beneficia de las fases iniciales de la industrialización de la agricultura, adquiere más tierra y mecaniza los sistemas de producción. Por otro lado, es común que los hogares campesinos perciban tan solo entre 40 y 100 dólares por el total del cultivo anual de algún producto básico comercial. En años anteriores, los precios del algodón habían sido tan bajos que los campesinos que producían por contrato quedaron en déficit después de deducir los costos de las semillas, los fertilizantes y los insumos químicos.

En contraste, la investigación está comenzando a respaldar el amplio conocimiento sobre cómo los cultivos autóctonos así como los productos vegetales de predios agrícolas o de bosques aún contribuyen sustancialmente a las dietas de los hogares de Zambia. Desvalorizado por la imposición colonial y posteriormente neocolonial de investigaciones reduccionistas y dietas occidentales, este conocimiento y práctica ha sido dejado de lado y en algunos casos se ha destruido deliberadamente. (2) Zambia es un país paralizado por la desnutrición rural y el hambre urbana oculta. Es necesario prestar mucha atención y brindar apoyo a la diversidad de la fauna y flora autóctona con capacidad de adaptación y con resiliencia al clima.

Los efectos de la desvalorización de la diversidad local, así como la mercantilización y luego la centralización del sistema agroalimentario, han tenido los mismos impactos que en otros lugares. La disminución de la diversidad, el aumento de la deuda y el despojo y el desplazamiento de la tierra han dado como resultado una migración masiva hacia las ciudades y el florecimiento de una clase urbana joven no calificada. Esto va acompañado de cambios en los patrones de consumo. Se favorece y consume el alimento que es espacial y económicamente accesible. Pero son alimentos que contienen carbohidratos altamente procesados y refinados, con un contenido elevado de grasa, sal y azúcar. (3) Como resultado, Zambia presencia ahora un aumento de enfermedades provocadas por la alimentación y el estilo de vida. En todo esto, las mujeres y las niñas son las más afectadas.

Al asociar las diferentes situaciones en Zambia, afectada por una economía capitalista vacilante, el cambio climático y las políticas para el cambio climático, el agotamiento exponencial de los recursos naturales y el cambio de las vidas y medios de sustento del ciudadano común, quedan serias dudas sobre la falta de inversión en bienes y servicios para el beneficio público, particularmente por parte de los financiadores. En cambio, existe un impulso concertado y de colaboración para la industrialización de los sistemas alimentarios locales, la mercantilización de los procesos de producción, la deforestación y el encierre de los bosques y la expansión de las concesiones mineras y petroleras. Los acaparamientos de tierras se expanden rápidamente. Éstos en gran medida no están documentados, se silencian y no son cuestionados, mientras que representan una grave amenaza para los medios de vida de las comunidades campesinas y las que dependen de los bosques. Urge repensar el modelo de desarrollo que ignora los derechos humanos básicos y destruye la biodiversidad y el conocimiento indígena. Zambia necesita que todos puedan participar en su propio desarrollo y reclamar sus derechos humanos y colectivos.

Zambia Agro-ecology Alliance

(1) Depending on source – Global Hunger Index: http://www.ifpri.org/publication/2017-global-hunger-index-inequalities-hunger. FAO, Republic of Zambia, Forest Department and NEP Facility, Forests and Climate Change, 2011, http://www.fao.org/forestry/32680-0c227f4c90a3ef146c7f4e1728302c62b.pdf
(2) Esto ocurre a través del ajuste de restricciones nacionales y regionales a la venta e intercambio de semillas, la concentración del control empresarial de las semillas y el desarrollo de regímenes de propiedad intelectual inequitativos que favorecen los derechos de los obtentores empresariales sobre los sistemas de semillas manejados por campesinos y los derechos del obtentor campesino. Por más bibliografía ver www.acbio.org.za
(3) Contrariamente al argumento impulsado por la industria de que la disponibilidad es la solución para la seguridad alimentaria, existe extensa documentación sobre la producción de calorías “vacías” de nutrientes. Se estima que el desperdicio mundial de alimentos oscila entre el 30 y el 70 por ciento de la granja a la mesa. Las referencias a las crisis de la inseguridad alimentaria se refieren a la voluntad política y económica, documentadas desde la década de 1970 por la hambruna etíope de Amartya Sen.