Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Camerún: Mujeres lugareñas asediadas por los militares, guardianes de los monocultivos de palma de SOCAPALM

Una mujer del pueblo de Mbonjo 1, en Camerún, fuertemente impactado por las plantaciones industriales de palma y la constante presencia de militares, hace un llamado a la solidaridad internacional y lanza un grito de alarma para salvaguardar su derecho a la vida y libertad.

“Respeto a los compromisos. Respeto al espacio vital. Para cultivar alimentos”. Miembros de Synaparcam reclaman en las plantaciones de Socapalm, en Camerún. Ph.: Synaparcam, 2017.

La empresa SOCAPALM, parte del grupo agroalimentario multinacional SOCFIN (1), contrata guardias de seguridad desde que implantó sus plantaciones de palma aceitera en la zona de Dibombari, en el sudoeste de Camerún, para evitar que los lugareños se lleven nueces. Al principio, quienes se encargaban de patrullar las plantaciones eran empresas de seguridad pero, cada vez con más frecuencia, los lugareños viven la llegada de militares, cuyas intervenciones se asemejan a las que se observan en zonas en guerra.

Como testimonio de esto, una vecina de las plantaciones describe cómo viven las mujeres esta situación, bajo la mirada cómplice de los jefes del pueblo y frente a militares que creen que todo les está permitido.

Las lugareñas se vuelven prisioneras en sus pueblos

“Cuando quieres cerrar tu casa, te encuentras con los hombres armados. ¿Es para buscar qué?”

“Te encuentras a los hombres armados en todas partes”

“Golpean a la gente en todas partes, palizas, todo eso”

Esa es la vida cotidiana en el pueblo de Mbonjo 1, descrita y denunciada por las mujeres vecinas de los monocultivos de palma de la SOCAPALM en la zona de Dibombari, en el Litoral en Camerún. Esta realidad llevó a una veintena de mujeres a salir el 29 de enero de 2018 para expresarle al jefe del pueblo que estaban cansadas de la presencia de guardias armados y militares en su pueblo así como en las plantaciones que lo rodea.

“No sólo la SOCAPALM acaparó nuestras tierras sino que también sufrimos la omnipresencia de militares armados.”

A partir del 8 de diciembre de 2017 los militares toman posición en el pueblo. Las mujeres de Mbonjo 1 no nos oponemos a la presencia de militares para cuidar los campos de la SOCAPALM, pero no queremos estos militares detrás de nuestras casas, dentro de nuestras cocinas. Las fuerzas del orden golpean a mujeres y jóvenes, las amenazan por las nueces de palma y, como si esto fuera poco, pasan el tiempo detrás de las cocinas de las mujeres. En Mbonjo 1 ya no existe la intimidad a causa de los militares, que en lugar de ir a cuidar las nueces en las plantaciones de SOCAPALM pasan el tiempo en el pueblo, ejerciendo su influencia sobre las mujeres y jóvenes. Además, estos militares no presentan ningún documento que los autorice a revisar las casas, romper las puertas ni golpear a las lugareñas. Su presencia comienza a crear tensiones dentro del pueblo, porque los militares abusan de su poder.

“Cuando de noche estamos durmiendo, los militares están en nuestras casas. ¿Hay palmas en nuestras casas? Las plantaciones están en el campo, no adentro de las casas. Por eso fuimos hasta allá, pero el jefe nos echó. No nos recibió bien. Los militares están en todas partes, en todas partes. ¿Qué es lo que hicimos en Mbonjo 1? Quieres cerrar tu casa y los militares están ahí, armados. ¿Qué es lo que quieren?”

Por el momento las mujeres de Mbonjo 1 solo tienen preguntas sin respuesta ante la presencia de los militares. Están desamparadas, sin soluciones ni información sobre lo que les sucede.

Las intervenciones de estos militares a menudo ocurren sin ninguna autorización formal que les permita infiltrarse en nuestro ambiente vital y sin ninguna justificación. Aún queremos y aspiramos a un ambiente y condiciones de vida menos estresantes. Para nosotras, las mujeres, nuestra desgracia es haber nacido en Mbonjo 1, a pesar de que no lo hemos elegido y ni siquiera hemos contribuido a ello. Nos llega como un maleficio. Pero creemos que podemos cambiar esta situación y estamos determinadas a hacerlo. Eso es lo que nos llevó a ver al jefe del pueblo.

Militares que creen que todo está permitido

Básicamente la gran mayoría de las mujeres le tiene miedo a los militares. Sabemos que nos será difícil ganar nuestra causa frente a estos hombres de uniforme. Ellos también saben que si cometen algún acto de violencia sobre nosotras y nuestras hijas e hijos o sobre nuestros maridos, no les sucederá nada. Ni siquiera se preocuparán. Serán transferidos lo antes posible y seguirán en sus negocios porque tienen el total apoyo de la empresa.

Las mujeres reconocen el poder de la empresa porque hasta el momento las decisiones judiciales a favor de las mujeres abusadas nunca se llegan a ejecutar. El ejemplo más conocido es el de una mujer que perdió su bebé tras un aborto provocado porque los guardias de SOCAPALM la habían golpeado. Esto sucedió hace seis años. En el tribunal de Mbanga se dictó una resolución favorable a la mujer, pero SOCAPALM apeló la sentencia y el proceso continúa en un tribunal de Douala, la capital económica de Camerún. La próxima audiencia tendrá lugar el 23 de marzo de 2018.

Los jefes pasivos del pueblo

«Nosotras no vinimos para la guerra, vinimos para la paz, y al final ya hay una guerra entre el jefe y nosotras, las mujeres de Mbonjo 1.»

«Queremos la ayuda de nuestro padre y por eso vinimos a ver a nuestro padre; nosotras queremos la paz. Pero él nos echó.»

Este comportamiento sorprende a las lugareñas. Ellas intentaban encontrar respuestas a sus preguntas con el jefe del pueblo. Pero lamentablemente él no las recibió. Y entonces cómo y con quién los jefes van a poder entender lo que les sucede a las mujeres. Se trata de otra decepción a la que se enfrentan estas mujeres.

Esperábamos que el jefe escuchara a las mujeres y las defendiera. A pesar de que el jefe del pueblo tiene la misión de proteger a sus poblaciones, él, por el contrario, no nos recibe ni siquiera para escucharnos. ¿Cómo es posible que un jefe vea una veintena de mujeres frente a su puerta y no procure comprender los motivos de esta presencia?

Cada vez hay más jefes de los pueblos que se benefician de la generosidad de SOCAPALM. A su vez, estos jefes llegan a actuar en detrimento de sus poblaciones. Su actitud hace creer que los jefes están con los otros. Están en complicidad con la empresa y dejan morir a su gente. Este egocentrismo genera además una mayor brecha entre las poblaciones locales y la empresa, porque aquél que debía servir de intermediario no recoge ni transmite las quejas de sus poblaciones con el fin de que se encuentren soluciones válidas para ambas partes y se llegue a la Paz y el Desarrollo sostenible.

Esta acción expresa cuán profundo es el malestar que SOCAPALM genera y mantiene en las poblaciones lugareñas. Las mujeres se han vuelto prisioneras en su aldea, donde viven constantemente atemorizadas.

Nos arrancaron nuestras tierras que ahora explotan. Que SOCAPALM nos deje en paz en nuestras casas. Estamos cansadas de sufrir estos abusos por parte de las fuerzas del orden, tanto a nosotras como a nuestras familias. Nos sentimos como abandonadas a nosotras mismas. Luchamos lo mejor que podemos para que nuestro entorno sea habitable. Llamamos a movilizar la solidaridad más allá de las fronteras de nuestro pueblo. Es un grito de alarma que lanzamos para salvaguardar nuestro derecho a la vida, nuestra libertad. Sin bien nos vemos forzadas a sufrir hambre y condenadas a la pobreza, no aceptamos más que nos quiten nuestra libertad. Es todo lo que nos queda.

Marie Noël ETONDE

Presidente de las mujeres de la Asociación Nacional de Campesinos y Lugareños de Camerún (SYNAPARCAM – Synergie Nationale des Paysans et Riverains du Cameroun)

** Lea más sobre los impactos de SOCAPALM en el pueblo de Mbonjo: “El acaparamiento de tierras en el pueblo de Mbonjo, Camerún, desplaza a la población y no respeta los cementerios ancestrales”, artículo de Jaff Bamenjo, coordinador de RELUFA, Joining Hands Cameroun (en inglés): https://www.presbyterianmission.org/together-justice/2017/12/06/palm-plantation-invades-ancestral-lands/

(1) En 1968 el gobierno de Camerún creó la SOCAPALM, una empresa nacional de palma aceitera que en 2000 fue privatizada y vendida al Grupo SOCFIN, una multinacional agroalimentaria controlada por la familia belga Fabri (50,2% de las acciones) y el grupo francés Bolloré (39% de las acciones). Para saber más sobre los impactos de las plantaciones de SOCFIN en África véase: https://wrm.org.uy/es/articulos-del-boletin-wrm/seccion1/las-plantaciones-de-socfin-en-africa-muchas-zonas-de-violencia-y-destruccion/

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