Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

La industria de la conservación: ¿un sector con fines de lucro?

Las ONGs conservacionistas se están asociando cada vez más con empresas que, de hecho, son las principales causantes de desastres ambientales y sociales. Incluso presentan a sus socios empresariales como parte de las “soluciones”. Pero, ¿cuáles son las soluciones que buscan y para quién?

Dibujo hecho por la activista Rini Templeton. RiniArt.com

Es común ver anuncios y folletos de campañas con el logotipo de una ONG conservacionista internacional, como WWF o Conservación Internacional, junto con el de una empresa, como Coca Cola, Shell o Rio Tinto. Pero, ¿cómo es posible que organizaciones que suelen ser reconocidas en el mundo como guardianes del medio ambiente, establezcan una alianza con aquellos actores que destruyen y contaminan ese mismo entorno? Esto, de hecho, plantea otra pregunta crucial: ¿qué tipo de “soluciones” buscan alcanzar las ONGs conservacionistas y sus socios empresariales, y para quién?

Es muy revelador que las oficinas centrales de estos grupos conservacionistas, al igual que las de sus socios empresariales, generalmente se encuentren en los centros urbanos del Norte global. ¿Por qué tienen ellos la legitimidad para decidir cómo y quién debe preservar mejor una zona de bosque específica o una especie en particular? ¿Qué pasa con los conocimientos de los grupos locales? Y lo más importante, ¿qué pasa con las comunidades que han convivido con esos bosques y los han custodiado por innumerables generaciones?

Protegiendo a los bosques. ¿De quién?

Las áreas protegidas o áreas de conservación se crearon en el marco de una filosofía que se originó en el Norte global, en los Estados Unidos, a fines del siglo XIX. Ésta llevó al establecimiento de parques nacionales en todo el mundo para preservar zonas de “vida silvestre”, principalmente para cazadores de la élite y para el disfrute de bellos paisajes. Esta idea de postal de una “vida silvestre” no incluía ninguna presencia humana; incluso menos la de los grupos tradicionales o indígenas. Los parques nacionales de Yellowstone (1872) y Yosemite (1890) en Estados Unidos, que expulsaron por la fuerza a sus habitantes indígenas, establecieron el modelo de conservación aplicado en todo el mundo.

Al promover y ayudar en la creación de esos parques, las ONGs conservacionistas profundizaron la noción racista y colonialista de que la “naturaleza” – entendida como “vida silvestre” virgen o prístina – es y debe ser separada de cualquier actividad humana que pueda cambiarla o impactarla. Estas ONGs entonces también ayudaron a retratar a los grupos locales como “cazadores ilegales”, invasores rebeldes e ingobernables y “ocupantes ilegales”. (1)

En consecuencia, las poblaciones que dependen de los bosques que viven dentro y alrededor de los parques nacionales, son desalojadas a la fuerza de los lugares donde históricamente han vivido y encontrado su sustento, y sus culturas se ven severa y violentamente restringidas. En estas áreas se prohíben en gran medida actividades que constituyen medios de vida y sustento cruciales para estas comunidades: la caza, la pesca o la recolección. Generalmente se culpa a los pueblos de los bosques de la deforestación y/o se les acusa de “caza ilegal” cuando cazan para su alimentación – una justificación conveniente para los desalojos llevados a cabo en nombre de la conservación. Enfrentan arrestos y golpizas, torturas e incluso la muerte. (2) Irónicamente, en estas áreas sí se autoriza la entrada a los científicos occidentales, las ONGs, los guarda-parques, las tropas militares, los “ecoguardias”, los escuadrones contra la caza ilegal, los filántropos, los turistas de safaris, los visitantes y muchos otros llamados “expertos”. Hasta se alienta el ingreso de cazadores de élite que pagan por cazar. Sin embargo, la práctica de cazadores de safari, que en su gran mayoría es llevada a cabo por gente rica y blanca, no suele calificarse de manera despectiva. Es un hecho que las prácticas de conservación han profundizado la división racista del acceso a los bosques y han impuesto aún más los modelos e ideas coloniales sobre los pueblos de los bosques. Las ONGs conservacionistas están en el centro de esto.

Cuando a los indígenas Baka de Camerún les robaron su tierra para crear “áreas protegidas”, la ONG WWF desempeñó un papel clave en la división de este territorio, que incluyó concesiones para caza de safari, zonas de tala y parques nacionales. Desde el año 2000, WWF ha estado financiando escuadrones contra la caza ilegal, que en su mayoría terminan abusando de los pueblos indígenas mientras que el problema real, la caza ilegal comercial, queda considerablemente sin resolver. WWF también ha sido consultor de la empresa maderera que realiza actividades en los bosques de los Baka. (3)

Para hacer cumplir algunos objetivos de conservación, las ONGs conservacionistas a menudo contratan servicios militares para vigilar los parques nacionales que administran por cuenta de los gobiernos, una práctica a menudo llamada de “militarismo verde”. WWF, por ejemplo, recurrió a Maisha Consulting Company, una compañía militar privada, para llevar a cabo operaciones de seguridad. Esta compañía ofrece entrenamiento militar a los escuadrones contra la caza ilegal en el Parque Nacional de Garamba, en la República Democrática del Congo, y ha asesorado en materia de seguridad e instalado una red de cámaras de vigilancia remota en el Parque Nacional de Dzangha-Sangha, en la República Centroafricana. (4)

Lo que resulta irónico es que numerosos parques nacionales están rodeados o incluso se superponen con proyectos autorizados, ya sea para minería, extracción de petróleo o de gas, plantaciones industriales de monocultivos, concesiones de tala o proyectos de infraestructura a gran escala. Pero esto no parece ser suficiente para que las ONGs conservacionistas dirijan sus esfuerzos en materia de conservación a detener a estos actores corporativos. Todo lo contrario.

Cómplices en el delito

La multinacional estadounidense de petróleo y gas ExxonMobil ha realizado perforaciones en la zona de exploración de Stabroek, frente a las costas de Guyana, desde 2015. Los recientes descubrimientos han llevado a la compañía a estimar que las reservas de petróleo de Stabroek podrían valer más de 200.000 millones de dólares. (5) Por supuesto, lo que la empresa no anuncia son los múltiples impactos que estas actividades tienen en la diversidad marina, los manglares y las comunidades de pescadores, sin mencionar su enorme contribución al cambio climático y la contaminación local.

A pesar de esto, en agosto de 2018, la ONG Conservación Internacional en Guyana aceptó una donación de 10 millones de dólares de la Fundación ExxonMobil. Los objetivos establecidos son avanzar en oportunidades de trabajo sostenibles, expandir la conservación apoyada por la comunidad, ampliar las áreas de conservación en los humedales de Rupununi. Ofrecen también ayuda para la restauración de manglares y apoyan mejoras a la pesca comunitaria, un sector que el gobierno de Guyana identificó como de importancia crítica para el bienestar de la población del país. (6)

Pero, ¿cuál es el verdadero objetivo que se esconde detrás del hecho de que una empresa de combustibles fósiles le otorgue grandes sumas de dinero a una ONG conservacionista internacional? Esta “inversión”, como la compañía lo llama en sus anuncios, apunta a generar algún tipo de beneficio para la empresa. Y nada como una campaña internacional de relaciones públicas liderada por una reconocida ONG conservacionista para tratar de maquillar de verde lo que de hecho es la causa más grande e innegable del cambio climático: la extracción de combustibles fósiles.

Como es de esperar, este innegable conflicto de intereses no es un caso aislado. Conservación Internacional también tiene asociaciones con compañías como Chevron, Monsanto, Nissan, Walmart y muchas otras (7). Y esta ONG no está sola.

En 2007, WWF aceptó 20 millones de dólares de la compañía Coca-Cola, a pesar de las graves acusaciones contra esta empresa por agotar fuentes de agua locales en todo el mundo. Esta “inversión” fue otra estrategia de maquillaje verde. (8) WWF también se ha asociado con la empresa de muebles IKEA, a pesar de su expansión en actividades de tala de bosques (9), así como con la empresa de automóviles Toyota, con la empresa de ropa H&M, con la institución financiera HSBC, con la compañía de celulosa y papel Mondi, entre muchas otras. The Nature Conservancy, otra ONG conservacionista, también tiene socios empresariales, tales como la compañía minera BHP, la agroindustrial Cargill, el gigante petrolero Shell, Pepsi y Walt Disney.

Asimismo, la junta directiva de estas organizaciones, cuyos miembros se supone las deberían orientar y asesorar en su trabajo, resultan un flagrante conflicto de intereses. El directorio de The Nature Conservancy, por ejemplo, está lleno de personas del mundo empresarial, incluyendo a compañías financieras como JP Morgan Chase y Blackstone Group, la multinacional Dow Chemical Company, el conglomerado de comercio electrónico Alibaba y muchos otros más. (10) Y la lista podría seguir y seguir.

¿ONGs o empresas?

En resumidas cuentas, las empresas pueden aportar enormes cantidades de fondos a estas ONGs conservacionistas. Pero al mismo tiempo, estas ONGs se han convertido cada vez más en activas participantes del mercado financiero, el cual está ligado a la lógica de acumulación de capital, que a su vez depende de los combustibles fósiles. (11) Algunas de las mayores ONG conservacionistas invierten directamente en compañías de combustibles fósiles.

Como explicó la autora Naomi Klein: “Ahora resulta que algunos grupos verdes son, literalmente, dueños parciales de la industria que causa la crisis que supuestamente intentan resolver. Y el dinero que manejan los grupos verdes es cosa seria”. (12) The Nature Conservancy, como reveló Klein, tiene 1.400 millones de dólares en el mercado financiero de los Estados Unidos, y la Wildlife Conservation Society tiene 377 millones de dólares de dotación, mientras que la dotación de WWF en los Estados Unidos es de 195 millones de dólares.

Estas grandes sumas también se utilizan para cubrir los extremadamente altos salarios de sus ejecutivos. La investigación realizada en 2012 por la periodista canadiense Donna Laframboise, reveló que Carter Roberts, Director Ejecutivo de la sucursal estadounidense de WWF, percibió un salario de 455.147 dólares en 2009. En comparación, el Presidente de los Estados Unidos tiene un salario base de 400.000 dólares. En otras palabras, el jefe de la sucursal estadounidense de WWF gana más dinero que el presidente de los Estados Unidos. (13)

Una consecuencia directa de que las ONGs conservacionistas se asocien con empresas comerciales ha sido su evidente disposición y el gran esfuerzo puesto en las opciones favorables al mercado y orientadas al consumidor. No es una coincidencia que las mayores ONGs conservacionistas que invierten en empresas de combustibles fósiles también sean las que más promueven las políticas relacionadas al carbono forestal, como REDD+: The Nature Conservancy, Conservación Internacional, WWF y Wildlife Conservation Society. (14)

Evidentemente, promover programas y políticas que estén alineados con los intereses y actividades de las empresas es una buena manera de lograr la expansión de sus fondos, proyectos e inversiones. El “Proyecto de plantaciones de nueva generación”, dirigido y coordinado por WWF, es un ejemplo de esto.

Los participantes del proyecto son conocidas empresas de plantaciones de monocultivos forestales, entre ellas Mondi (Sudáfrica), Stora Enso (finlandés-sueca), UPM (Finlandia), Forestal Arauco (Chile), Kimberly Clark (EE. UU.), Suzano (Brasil), Navigator Company (Portugal), The New Forests Company (Mauricio) y CMPC (Chile). Estas empresas tienen un extenso historial de denuncias por parte de las comunidades locales, que WWF ha decidido ignorar. Por el contrario, el Proyecto promueve la expansión de los monocultivos de árboles y ayuda a maquillar de verde las bien documentadas consecuencias destructivas de las actividades de estas empresas. Al mismo tiempo, el Proyecto legitima la definición engañosa de bosque de la FAO, que incluye a los monocultivos de árboles. (15) Mientras tanto, los consumidores son engañados por este tipo de programas (así como por muchos otros sistemas de certificación), que son administrados y promovidos por ONGs conservacionistas. Al otorgar la posibilidad de crearle una imagen verde a las actividades destructivas, las empresas pueden continuar con sus actividades y ganancias, y expandirlas.

Parece que los proyectos de conservación y los de desarrollo (mega represas, minas, extracción de combustibles fósiles, monocultivos industriales, etc.) son, en cierto modo, dos caras de la misma moneda. Imposiciones verticalistas sobre territorios comunales que son determinadas desde fuera, y en su mayoría ejecutadas de manera violenta. Lejos de proteger a los bosques, las ONGs conservacionistas se han convertido en una industria que legitima la expansión de políticas económicas destructivas para con los bosques y sus pueblos.

Joanna Cabello, joanna@wrm.org.uy
Miembro de la secretaría internacional del WRM

(1) Ver, por ejemplo, el documental (en inglés) “Conservation’s Dirty Secrets”, Oliver Steeds, 2014
(2) La creación de áreas protegidas en el sudeste de Camerún, por ejemplo, ha arrebatado progresivamente a los “pigmeos” bakas la posibilidad de acceder a sus tierras ancestrales. Con frecuencia son acosados, arrestados e incluso torturados por los guardas forestales y los militares que los acompañan. Para equipar a sus patrullas “contra la caza ilegal”, el Gobierno de Camerún depende de poderosas organizaciones conservacionistas, entre ellas el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). Pueden leer más sobre este y otros casos y firmar una petición aquí.
(3) Survival International, Una historia de robo de tierras. Sudeste de Camerún.
(4) Duffy Rosaleen, War by Conservation, octubre de 2014; y Survival International, The two Faces of Conservation, 2015
(5) REDD-Monitor, ExxonMobil strikes US$200 billion offshore oil reserves in Guyana. Gives US$10 million to Conservation International, agosto 2018
(6) Conservation International, ExxonMobil Foundation invests US10 million in Guyana for Research, Sustainable Employment and Conservation, febrero de 2018
(7) Ver todos sus socios aquí.
(8) The Verge, Coke claims to give back as much water as it uses. An investigation shows it isn’t even close.
(9) EJ-Atlas, Excessive forest logging Lithuania, agosto de 2018
(10) Ver todos sus socios aquí. Y los miembros de su junta directiva aquí.
(11) Adams, W. Sleeping with the enemy, Journal of Political Ecology, Vol.24, 2017 252
(12) Klein, Naomi, Why aren’t environmental groups divesting from fossil fuels?, The Nation, 2013
(13) https://nofrakkingconsensus.com/2012/03/28/the-enormous-ceo-salaries-behind-earth-hour/
(14) https://redd-monitor.org/2013/05/03/naomi-klein-why-arent-environmental-groups-divesting-from-fossil-fuels/
(15) Rechazo a la iniciativa de WWF: Proyecto de Plantaciones de Nueva Generación, RECOMA