Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Los intercambios desiguales y perversos entre Nigeria y los poderes corporativos colonialistas: de los combustibles fósiles a las plantaciones industriales de palma aceitera y a REDD

Nigeria

 

Los combustibles fósiles comenzaron a reemplazar la madera como fuente de energía en Inglaterra, en el siglo XVIII; este cambio iba de la mano con la llamada “revolución industrial”. El consumo de combustibles fósiles ya era considerable en ese entonces, y tenía enormes implicaciones no sólo en Inglaterra sino también a gran distancia, en Nigeria, África. Existe una relación directa entre el uso creciente de combustibles fósiles en ese período, principalmente de carbón para producir vapor, y el hecho de que África occidental se convirtiera, un siglo más tarde, en el centro mundial de la industria del aceite de palma.

En el siglo XIX, los comerciantes británicos que buscaban oportunidades de negocios a lo largo de la costa africana pudieron aprovechar el motor a vapor para independizarse del viento y las corrientes. Con el motor a vapor, remontaron el delta del Níger hasta donde los barcos a vela no podían llegar. Por otro lado, descubrieron que el aceite de palma, muy común en África occidental, era un lubricante útil e incluso esencial para las ruedas del motor a vapor que, sin eso, no soportarían la presión y se romperían. A pesar de la resistencia que les opusieron los comerciantes y jefes nigerianos que, hasta entonces, habían controlado los precios del aceite de palma, los británicos lograron considerable ventaja sobre ellos. Al viajar río arriba, también descubrieron que podían conseguir carbón y otros materiales y artículos. Esto llevó a los colonizadores a invertir en un sistema de vías férreas para llevar dichos materiales y artículos hasta la costa. Además del aceite de palma, las minas de carbón comenzaron a alimentar los barcos a vapor, los trenes y la economía de Inglaterra. (1)

Hasta la primera mitad del siglo XX, África occidental fue el principal productor mundial de aceite de palma, y Nigeria el principal país productor. Cuando Indonesia y Malasia reemplazaron a Nigeria como primeros productores mundiales, en los años 1960, la multinacional británico-holandesa Shell comenzó a explotar el petróleo a gran escala en el delta del Níger. La industria petrolera se convirtió en la mayor de Nigeria y también en la más destructiva para las comunidades del delta del Níger, que dependen básicamente de los bosques, manglares, ríos y estuarios para la agricultura y la pesca de las que viven. Las luchas de resistencia de esas comunidades han sido numerosas y se han enfrentado a la violencia y la opresión (ver el editorial sobre la lucha de Ken Saro–Wiwa). Los devastadores impactos han sido cada vez más reconocidos a nivel internacional. El PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente), por ejemplo, a pedido del gobierno nigeriano, investigó en 2011 los efectos de la extracción de petróleo sobre el ambiente y la salud humana, centrándose en Ogoniland. Ogoni es una de las principales zonas de extracción petrolera del delta del Níger. El informe del PNUMA concluyó que “la contaminación por petróleo es generalizada en Ogoniland e impacta gravemente muchos elementos del medio ambiente”, y que “la población Ogoni convive diariamente con dicha contaminación”. (2)

Varias transnacionales petroleras, y principalmente Shell, han tenido enormes ganancias a expensas del pueblo nigeriano y, en particular, de los Ogoni. En enero de 2013, un tribunal holandés decidió que Shell debía limpiar la contaminación petrolera en Ikot Ada Udo, indemnizar a las personas afectadas y evitar que ocurrieran nuevos derrames. (3) Fue un caso único: por primera vez, una multinacional holandesa era juzgada en un tribunal holandés por las acciones de una de sus filiales, Shell Nigeria, que operaba fuera de los Países Bajos. Sin embargo, muchas otras comunidades están esperando una decisión similar, que reconozca la responsabilidad de Shell en la devastación causada por la extracción de petróleo y exija a la compañía que pague al menos la limpieza, dado que numerosas zonas han quedado tan devastadas que su restauración llevará siglos. En esa situación están, por ejemplo, las aldeas de Oruma y Goi: sufren exactamente la misma destrucción ambiental que los habitantes de Ikot Ada Udo, pero la corte no juzgó que Shell fuera culpable en esos casos. Los agricultores nigerianos y Amigos de la Tierra/Países Bajos anunciaron que apelarán esa decisión. (3) Mientras tanto, Shell y otras grandes empresas siguen afirmando que los responsables de numerosos derrames de petróleo son quienes cometen robos y sabotajes. Sin embargo, un reciente informe de Amnistía Internacional basado en seis meses de estudios de campo confirmó que no existe “base legítima” para ese argumento de la compañía. Además, el informe afirma que, si tienen lugar actos de ese tipo, “proteger las instalaciones petroleras contra ellos es, en gran medida, responsabilidad del operador”. (4)

Mientras continúa la producción de petróleo, las plantaciones de palma aceitera se expanden nuevamente en el país; indirectamente, dicha expansión está impulsada por los combustibles fósiles, debido sobre todo a la búsqueda de combustibles alternativos que realizan los países del Norte con el objetivo de mantener su enorme consumo de energía. Entre esas alternativas están los agrocombustibles y el aceite de palma; este último es el aceite vegetal más barato en el mercado mundial, y ha sido identificado como una “materia prima” clave para la demanda creciente de aceites vegetales de la UE debido a sus objetivos obligatorios en cuanto al uso de “energía renovable” de aquí a 2020. Empresas asiáticas, pero también europeas y estadounidenses, han estado acaparando tierras en Nigeria y en toda África para plantaciones industriales de palma aceitera, y los planes y proyectos anunciados a mediados de 2013 abarcan más de 4 millones de hectáreas.

En Nigeria, la principal zona de inversión es el Estado sudoriental de Cross River, donde se encuentra el último bosque tropical que queda en el país. Es allí que la mayor productora de aceite de palma del mundo, Wilmar (propiedad de Singapur y EE.UU.) comenzó hace algunos años a realizar plantaciones de palma aceitera en tierras de las comunidades indígenas Ibiae. La primera propiedad que adquirió Wilmar, por intermedio de su filial Biase Plantations, tiene 5.500 hectáreas, de las cuales 3.000 están en zona boscosa mientras que el resto son viejas plantaciones de palma que están siendo replantadas. La ONG de Calabar RRDC ha mostrado que esa privatización de tierras estatales ha desembocado en violaciones de los derechos humanos, destrucción ambiental, y violación de leyes municipales y federales, pero nada de esto impidió a la compañía afirmar que sus plantaciones respetan los principios y criterios de la RSPO. Esta nueva tendencia a la expansión de las plantaciones de palma aceitera a gran escala por parte de un miembro de la RSPO como Wilmar pone especialmente en peligro el futuro y la supervivencia de la comunidad indígena Ibiae. Sin embargo, Wilmar avanza cada vez más, invadiendo decenas de miles de hectáreas de bosque y tierras comunitarias, como sucede en otros países africanos donde esa empresa y otras también están expandiendo sus plantaciones de palma aceitera. (5)

Ese rápido avance de las plantaciones industriales en el Estado de Cross River y en las regiones y países vecinos hizo que se reunieran en Calabar representantes de organizaciones de Nigeria, Sierra Leona, Liberia, Benín, Costa de Marfil, Camerún, RDC y Gabón, así como de Indonesia, Europa y las Américas, para hablar sobre la expansión de las plantaciones de palma aceitera en el continente africano y discutir planes y actividades comunes. Durante cuatro días – del 2 al 5 de noviembre de 2013 – intercambiaron experiencias, analizaron la situación del continente y se enteraron de lo que había sucedido con las promesas de las compañías de palma aceitera cuando se establecieron en Indonesia, primer productor mundial de aceite de palma. Los participantes confirmaron su compromiso de aunar esfuerzos para detener la actual expansión del monocultivo industrial de palma y continuar luchando para defender los territorios y economías de los pueblos. El encuentro produjo una declaración que está disponible en http://wrm.org.uy/meetings-and-events/calabar-declaration/.

Junto con la expansión de la palma aceitera, también los proyectos REDD+ amenazan con invadir tierras comunitarias del Estado de Cross River. Dichos proyectos provienen del gobierno estatal y federal, en el marco de un programa piloto sobre REDD financiado por agencias de la ONU a través del programa UNREDD. Las comunidades que viven en las zonas de bosque elegidas para esos proyectos se quejan de no recibir información y de que sus actividades tradicionales peligran, de acuerdo a lo que está sucediendo con muchos otros proyectos REDD+ en otros países del mundo, donde las comunidades pierden todo control sobre sus territorios.

En esta síntesis vemos la historia de un intercambio desigual de “productos”: aceite de palma, carbón, petróleo, nuevamente aceite de palma y, últimamente, el producto inventado llamado “créditos de carbono”. Todos tienen un papel en el proceso histórico de saqueo de energía y demás “recursos naturales” de Nigeria, protagonizado por intereses corporativos británicos, holandeses y otros con el fin de aumentar sus ganancias y crear mayor demanda para un modelo de producción industrializada y de consumo basado en el uso insustentable de combustibles fósiles. Lo que vuelve aún más perversos los últimos giros de la historia es que, si bien inicialmente Nigeria era sólo una fuente de combustible y energía baratos para los europeos, en particular para la industria británica, los bosques y manglares que sobrevivieron a la devastación del petróleo y la palma aceitera están siendo ahora usurpados para “resolver” la crisis climática derivada de la combustión masiva de carbón, petróleo y gas realizada durante los dos últimos siglos. La perversidad reside en el hecho de que esos proyectos de plantación de árboles y REDD que, supuestamente, “economizan” carbono, no están resolviendo la crisis climática porque son soluciones falsas; crean la ilusión de que se está combatiendo la crisis climática cuando, en realidad, trasladan las emisiones de un lugar a otro. (6) Están creando más problemas para la población de Nigeria, como un ingrediente más en la historia de las múltiples violaciones cometidas para la producción de energía.

Fuentes:

(1) Basado en una presentación de Andreas Malm, de la Universidad de Lund, Suecia, durante el taller de EJOLT (www.ejolt.org) organizado en Nigeria en marzo de 2013;

(2) http://postconflict.unep.ch/publications/OEA/UNEP_OEA_ES.pdf;

(3) http://wrm.org.uy/articles-from-the-wrm-bulletin/section2/nigeria-dutch-court-condemns-shell-but-more-justice-is-needed/;

(4) http://www.bbc.co.uk/news/world-africa-24839324; (5)http://wrm.org.uy/books-and-briefings/oil_palm_in_africa/;

(6) http://wrm.org.uy/books-and-briefings/10-things-communities-should-know-about-redd/