Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Mekong: donde la fiebre del caucho vuelve a embestir

La producción industrial de caucho natural siempre fue sinónimo de destrucción y explotación. Cerca del 70% se usa para fabricar neumáticos. En la medida en que se incremente el uso de autos, camiones y aviones, también se incrementará el uso de caucho. Y esto no llega sin controversias.

La denominada “fiebre del caucho” tuvo sus inicios a mediados del siglo XIX, cuando Charles Goodyear descubrió los usos que se le podía dar al látex de los árboles de caucho. Con la fabricación masiva del coche a motor unas décadas más tarde y la invención de los neumáticos en 1888, la “necesidad” de caucho natural se convirtió en algo urgente. El caucho sintético, por su parte, que se elabora a través de reacciones químicas con productos de hidrocarburo, intenta competir con el caucho natural pero no logra reemplazarlo.

El árbol del caucho proviene de la Amazonia. Muchos oportunistas se precipitaron a estas selvas en busca de fortuna, imponiendo prácticas infra-humanas de cosecha y trabajo esclavizado. En pocos años, miles de indígenas fueron asesinados, violados o torturados. (1) Otros persiguieron el caucho en África occidental, donde los colonizadores propagaron las semillas de Havea brasiliensis, liderados por uno de los monarcas más infames: el rey Leopoldo II de Bélgica. Una vez más, miles de personas fueron asesinadas, esclavizadas y torturadas. En 1912, las semillas fueron llevadas a Asia, desde donde se propagaron con grandes plantaciones para abaratar los costos de producción.

Hasta hoy, la producción industrial de caucho natural sigue siendo en gran medida sinónimo de destrucción y explotación. Las plantaciones a gran escala son responsables de deforestación, destrucción de biodiversidad, erosión de suelos, contaminación por el uso de químicos así como abusos y despojos a comunidades locales. Además, las plantaciones industriales de caucho incrementan considerablemente la violencia sexual y abusos contra las mujeres y niñas de las comunidades que se ven afectadas. (2) Actualmente, el 97% de la producción de caucho natural en el mundo proviene de la región asiática.

De acuerdo a un informe de la organización FERN (3), existen unas 13 millones de hectáreas a nivel global ocupadas por plantaciones de caucho natural y van en aumento. Se estima que el consumo anual de caucho para 2025 aumentará en más de 40% en comparación con el de 2010. Esto podría conllevar una expansión de 8.5 millones de hectáreas de plantaciones.

Los principales compradores de caucho natural son China, la Unión Europea (principalmente Alemania, Francia, España e Italia) y los Estados Unidos. Cerca del 70% del caucho natural es destinado para la fabricación de neumáticos, sobretodo para carga pesada. En la medida en que se incremente el uso de autos, camiones y aviones, también se incrementará el uso de caucho. Y esto no llega sin controversias.

El “oro blanco” en el Mekong

La región del Mekong – comprendida por Tailandia, Camboya, Vietnam, Laos y Myanmar – confronta una deforestación que aumenta a pasos agigantados, en gran medida a causa de las plantaciones de caucho. Estos 5 países producen más del 50% del caucho natural a nivel global. Esto se debe, entre otros motivos, a su cercanía a China, el principal consumidor de caucho del mundo, así como a la expansión de plantaciones de palma aceitera en Indonesia y Malaysia, que fueron desplazando al caucho hacia el Mekong.

A principios de 1950, el gobierno chino decidió que debía producir su propio caucho natural, por lo que invirtió fuertemente en investigar si el caucho podría ser cultivado en áreas percibidas hasta entonces como inadecuadas. Posteriormente se establecieron plantaciones estatales con éxito en áreas “no tradicionales,” lo que facilitó enormemente la expansión de este cultivo. Al mismo tiempo, el auge de los precios del aceite de palma estaba impulsando una expansión de plantaciones de palma aceitera en áreas donde antes se cultivaba caucho. A diferencia del caucho, las palmas aceiteras están restringidas a los trópicos húmedos. En muchas partes de Tailandia peninsular, Malasia e Indonesia, los árboles de caucho siguen siendo reemplazados por la palma aceitera, y el caucho está siendo desplazado más al norte. (4)

Hoy en día, la producción comercial de caucho en esta región se presenta bajo 3 tipos de sistemas: concesiones de tierras a compañías estatales o privadas, producción independiente de pequeños agricultores o cultivo por contratos entre empresas y pequeños agricultores. Los pequeños agricultores dominan la producción de caucho en Tailandia y en un menor grado en Myanmar, por razones diferentes pero relacionadas a las políticas de reforma agraria en curso que subsidian este cultivo y la falta de capacidad estatal para controlar grandes concesiones. Por otro lado, en Camboya, Vietnam y Laos, las grandes concesiones comerciales han sido promovidas e impuestas a través de políticas de gobierno, afectando la tenencia y el control de tierras de pequeños agricultores.

Empresas de China, Vietnam, Malasia y Tailandia están invirtiendo fuertemente en plantaciones de caucho en áreas no tradicionales en Vietnam, Tailandia, Laos, Camboya y Myanmar. Tales plantaciones están manejadas por concesiones o por contrato con pequeños productores. En las concesiones, las empresas controlan tanto la tierra como la producción del caucho, lo que convierte a los agricultores en trabajadores sin tierra, que en su mayoría confrontan además condiciones laborales muy precarias. (5)

En el caso de la cosecha por contrato, los pequeños agricultores siguen siendo propietarios de sus tierras, aunque deben cumplir con las condiciones contractuales. El abandono de las prácticas agrícolas tradicionales en favor de esencialmente un monocultivo, tiene graves consecuencias para la soberanía alimentaria y nutricional de las familias. Peor aún, los diversos materiales, alimentos y las medicinas así como los productos forestales no maderables, se vuelven inaccesibles ya que las plantaciones de caucho no los proporcionan.

Myanmar
El caucho se ha cultivado en Myanmar desde principios de 1900, sobre todo en el estado de Mon. Tales áreas de cultivo de caucho “tradicionales” comprenden principalmente a pequeños agricultores en busca de otra forma de ingresos. Sin embargo, como lo indica la ONG Global Witness (6), han surgido dos nuevos patrones de expansión en Myanmar.

Por un lado, nuevas áreas no tradicionales de este cultivo están siendo promovidas durante la última década por el gobierno, lo que ha visto una expansión de plantaciones en el norte del país. La política oficial ha pasado de depender de los pequeños agricultores para alcanzar las cuotas nacionales de producción agrícola al uso de empresas privadas para alcanzar los objetivos nacionales. Por otro lado, las plantaciones a gran escala están acercándose cada vez más a las pequeñas parcelas, lo que reduce el acceso de los campesinos a los bosques y a sus medios de subsistencia, socavando además su soberanía alimentaria.

En ambos casos, las concesiones se están asignado en áreas que el gobierno define como “tierras improductivas”, en su mayoría, en tierras altas. Pero lejos de ser improductivas, estas tierras suelen ser utilizadas y cultivadas por las comunidades locales.

Vietnam
Las plantaciones de caucho en Vietnam dan evidencia de algunos de los peores abusos de los pueblos indígenas en ese país a manos de la colonia francesa. El clima en las tierras altas del sur de Vietnam ofrece condiciones ideales para los árboles de caucho. Por tanto, el gobierno colonial “puso a disposición” de las empresas europeas vastas extensiones de bosques para las plantaciones, al tiempo que establecía la infraestructura necesaria y brindaba apoyo financiero. El trabajo forzoso era la norma, junto con la tortura, violación y marginación. No obstante, las plantaciones coloniales también se convirtieron en lugares de radicalización y rebelión que se manifestó en las guerras posteriores con Francia y los Estados Unidos. Después, el nuevo gobierno eligió operar la industria de acuerdo con las estructuras coloniales, dando preferencia a las grandes empresas extranjeras. A partir de 1943, las grandes haciendas comenzaron a ocupar cada vez más tierras para producir caucho, alcanzando el 82% para 1970. (7)

Mientras que las plantaciones de empresas francesas desaparecieron a favor de las empresas estatales después de 1975, los conflictos entre las grandes plantaciones y los cultivos familiares o comunitarios continúa. Un informe del gobierno vietnamita estimó que más de 10 mil niños estaban involucrados en la producción de caucho, el 22% de los cuales tenían entre cinco y once años. Abundan las graves denuncias de trata y esclavitud. (8) Las empresas vietnamitas por su parte miran cada vez más hacia Laos y Camboya para establecer sus plantaciones. (9) En una tendencia que recuerda a la colonia, estas corporaciones están frecuentemente forzando a las comunidades a reubicarse, a menudo de forma ilegal y violenta. (10)

Camboya
Un estudio de la Universidad de Copenhague de 2019 (11) expone que el 23.5% de la cobertura forestal en Camboya – más de 2.2 millones de hectáreas – fue destruido entre 2001 y 2015. Casi un cuarto del área deforestada, incluyendo áreas “protegidas” –  fue utilizado para plantaciones de caucho. Dos tercios de estas áreas son de propiedad extranjera, principalmente de empresas de Vietnam y China, las cuales también suelen controlar sus fábricas procesadoras.

El estudio además revela la fuerte correlación que existe entre la taza de deforestación y el precio del caucho, por lo que alertan que si no se detienen las políticas que promueven el desarrollo de plantaciones comerciales de caucho, los bosques seguirán disminuyendo en ese país. Tales políticas incluyen el llamado “triangulo de Camboya, Laos y Vietnam,” enfocado en promover el “crecimiento” regional, en el cual la industria del caucho ocupa un lugar prominente.

En 2014 se presentó una denuncia frente a la Corte Penal Internacional contra el Gobierno de Camboya, por sus crímenes contra la humanidad asociados a una ola masiva de acaparamiento de tierras que condujo al desplazamiento de 770,000 camboyanos. En su gran mayoría, las comunidades y los pueblos indígenas fueron violentamente despojados de sus tierras y bosques para dar paso a proyectos de agricultura comercial a gran escala, principalmente con árboles de caucho. (12)

Laos
Desde la década de 1990, las comunidades en las tierras altas del norte de Laos fueron empujadas a dejar su agricultura de subsistencia para pasar a trabajar en las plantaciones de caucho, reduciendo sus áreas de cultivo de arroz. En un ataque directo a su soberanía alimentaria, la rápida pérdida de bosques ha puesto además en riesgo la extinción de diversas variedades de arroz. (13)

Como en Camboya, prácticamente todas las plantaciones de caucho a gran escala reemplazaron bosques. Hasta 2007, un programa de titulación de tierras le otorgó concesiones de tierras a empresas principalmente de Vietnam y China. Aproximadamente el 75% de la inversión en caucho en Laos viene de empresas extranjeras. Las familias afectadas enfrentan escasez de alimentos y agua y reciben poca o ninguna compensación. Los pueblos indígenas y comunidades que se oponen confrontan violencia, arresto y detención.

¿Certificar para asegurar la expansión?

La creciente expansión de plantaciones de caucho ha resultado en una serie de serios impactos ambientales y sociales que han empujado a que se creen esquemas de certificación que afirman querer convertir la producción de caucho en una más “sostenible”. Pero ¿es eso posible?

Una de las iniciativas que es fuertemente promovida es la Plataforma global de caucho natural sostenible (Global Platform on Sustainable Natural Rubber – GPSNR), la cual afirma reunir a los diferentes actores involucrados para afrontar los abusos existentes en la cadena de producción del caucho. La Plataforma se lanzó en marzo de 2019 con miembros que van desde la industria automotriz –como BMW, Ford Motor, General Motors-, productores de neumáticos –como Bridgestone Corporation, Goodyear, Michelin-, empresas de plantaciones de árboles de caucho –como el Grupo Socfin- así como ONGs internacionales de conservación –como BirdLife International, Conservation International, Mighty Earth, Rainforest Alliance, WWF, entre otras.

Estas “mesas de negociación” o plataformas, sin embargo, esconden una clara inequidad en términos de poder político y económico. Peor aún, esconden el verdadero objetivo de reunir a los actores corporativos que lucran de la expansión del caucho con ONGs conservacionistas: facilitar la expansión de plantaciones industriales de caucho bajo sellos que esconden la devastación que esto ocasiona. Esto ya se ha evidenciado con otros esquemas de certificación de plantaciones de monocultivos de árboles en gran escala. (14)

El hecho es que muchos de los factores subyacentes que generaron las varias “fiebres del caucho” a lo largo de la historia, en las diferentes regiones del Sur global, siguen en pie. El creciente consumo de autos, caminos y aviones, en particular aquellos que facilitan el comercio global de millones de mercancías que son transportadas cada día, es un indicador de que la expansión de plantaciones industriales de caucho seguirá amenazando territorios de comunidades y bosques.

** Si conoce sobre luchas locales contra las plantaciones del árbol de caucho que necesitan de apoyo y/o visibilidad, pónganse en contacto con el equipo de WRM: wrm@wrm.org.uy

 (1) Survival International, Muerte en el paraíso del diablo
(2) Romper el Silencio: violencia sexual y abuso contra las mujeres dentro y alrededor de las plantaciones industriales de palma aceitera y caucho, 2019
(3) FERN, Rubber. Agricultural commodity consumption in the EU, 2018
(4) Fox J., Castella J.C., 2013. Expansion of rubber (Hevea brasiliensis) in Mainland Southeast Asia: What are the prospects for smallholders? Journal of Peasant Studies 40(1), 155-170
(5) Idem and CAB Reviews, Environmental and socio-economic impacts of rubber cultivation in the Mekong region: challenges for sustainable land use, 2015
(6) Global Witness, What future for rubber production in Myanmar? 2014
(7) Saigoneer, The harrowing history of Vietnam’s rubber plantations, 2019
(8) Verité. Fair Labour Worldwide, Countries where rubber is reportedly produced with forced and/or child labour
(9) Land grabs and labour: Vietnamese workers on rubber plantations in southern Laos, Singapore Journal of Tropical geography, 2018
(10) AidEnvironment, Low prices drive natural rubber producers into poverty, 2016 y Global Witness, Rubber Barons
(11) Nature, Unravelling the link between global rubber Price and tropical deforestation in Cambodia, 2019
(12) Land Coalition, Unprecedented case filed at ICC proposes land grabbing in Cambodia as a crime against humanity, 2014
(13) Luangmany, D. and Kaneko, S., Expansion of rubber tree plantation in northern Laos: economic and environmental consequences, 2013
(14) Vea la página del WRM sobre certificación de plantaciones industriales