Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

OLAM Palm Gabon pretende usar la definición de bosques para implementar su compromiso de “cero deforestación”

La compañía OLAM se ha asegurado el acceso a 500.000 hectáreas de tierra en Gabón, un país con 85% de cobertura forestal, para el establecimiento de plantaciones de palma aceitera a gran escala. ¿Cómo puede entonces OLAM afirmar que sigue un compromiso de “cero deforestación”?

Plantación de palma aceitera de OLAM cerca del pueblo de Sanga/WRM

La expansión de las plantaciones industriales de palma aceitera es un motor notorio de deforestación tropical. Esto, desde hace años, ha sido un tema álgido para los inversores en el negocio de la palma aceitera y para los consumidores. Pero el problema parece estar resuelto. Al menos, eso es lo que la industria de la palma aceitera quiere que creamos. Su receta se llama “cero deforestación”, una idea lanzada por grandes ONG conservacionistas en Brasil en 2007. En los últimos años, varias de las compañías más grandes de plantaciones de palma aceitera se han comprometido a mantener sus negocios con “cero deforestación”.

Para las empresas palmícolas, asumir un compromiso de “cero deforestación” es sin duda muy atractivo. Primero, un compromiso de ese tipo desvía la atención de la deforestación a gran escala que estas compañías ya han provocado. Así, les resulta útil para limpiar su imagen y reputación, y les abre las puertas para recibir más dinero de los bancos y conseguir más ventas a los consumidores preocupados. El nombre también es muy atractivo porque habla por sí mismo: “cero deforestación “, ¡y ya está! Sin embargo, queda una pregunta fundamental: ¿cómo pueden las empresas mantener ese compromiso en la práctica y a la vez expandir sus negocios, especialmente aquellos que tienen lugar en países con bosques? La compañía OLAM, con sede en Singapur, por ejemplo, ha logrado asegurarse el acceso a 500.000 hectáreas de tierra en Gabón, un país con una cobertura forestal del 89%, para el establecimiento de plantaciones de palma aceitera a gran escala. ¿Cómo puede entonces OLAM afirmar que sigue un compromiso de “cero deforestación”?

El compromiso de cero deforestación de OLAM frente a lo que ocurre en los hechos

La compañía OLAM tiene negocios en Gabón a través de una empresa conjunta con el estado de ese país y es la principal empresa industrial de palma aceitera allí. (1) El gobierno de Gabón tiene una participación del 49% en la empresa OLAM Gabon. En diciembre de 2016, la ONG conservacionista estadounidense Mighty Earth dio pruebas en un informe de que OLAM había deforestado aproximadamente 20.000 hectáreas en Gabón para sus plantaciones industriales de palma aceitera. (2) Solo tres meses después, en febrero de 2017, Mighty Earth firmó un acuerdo con OLAM por el cual la compañía se comprometió a establecer una moratoria a mayor deforestación. (3)

Es difícil creer que OLAM haya cambiado de opinión solo para borrar el mal informe evidenciado por Mighty Earth. El apetito por más tierras y, por tanto, por bosques, para aumentar la producción y las ganancias es una parte intrínseca de la lógica comercial de las empresas de monocultivos. El enfoque entonces está en descubrir las estrategias y tácticas que sigue OLAM para poder afirmar “cero deforestación”, legitimada por ONG conservacionistas como Mighty Earth, mientras continúa su negocio rentable en un país boscoso como Gabón.

Una táctica a tener en cuenta es la forma en que OLAM define la “cero deforestación”. En su documento Living landscapes (Paisajes vivos), (4) explica que “cero deforestación” significa adoptar “principios positivos netos”, lo que resulta en un “impacto positivo neto”. El término “neto” puede parecer poco importante, pero es crucial. Permite a las empresas seguir destruyendo áreas, incluyendo bosques, siempre que compensen esa destrucción con la protección de otras áreas “comparables” en términos de biodiversidad y tipo de vegetación, que según ellos estarían en riesgo de destrucción. El término “positivo” en la formulación “impacto neto positivo” va aún más lejos: se supone que expresa que una empresa no solo compensa su destrucción sino que también protege otros lugares en riesgo, creando un impacto “neto positivo” en comparación con la situación anterior. Esta idea ha sido adoptada cada vez más por las empresas y es el principio básico detrás del mecanismo de “compensación de la biodiversidad” (5). Sin embargo, está equivicada. Cada lugar es único en su propia diversidad y tiene sus raíces en un tiempo y espacio específicos; y por lo tanto, no puede ser comparado o reemplazado por otros lugares. Además, estos lugares a menudo son utilizados por las comunidades, ¡y por lo tanto no deben ser destruidos! Pero OLAM va más allá y afirma que sus “principios netos positivos” están produciendo un “triple impacto positivo”, que resulta en: “agricultores y sistemas agrícolas prósperos”, “comunidades prósperas”, y que están “regenerando el mundo”.

Sin embargo, estos argumentos contrastan con la situación que enfrentan las comunidades que viven en torno a las plantaciones de OLAM en su lucha diaria por sobrevivir. Las comunidades enfrentan más restricciones que antes en el acceso y uso de los bosques en las áreas de concesión de OLAM, que ahora la compañía podría usar como compensación. Estas áreas son utilizadas tradicionalmente por las comunidades para la agricultura, la caza, la pesca y la recolección de productos no maderables. Además, OLAM ahora está avanzando sus plantaciones hacia las llamadas sabanas o praderas. Esto afecta en gran medida a las comunidades locales porque son zonas muy útiles y valiosas para cazar, pescar, recolectar hongos, entre otros productos (6). Esto resuena a lo que sucedió en Brasil hace años, cuando las grandes ONG conservacionistas nacionales e internacionales se centraron en defender solo la protección de la selva amazónica, haciendo que los agronegocios avanzaran hacia el bioma de la sabana brasileña, llamado “cerrado”, mucho menos protegido, comenzando una destrucción a gran escala de este bioma también extremadamente valioso.

Una solución falsa pero rentable para OLAM: ¡definir un bosque a partir del carbono por hectárea!

Una de las tácticas más perversas y peligrosas que OLAM y su socio comercial, el gobierno de Gabón, sugieren es cambiar la definición de bosque que tiene Gabón para aumentar sus ganancias. En 2018, el Ministerio de Agricultura de Gabón propuso modificar la actual definición de bosque, que se basa únicamente en la cobertura forestal – ya que la mayoría de las definiciones en todo el mundo siguen la definición de la FAO (7) -, por otra definición sin precedentes. La propuesta consideraría que un bosque no es solo una superficie con árboles sino que también establecería un parámetro de una cantidad mínima de carbono que debería contener un área forestal. Según la propuesta, (8) realizada por Lee White, el actual Ministro de Bosques de la Agencia Nacional de Parques Nacionales de Gabón (ANPN), “un bosque es un ecosistema con una superficie de como mínimo 4 hectáreas de árboles forestales endémicos con un promedio de como mínimo 5 árboles de dhp [diámetro a la altura del pecho, en francés] > 70 cm/ha y/o una biomasa de >118 toneladas de carbono/ha”.

De adoptar esta definición, se sentaría un peligroso precedente. No solo es arriesgado incluir el parámetro de carbono dentro de una definición de bosque, sino que la cantidad mínima sugerida de 118 toneladas de carbono por hectárea simplemente excluiría los bosques secundarios y los bosques en regeneración de la definición de bosque. El propósito general se vuelve entonces muy evidente: OLAM podría expandir sus plantaciones en zonas de bosques secundarios y bosques en regeneración, mientras que ante los bancos y los consumidores afirma mantener su compromiso internacional de “cero deforestación”.

La nueva definición de bosque propuesta refuerza además dos causas subyacentes de la deforestación. Primero, fortalece los problemas de la definición de bosques promovida por la FAO, que define un bosque solamente como un grupo de árboles, perpetuando los negocios y las ganancias de la tala, el procesamiento de madera y las industrias de celulosa y papel. La definición de la FAO también perpetúa la marginación y la discriminación de las opiniones de numerosas comunidades del bosque, que lo consideran como una compleja unidad de vida, con plantas, animales y comunidades humanas, que generalmente llaman su hogar; debilita aún más sus luchas para conservar y defender sus territorios boscosos. En segundo lugar, la definición propuesta da continuidad y refuerza aún más las falsas soluciones que buscan utilizar los bosques para supuestamente combatir el cambio climático, al reforzar la visión de que lo que realmente importa es el carbono almacenado en los árboles. Esto es lo que defiende REDD, la principal política forestal internacional de los últimos 10 años. REDD impone una serie de restricciones a las comunidades que dependen de los bosques en cuanto a su utilización. Similar a lo que las comunidades dentro de las áreas de concesión de palma aceitera de OLAM están experimentando ahora.

¿Qué pasa con las plantaciones de palma aceitera y la RSPO?

Desde su creación hace 15 años, la Mesa Redonda del Aceite de Palma Sostenible (RSPO, por su sigla en inglés) hace la falsa afirmación de que puede hacer que el sector industrial de la palma aceitera sea sostenible sin cambiar estructuralmente el modelo destructivo y violento de los monocultivos a gran escala. El rechazo a este modelo fue expresado una vez más por 110 organizaciones nacionales e internacionales en una carta abierta a la RSPO en la víspera de su última asamblea general en 2018. (9) Sin embargo, la RSPO insiste en que puede transformar el modelo con “mejoras”, también como una forma de responder a las críticas. La deforestación es probablemente la cuestión más urgente planteada por los miembros de la RSPO, entre los que se encuentran los bancos, incluida la Corporación Financiera Internacional (CFI) del Banco Mundial, y las compañías compradoras de aceite de palma.

La presión hizo que, en su última asamblea, la RSPO adoptara una nueva norma que incluye la promoción de una política de “cero deforestación”. Antes de noviembre de 2018, la RSPO solo exigía que en las zonas de plantación certificadas se protegieran los tipos de vegetación que la compañía definió como bosques de “Alto valor de conservación” (VHC) y “Alto contenido de carbono” (HCS), con frecuencia bosques primarios que supuestamente almacenan más carbono que otros ecosistemas. Mientras que los bosques secundarios, a menudo muy valiosos para las comunidades, podrían destruirse. Pero bajo la nueva norma RSPO, además de los bosques primarios, los bosques secundarios y los bosques en regeneración también entran en la categoría de bosques que no pueden ser destruidos para establecer plantaciones de palma aceitera. Por lo tanto, en la práctica, la RSPO adoptó una política de “cero deforestación”, dependiendo de cómo y quién defina en los hechos estas categorías de bosques.

OLAM es miembro de la RSPO, tiene parte de sus plantaciones certificadas por la RSPO y está en proceso de certificar todas sus plantaciones para que la RSPO respalde su política de “cero deforestación”. La pregunta que resta entonces hacer es ¿qué tiene que decir la RSPO sobre la táctica aplicada por OLAM y el gobierno de Gabón para cambiar la definición de bosque de tal manera que eso les permite continuar destruyendo bosques? ¿Y qué hay de los otros bancos de desarrollo, como la CFI / Banco Mundial, que planean conceder un préstamo importante a OLAM Gabón?

El caso de OLAM en Gabón muestra que la “cero deforestación” está lejos de ser un compromiso simple y directo para detener la deforestación. En manos del sector de la palma aceitera, de compañías como OLAM y el sistema de certificación RSPO, parece ser mucho más una herramienta de relaciones públicas oportunista que una herramienta para abordar la crisis de deforestación. Mientras crea una cortina de humo para bancos y consumidores, promueve que las empresas de palma aceitera, especialmente aquellas activas en países con bosques, usen su poder e influencia política para imponer nuevas tácticas y estrategias que garanticen que puedan continuar y continúen sus negocios y obtengan ganancias, mientras “venden” una imagen de empresa que protege los bosques.

Lo que es peor, en los hechos, los compromisos de “cero deforestación” tienden a profundizar los problemas que enfrentan las comunidades que dependen de los bosques en las zonas de concesiones de palma aceitera y alrededor de ellas. En Gabón, estas comunidades luchan por mantener y recuperar el control sobre sus territorios, en especial las zonas de bosque que OLAM aún no destruyó.

Muyissi environnement, Gabon y WRM 

(1) Boletín 230 del WRM, La estafa de las plantaciones de palma “verdes”: el caso de OLAM, mayo de 2017
(2) Mighty Earth, Palm Oil’s Black Box, diciembre de 2016
(3) Si bien OLAM reaccionó por primera vez en 2016 con respecto al informe de Mighty Earth afirmando que “Estamos de acuerdo con el derecho soberano de Gabón de convertir un mínimo porcentaje de su bosque menos valioso para la agricultura, en la medida que se haga de manera responsable y transparente” (ver en Mongabay, Palm oil giant defends its deforestation in Gabon, points to country’s right to develop, diciembre de 2016), tres meses después aparentemente cambió de idea y asumió un compromiso muy diferente, declarando que suspendería “toda tala de bosques en Gabón para el establecimiento de plantaciones de palma y caucho durante un año (un periodo que puede extenderse)”. (Mighty Earth, OLAM and Mighty Earth agree to Collaborate on Forest Conservation and Sustainable Agriculture in Highly Forested Countries, febrero de 2017)
(4) OLAM, OLAM living Landscapes Policy, abril de 2018
(5) Por más información sobre compensación de biodiversidad ver el caso de Río Tinto en Madagascar
(6) En el correr de este año (2019), la ONG gabonesa Muyissi Environnement y WRM publicarán un informe sobre los impactos en las comunidades del compromiso de deforestación cero de OLAM.
(7) WRM, Definición de bosques
(8) WWF-Gabon, la rédefinition de la fôret, quels enjeux pour le Gabon? noviembre de 2018
(9) WRM, Declaración “RSPO: 14 años de fracaso en eliminar la violencia y la destrucción generadas por el sector del aceite de palma industrial