Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Plantaciones industriales de árboles en el sur y este de África

Desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, mientras estaban bajo el control político de Gran Bretaña – la principal potencia colonial de la región de la época -, varios países africanos fueron presionados para establecer plantaciones para extracción maderera como respuesta al deterioro de sus bosques. En 1876, Sudáfrica estaba entre los primeros países en establecer plantaciones de eucaliptos que proporcionarían combustible a los ferrocarriles, y plantaciones de pinos para madera para construcción. Le seguían Swazilandia, Uganda y Kenia. Desde 1945, después del final de la Segunda Guerra Mundial, las plantaciones madereras se expandieron para aumentar la producción de productos y materiales a base de madera, que escaseaban en los países industrializados.

Desde la década de 1960 en adelante, a medida que los países se fueron independizando de Gran Bretaña, comenzaron a recibir fondos de varias instituciones para el desarrollo para la creación de departamentos “forestales” y el establecimiento de plantaciones industriales. Una de esas instituciones fue CDC, British Colonial (más tarde Commonwealth) Development Corporation, que estableció extensas plantaciones así como fábricas de celulosa y papel en varios países del este y sur de África, entre ellos Tanzania, Sudáfrica y Swazilandia. Otra institución internacional que apoyó este proceso fue el Banco Mundial, que financió plantaciones industriales en Kenia, Malawi, Tanzania y Swazilandia, así como en Zambia junto con CDC. Más recientemente, los llamados organismos gubernamentales para el desarrollo, como la agencia noruega NORAD, han financiado plantaciones de árboles en Uganda y Tanzania, mientras que el gobierno finlandés ha promovido la expansión de plantaciones industriales en Mozambique y Kenia.

Desde la década de 1980 se han utilizado las políticas del Fondo Monetario Internacional (FMI) basadas en el modelo económico neoliberal para imponer “programas de ajuste estructural” en el Sur global. Para acceder al dinero del FMI para pagar las deudas con los gobiernos y bancos del Norte, los Estados se vieron obligados a promover la privatización y la liberalización del comercio, y ofrecer incentivos a las exportaciones así como subvenciones a las empresas – en especial a las empresas madereras para expandir sus plantaciones industriales de árboles. En los últimos 10 años, el aumento de la privatización y financiarización de la tierra permitió a las empresas acceder a tierras baratas comunitarias y de propiedad del Estado, y realizar inversiones de muy bajo costo en plantaciones de árboles nuevas y ya existentes en África.

Al igual que en otras regiones del Sur global, un agente clave para la introducción y promoción del modelo de plantaciones de monocultivo en toda África ha sido la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés). Este modelo industrial con raíces europeas se basa en una definición distorsionada en la que un bosque se considera solo como un “conjunto” de árboles cuyo propósito principal es el de producir madera. Esta equívoca definición de “bosques” de la FAO incluye a los monocultivos industriales, a gran escala, por lo general en plantaciones de millones de árboles no nativos, potencialmente invasores, como los eucaliptos y variedades de álamo transgénicos. Estos se describen erróneamente como “bosques plantados”. Este definición tendenciosa no reconoce otras funciones, beneficios y valores esenciales de los verdaderos bosques, e igualmente ignora el importante papel que cumplen las comunidades humanas que viven de manera sustentable en los bosques, los protegen y dependen de ellos para sus medios de vida y sus identidades culturales.

Nueva ola de acaparamiento de tierras para plantaciones: ¿quién está detrás?

En la mayoría de los países africanos la tierra pertenece oficialmente al Estado. Pero en la práctica, la tierra es propiedad de las comunidades locales que han vivido allí por generaciones. La forma en que la tierra es utilizada y organizada ha sido determinada por el derecho consuetudinario. En varios países las comunidades locales e indígenas, junto con grupos de apoyo, luchan para obtener el reconocimiento del Estado de su tierra consuetudinaria y de propiedad colectiva.

La nueva ola de proyectos de plantaciones de árboles en África afecta directamente las vidas y formas de sustento locales. En los últimos 5 a 10 años, como parte de un proceso más amplio de acaparamiento de tierras en el Sur global, el capital financiero se ha enfocado en la especulación a largo plazo con tierras cubiertas de plantaciones de árboles, como una nueva opción de inversión. Entre esos inversores figuran el Banco Africano de Desarrollo (BAfD), el Banco Europeo de Inversiones (BEI), el Banco Mundial, junto con su filial comercial la Corporación Financiera Internacional (CFI), y entidades privadas tales como bancos comerciales, fondos de pensiones, y los llamados fondos de “inversión verde”, que utilizan dinero público y privado.

Para favorecer el acaparamiento de tierras, los países del Norte global han creado nuevos instrumentos financieros que facilitan las inversiones extranjeras en tierra e infraestructura. Por ejemplo, en 2004, el gobierno de Estados Unidos creó la empresa Millennium Challenge Corporation (MCC), que cumple una función clave en la mercantilización de las tierras agrícolas africanas y las abre a las empresas estadounidenses del agronegocio. MCC tiene proyectos, por ejemplo, en Madagascar y Mozambique.

En Mozambique, por ejemplo, en los últimos años varios millones de hectáreas de tierra han pasado a manos de empresas e inversores, en especial para el establecimiento de plantaciones de árboles. Además, la tierra elegida por las empresas forestales y del agronegocio es la que tiene mayor potencial agrícola. Cuando los gobiernos facilitan el acceso de los inversionistas a tierras fértiles otorgándoles arrendamientos o concesiones, los eximen de tener que invertir en la compra de la tierra, y esto los alienta a ocupar aún más tierras de las cuales pueden aumentar aún más sus ganancias.

Otra amenaza de expansión viene del Acuerdo de París sobre el clima de la ONU, que clasifica a las plantaciones de árboles como “bosques” con el potencial de almacenar temporalmente carbono. Esto brinda un incentivo para crear más “cobertura forestal” con plantaciones de árboles, también erróneamente llamadas “bosques plantados” en la jerga de la FAO.

El plan de “reforestación” más ambicioso anunciado en París fue la Iniciativa Africana de Restauración de Paisajes Forestales (AFR100), que se plantea restaurar 100 millones de hectáreas de tierras degradadas y deforestadas en África antes del año 2030. Esta propuesta apunta a complementar: (1) la iniciativa conocida como Bonn Challenge (el reto de Bonn), que tiene el compromiso de restaurar 150 millones de hectáreas en todo el mundo antes del año 2020; (2) la Declaración de Nueva York sobre los Bosques, que se basa en la iniciativa del Bonn Challenge y la amplía a 350 millones de hectáreas para 2030; y (3) la Iniciativa de Paisajes Resilientes Africanos (ARLI, por sus siglas en inglés), que promueve el manejo integrado del paisaje con el objetivo de adaptarse al cambio climático y mitigarlo. El Banco Mundial anunció que antes de 2030 apoyará a AFR100 con mil millones de dólares en inversiones institucionales en 14 países. Esto será complementado por el Ministerio de Cooperación y Desarrollo Económico de Alemania Federal (BMZ, por su sigla en alemán), que brindará apoyo financiero para la estructura de la Iniciativa AFR100. La FAO también es uno de los socios claves del proyecto, así como también el World Resources Institute (WRI). Los financiadores privados son principalmente compañías de inversión de capital financiero. Hasta la fecha, los compromisos de gobiernos africanos incluyen a Kenia, Madagascar, Mozambique, Malaui y Uganda. (1)

Otro grupo de actores clave que promueve la expansión de las plantaciones forestales en todo el mundo y tiene un interés financiero directo en ellas son las consultorías “forestales” internacionales, principalmente de países del Norte global con industrias derivadas de la madera, como Finlandia, Suecia, Alemania y Estados Unidos. Indufor y Pöyry, de Finlandia, por ejemplo, contribuyen a identificar “nuevos mercados” y “ayudan” a los gobiernos nacionales a elaborar sus “planes forestales” nacionales, que a menudo ponen un fuerte énfasis en el establecimiento de nuevas plantaciones de árboles. Por ejemplo, en 2011, Pöyry publicó un análisis de las plantaciones forestales industriales en África – “Review on industrial forest plantations in Africa” (Revisión de las plantaciones industriales de bosque en África) – que revela qué países “tienen un buen potencial para expandir el establecimiento de plantaciones”. Los países del sur y este de África se perfilan como países con buen potencial para expandir las plantaciones de árboles.

¿Por qué se promueven las plantaciones de árboles?

Quienes invierten en proyectos de plantaciones de árboles en el sur y este de África, generalmente hacen referencia a más de un propósito o producto para promover sus plantaciones, esperando con ello ampliar sus posibilidades de incrementar sus ganancias. Éstas son algunas de las posibilidades:

– Plantaciones para madera (tablones aserrados) o energía (leña/carbón)
Varios inversionistas afirman que sus plantaciones abastecerán de tablones aserrados para la fabricación de muebles, o de madera para leña, tanto para el mercado nacional como para exportación. Estas empresas a menudo afirman que sus actividades reducen la presión sobre los bosques. Sin embargo, en general, lo que ocurre es lo contrario. En Mozambique, por ejemplo, después de casi 10 años de invertir en la expansión de plantaciones de eucaliptos y pinos, se siguen destruyendo los bosques para la extracción y exportación de madera de alto valor de otras especies de árboles. Es más, la expansión de las plantaciones madereras ha sido denunciada como una causa directa e indirecta de la deforestación. Por ejemplo, según las comunidades locales afectadas, la expansión de las plantaciones de árboles en la provincia de Niassa, en Mozambique, ha destruido grandes extensiones de bosque.

– Plantaciones para producción de celulosa y papel
La madera es la principal materia prima utilizada en la producción de papel. La tendencia creciente a establecer nuevas plantaciones de árboles e instalar fábricas de celulosa en el Sur global, en África oriental y meridional se ha materializado únicamente en Sudáfrica, donde hay 10 fábricas de celulosa de propiedad principalmente de las empresas multinacionales Sappi y Mondi. Una razón que explica esta situación es que las nuevas fábricas de celulosa necesitan de 50 a 100 mil hectáreas de plantaciones de árboles cerca de la fábrica para asegurar un suministro continuo de troncos. Las fábricas también requieren de una inversión mayor de varios miles de millones de dólares. Tal inversión exige además que una empresa pueda obtener garantías (tales como subvenciones o infraestructura) del gobierno involucrado, antes de decidir si continuar o no; algo que pocos países africanos pueden ofrecer. No obstante, Mozambique también está bajo la mira de las empresas de celulosa. La empresa portuguesa Portucel viene expandiendo sus plantaciones de árboles en ese país, con el objetivo de establecer en el futuro una planta de celulosa.

Plantaciones como sumideros de dióxido de carbono
La idea de crear “sumideros de carbono” ha sido uno de los motores de la expansión de las plantaciones de árboles en el sur y este de África por más de 20 años. Esto se ha dado como respuesta a la oportunidad de ganar dinero fácil generando y vendiendo los llamados “bonos de carbono”, que compensarían la contaminación realizada en otro lugar por alguna otra industria o gobierno. En 1994, uno de los primeros proyectos de plantaciones de árboles destinadas a la compensación de emisiones de carbono lo llevó a cabo la fundación holandesa FACE (ahora llamada Face the Future) en Uganda. Las plantaciones de este proyecto se extendieron a lo largo de 25 mil hectáreas al borde del Parque Nacional Mount Elgon, provocando graves violaciones de los derechos humanos. La gente local fue expulsada de la zona y perdió sus medios de subsistencia, y el proyecto fue denunciado como una forma de neocolonialismo. En los años siguientes, proyectos similares de plantaciones para compensación de emisiones de carbono siguieron aplicándose en Uganda, Tanzania y otros países africanos.

Plantaciones para producción de energía de biomasa leñosa
Se espera que la mayor parte de la energía alternativa “verde” que se necesita en la Unión Europea provenga de la combustión de biomasa leñosa. La Unión Europea está importando ahora crecientes cantidades de biomasa leñosa principalmente del sur de Estados Unidos. Sin embargo, si aumenta la demanda, África podría seguir siendo un posible exportador de biomasa de madera a Europa.

Luchas contra las plantaciones de monocultivos de árboles

Aunque las causas de la expansión de las plantaciones de árboles en el sur y este de África, y los distintos propósitos para los cuales podrían usarse seguramente sean numerosos, los impactos sobre las comunidades a menudo son muy similares. La mayoría de las empresas utilizan el mismo modelo de producción a gran escala, con frecuencia plantaciones de eucalipto, y también a menudo aplican estrategias y tácticas idénticas para promover sus proyectos.

Una de las principales dificultades para las comunidades de la región es asegurar y mantener el control de las tierras de las que dependen y que utilizan de acuerdo con las prácticas consuetudinarias. Esto se cumple en especial en el este de África, donde alrededor del 75 por ciento de la población vive en zonas rurales. En la mayoría de los casos, su subsistencia depende de los alimentos que puedan producir. Si las empresas no expulsan físicamente a las familias de sus hogares, con frecuencia les restringen el acceso a sus tierras y bosques agrícolas, aunque en muchos casos terminan negando que esto suceda.

Otro reto para las comunidades que lograron resistir el desplazamiento y permanecieron en sus hogares después de que sus tierras fueran invadidas por las plantaciones de árboles, es que en algún momento sufrirán una gran escasez de agua. Esto generalmente ocurre después de algunos años, a medida que los árboles de las plantaciones crecen y consumen relativamente más agua, especialmente durante la estación seca. La actual sequía en el sur de África ha agravado aún más el impacto de las plantaciones de árboles en las aguas superficiales y subterráneas. Una táctica utilizada por las empresas para apaciguar a las comunidades afectadas es, por ejemplo, prometerles que harán perforaciones para que tengan pozos de agua.

Otro impacto serio es el efecto de la aplicación de agroquímicos tóxicos, en especial herbicidas, utilizados para impedir el crecimiento de plantas competitivas, e insecticidas para matar hormigas y otros insectos u hongos que podrían dañar a los árboles de las plantaciones. Esos venenos representan una grave amenaza para la salud de las y los trabajadores que los aplican. También pueden dañar a los animales silvestres y ganado que beben agua de los arroyos y alrededor de las zonas de las plantaciones, así como a la gente local que también utilice agua contaminada de los pozos para lavar, beber y cocinar.

Los graves impactos son aún más severos para las mujeres. Son las mujeres quienes realizan tareas como recoger agua y producir alimentos. En muchos países africanos, las mujeres representan el 70 por ciento de la mano de obra en el campo, suministran el 90 por ciento del agua doméstica y son responsables de producir del 60 al 80 por ciento de los alimentos consumidos y/o vendidos por la familia. Son ellas quienes en un 100 por ciento realizan el procesamiento de alimentos, el 80 por ciento del almacenamiento y transporte de alimentos, y el 90 por ciento de la mano de obra para preparar el suelo antes de la siembra. A pesar de esto, sus derechos a la tierra son mucho menos seguros que los de los hombres.

La tendencia actual a expandir las plantaciones de árboles en el sur y este de África muestra, una vez más, la urgente necesidad de un proceso diferente para la “restauración de las tierras”. Un proceso que no esté impulsado por el afán de lucro o la corrupción de las empresas sino dirigido por las comunidades locales y que se lleve a cabo de las diferentes formas que crean necesarias para mejorar sus medios de subsistencia y su bienestar, a la vez que protegen sus ambientes y aseguren el acceso y control sobre los recursos y la tierra. Es necesario devolver a las comunidades sus tierras invadidas por plantaciones de árboles. Hay ejemplos en Brasil, Tailandia e Indonesia de tierras reconvertidas donde es la comunidad local quien controla su uso, definido a partir de sus intereses y prioridades.

Este artículo se basa en el informe “Industrial tree plantations invading eastern and southern Africa” (disponible sólo en inglés), publicado en 2016 por Timberwatch Coalition y WRM. Para acceder al informe completo con todas las referencias ir a: http://wrm.org.uy/wp-content/uploads/2016/10/2016-10-Plantations-in-ES-Africa-TW-WRM-med- screen.pdf

(1) Ver más información en el artículo del Boletín 228 de enero de 2017, https://wrm.org.uy/es/articulos-del-boletin-wrm/seccion1/algunas-de-las-principales-iniciativas-para-expandir-los-monocultivos-de-arboles-en-america-latina-africa-y-asia/