La ceguera voluntaria de los forestales

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Cada vez que visitamos un área cubierta por plantaciones forestales de monocultivos a gran escala encontramos gente enfrentada con problemas iguales o similares. En Tailandia y Chile, en Brasil o Venezuela. Y cada vez nos encontramos a los forestales negando la existencia de esos problemas.

Nuestra experiencia más reciente en cuanto a esto ocurrió hace unos días en el país en donde el secretariado del WRM se encuentra actualmente radicado: Uruguay. En este país, la inmensa mayoría de los forestales activamente apoyan y se benefician del modelo de plantaciones a gran escala, básicamente plantaciones de eucaliptus.

Confrontados con los impactos negativos, ellos recurren a cualquier argumento para negar la realidad. Pero la realidad no puede ser matada con palabras.

A pedido de un grupo de pequeños campesinos rodeados de plantaciones de eucaliptos, viajamos a Cerro Alegre y encontramos que la gente local no solo no estaba alegre, sino extremadamente enojada con la situación que están enfrentando: el agua ha desaparecido por completo. Visitamos un número de campos y verificamos que todos los pozos se habían secado y que esto había sucedido unos años después que una transnacional española (EUFORES) hubiera plantado -mediante subsidios estatales- miles de hectáreas de eucaliptos en el área circundante. Ninguno de esos pozos jamás se había secado antes y habían sobrevivido las peores sequías sufridas por el país en el pasado. Por ende, es absolutamente obvio que la causa directa de esta tragedia se encuentra en las propias plantaciones.

¿Cuál es la respuesta que dan los forestales? Primero, que esto es imposible, ya que ellos han demostrado “científicamente” que esto no puede suceder en el Uruguay. Los pocos forestales que sí han visitado la zona y han escuchado las quejas de la población local recurren a un argumento complementario: dado que esto no puede suceder, entonces el problema es que ha disminuido el promedio anual de precipitaciones. El hecho de que solo pase esto en las áreas plantadas y no en otras partes es para ellos irrelevante. Y han retornado alegremente a sus hogares, donde pueden hacer lo que la gente de Cerro Alegre no puede: abrir el grifo y tener agua.

Por desgracia, el ejemplo anterior sigue el mismo patrón que en realidades totalmente disímiles (India, España, Tailandia, Portugal, Chile, Nueva Zelanda, Brasil, etc.): la mayoría de los forestales continúan cerrando sus ojos a la realidad y rechazan la experiencia empírica de la gente local como “no-científica” y basado en la ignorancia. Sin embargo claramente son los forestales quienes están siendo no-científicos e ignorantes.

Por ende, es necesario que la campaña sobre plantaciones apunte hacia los forestales de dos maneras: primeramente, invitando a aquellos forestales con una visión crítica sobre las plantaciones -¡que afortunadamente existen!- a unirse activamente a la campaña y en segundo lugar, denunciando el papel que juegan los forestales oficialistas al apoyar este modelo social y ambientalmente insustentable, en beneficio propio y en el de las empresas cuyos intereses defienden.