Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Nigeria: las plantaciones de palma aceitera de Okomu solo traen desgracia para las mujeres de la zona

Entrevista a Hajaratu Abdullahi, de Community Forest Watch de Nigeria, quien habla sobre las dificultades y penurias que causa la compañía de aceite de palma Okomu Oil, filial de SocFin. Hajaratu explica cómo la plantación industrial pone en riesgo el uso tradicional de la palma aceitera y la soberanía alimentaria de las comunidades.

Nigeria. ERA/FoE

El cultivo de palma aceitera es parte de la forma de vida – de hecho, es la cultura – de millones de personas en Nigeria y otros países vecinos. Los árboles de palma aceitera crecen de manera natural en esta región, por lo que existe una larga historia de uso tradicional, no solo del aceite de palma sino de todas las otras partes de la palmera. En un dialecto regional, a la palma aceitera se la conoce como “Osisi na ami ego” (el árbol que produce dinero). (1) Pero en Nigeria, al igual que en otros lugares, esta fuente vital de identidad cultural y bienestar económico para las comunidades rurales se ve amenazada por la expansión de las plantaciones industriales de palma aceitera.

En esta entrevista, Hajaratu Abdullahi, de Community Forest Watch (Observatorio de Bosques Comunitarios), cuenta cómo la compañía de aceite de palma Okomu Oil causa dificultades y es sinónimo de desgracia para comunidades como la suya en el estado de Edo de Nigeria. Asimismo, relata cómo la plantación industrial de la empresa pone en riesgo el uso tradicional de la palma aceitera así como la soberanía alimentaria de las comunidades.

La empresa Okomu Oil Palm Company fue fundada en 1976 inicialmente como una empresa estatal, pero la empresa internacional SOCFIN, registrada en Luxemburgo, posee ahora el 63 por ciento de las acciones. En 1998 se destruyeron por la fuerza al menos cuatro aldeas, y sus habitantes fueron desalojados. La empresa se apoderó de sus casas, pertenencias y tierras de cultivo. Las tensiones entre la compañía y las comunidades afectadas aumentaron y la compañía instaló portones en los caminos de entrada a las plantaciones. Los miembros de las comunidades se sienten acosados y sus movimientos se han visto restringidos, en particular porque la empresa impuso un toque de queda nocturno y comenzó a controlar la entrada de activistas comunitarios considerados “alborotadores”. “Salir de la aldea o volver a casa es como cruzar una frontera”, explicó en 2015 uno de los activistas comunitarios. En 2015, el gobierno del estado de Edo ordenó la revocación de los acuerdos territoriales, que incluían unas 13.750 hectáreas para la expansión de las plantaciones de palma aceitera de Okomu, una orden que la empresa ignoró hasta el día de hoy. En junio de 2017, a pesar de varios intentos de intimidación por parte de las fuerzas de seguridad, comunidades, campesinos, mujeres y grupos de la sociedad civil, como ERA / Amigos de la Tierra Nigeria, afectados por la palma aceitera, organizaron una protesta contra la complicidad del actual gobernador del estado de Edo, Obaseki, con las actividades de Okomu.

WRM: ¿Cuáles han sido los cambios en la vida de las mujeres desde que las plantaciones de palma aceitera de Okomu llegaron a la zona?

Hajaratu Abdullahi: Desde que Okomu llegó a mi comunidad las mujeres hemos sufrido mucho porque hemos perdido libertad. En primer lugar: ya no somos libres de ir y venir [porque la compañía controla el acceso a las aldeas dentro de la plantación a través de una serie de portones donde los guardias de seguridad de la compañía revisan y registran todo el tráfico que pasa]. En segundo lugar: pueden entrar a nuestros predios sin avisar y destruir todo lo que plantamos, las palmeras, los cultivos.

Hace algunos años la compañía entró en cuatro comunidades al mismo tiempo; saquearon todo, todos corrían para todos lados. No había nadie a quien pudiéramos pedir ayuda. Las personas que se supone que deberían estar allí para ayudarnos, no estaban, tal vez se habían ido con el dinero. Hubo una sola persona que llamó a algunos jóvenes, a algunos hombres, y dijo “Peleemos para ser referencia para las generaciones futuras”. Y fue así como comenzó la resistencia comunitaria, como comenzó esta lucha contra Okomu. De eso hace más de 15 años.

Y tenemos que seguir movilizándonos porque seguimos sufriendo. Ahora, con estas plantaciones de la compañía por todas partes, no somos libres de entrar a nuestros bosques, a nuestras zonas de cultivos, a las reservas de bosques, a las zonas que utilizamos para recolectar caracoles. Sobrevivimos con los caracoles, sobrevivimos con los vegetales. Ahora ya no tenemos acceso a todas estas cosas, pero son las que nos dan el sustento.

En segundo lugar, usted sabe, en Nigeria las mujeres dependemos de las hierbas tradicionales. Por ejemplo, cuando una mujer está embarazada, ya al mes de embarazo se le dan ciertas hierbas; luego, durante todo el embarazo, se le dan otras hierbas diferentes. Entre los dos y los cuatro meses usamos una hierba diferente nuevamente. Y así sigue. Cuando llega a los ocho meses hay una hierba en particular que las mujeres embarazadas reciben, para que la placenta continúe fijada al bebé, para que no haya sangrado. Pero ahora, con las plantaciones de la compañía, no se encuentran todas estas hierbas. Caminamos, caminamos y caminamos en busca de hierbas. Ya no es posible obtenerlas. No te puedes imaginar el problema que esto ha traído a las mujeres. Son las plantaciones las que nos hacen sufrir. Porque antes, aún si no quedaba nada en la casa, la mujer sabía cómo cuidar a su familia, porque tenía su zona de cultivo y el bosque. Pero desde que Okomu entró en nuestras comunidades, en nuestro estado, en el país, ha habido verdaderos problemas. Tenemos hambre porque no hay nada con lo que sobrevivir, porque no se puede recoger siquiera más de ocho semillas de fruta de palma. Si lo haces, te persiguen.

WRM: ¿Qué pasa cuando recolectas más semillas de fruta de palma?

Hajaratu Abdullahi: ¡Te arrestan! ¿Y quién vendrá por ti, quién vendrá a sacarte? Una vez, Okomu vino y rompió un puente que habíamos construido para la comunidad. ¡Vinieron y lo rompieron! Uno de los jefes de la comunidad dijo: “¿Cómo pueden venir y romper el puente que construimos? Deben reemplazarlo.” Nunca reemplazaron nuestro puente. Las mujeres usábamos el puente para ir a los diferentes lugares en donde obtenemos nuestros vegetales y otras cosas que nos alimentan. ¿Cómo podremos ir allí ahora que el puente no está más?

Otro ejemplo. Hace aproximadamente uno o dos años, un grupo de mujeres fue y puso trampas en el río, para poder pescar algo. Pero el gerente general de Okomu se llevó las trampas. Hasta hoy no las han devuelto. Poner trampas, pescar, cultivar, esas son las cosas que hacíamos para ganar dinero. Y reemplazar esas trampas cuesta mucho dinero. Son cosas que hicimos para cuidar a la familia. Si no ganas dinero no puedes cuidar a tu familia, no puedes enviar a tus hijos a la escuela. Muchos de nuestros hijos están en casa ahora porque no hay dinero para que sigan estudiando.

WRM: ¿Y qué hay de los trabajos que la empresa ofrece a las mujeres de las aldeas?

Hajaratu Abdullahi: ¡No hay ninguno! Y no hay compensación. Aun cuando en otras comunidades están haciendo una o dos cosas como compensación, en la comunidad de Okomu, la comunidad nunca aceptó nada. Tenemos soldados en nuestras comunidades.

No tenemos libertad de movimiento. En algún momento de abril de 2018, cuando un activista comunitario de Camerún vino a compartir sus experiencias con nosotros, dijo: “Déjenme ir y visitar estas comunidades”. Una de las comunidades que queríamos visitar era la de Okomu. Llegamos un sábado. Para llegar a las comunidades dentro de la plantación es necesario pasar por los portones de la compañía. [Ver también el Boletín 199 del WRM, febrero 2014] Cuando llegamos a los portones debimos firmar para poder entrar a la plantación. Luego, la gente de la compañía miró nuestro vehículo y dijo “No tiene calcomanía en su vehículo. Si no tiene una calcomanía, no puede entrar”. “Bien, ¿de dónde sacamos esa calcomanía?”, le pregunté. “La oficina está por allí”, dijeron, y yo dije “Bien, entremos”. “No, no, no, no pueden ir hoy. Vuelvan el lunes”. ¿Así que teníamos que esperar hasta el lunes para ir a ver a nuestra familia?

En ese momento dijimos que eso era imposible. Que si querían arrestarme o matarme, que lo hicieran. Si no tenía libertad para ir a mi comunidad, ver a mi hermana, a mis hermanos, había un gran problema. Por fin, un oficial salió y preguntó qué estaba pasando. Explicamos, y solo porque insistimos, al final nos dejaron entrar. Éste es el tipo de control que las comunidades dentro de las plantaciones enfrentan cada vez que tienen que pasar por esos portones.

WRM: ¿Puedes decir algo sobre el tipo de conflictos e impactos que sufren las comunidades afectadas por las plantaciones de Okomu?

Hajaratu Abdullahi: También hay una comunidad muy cercana a la nuestra. Antes, en la temporada del mango, solía haber muchos mangos, y todos los recolectábamos, los llevábamos al mercado, junto con otras frutas como la pera de mantequilla y otras por el estilo. Pero ahora los mangos son tan pocos… Y entonces, imagínate, los hombres y las mujeres comenzaron a discutir: “Fui yo quien lo recogió”, “¡No! es mío, no tuyo”. Y así ocurre ahora.

Hay otra comunidad donde las plantaciones acaban de entrar. En esa comunidad, muchas mujeres se dedican a la agricultura. Una mujer tenía una gran plantación de cocos. El gerente de Okomu Oil junto con el ejército de Nigeria y la policía que brinda seguridad a la compañía entraron a su plantación- y ése fue el final de su plantación de cocos. Ella solía ir al mercado todas las semanas y vender sus productos. ¡Ahora nada! Su hija recolecta mercancías pequeñas para vender, cocina arroz, cosas así. Se suponía que a esta altura debía graduarse, pero tuvo que abandonar la escuela.

En otra aldea, Odigi, cuando llegó la gente de la empresa quizás sedujeron a los jefes tradicionales, porque ellos les entregaron sus predios. Y ahora esas personas solo tienen menos de media hectárea para cultivar – 0,4 hectáreas- , eso es todo. Y si fueran a la comunidad vecina, esta les dirá “No agarren nuestra tierra. Ustedes regalaron la suya. Nuestra tierra ya no es suficiente”. De esta manera comienza un conflicto entre las comunidades, incluso asesinatos – uno de esos casos está ahora ante los tribunales. Como puede ver, estos son los tipos de problemas que enfrentan las comunidades cuando estas plantaciones se apoderan de su tierra.

Otro ejemplo. Las mujeres solían cultivar plátanos en sus granjas. Con la venta en el mercado del plátano, las mujeres pueden obtener al menos entre 30 y 40 mil Nairas [alrededor de US 90 y 100 dólares]. Entonces, ¿qué sucede cuando se da la tierra a la empresa de plantaciones? ¿Cuánto me pagarás? ¿Debo comer la comida de hoy y olvidarme de mañana? Entonces no tendré tierra para plantar para dar de comer a mis hijos. ¿Qué pasará cuando ya no estemos? ¿Cómo sobrevivirán nuestros hijos? Incluso la pimienta, pimienta común, en esta época del año cuesta entre 8 y 12 mil Nairas en el mercado, pero no puedes llevar nada al mercado si no tienes tierra para cultivar. ¡Ni siquiera tenemos tierra suficiente para cultivar pimienta común! Y si no proteges el pequeño lugar que tienes al lado de tu casa, otra persona lo tomará.

Se ven también a algunas ancianas sufriendo, no tienen nada. Así que comenzamos a buscar leña, caminamos hasta muy lejos para obtener leña para vender, para que tengan algo para sobrevivir. Puedo dar muchos más ejemplos como éste. Estos son solo algunos de los problemas que enfrentamos. No tenemos libertad.

WRM: ¿Qué pasa con la violencia que la compañía dirige directamente a las mujeres?

Hajaratu Abdullahi: Ni siquiera saben si existen mujeres. No saben si existen mujeres, con protestas o sin protestas. Si hacemos una protesta hoy, mañana sacarán a su propia gente, sacarán su propia historia en los medios. Dirán: “Hay alguien más a quien queremos hacerle preguntas”, y la persona dirá “Okomu nos beneficia, Okomu nos está dando esto, nos está dando lo otro”. Esta interferencia de Okomu causa muchos conflictos dentro de la comunidad. Por eso les dije que vivieran el presente con sabiduría. Porque el ayer se fue. El hoy: vívanlo con sabiduría. El mañana: no saben si llegará o no. Quizás ayer vendiste tus derechos, pero hoy ¡no vendas tus derechos! Porque ahora hemos abierto los ojos. Aquellos a quienes se supone debes reclamar – el gobierno – son nuestro problema. Harás lo que estás haciendo en tu comunidad, pero el gobierno está haciendo lo que está haciendo por encima de tu cabeza. Entonces, ¿puedo luchar sola contra el gobierno? ¡No!

WRM: ¿Cómo pudo Okumu obtener tierras comunitarias?

Hajaratu Abdullahi: Nada compensa la angustia que estas compañías causan entre las mujeres. La compañía invitará a los ancianos, a los hombres más viejos de la comunidad, a una reunión. Cuando vayan, la gente de la compañía dirá “Baba, ven, ven, ven. Simplemente firma este papel”. Un anciano dijo “¿Cómo voy a firmar? Ni siquiera puedo leer, ¿cómo puedo firmar? Porque si voy a firmarlo, entonces primero tengo que leerlo. Así que no estoy listo para firmarlo, porque mi comunidad no está al tanto de esto. Esta invitación – ustedes me están invitando a venir y ¿firmar qué?” Luego llamaron al Secretario “Secretario, firme”. Afortunadamente, el Secretario también dijo: “¿Qué quieren decir? ¿Que venga y firme? ¿Está enterada la comunidad para qué nos invitaron ustedes aquí?” Ellos los apartaron.

Entonces invitaron a un grupo diferente, a solo dos personas. Y ellas dijeron: “No les hagan caso a los otros, son unos tontos. Yo firmaré”. Una mujer de ese pueblo me llamó y me dijo: “Mira lo que estas personas le están haciendo a nuestra comunidad. Alguien ha ido a firmar un acuerdo con la compañía”. Le dije que convocara a una reunión de inmediato para informar a la comunidad. La comunidad se reunió y dijo que no apoyaba el acuerdo que esas personas habían firmado. Quedó documentado, así que los que firmaron lo hicieron por su cuenta.

WRM: Supimos que en otros lugares, por ejemplo en Sierra Leona, hay un aumento de la violencia sexual que las mujeres sufren directamente por parte de los guardias de la compañía o de los trabajadores de la empresa. ¿Es lo mismo en el caso de Okomu en Nigeria? Sabemos que es un tema muy difícil, y que a veces las mujeres ni siquiera lo dicen …

Hajaratu Abdullahi: Incluso si les ocurriera a muchas de ellas, ninguna lo diría. En nuestra tradición, si una mujer casada es vista hablando incluso cosas mínimas con un hombre, estará en problemas. No es lo mismo en todas las comunidades. Pero en mi zona, si estás casada no puedes mantener conversaciones aunque sean insignificantes con un hombre. Entonces, en esa realidad, aunque a una mujer le esté pasando algo, ella no hablará. También hay tantos casos en que aunque quieras plantearlo ante la policía, no verás ni el principio ni el final del caso. Así que ésta es la razón por la que ves que hay gente que, cuando tiene un cierto problema, se lo calla. Ése es el problema. No es que no suceda. Sucede. Pero cuando ocurre, las mujeres lo ocultan.

WRM: Cuando eras niña, ¿cómo era la comunidad?

Hajaratu Abdullahi: Muy diferente. Cuando era una niña pequeña, a la edad de 12 años, podías bañarte desnuda, jugar cuando llovía, pasear por todos lados.

WRM: ¿Y cómo era el lugar?

Hajaratu Abdullahi: La temperatura era agradable y fresca. Íbamos a la plantación de cocos y nos llevábamos algunos. Regresábamos a casa y podíamos decir “Ah, ¡mami!, esto es lo que quiero comer”. Y si una quería algo que en casa no había, podía ir al bosque y al campo de atrás y elegir lo que necesitaba. En el camino, podía recoger algunos caracoles, arrancar hojas, como hojas de coco; las molíamos y teníamos una manera de convertir eso en sopa. Incluso podía comer maní sin siquiera ponerlo en el fuego – conseguía el maní, lo molía, le agregaba un poco de pimienta, sal, hacía lo que se llama Sopa de cacao. La comida abundaba. Pero hoy en día… hoy en día ya no es así.

(1) Ver Boletín 161 del WRM (2010): Palma aceitera en Nigeria: la producción en masa desplaza a pequeños productores y mujeres.

Ver también:

Boletín 233 del WRM (2017): Las plantaciones de SOCFIN en África: muchas zonas de violencia y destrucción.
Boletín 199 del WRM (2014): Nigeria : Okomu Oil Palm – Destrucción de comunidades para expansión de la palma aceitera.