Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Petróleo en los bosques – el caso de Ecuador

map

El petróleo siempre fue extraído sin tener en cuenta los costos que implica el proceso para la población local y el medio ambiente. Así, la extracción petrolera se ha convertido en causa directa de la deforestación de grandes áreas de bosque tropical en las que se encuentran algunos de los depósitos más prometedores de gas y petróleo; los bosques se han degradado debido a los impactos de dicha actividad sobre el agua, el aire, la fauna y la flora.

Además, la extracción de petróleo es una de las causas subyacentes de la deforestación y la degradación de los bosques porque, al abrirlos, permite la explotación de madera y la conversión del bosque para la agricultura y la ganadería.

Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Nigeria tienen considerable actividad petrolera en zonas de bosque tropical asoladas por la deforestación causada no sólo directamente por las perforaciones petroleras sino también por la construcción de carreteras a través del bosque, que permiten buscar petróleo en zonas remotas. Los subproductos tóxicos suelen verterse en los ríos del lugar, y las rupturas de oleoductos son fuente permanente de derrames.

El petróleo en la Amazonía Ecuatoriana

En Ecuador, las actuales campañas de exploración se concentran en el norte de la región amazónica, especialmente al pie de la Cordillera Oriental. Dicha zona es el territorio ancestral de los pueblos indígenas Cofan, Siona, Secoya y Waorani. También es el territorio de los Napo-Quichuas y de varias familias Shuar que se establecieron allí durante el auge del caucho. Hay tentativas, además, de llevar la explotación de petróleo hacia el sur de la Amazonía durante la próxima ronda de concesiones petroleras que tendrá lugar en 2013.

Antes de que las actividades petroleras llegaran a esa parte de la Amazonía, las principales características de la zona eran:

1. La caza, la pesca y la recolección.

2. La agricultura itinerante, que permitió a los pueblos indígenas crear y conservar suelos productivos en zonas de suelo arcilloso donde la agricultura no era posible anteriormente, así como generar y preservar la biodiversidad en ese bosque tropical.

3. Actividades culturales, religiosas y recreativas, gracias a la reglamentación del uso de la tierra y al respeto del territorio.

Las primeras actividades económicas dirigidas a los mercados extranjeros fueron el caucho y la madera. Luego, junto con la expansión petrolera se crearon nuevas áreas protegidas, como la Reserva de Producción Faunística Cuyabeno, el Parque Nacional Yasuní, la Reserva Ecológica Cayambe-Coca y la Reserva Biológica Limoncocha.

Los impactos de la extracción de petróleo en la Amazonía Ecuatoriana han sido bien documentados, principalmente debido al caso contra Chevron-Texaco, empresa que funcionó durante 26 años en la parte nordeste del país. Durante ese período, Texaco perforó 339 pozos en 430 hectáreas. Extrajo más de 1.500 millones de barriles, vertió miles de millones de barriles de agua tóxica y otros desechos tóxicos, y quemó miles de millones de pies cúbicos de gas. Si bien es imposible poner precio a la naturaleza, porque la vida no se puede medir en términos monetarios, los daños causados por las actividades de la compañía han sido estimados en decenas de miles de millones, debido a derrames de petróleo, muerte de animales salvajes y domésticos, apropiación de materiales naturales, salinización de ríos, enfermedades (31/1000 casos de cáncer, cuando la media nacional es de 12,3/1000), empleos mal pagos, y la lista sigue…

El 14 de febrero de 2011, la sentencia de la corte luego del “juicio del siglo” condenó a Chevron-Texaco a pagar una multa de 9.500 millones de dólares. El juez estableció que, si Chevron-Texaco no pedía disculpas en público dentro de un plazo de 15 días, el monto se duplicaría como medida punitiva. El plazo expiró y la compañía debe ahora 19.000 millones de dólares. Debe ser ésta una de las mayores sumas convenidas en un juicio.

La compañía se negó a pagar, a pesar de haber perdido la apelación, y el 3 de enero de 2012 un tribunal de tres miembros ratificó la decisión original.

Ecuador, un país petrolero

Las propuestas de moratoria y de territorios sin petróleo han provenido de frentes muy diversos, que agrupan movimientos contra la guerra, la expansión urbana, el consumismo, la destrucción de los océanos, la proliferación del cáncer y sus causas, y movimientos indígenas.

En el transcurso del último siglo se ha vuelto evidente que los combustibles fósiles, fuentes de energía del capitalismo, destruyen la vida – desde los territorios de donde se los extrae hasta los océanos y la atmósfera, que absorben los desechos – en sus procesos de transformación y consumo. Los océanos se están acidificando y la atmósfera contiene cada vez más gases de efecto invernadero. Con el pretexto de la “seguridad energética”, los combustibles fósiles fomentan la violencia en todas partes del mundo y, al mismo tiempo, crean y mantienen la desigualdad, tanto en cuanto a quienes pagan el precio de la extracción como a quienes tienen acceso a la energía.

A comienzos del siglo XX, Ecuador comenzó a extraer petróleo, primero en la costa y luego en la región amazónica. Comenzó a exportarlo en la década del 70. En los años 80, los tímidos esfuerzos del país por crear una economía soberana, incluido el desarrollo de industrias secundarias, fueron dejados de lado cuando la crisis de la deuda externa en toda Latinoamérica llevó a la imposición de ajustes neoliberales que obligaron al país a depender de una economía basada en la producción primaria y la exportación.

De este modo, el petróleo pasó a ser el centro de las actividades económicas del país, y Ecuador comenzó a sufrir del llamado “mal holandés”, entre cuyos síntomas figura el declive de otros sectores productivos.

La primera fase de la extracción de petróleo se caracterizó por la falta absoluta de control sobre las concesiones. A esto siguió una etapa marcada por el nacionalismo. En este período, el petróleo fue nacionalizado y se creó la petrolera estatal CEPE. En los primeros años, CEPE formó un consorcio con Texaco. Los gobiernos siguientes aplicaron políticas neoliberales en sus contratos con compañías privadas, debilitando así a la compañía estatal.

La primera zona de explotación petrolera fue la península de Santa Elena. No se sabe cuánto petróleo se extrajo de allí. Sin embargo, Ecuador fue reconocido internacionalmente como país petrolero cuando se descubrió y extrajo petróleo en la región amazónica. Desde el punto de vista de la economía política, los líderes ecuatorianos harían bien en tomar en cuenta la interacción entre diferentes factores, como las características de la industria petrolera, los territorios y las relaciones de poder creadas en torno al ciclo metabólico del petróleo.

Según Acosta (2009), las actividades petroleras tienen diversos efectos sociales y ambientales:

• Considerable generación de ingresos. • Inversiones onerosas. • Difícil acceso a los yacimientos, lo cual implica construir infraestructura (carreteras, centrales eléctricas, aeropuertos, oleoductos, etc.). Esto lleva a generar deudas, dado que las inversiones nacionales requieren enormes montos obtenidos principalmente a través del sistema financiero; cuando un país vende por adelantado sus barriles de petróleo, un porcentaje de los ingresos por exportación se destina a pagar las deudas anteriores. • Dependencia tecnológica: Ecuador carece de tecnología propia y, por lo tanto, depende de expertos extranjeros (por ejemplo, la exploración de petróleo fue realizada mayormente por Halliburton en el pasado, y hoy en día por la compañía china Sinopec). • Aumento de la dependencia y del consumo nacional de petróleo y productos relacionados, como plástico, gas licuado del petróleo (GLP) y gasolina. • Las economías petroleras no tienen control sobre las variaciones de los precios internacionales en el mercado mundial. • Existen graves impactos sociales y ambientales que provocan diversos procesos de resistencia local. • La soberanía nacional se ve sistemáticamente menoscabada, sobre todo en lo referente a las políticas en materia de petróleo, a la renuncia a derechos en los contratos, a la fijación de precios y al marco institucional en torno a las actividades petroleras.

El extractivismo del siglo XI, del neoliberalismo al capitalismo de Estado

Según Ross (2001), Ecuador tiene varias características comunes con otros países que dependen de recursos no renovables:

1. Instituciones débiles, incapaces de hacer aplicar adecuadamente las leyes ni de controlar las acciones del gobierno. 2. Ausencia de transparencia y de normas que fomenten un alto nivel de discreción en el manejo de los recursos públicos y los bienes comunes. 3. Conflictos en cuanto a la distribución de ingresos entre grupos poderosos, que refuerzan la mera búsqueda de ingresos. Esto lleva a que se mezclen el sector público y el privado y, a la larga, hace disminuir las inversiones y las tasas de crecimiento económico. 4. Políticas de corto plazo. 5. Bajos valores en indicadores sociales como la alfabetización, la mortalidad infantil, etc.

En el período neoliberal (de 1985 a 2007), el Estado ofreció condiciones sumamente favorables para los ingresos del petróleo, con el fin de atraer inversiones extranjeras. De 1985 en adelante, Ecuador llamó a nuevas licitaciones que expandieron los límites geográficos de la zona petrolera hacia el Este, hacia el Parque Nacional Yasuní. Dichas licitaciones formaban parte de una estrategia de apertura comercial que se originaba en el endeudamiento y la necesidad consiguiente de pagar las deudas, y en el abandono de las políticas nacionalistas.

El gobierno de Rafael Correa, que asumió en 2007, cesó los pagos de la deuda externa y es más nacionalista que los anteriores. Sin embargo, no se ha distanciado de la lógica extractivista sino que la ha mantenido, debido a que el alto precio del petróleo daba la posibilidad de acrecentar los ingresos del país, de invertir en obras públicas y también de brindar beneficios sociales.

Ecuador no cuenta con suficiente capacidad de refinado. Por lo tanto, exporta petróleo pero luego importa productos derivados en cantidades cada vez mayores debido al crecimiento económico. Está previsto a largo plazo aumentar su capacidad de refinado pero, por ahora, su objetivo es exportar más y más petróleo cada año. Como los yacimientos existentes se están agotando, esto implica expandir la frontera petrolera en la región amazónica.

Dentro de estas nuevas fronteras petroleras hay áreas protegidas (como el Parque Nacional Yasuní) y territorios indígenas, en la región centro-sur de la Amazonía. Esas zonas contienen crudo extra pesado, como las importantes reservas que quedan dentro de territorios indígenas, en Pungarayacú por ejemplo, y en otras zonas de los pueblos quichuas de la región de Napo. También hay una búsqueda desesperada de petróleo en el litoral ecuatoriano.

En 2007, las concesiones petroleras cubrían 5 millones de hectáreas de la Amazonía; 4,3 millones de ellas habían sido otorgadas a compañías extranjeras. En 2011, esas cifras se duplicaron con la incorporación de otros 20 bloques petroleros. Con la reelección de Rafael Correa en 2013, se puede suponer que la frontera petrolera se expandirá hacia el sudeste, provocando reclamaciones locales. Desde 2007, el gobierno de Correa ha sido el más extractivista de la historia del país, no solamente en cuanto al petróleo sino también a la minería.

Hoy en día sigue prevaleciendo la creencia, incluso dentro del gobierno, de que el petróleo y los minerales son esenciales para el desarrollo del país y para la satisfacción de derechos básicos, como la salud y la educación. No ha habido ninguna reflexión democrática y generalizada sobre los límites de la economía extractivista.

Amenazas al Yasuní

Si se explota el petróleo en el Yasuní ITT, algunos de los impactos previsibles son:

Productos residuales

La industria petrolera admite que cada pozo vertical que se perfora produce 500 m3 de desechos sólidos y entre 2.500 y 3.000 m3 de desechos líquidos.

Agua producida

El agua producida es el fluido salobre que está atrapado en la roca de los yacimientos de petróleo. Es, de lejos, el producto tóxico más abundante de la industria petrolera. Si los yacimientos de petróleo del bloque petrolero ITT contienen 846 millones de barriles, su explotación produciría 400 millones de metros cúbicos de agua salobre y tóxica. Es imposible volver a inyectar toda esa agua en los pozos; inevitablemente, acabaría en el Parque Yasuní.

Deforestación

La deforestación es uno de los efectos habituales de las actividades petroleras, en la Amazonía y algunas otras regiones del mundo. Sucede al construir carreteras, campamentos y helipuertos a lo largo de los oleoductos y otras instalaciones asociadas. Se calcula que cada nueva carretera que se construye impacta 100 metros de bosque de cada lado, creando un efecto frontera. Las carreteras interrumpen las rutas migratorias de la fauna silvestre, afectan la distribución de la flora y constituyen una amenaza permanente para los pueblos de la zona. Sin embargo, la causa de deforestación más importante es la deforestación indirecta asociada a la construcción de rutas para el mantenimiento de la infraestructura, y la provocada por el establecimiento de colonos que genera el propio proyecto.

En el bloque 31, las plataformas Apaika y Nenke están dentro del Parque Nacional Yasuní. El proyecto incluye la construcción de diversas instalaciones, como una Central de Procesamiento, 30 km de oleoductos, campamentos, helipuertos tanto permanentes como temporarios, líneas de transmisión, carreteras, 14 pozos y 2 plataformas.

Efectos sobre el clima

Las actividades petroleras producen emisiones in situ y ex situ. La industria petrolera requiere grandes cantidades de combustibles fósiles. Se estima que de cada 10 barriles extraídos, uno se quema en el sitio mismo. La situación es peor cuando el petróleo es más pesado (como en el Yasuní) y el pozo está llegando al final de su vida útil. El crudo pesado debe ser bombeado y eso requiere energía. Finalmente, ex situ, la quema del crudo de ITT generaría 407 millones de toneladas de CO2.

Esas cifras no tienen en cuenta las emisiones provenientes de la deforestación local directa e indirecta, ni de la quema de gases. La explotación de petróleo en ITT multiplicaría la construcción de carreteras, la colonización, actividades ilegales como la explotación de madera y la biopiratería, y podría fomentar la expansión de cultivos ilícitos.

Impactos psicosociales

Además de la contaminación y la devastación ambiental, las actividades petroleras perturban la vida comunitaria. Existen pruebas de que en otras zonas, como el territorio indígena Waorani, dichas actividades provocaron alcoholismo y prostitución e introdujeron diversas enfermedades (algunas mortales, otras benignas como la obesidad o la desnutrición debido a modificaciones de los hábitos alimentarios).

Los bloques ITT y 31 están dentro del territorio Waorani y de los territorios de caza de otros pueblos indígenas que viven en aislamiento voluntario. Se trata de sociedades de cazadores-recolectores que se desplazan en una amplia zona dentro de las fronteras del parque y llegan a veces hasta los bloques petroleros. La actividad petrolera trae consigo enfermedades, miseria, conflictos y otros males sociales. La ocupación territorial que realizan las compañías petroleras se acompaña de la instalación de campamentos militares, bares, burdeles, carreteras, pequeños comercios de extranjeros, etc. Todo eso provoca conflictos culturales y sociales para los pueblos nativos.

La iniciativa Yasuní ITT: un proyecto por la vida

La propuesta para el Yasuní de dejar el petróleo en el subsuelo se desarrolló con el objetivo estratégico clave de enfrentar el modelo de desarrollo petrolero, atacando simultáneamente su capacidad de imponerse a nivel local y haciendo llegar las críticas hasta los niveles nacional e internacional.

Desde el comienzo, esto incluyó los argumentos y combates de las comunidades contra las políticas y proyectos petroleros, lo cual permitió hacer un reconocimiento de los pueblos que han resistido y protegido sus propios territorios, también defendiendo así el planeta en su conjunto.

A nivel nacional, la iniciativa incluyó un profundo cuestionamiento del modelo extractivista. A nivel internacional, su objetivo fue cuestionar las injusticias ambientales de los mercados del carbono y las políticas neoliberales referentes al cambio climático, que imponen falsas “soluciones verdes”. La forma más directa de reducir las emisiones de dióxido de carbono es dejar los combustibles fósiles bajo tierra.

Extractado y adaptado de: “The Yasuní – ITT initiative from a Political Economy and Political Ecology perspective”, Esperanza Martínez, en “Towards a Post-Oil Civilization”, Informe de EJOLT nº 6. El informe completo se puede leer enhttp://www.ejolt.org/wordpress/wp-content/uploads/2013/05/130520_EJOLT6_Low2.pdf