El modelo de “desarrollo” en el vértice de la deforestación

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La agricultura y la ganadería son causas directas de deforestación. Pero es necesario mirar en profundidad y ver qué las impulsan, quiénes se benefician, cómo surgen. Podría decirse que se trata de un proceso en embudo. En la periferia se ubica lo más visible, la desaparición del bosque como consecuencia de esas actividades. Ahondando, se identifican una serie de políticas y programas que las promueven, así como los actores que las aplican y se benefician de ello, incluso actores de deforestación que no necesariamente son beneficiarios sino más bien víctimas de dichas políticas. Finalmente, en el vértice del embudo se ubica el origen del proceso: un modelo de desarrollo de índole industrialista, sustentado en estructuras desiguales en que la concentración de riqueza por un lado provoca la pobreza por el otro y cuya filosofía es la de relacionarse con el mundo --y la naturaleza-- con una mirada estrictamente comercial.

Ya hemos hablado de las manifestaciones más visibles de la deforestación por la expansión agrícola y ganadera (ver el artículo “La agricultura y la ganadería de la deforestación” en este mismo número). En cuanto a las políticas que resultan un incentivo para el sector se identifican, a escala nacional, una serie de medidas gubernamentales tales como créditos subvencionados (a una tasa de interés más baja que la comercial), tasas reducidas de impuestos sobre la renta e impuestos comerciales, exención de pago de impuestos a la importación de maquinaria agroindustrial, investigación y actividades de extensión rural desde el Estado, que han actuado como poderosos factores de legitimación y consolidación del modo industrial de producción agraria.

El problema de la tenencia de la tierra se cuenta también como una de las causas subyacentes de la deforestación. Los procesos han sido diferentes en las distintas regiones del mundo, pero en todos el rasgo común ha sido que las tierras que tradicionalmente estaban en manos de comunidades --indígenas o campesinas-- son entregadas a agentes comerciales nacionales o extranjeros.

Entre las diversas situaciones de problemas con la tenencia de la tierra vinculadas a la agricultura y a la deforestación es posible identificar dos principales:

* cuando la situación de desconocimiento de los derechos de la comunidad sobre sus territorios se da en el propio bosque. Esto en general implica la expulsión de las comunidades que habitan el bosque para permitir el ingreso de agentes externos que inician el proceso de deforestación en la medida que lo incorporan al circuito de producción intensiva destinada a la exportación.

Este ha sido en general un proceso característico de Asia y en cierta medida de África.

* cuando dicha situación de desconocimiento de los derechos sobre la tierra se da en zonas externas al bosque. Este proceso determina la migración -espontánea o auspiciada por el gobierno- hacia el bosque, con el consiguiente proceso de deforestación.

En el caso de América Latina, por ejemplo, los gobiernos se han servido de los bosques como una especie de “válvula de escape” para la presión sobre la tierra y su consiguiente problema social y económico. Es así que algunos planes de colonización han ofrecido el acceso libre a tierras de bosques, muchas veces acompañados de proyectos de construcción vial con fondos de la banca multilateral (aumentando la deuda externa) para abrir y “desarrollar” los bosques. En otros casos, como parte de proyectos de “desarrollo”, se han aplicado programas de colonización que implican que para acceder a los derechos de tenencia los colonos deben “limpiar” la tierra, lo que implica talar el bosque. En este caso, la deforestación termina considerándose como una “mejora” del suelo y una expresión de la voluntad de los ocupantes de “mejorar” su propiedad. Este mismo proceso se repite, si bien en otra situación, con la ganadería.

América Central es una de las regiones mejor conocidas en las que la expansión de la cría de ganado ha causado una deforestación severa. La ganadería ha formado parte de la cultura de las áreas rurales de América Central desde la época de la colonización española. En manos de grandes terratenientes, la ganadería se concentró en los suelos fértiles de los valles de las tierras altas de los istmos y a lo largo de la Costa del Pacífico. Con la apertura de los mercados estadounidenses para la carne vacuna barata y el mejoramiento de la infraestructura local en la segunda mitad del siglo XX, los ganaderos ampliaron sus operaciones incursionando en los bosques tropicales húmedos de la Costa Norte. Muchos tomaron posesión de grandes extensiones de bosques y contrataron trabajadores para talarlos con motosierras y quemas. Sin embargo, un método más común de adquirir nuevos pastizales era el de comprar las “mejoras” que los agricultores de roza y quema habían efectuado en tierras sin título. Estas denominadas “mejoras” no eran más que unas pocas áreas de bosque que los agricultores habían clareado para plantar sus cultivos. Luego de haber obtenido los derechos de los ocupantes de la tierra, el ganadero completaba la limpieza de la misma, sembraba el pasto y cercaba la propiedad. Una vez que la tierra era transferida al ganadero, el agricultor se trasladaba más lejos dentro del bosque tropical para repetir el mismo ciclo de deforestación.

Las políticas internacionales han sido también decisivas para la expansión del modelo industrial en el agro. Tal es el caso de los programas de ajuste estructural diseñados por los organismos multilaterales (Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional) a cuya aplicación se condiciona el otorgamiento de nuevos préstamos y moratorias sobre la deuda que agobia a los países empobrecidos del Sur. Los programas de ajuste estructural han fomentado la expansión de cultivos de exportación, acelerando directamente la tala de bosques para su uso agrícola o ganadero, como una receta para obtener divisas. Y muchas veces eso, como ya hemos visto, también ha implicado el desplazamiento de pequeños agricultores o agricultores de subsistencia, que han sido empujados a los bosques, donde practican la agricultura de roza y quema.

Todo este engranaje va introduciendo, lenta o rápidamente, la idea que está en el corazón del modelo de desarrollo, de que las actividades válidas son las que se traducen en ganancias económicas a corto plazo. Las actividades que no generen directamente valores monetarios son poco estimadas en un contexto semejante, orientado al mercado. Para que ese tipo de sistema funcione son necesarias tres cosas que están a su vez íntimamente ligadas: producción en gran escala, producción en forma de monocultivo (sea vegetal o animal) y concentración de tierra y capital.

Así, las formas de relacionarse con la tierra, el agua, las plantas, los animales, las semillas, se han “desacralizado” –por definir una forma de sentir propia de las culturas íntimamente ligadas a la naturaleza y los ciclos naturales- pasando a ser considerados meros "recursos" para la obtención de ganancias. Las formas de relacionamiento social de ese sistema también perpetúan la inequidad a través de modelos de tenencia de la tierra injustos, el desconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas y tradicionales, un comercio internacional injusto que no contempla el verdadero valor de los productos y se aprovecha de prácticas de dominio monopólico y de modelos de consumo insustentables que constituyen una de las bases del comercio internacional. Para la ideología dominante ahora todo pasa a ser mercancía que deberá ser dada en tributo al nuevo dios del mercado globalizado, bien custodiado por los nuevos sacerdotes: empresas transnacionales, organismos multilaterales y elites locales en el poder.

Artículo basado en información obtenida de: “Marketing the Earth. The World Bank and Sustainable Development”, FOE, Halifax Initiative, http://www.foe.org/res/pubs/pdf/marketingtheearth.pdf ; “Asuntos forestales. Deforestación: Bosques Tropicales en Disminución, http://www.rcfa-cfan.org/spanish/s.issues.12-5.html ; “Deforestation of Tropical Rain Forests, Rain Forest Report Card, BSRSI, http://www.bsrsi.msu.edu/rfrc/deforestation.html