Movimento Mundial pelas Florestas Tropicais

Papúa Nueva Guinea: mujeres exigen poner fin a la expansión de la palma aceitera

La producción de palma aceitera está aumentando en Papúa Nueva Guinea, un país donde el 97% de la tierra es de propiedad comunal y donde la mayor parte de la población de 5 millones de personas aún vive en la zona rural y depende de la agricultura de subsistencia para su sustento. El aceite de palma producido es, en su mayoría, exportado a la Unión Europea, siendo el Reino Unido, los Países Bajos e Italia los principales mercados.

Un programa que oculta un emprendimiento a gran escala

“Cuanto más pequeños propietarios planten palma, más ganancias obtienen las empresas. Es mano de obra barata para las compañías”. (Mujer de la aldea Kokoda) 

Casi toda la palma aceitera de PNG es cultivada dentro del llamado Sistema Integrado de Núcleo Central y Pequeños Productores, a través del cual una empresa principal – que posee una gran plantación – contrata a pequeños agricultores para que le suministren más frutos de palma aceitera. Promovido por instituciones financieras internacionales como una forma de “aliviar” la pobreza en el país y de permitir a los agricultores acceder a la economía monetaria, este sistema está permitiendo que el sector agrícola aumente el volumen de negocios de las empresas reduciendo sus inversiones y sus costos. Las empresas no necesitan comprar más tierra para establecer plantaciones; tienen mano de obra barata de los pequeños propietarios, no hay sindicatos de trabajadores, y su responsabilidad sobre los impactos ambientales de las plantaciones desaparece.

Las comunidades fueron incentivadas a plantar “parcelas” de palma aceitera dentro de sus tierras con préstamos ofrecidos por el gobierno para comprar semillas, fertilizantes y agroquímicos. Mientras la superficie promedio de las propiedades es de 4 a 6 hectáreas, las parcelas de palma ocupan 2 hectáreas. Los programas de pequeños propietarios promovidos en PNG son parte de una plantación a gran escala donde sus parcelas integran un complejo formado por muchos miles de hectáreas. Hoy en día se calcula que el país tiene más de 100.000 hectáreas de plantaciones de palma aceitera.

 

Pérdida de soberanía alimentaria

No sólo los bosques y la tierra agrícola deben ser despejados para hacer lugar a la palma aceitera sino que, además, la tierra asignada a las parcelas de palma aceitera ya no puede ser usada para la producción de alimentos en las tradicionales huertas.

  “Por lo tanto, nos queda poca tierra para nuestras huertas y ya no hay bosque donde cazar animales salvajes. La tierra que tenemos está siendo utilizada una y otra vez, volviéndose menos apta para la producción de alimentos. Dentro de diez años, nos enfrentaremos a una escasez de alimentos. En realidad la estamos experimentando ahora mismo, pero será peor dentro de diez años. Al desaparecer los bosques, nos faltan proteínas en nuestra dieta”. (Mujer de la aldea Kokoda) 

La dependencia de un solo cultivo puede terminar creando problemas económicos. Por ejemplo, la reciente caída abrupta de los precios de las materias primas (incluyendo el aceite de palma) ha puesto en riesgo los futuros ingresos por los frutos de palma aceitera.

 

Disputas territoriales

Mujeres de diferentes provincias han expresado preocupación por el crecimiento de la población y la futura escasez de tierras debida a la expansión de la palma aceitera. La tierra que nunca antes fue un problema – ya que la densidad de población era bastante baja – se está transformando ahora en un recurso muy escaso. Esto se ve claramente reflejado en las crecientes disputas entre y dentro de los clanes. Según la presidenta del Consejo de Mujeres de Kokoda, las disputas territoriales son un problema importante hoy, y más del 50% de los juicios se relacionan con la tierra. 

 “Gran parte de la tierra ha sido robada por el Estado y ya casi no nos queda nada de nuestra propia tierra, que nos pertenece por derecho, en base a nuestra historia, cultura y tradición. Esta tierra es nuestra herencia, tenemos derecho a ella desde nuestro nacimiento, pero la compañía nos la ha quitado.” (Mujer de la aldea Kokoda)

 

Salud

El uso de agrotóxicos en las plantaciones está contaminando ríos y arroyos así como los suelos y el aire, afectando la salud de la gente. 

“La salud es una gran preocupación para nosotros ahora. Cuando el sol calienta los químicos fumigados en las propiedades de la empresa e incluso sobre las plantaciones de las aldeas, nosotros los respiramos. Estoy completamente segura de que estamos inhalando sustancias peligrosas y muriendo a cada instante. Algunas mujeres embarazadas tienen bebés que padecen asma al mes o al segundo mes de nacidos. En mi época no sucedía nada así. Los químicos nos están matando; todos moriremos antes de lo previsto.” (Mujer de la aldea Saga)

El trabajo pesado, necesario durante la cosecha y transporte de los frutos, también está afectando a las mujeres: 

“No estoy cosechando ahora mi propia palma aceitera por las penurias que pasé, por estar mi propiedad a unos 12 kilómetros de la zona de carga. Es una tarea muy dura la de transportar los racimos hasta la ribera del río y cruzarlos hasta el otro lado sobre tubos de goma. Después de unos 6 años, tuve que renunciar. La mayor parte del tiempo nos enfermamos, sufrimos grandes heridas y hematomas, y generalmente perdemos nuestra salud por todo el trabajo pesado que hacemos, incluso con mal tiempo.” (Mujer de la aldea Botue)

 

Cómo las plantaciones de palma aceitera afectan a las mujeres

Las mujeres explican cómo la palma aceitera refuerza el control masculino sobre las mujeres: 

  • Los hombres tienen, a menudo, más control sobre los ingresos de la producción de palma aceitera que las mujeres. Esto se debe, principalmente, a que las empresas de palma aceitera en general tratan con los hombres en lugar de las mujeres. También se debe a que los puestos mejor pagos en una plantación de palma aceitera son ocupados por hombres (es decir la tarea de cortar los grandes racimos de frutos de los árboles).
  • La conversión de tierras agrícolas tradicionales a plantaciones de palma aceitera restringe la posibilidad de las mujeres de trabajar la tierra, haciendo más difícil para ellas proveer de alimentos a sus familias. Las huertas son importantes tanto para alimentar a la familia como para vender sus productos en los mercados locales. Las mujeres tienen, en general, el control sobre los ingresos generados en los mercados, pero no sobre los generados por la palma aceitera, los cuales están bajo el control de los hombres. También pierden una posibilidad importante de relacionarse socialmente.
  • A menudo, las mujeres sólo reciben una pequeña cantidad del dinero que sus esposos ganan con la palma aceitera, aunque hayan contribuido en la producción de los frutos. Muchas dicen que el dinero que reciben de sus maridos luego de la fecha de pago sólo alcanza para comprar en el almacén los alimentos para un par de días. 
  • Las familias ahora dependen de los alimentos comprados, ya que hay menos tierra para las huertas y el cultivo de subsistencia.
  • La violencia doméstica se ha vuelto corriente cerca de la fecha de cobro. A menudo los hombres despilfarran el sueldo en juegos de azar y cerveza, mientras las mujeres luchan por obtener dinero para comprar elementos esenciales para el hogar.

 

Promesas no cumplidas

Las plantaciones de palma aceitera, presentadas como una nueva panacea que daría lugar a muchas mejoras en Papúa Nueva Guinea, no estuvieron a la altura de las expectativas. 

Durante el taller, las mujeres expresaron diversas quejas: 

“La única muestra de resultados en la aldea son los comercios que se construyeron con nuestro dinero, ganado con la palma aceitera. Pero estos comercios trabajan a ritmo zafral; se surten por completo cuando las cosechas son grandes (y los precios altos) y a veces (cuando los precios son bajos), no tienen mercadería.

Esto en cuanto a servicios comerciales. Otros servicios, como escuelas, salud y transporte, son prácticamente nulos en nuestra aldea. Muchas veces nuestros niños se quedan en casa y se pierden de ir a la escuela porque la aldea está inundada y no pueden cruzarla. A causa de ello, construimos nuestra propia escuela primaria utilizando chapa ondulada y madera, para que nuestros niños puedan recibir educación fácilmente, pero el inspector escolar dijo que no tenemos suficientes niños. Actualmente, tenemos menos de 30 niños y necesitamos más que eso para calificar como escuela primaria. Entonces, ahora nuestros niños deben concurrir a la primaria del Estado de Mamba e ir a la escuela de Kokoda, lo cual representa una distancia importante para un niño de 5 a 7 años de edad.”

Entre las resoluciones del taller realizado en PNG, las mujeres “se unieron en una sola voz”, reclamaron el reconocimiento de sus derechos en todos los procesos de toma de decisiones y exigieron que se ponga fin a la expansión de palma aceitera.