Movimento Mundial pelas Florestas Tropicais

Sudáfrica: sustentabilidad, áreas protegidas y desarrollo

El término “sustentabilidad”, que también significa “mantenibilidad” se utiliza actualmente con ligereza y facilidad, y a menudo se cita como la “palabra mágica” cada vez que políticos y empresarios por igual desean ganar la aceptación fácil para una propuesta de acción o de programa. Sin embargo, si se examina más detenidamente la noción de desarrollo sustentable (“actividad económica que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades”) y nuestros antecedentes en términos de utilización de los recursos naturales, la verdad es que estamos muy lejos de lograr la “sustentabilidad”.

Una evaluación retrospectiva de los proyectos de conservación y desarrollo sustentable, muestra que la mayoría no han logrado cumplir sus objetivos de conservación y sustentabilidad, y no resuelven las necesidades humanas.

En la primera “Cumbre de la Tierra” (Río 92) las partes del Convenio sobre Diversidad Biológica se declararon concientes de la importancia de la diversidad biológica para la evolución y para el mantenimiento de los sistemas que sustentan la vida de la biosfera. Además, uno de los logros más importantes de la Cumbre de Río fue el establecimiento del Principio Precautorio como pauta universal para la consideración de cualquier acción que “pueda” dañar la diversidad biológica.

Lamentablemente, diez años después, en la Segunda Cumbre Mundial para el Desarrollo Sustentable (Johannesburgo, 2002) se reconoció que todavía no se ha logrado la sustentabilidad. Nuevamente se hicieron compromisos, entre otras cosas, para reducir la pérdida de biodiversidad y revertir la tendencia actual de degradación de los recursos naturales.

Un análisis de la situación en Sudáfrica, muestra que alrededor del 10% de las especies de mamíferos están amenazadas, 2% de las especies de pájaros, 12% de las de reptiles, 16% de anfibios y 36% de especies de peces de agua dulce. La cantidad total de especies vegetales amenazadas prácticamente se duplicó entre 1980 y 1995, y la tendencia es que se sigue perdiendo la capa superior del suelo y se somete la tierra virgen a “programas de desarrollo” a un ritmo alarmante. El turismo y la recreación están reconocidos como amenazas a la biodiversidad y a la naturaleza. El Programa de Turismo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo afirma: “De hecho, (el turismo) se puede comparar con cualquier otra industria importante por sus impactos perjudiciales y sus riesgos ambientales”.

La norma mundial de conservación es que los países designen como mínimo el 10% de su territorio para la conservación. En Sudáfrica, aproximadamente el 6% del territorio está protegido formalmente con fines de conservación. Sin embargo, incluso ese enfoque no se ha aplicado sin destrucción. Existen numerosos ejemplos de los impactos de los 178 parques nacionales y reservas existentes en el país. Como escribiera Mavuso Msimang, Presidente de Parques Nacionales en Sudáfrica: “La mayoría de nuestras áreas silvestres no estaban exentas de habitantes, y el establecimiento de parques nacionales a menudo implicó el desposeimiento, el traslado, la exclusión y la fractura de las comunidades indígenas”. Entre los ejemplos se incluye a los pastores de Namaqualand en el Cabo occidental, expulsados del complejo de Namakwalandse Burgersvereniging, a varios miles de víctimas de las reservas de bosque de Tsitsikama en el Cabo oriental, y al extenso Parque Nacional Kruger con una superficie de más de 2 millones de hectáreas, que supera la superficie del estado de Israel y fue objeto de varias olas de desalojo en el siglo pasado”.

La definición amplia de medio ambiente incluye el ambiente natural, el económico, el social y el político en el cual nos movemos y habitamos. Los recursos limitados e injustamente distribuidos del mundo no pueden hacer frente al actual modelo globalizado de consumo. Quienes elaboran políticas para el desarrollo, piensan fundamentalmente en las necesidades y los requerimientos sociales, económicos y/o políticos inmediatos y en el corto plazo (muy rara vez en el mediano plazo). Las necesidades de muy largo plazo –en realidad, atemporales– de la naturaleza, incluyendo animales, plantas, suelo y futuras generaciones de pobladores, no son tenidas en cuenta en forma adecuada.

Ya ha vencido el plazo en que debemos hacer un compromiso sólido con el medio ambiente físico y biofísico a través de la aplicación demostrable del principio de precaución. Incluso en el marco de los objetivos de conservación establecidos, una mirada rápida a los mapas de los Parques nacionales y otras áreas de conservación importantes como los parques Greater St Lucia y Drakensberg muestra que el desarrollo, la “subdivisión” y la privatización han tenido lugar a un ritmo alarmante durante los últimos veinte años y que han superado las proporciones aceptables. Además, la “sustentabilidad” debe aplicarse en el 94% del territorio de Sudáfrica, cuyo objetivo primario es hacer dinero (incluyendo muchas reservas y cotos de caza de alta intensidad de carácter privado).

Es una obligación moral y ética que tenemos frente a las generaciones futuras. Deben quedarle al menos algunas opciones para que puedan elegir y nuestra generación no tiene derecho, ni tampoco ya la excusa de la ignorancia, de continuar privándoles de aún más opciones.

Artículo basado en información obtenida de: “Viewpoint – Protected Areas and Sustainability”, enviado por Philip Owen, Geasphere, correo electrónico: owen@soft.co.za ; http://www.geasphere.co.za ; Charles Geisler and Essy Letsoalo (2000) ‘Rethinking Land Reform in South Africa: An Alternative Approach to Environmental Justice’, http://www.socresonline.org.uk/5/2/geisler.html