El discurso a nivel internacional y la realidad en el terreno

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Desde la Cumbre de la Tierra en 1992 se han cortado muchos árboles para obtener el papel utilizado en los voluminosos documentos producidos por toda una serie de procesos intergubernamentales --incluyendo paneles paralelos de expertos-- con el fin de encarar el acuciante problema de la deforestación. Desde entonces se encontraron muchas soluciones . . . pero sólo en el papel.
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El mundo real está yendo en otra dirección. Los bosques están siendo quemados para dar lugar a planes de “desarrollo”, que incluyen eucalipto, palma aceitera, soja y otros monocultivos; los bosques son talados para ser sustituídos por tierras de pastoreo; los manglares están desapareciendo por la cría industrial del camarón destinada principalmente a los consumidores del Norte; las selvas tropicales están siendo destruídas y contaminadas por la explotación petrolera y minera; y los bosques todavía siguen siendo explotados por sus valiosas maderas.

Todos estos --y otros-- problemas ya habían sido señalados por el World Rainforest Movement en su Declaración de Penang en 1989: "Las actuales políticas sociales y económicas han llevado a la deforestación del Planeta en el nombre del “desarrollo”. Las mismas son directamente responsables por la aniquilación de los bosques en el mundo, trayendo consigo pobreza y miseria para millones de seres humanos y la amenaza de colapso para los ecosistemas del mundo.

Tales políticas y prácticas comprenden: las plantaciones, tanto de la silvicultura industrial como de los cultivos de exportación; los sistemas ganaderos; los proyectos de represas; la explotación maderera a nivel comercial; la colonización de tierras; la minería y la industria; el despojo a los campesinos y a los pueblos indígenas; la construcción de caminos y carreteras; la contaminación; el turismo".

Nada parece haber cambiado o estar cambiando, a pesar de las declaraciones que aparentemente denotan preocupación por parte de los gobiernos del mundo. Lo que es peor, en tanto se están destruyendo los bosques más que nada por codicia, muchas de las esperanzas oficiales están basadas en el supuesto de que el libre comercio será la solución del problema. Mientras la mayoría de los gobiernos --tanto del Norte como del Sur-- siguen directa o indirectamente destruyendo los bosques en su propio país o en el extranjero, la discusión sobre el destino de éstos parece no estar yendo a ningún lado.

En este contexto, el Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales y Forests Monitor aprovecharon el segundo encuentro del Foro Intergubernamental sobre Bosques celebrado en Ginebra en agosto pasado, para presentar los resultados de un trabajo conjunto de investigación acerca de las actividades de compañías madereras malasias en el extranjero. El informe, titulado "High Stakes: the need to control transnational logging companies, a Malaysian case study", hace hincapié en que “las compañías madereras con sede en Malasia no son por cierto las únicas que producen impactos sociales y ecológicos negativos en los países donde operan” (ver por ejemplo los artículos sobre Gabón, Nicaragua, Norteamérica y Australia en este boletín). Sin embargo, su actividad constituye un ejemplo útil para percibir con claridad los impactos resultantes del proceso de liberalización promovido por instituciones como el FMI, el Banco Mundial y la Organización Internacional del Comercio.

Dicho informe --que será seguido por otro que trata de la destrucción de bosques en el extranjero por parte de compañías mineras canadienses-- demuestra que las compañías transnacionales y el comercio internacional no sólo no son la solución, sino que constituyen de hecho una parte importante del problema mismo. Mientras los gobiernos del mundo sigan apoyando el concepto de que un “mercado” abstracto habrá de resolver la mayoría de los problemas, el mercado real continuará destruyendo los bosques y, con ellos, a los pueblos que allí habitan. A menos que ese enfoque cambie, la protección de los bosques seguirá dependiendo exclusivamente de las luchas de las poblaciones locales, apoyadas por organizaciones de la sociedad civil, de carácter local e internacional.

Nota: El informe “High Stakes” está disponible en la Secretaría Internacional y en la Oficina de Oxford del WRM.