Artículos del boletín
Hace casi 20 años, en la ciudad japonesa de Kioto, la red Oilwatch, junto con más de 200 organizaciones, lanzaba la propuesta pionera de la moratoria petrolera para acabar con los problemas que ocurren donde se extraen los hidrocarburos fósiles y también como la manera más eficaz de combatir el cambio climático. Desde ese entonces la campaña por dejar los hidrocarburos en el subsuelo se ha expandido por el mundo entero. Los argumentos de Oilwatch finalmente fueron escuchados y acogidos por muchos.
La “industria del conservacionismo” (grupos como The Nature Conservancy, WWF, Conservation International, consultores y auditores de proyectos REDD+) y donantes como el Banco Mundial celebraron el reconocimiento formal de REDD+ en el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático, en diciembre de 2015. Hace casi diez años que todos ellos han estado presionando para que REDD+ fuera incluido en los mercados mundiales de carbono creados por el Protocolo de Kyoto de la ONU. Para las comunidades afectadas por los proyectos y programas REDD+, la noticia no habrá sido motivo de celebración.
En diciembre de 2015 se festejaba con bombos y platillos el Acuerdo de París, un acuerdo en el marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC) que establece nuevas medidas para la reducción de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero, responsables del calentamiento de la Tierra.